Economia

Economia (901)


Cuenta un viejo chiste la historia de un borracho buscando, de noche, en la vereda, las llaves de su casa. Alguien se le acerca con afán de ayudarlo y le pregunta: ¿las perdió por acá? No creo, me parece que fue en la esquina, es la respuesta. ¿Y por qué las busca aquí?, es la obvia repregunta. Porque en esta zona hay más luz.

 

La ausencia de un vínculo fluido del Gobierno con Washington bloquea el tramo final de la negociación por la deuda externa. Los líderes empresarios están muy preocupados.

 

En un “deja vú”, muchos economistas ortodoxos critican al gobierno porque “no tiene un plan” económico. Lo mismo sucedió al inicio del gobierno del entonces Presidente Néstor Kirchner. Sin embargo, con el tiempo, quedó claro que sí lo había, que lo ejecutó y que luego lo profundizó su viuda, Cristina Fernández durante los dos períodos que le tocaron ejercer el mandato.

 

El Gobierno sabe que la economía cruje. Por ahora, con los paliativos dispuestos para contener a los más necesitados aumentando los beneficios y la cantidad de beneficiarios, sumado al pago de un porcentaje de los salarios de las empresas que están en crisis pero que siguen abiertas, la sociedad está contenida. Pero el día después tiene tiempo de descuento. Y para el día después, se necesita un plan.

 

Sin un horizonte claro todavía sobre cuándo terminará la pandemia del coronavirus, el Gobierno ya comenzó a trabajar en un plan de reactivación de la economía focalizado, en principio, en varios ejes, pero también en ciertos consensos económicos y sociales necesarios de alcanzar.

 

Para cualquier gobierno argentino, cerrar un grifo es fácil. A veces hay que apelar a una ley, pero la mayoría de las veces alcanza con una resolución o un decreto. Lo difícil es asumir que esos canales que se cierran deben volver a funcionar abiertos. Porque de lo contrario sucede algo natural: cuando aparecen las barreras, el impulso lógico del que está en el camino es rodearlas o saltarlas.

 

Hemos cumplido más de cien días de cuarentena y los recientes cambios, hacia atrás, en las fases siguen ocasionando aumentos en la recesión en la actividad económica.

 

Es probable que en 2020 el PIB baje alrededor del 12%, mayor que la caída del 10,9% observada en 2002.

 

A medida que avanza la pandemia y se extiende la cuarentena obligatoria, que ya lleva un récord de 111 días, no sólo aparecen indicadores que ponen en blanco y negro la magnitud de la caída de la actividad económica, sino también sus repercusiones más inmediatas. Los datos de la misma, ingresos privados e ingresos públicos, muestran caídas históricas, y las proyecciones hacia el futuro se vuelven cada vez más negativas.

 

El coronavirus va a dejar huellas en la historia económica mundial. El "coma inducido" para aplanar la curva de contagios y reducir la tasa de mortalidad contrajo la oferta y la demanda globales.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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