Argentina En el Mundo

Argentina En el Mundo (290)

 

Manifestantes kirchneristas irrumpen en tres centros comerciales de barrios acomodados porteños.

El hambre ha llegado al Obelisco. Tras el control cambiario instaurado la semana pasada por el gobierno de Mauricio Macri, se frenó la devaluación del peso y la situación se calmó, pero sólo a nivel macroeconómico. En las villas miseria y entre las familias de clase baja los efectos de la crisis aumentan, ya que un tercio de la población argentina vive bajo la línea de pobreza. Las huelgas sectoriales y las manifestaciones son casi diarias en Buenos Aires, y ahora se han sumado los piquetes movilizados por organizaciones sociales que atienden a los más pobres.

Centenares de personas irrumpieron el miércoles en la avenida 9 de Julio con la intención de cortarla y acampar dos días frente al ministerio de Desarrollo Social, a pocos metros del Obelisco. Pese a la intervención e incidentes con la policía, lograron su objetivo, pasaron la primera noche y ayer mantenían ocupada la mitad de la céntrica arteria, mientras en la Cámara de Diputados se discutía con urgencia un proyecto de ley para la declaración de la emergencia alimentaria en el país, principal reivindicación del piquete.

Manifestantes kirchneristas irrumpen en tres centros comerciales de barrios porteños

Macri se resistió porque la ley supone aumentar el gasto fiscal, pero finalmente el presidente dio el brazo a torcer y su bloque parlamentario apoyó el proyecto en vista de que los distintos grupos peronistas –que sumados tienen mayoría parlamentaria– se iban a poner de acuerdo para declarar la emergencia, lo que representa incrementar en un 50% las partidas presupuestarias de ayudas sociales destinadas a “alimentación y nutrición”. Entre 62 y 160 millones de euros extraordinarios, según como se interprete el presupuesto.

La ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, calificó de “extorsión” la actitud de los piquetes, dirigidos por dos organizaciones: Barrios de Pie, cercano a un sector del peronismo, y Polo Obrero, del Partido Obrero, la izquierda más radical.

El principal candidato peronista a las elecciones de octubre, Alberto Fernández, cuya arrolladora victoria en las primarias de agosto lo convirtió en virtual futuro presidente, generando la actual incertidumbre, pidió a los piqueteros levantar la acampada y que “la gente evite la calle” para no causar incidentes. Sin embargo, una portavoz de Barrios de Pie, Silvia Saravia, le respondió que tiene “independencia política” e insistió en exigir “que se entreguen los alimentos” y suba “el salario social”. Los líderes piqueteros aseguraron que permanecerían acampados hasta hoy a pesar de que la ley de emergencia alimentaria iba a quedar aprobada ayer, a falta de su ratificación por el Senado.

La tensión en las calles crece y el miércoles otro grupo de piqueteros liderado por el kirchnerista Juan Grabois –cercano a Cristina Fernández y al Papa Francisco– irrumpió en tres centros comerciales de barrios acomodados porteños para exigir la emergencia alimentaria.

Robert Mur

 

La Cámara de Diputados aprueba más dinero para los comedores gratuitos por “emergencia alimentaria”.

La inflación vuelve a dispararse en Argentina. Los precios subieron un 4% en agosto, como consecuencia de la devaluación sufrida por el peso hace un mes, y la inflación interanual se situó en el 54,5%.

El dato es más grave en lo referido a los alimentos, que aumentaron un 4,5%. Poco antes de que el Instituto Nacional de Estadística diera a conocer el dato, la Cámara de Diputados aprobó una declaración de emergencia alimentaria que suponía un incremento del 50% en la dotación presupuestaria para comedores gratuitos.

El presupuesto para 2020, con el que deberá manejarse el Gobierno que salga de las urnas el 27 de octubre, es moderadamente optimista acerca del futuro control de la inflación: considera que el actual repunte será temporal y estima que el año próximo la subida de precios se reducirá hasta el 34%, una cifra aún muy elevada pero lejos de la actual. Argentina, sin embargo, seguirá en recesión.

El Producto Interior Bruto debería crecer en 2020, según el proyecto de presupuesto, un 1% (a final de 2019, la contracción rondará el 2,6%), pero incluso los técnicos del Ministerio de Hacienda admiten que es más probable una bajada cercana al 1%, dadas las circunstancias creadas por la devaluación posterior a las elecciones primarias de agosto, al nuevo impulso inflacionario y a la incertidumbre creada por la suspensión de pagos parcial sobre la deuda pública y la implantación de controles sobre la compraventa de divisas.

Horas antes de que se conociera el dato de inflación de agosto, un portavoz del Fondo Monetario Internacional, Gerry Rice, señaló que las perspectivas eran oscuras: "Reconocemos las condiciones complejas del mercado y la incertidumbre que hace difícil la situación", dijo, para añadir que la institución multilateral seguía "comprometida" con Argentina.

Añadió que, al menos hasta junio, Argentina "no había incumplido las reglas". No dijo, sin embargo, si el FMI desembolsaría o no los 5.400 millones de dólares correspondientes a septiembre dentro del préstamo de 57.000 millones concedido en 2018. El ministro de Hacienda argentino, Hernán Lacunza, viajará a Washington a finales de mes para intentar desbloquear el desembolso, necesario para contrarrestar la sangría de dólares que sufre el sistema desde la devaluación del 12 de agosto.

Gobierno y oposición se pusieron de acuerdo el jueves para aprobar por unanimidad en la Cámara de Diputados un proyecto urgente sobre la emergencia alimentaria en el país. Los diputados de la coalición gobernante respaldaron el texto presentado por los peronistas, aunque precisaron que no estaban de acuerdo con la oposición en cuanto a "la magnitud de la situación que se está viviendo". El candidato a la vicepresidencia junto a Mauricio Macri, Miguel Pichetto, aseguró el miércoles en una entrevista que no se podía "hablar de hambre" en Argentina, porque era "una exageración".

El diputado oficialista Héctor Flores recordó que seguía vigente la Declaración de Emergencia Social formulada tras el colapso de 2002 y que en 18 años no se había conseguido resolver el problema de la pobreza estructural. "Hubo emergencia social cuando la economía no crecía y hubo emergencia social cuando crecíamos a tasas chinas", señaló, en referencia a los años de gobierno kirchnerista. El texto aprobado en la Cámara, que ahora pasará al Senado, supone un aumento del 50% en las dotaciones presupuestarias para comedores gratuitos.

La cuestión de la pobreza empieza a comportar complicaciones políticas para la candidatura del peronista Alberto Fernández, gran favorito para ganar la presidencia en octubre. Tras varios días de movilizaciones y bloqueos de transporte en Buenos Aires, impulsados por sindicatos y entidades sociales situados en el ala izquierda del kirchnerismo, y tras graves choques con la policía en pleno centro de la capital, Fernández pidió "tranquilidad en las calles". Le preocupaba que la actitud de los sectores más radicales asustara a sus electores moderados y que la protesta se descontrolara.

Parte de las organizaciones que exigen un aumento en los subsidios sociales y más dinero para los comedores públicos rechazaron el mensaje del candidato. "El gobierno en ciernes comienza mal", declaró Eduardo Beliboni, dirigente de Polo Obrero, para quien era "necesario mantener las protestas y ganar la calle".

Según estas organizaciones, la emergencia alimentaria declarada por la Cámara de Diputados no resolvía nada y había que exigir más dinero al gobierno de Macri para acabar con las deficiencias nutricionales. Uno de cada tres argentinos adultos, y uno de cada dos argentinos jóvenes, viven en la pobreza.

Enric González

La visita oficial a Pedro Sánchez no existió, desapareció del ciberespacio de Moncloa y se transformó en un breve encuentro privado con el presidente en funciones

 

El candidato peronista Alberto Fernández, de visita en Madrid, resalta a ABC la importancia de la presencia española.

En Argentina todo puede pasar. Pero si la tendencia sigue como hasta ahora, el peronista Alberto Fernández se convertirá en el próximo presidente de los argentinos. El candidato presidencial del Frente de Todos (con Cristina Kirchner como vicepresidenta), alcanzó en las primarias (conocidas como las PASO) un 49,49% de los votos (afirmativos), obteniendo 12.205.938 de sufragios, dejando muy atrás al actual presidente, Mauricio Macri, con un 32,93%, es decir, 8.121.689 votos.

Las elecciones generales llegarán el próximo 27 de octubre y con esta diferencia puede que no haya necesidad de una segunda vuelta, ya que para ganar es necesario sacar más del 45% de los votos afirmativos o el 40% y una diferencia de más de 10 puntos respecto a la fórmula que le sigue.

Tras el triunfo, una de las primeras decisiones de Fernández fue viajar a España, donde ha mantenido reuniones esta semana con el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez; el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero; la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, y diversos empresarios. También mantuvo un encuentro con el ministro de Exteriores, Josep Borrell, e impartió una clase en la Universidad Camilo José Cela.

Durante su visita, declaró ayer a ABC que «España ha sido siempre el principal inversor que tuvo Argentina. Nunca debemos olvidarlo», afirmó Fernández a este diario.

Mensaje de tranquilidad

El candidato del Frente de Todos quiso, al mismo tiempo, trasmitir un mensaje de tranquilidad a los inversores de España y el resto de Europa: «Argentina necesita de la inversión externa y va a dar la seguridad necesaria a esas inversiones», añadió.

Fuentes cercanas a Fernández desmintieron que el candidato argentino evitara una reunión con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, aunque recalcaron que el interés de Fernández era la reunión con Sánchez de la que ha salido muy satisfecho, confirmaron.

En una conferencia en el Congreso de los Diputados, el candidato peronista aseguró que lo único que dejará el Gobierno de Mauricio Macri al país son «cinco millones de nuevos pobres», además de un «enorme deterioro» en todos los sentidos «que estamos dispuestos a afrontar». informa Efe. Según Fernández, Argentina «ha sufrido mucho, sufre mucho, y el lastre es la deuda». Tras su visita a España, Fernández pondrá rumbo a Portugal para reunirse con el primer ministro luso, António Costa.

Josefina G. Stegmann

Ante el agravamiento de la crisis económica argentina, el exministro de Fernando de la Rúa considera imprescindible que haya consenso político entre el oficialismo y la oposición peronista.

 

Miércoles, 04 Septiembre 2019 00:00

López Obrador elude reunirse con Alberto Fernández

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El presidente mexicano quiere esperar el resultado de la elección para no generar tensión extra con Trump y Bolsonaro.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, no tiene previsto reunirse con Alberto Fernández. Así lo confirmaron a LPO fuentes de la Cancillería así como también del Palacio Nacional, donde alegaron que este fin de semana el presidente estará de gira en Tamaulipas.

Hoy martes circuló en la prensa argentina la versión de que este domingo Fernández podría arribar a México desde Madrid para entrevistarse con AMLO. Ahora desde el Gobierno mexicano lo niegan. El candidato a la presidencia llegó a España en las últimas horas y mantendrá este jueves una reunión con el presidente Pedro Sánchez en la Moncloa. A diferencia del mexicano, Sánchez no tuvo problemas en agendar una reunión con el argentino.

Alberto Fernández se reúne con Sánchez y Borrell y elude una cita con Podemos

Sucede que para el protocolo mexicano no es usual que un presidente en funciones se reúna con candidatos. Podría si entrevistarse con presidentes electos algo que Fernández será, según las encuestas, después del 27 de octubre. En Argentina los tiempos están precipitados porque la fórmula peronista vapuleó al gobierno de Macri en las elecciones primarias con lo cual ya se descarta el regreso de ese signo político a la Casa Rosada.

Existen, más allá de las normas, complicaciones adicionales del tablero regional. Macri está fuertemente respaldado por Donald Trump y Jair Bolsonaro y de momento el Gobierno de la 4T cuida al extremo cualquier tipo de conflicto con esos dos países. Fotografiarse con Fernández podría ser un problema en ese sentido, especialmente por el affaire Venezuela: el peronista tiene definiciones oscilantes sobre la situación de ese país (un discurso muy similar al de AMLO) pero que podría generar fricciones en caso de una recepción.

En su fase inicial, además el Gobierno de AMLO ha mostrado sintonía práctica con Macri. La prueba más rutilante es que la Cancillería mexicana respalda al gobierno argentino en un litigio en la justicia de EU referido a las acciones de la petrolera YPF. México y Chile son los "amicus curiae" que juegan para Argentina en ese conflicto.

 

La moneda local deja de caer tras las restricciones impuestas por el Gobierno de Mauricio Macri a la compra y venta de dólares.

El peso argentino soportó bien el tirón de los mercados, tras el establecimiento, el domingo, de mecanismos de control sobre la compraventa de divisas. Ayudado por los controles y por el cierre de Wall Street a causa del Día del Trabajo estadounidense, el peso subió ligeramente frente al dólar en una jornada de poca actividad. El precio de la divisa estadounidense pasó de 61 unidades el viernes a 57 el lunes. “Creo que vamos a mantenernos en este rango de precios”, dijo el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, “porque es suficientemente alto y hay reservas para absorber cualquier contingencia”.

El presidente Mauricio Macri reunió por la mañana a su Gobierno y siguió las evoluciones del mercado con cierto alivio. Dio instrucciones a sus ministros para que evitaran declaraciones conflictivas y peleas con la oposición, con el fin de “preservar la tranquilidad y no crispar más la situación del país”. Tras la reunión, el ministro de Hacienda compareció ante la prensa y explicó que los controles de cambio, una medida que el Gobierno hizo todo lo posible por evitar porque suponía el reconocimiento del fracaso en la liberalización de los mercados financieros, no fueron consensuados con la oposición peronista. “Les informamos de las medidas, pero no hay cogobierno, seguimos gobernando nosotros”, afirmó.

Los nuevos controles cambiarios establecidos por el Banco Central limitan a 10.000 los dólares que las personas físicas pueden comprar mensualmente. Empresas e instituciones, incluyendo los bancos, deben pedir autorización para acceder al mercado de cambios. Las sociedades extranjeras necesitarán también autorización para repatriar beneficios. En general, se intenta dar la mayor libertad posible a los ciudadanos (no hay por el momento restricciones sobre tarjetas de crédito ni límites al ahorro en dólares), y son las empresas las que cargan con las principales limitaciones.

Algunos sectores, como el inmobiliario, han señalado que los controles agravarán una situación ya muy deprimida tras tres años de recesión y una continua baja del consumo por la caída cercana al 12% en los salarios reales. José Urtubey, ex presidente de la Unión Industrial Argentina, declaró al diario La Nación que no era posible “estar de acuerdo con este tipo de medidas, que encima llegan tarde”, y añadió que los controles cambiarios demostraban “el fracaso del modelo económico de Macri”. El presidente canceló el almuerzo que tenía previsto el lunes con los dirigentes de la Unión Industrial.

Macri y Lacunza creyeron que el “reperfilamiento” de la deuda (demora en los plazos de pago y renegociación de las condiciones del préstamo con el FMI) anunciado el pasado miércoles sería suficiente para frenar la continua devaluación del peso. No lo fue. Jueves y viernes se registraron nuevas depreciaciones y el Banco Central tuvo que seguir subastando dólares. A lo largo del mes de agosto, la autoridad monetaria efectuó subastas cercanas a los 300 millones diarios y corría el riesgo de agotar sus reservas en los próximos meses. El control de cambios resultó inevitable.

Enric González

 

El gobierno de Mauricio Macri pide al FMI y a los acreedores privados la renegociación de los plazos.

El Gobierno de Argentina patea el balón de la deuda hacia adelante. Están en juego más de 100.000 millones de dólares (unos 90.470 millones de euros) de obligaciones a corto, mediano y largo plazo que Argentina asume que no podrá cancelar en los plazos convenidos.

Está en sus manos posponer hasta seis meses los vencimientos por un total de 13.000 millones de dólares que debe abonar hasta diciembre en Letras del Tesoro. El presidente Mauricio Macri decidió el miércoles por decreto el “reperfilamiento”, como llama la Casa Rosada a la reprogramación de pagos, de esos bonos y el nuevo calendario ya está vigente. El resto de la deuda necesitará de negociaciones políticas y de la buena voluntad de los acreedores públicos y privados.

La reprogramación forzada de los pagos de bonos a corto plazo no afectará a las personas físicas, que cobrarán según les corresponda. El peso del decreto cae sobre los Fondos Comunes de Inversión y aseguradoras, según un calendario que limita el paso en la fecha prevista en sus títulos de deuda al 15%. Según la norma, Argentina pagará otro 25% dentro de tres meses y el 60% restante, dentro de medio año. Ambos pagos corresponderán al próximo Gobierno, que debe asumir el poder el 10 de diciembre. Resolver el corto plazo era el problema más urgente de Macri, pero no el más complejo.

La carga de la deuda argentina suma otros 20.000 millones de dólares en títulos emitidos bajo la ley argentina y 30.000 millones más bajo legislación extranjera, con vencimientos en plazos menores a 10 años. El pago de los primeros bonos será reprogramado a través de una ley que debe ratificar el Congreso, una estrategia que obligará a la oposición a tomar partido. La idea del Gobierno es aplicar la cláusula de acción colectiva, que obliga a los acreedores a aceptar cambios en el calendario de pagos si una mayoría del 75% lo acepta.

Para los bonos bajo jurisdicción internacional, el Gobierno iniciará los contactos con los bancos extranjeros para que presenten sus propuestas de reprogramación. Ese será el capítulo más duro del canje ideado por Macri. Esos bonos se intercambian hoy hasta 40 centavos por dólar emitido, muy cerca de un valor considerado una suspensión de pagos.

El grueso de los vencimientos, sin embargo, están en manos del Fondo Monetario, que espera el pago de 44.500 millones de dólares antes de 2022. Es parte de los 57.000 millones que el organismo acordó prestar a Argentina el año pasado como blindaje financiero. El Gobierno anunció el miércoles que iniciará negociaciones con el Fondo para modificar el calendario, una tarea que deberá terminar el próximo Gobierno.

Federico Rivas Molina

Miércoles, 28 Agosto 2019 00:00

Ser o no ser… kirchnerista (ABC-España)

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Alberto Fernández es lo que es, el número uno de una papeleta donde la que le eligió fue la número dos, Cristina Fernández.

El primer Fernández estuvo desde el origen con el kirchnerismo y se apartó de sus filas cuando se quedó sin la butaca de jefe de Gabinete del Gobierno de “Cristina”. Entonces, fuera del juego del poder, que compartió durante años y quería seguir compartiendo, se adaptó al nuevo escenario y se volvió un crítico de los suyos cuando le resultó conveniente o productivo (Repsol lo sabe bien).

“Alberto” fue y es un “operador”, un político hábil con una suerte infinita. Sin su segunda jamás habría logrado nada y menos una avalancha de votos como los de las primarias (47 por ciento). De hecho, y basta repasar el pasado, creo que no habría sacado ni un 1 por ciento. Ella, la número dos es la que le “armó” las listas del Congreso, la que ordena en sitios estratégicos a sus soldados de La Cámpora, la que coloca para gobernador de Buenos Aires a Axel Kicillof, la que decide –de momento en la sombra- quién sale en la foto y quién se queda fuera.

La ex presidenta de hoy es la misma de ayer y de antes de ayer, es la que se rodeó, desde sus tiempos de Santa Cruz, de gente que arrojaba bolsones cuajados de millones de dólares al otro lado de los muros de un monasterio, la que abrió la “grieta” de la polarización cruel en la sociedad argentina, la que se llenó y llenó de millones a falsos empresario como Lázaro Báez para hacer autopistas que se quedaron en rutas de un puñado de metros.

Ella, es esa y no otra. Es también, la misma que calculó que con “Alberto” en la Casa Rosada tendría –y si llega no se equivoca- la impunidad garantizada para ella y su prole, porque sus hijos, los dos, el diputado Máximo Kirchner y Florencia, la huida en La Habana, se sumaron a la estructura corrupta de un saqueo del que ahora, parecen haber olvidado millones de argentinos.

Algunos quieren ver hoy en la ex presidenta y senadora, blindada por sus fueros, a una hermanita descalza ausente de ánimo de revancha, insisten que cambió, que renunció a ejercer un poder que tiene al alcance de esas manos de uñas largas y afiladas, que ella y los suyos, dejarán a su ex jefe de Gabinete, que también sigue siendo el mismo, ser el presidente que quiera ser. Lo dicen viejos peronistas, gente que votó a Mauricio Macri y hasta ciertos radicales que confían en el rostro de moderación que ofrecen, en campaña, los Fernández.

Pensar que Cristina es la otra es de ilusos, de imberbes, de resignados o de gente que, quizás, intuye un resquicio por el que colarse y sacar en el futuro algún beneficio. Otra explicación, la verdad, no la encuentro.

Carmen de Carlos

 

Una delegación del FMI analiza en Buenos Aires el empeoramiento de la economía.

El presidente Mauricio Macri cree que, a pesar de la enorme ventaja de que dispone el peronista Alberto Fernández, aún puede ganar la reelección. También lo creen muchos miles de argentinos, que el sábado salieron masivamente a la calle para gritar “sí se puede”. En un momento crítico, con una delegación del FMI en Buenos Aires para evaluar las consecuencias de la nueva caída del peso y con la campaña electoral a punto de relanzarse, Macri se dispone a dar batalla hasta el último día.

En general, son las fuerzas políticas las que movilizan a la gente. Pero esta vez no ocurrió así. Fue al revés. Con Macri y los dirigentes de su coalición aún postrados por la terrible derrota sufrida en las primarias del 11 de agosto, una parte de la ciudadanía sintió la necesidad de hacer algo para evitar el retorno al poder de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, aunque esta vez ejerza como sombra vicepresidencial del candidato Alberto Fernández.

Quien prendió la hoguera fue el popular actor Luis Brandoni, afiliado al radicalismo y firme partidario de Macri. Brandoni es uno de los protagonistas de La odisea de los giles, la película que arrasa estos días en los cines argentinos con una historia sobre el colapso y el “corralito” de 2001. Desde Madrid, el actor colgó en las redes un vídeo en el que llamaba a la movilización. “Estamos preocupados pero no derrotados; al contrario, hay mucho por hacer”, decía, “el sábado 24 salgamos a las calles y plazas de todo el país”. El mensaje circuló rápida y masivamente.

Llegó la tarde del sábado y alrededor del Obelisco de Buenos Aires se congregaron varios miles de personas. Eran gente de edad en su mayoría, ni tan pocos como para hablar de fracaso ni tantos como para hablar de éxito. Desde allí tenían previsto marchar hacia la cercana Plaza de Mayo. Y entonces empezó a desarrollarse un fenómeno que parecía propio de un guión cinematográfico: más y más gente confluyó a última hora hacia la plaza, hasta llenarla. Al mismo tiempo se realizaban manifestaciones en otras ciudades del país.

El presidente Macri estaba en su quinta de Los Abrojos. El director Juan José Campanella (en Madrid con Brandoni porque ambos trabajan en la obra teatral Parque Lezama) publicó un mensaje en el que aconsejaba a Macri que acudiera a la Casa Rosada, y éste le hizo caso. Ordenó que las rejas de la Plaza de Mayo que impiden aproximarse al palacio presidencial fueran retiradas y se trasladó en automóvil a la Casa Rosada, en compañía de su esposa.

Desde el balcón, Macri saludó a la multitud y se emocionó. No había altavoces y tuvo que grabar con un móvil un mensaje eufórico que se difundió de inmediato. “Tres años y medio son poco para cambiar todo lo que hay que cambiar, sigamos juntos, podemos ser mejores”, dijo, con lágrimas en los ojos.

El FMI en Buenos Aires

En el recuerdo estaba el 1 de abril de 2017. El peronismo había organizado tres grandes marchas de protesta contra el Gobierno, pero ese día el macrismo se movilizó en las calles y generó un impulso que los llevó a ganar unas elecciones legislativas que según los sondeos iban a perder.

Lo del sábado fue, como lo del 1 de abril de 2017, un enorme aliento para la moral de la coalición en el poder. Pero, ya puestos en casualidades casi inverosímiles, también supuso una exhibición de fuerza ante la delegación del Fondo Monetario recién llegada a Buenos Aires. Mientras la multitud vitoreaba a Macri y denostaba a Cristina Fernández de Kirchner (“Cristina presa”, “No vuelven más”) frente a la Casa Rosada, los técnicos del Fondo se reunían en el contiguo Ministerio de Hacienda con el nuevo responsable económico del Gobierno, Hernán Lacunza. Vieron la manifestación desde las ventanas desde su despacho. “La gente del FMI se sorprendió”, comentó después el ministro.

 

La tarea de Lacunza, nombrado en sustitución de Nicolás Dujovne tras el hundimiento del peso y las Bolsas que siguió a las elecciones primarias, es complicada. Tiene que asegurarse de que el FMI entregue en las próximas semanas una nueva porción (5.400 millones de dólares) del préstamo de 57.000 millones concedido en septiembre, a pesar de que las reglas bajo las que se efectuó la concesión han cambiado de forma sustancial: el peso vale un 30% menos respecto al dólar y eso disparará la inflación hasta casi el 5% mensual, las “medidas de alivio” aprobadas tras la derrota alejan el objetivo del equilibrio presupuestario y tanto el candidato favorito para ganar las elecciones de octubre, Alberto Fernández, como (preferentemente en privado) varios responsables económicos de Macri, señalan la necesidad de renegociar los términos del acuerdo con el Fondo. El equipo del FMI reconoce el nuevo equilibrio de fuerzas creado tras las primarias y mantiene también contactos con el equipo económico de Fernández.

El recrudecimiento de las hostilidades, ahora que Macri ha decidido pelear hasta el fin, no ayudará a que la maltrecha economía argentina recupere la confianza exterior. El FMI, que hasta ahora respaldaba de forma explícita cualquier medida del Gobierno, ha dejado de hacerlo. Y Donald Trump, que fue aliado incondicional de Macri, no ha dicho nada sobre Argentina desde el resultado de las primarias. Solo el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, mantiene una cruzada personal a favor del presidente argentino y en contra del retorno al poder del kirchnerismo, al que identifica con el régimen venezolano.

La sospecha de un viraje judicial

La justicia argentina se ha ganado, con los años, la fama de orientarse a favor del poder. Quizá por casualidad, esta semana han reverdecido en los tribunales bonaerenses varios sumarios que complican al fragilizado presidente Mauricio Macri. Al mismo tiempo, se han anulado procesamientos que afectaban a diversos altos funcionarios del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Una de las causas que pueden perjudicar al actual Ejecutivo es la del Correo Argentino. En 2016, el gobierno de Mauricio Macri condonó la deuda del Correo Argentino (del grupo empresarial Macri), lo que según la fiscal Gabriela Boquín podría hacer perder hasta 70.000 millones de pesos a las arcas públicas. Este sumario llevaba muchos meses en letargo y ahora ha reaparecido.

También se ha vuelto a trabajar en el sumario de los sobornos de la corporación brasileña Odebrecht, que supuestamente pagó 36 millones a altos funcionarios. En el apartado del soterramiento de una línea ferroviaria aparece como favorecida por los sobornos la empresa IECSA, que en 2015 dirigía Ángelo Calcaterra, máximo gestor del Grupo Macri, primo del presidente Mauricio Macri y cercanísimo a él.

Enric González

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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