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El mandatario, que aspiraba a coronar su maniobra para perpetuarse en el poder con el histórico desfile militar por el Día de la Victoria, ha tenido que aplazar su sincronizada agenda por el virus.

Los mensajes inundaron la aplicación de mapas Yandex. Pero en lugar de apuntes de tráfico, sobre la cuadrícula de la Duma se leía “den de comer a mis hijos y me quedaré en casa” o “Putin, dimisión”.

Con la mayoría de regiones rusas en autoaislamiento por el coronavirus, pero sin declarar el estado de emergencia que habría garantizado indemnizaciones a ciudadanos y empresas, el descontento social ha derivado en un puñado de creativas protestas virtuales.

La primavera que Vladímir Putin esperaba soleada, culminando su maniobra para perpetuarse en el poder y con el histórico desfile del Día de la Victoria como colofón, se ha convertido en una enorme prueba. Y la afronta con un nivel de popularidad bajo mínimos.

La pandemia de la covid-19, que ha causado más de 270.000 muertos en todo el mundo, ha alterado por completo también la sincronizada agenda política del presidente ruso, que se ha visto forzado a posponer el esperado desfile militar para conmemorar el 75º aniversario de la victoria del Ejército Rojo, en la que ansiaba recibir, entre otros, a Emmanuel Macron o a Xi Jinping.

La controvertida visita del presidente francés a Moscú en una fecha tan señalada para Putin, que la ha convertido en una de las piedras angulares de su discurso nacionalista y patriótico, habría sido un buen golpe de efecto a sus intenciones de empujar para que la UE levante las sanciones sobre Rusia por anexionarse la península ucrania de Crimea hace seis años. La llegada del líder chino hubiera terminado de consolidar a ojos del mundo la buena sintonía entre Pekín y Moscú.

Todo ello en un escenario apoteósico, con el desfile de miles de soldados y decenas de tanques y aviones en la Plaza Roja de Moscú. Pero el coronavirus se lo ha llevado todo por delante, dejando las calles de Moscú y de otras ciudades rusas sembradas de réplicas de la bandera roja que se plantó en el Reichstag en Berlín en 1945 y paneles conmemorativos con mensajes patrióticos por del Día de la Victoria.

Una estela de calma en lugar de ensayos y celebraciones. La amenaza de la covid-19 también ha llevado a aplazar sine die la consulta ciudadana sobre la reforma constitucional que permitiría al líder ruso salvar la limitación legal y permanecer en su puesto en el Kremlin hasta 2036.

Con 190.000 infectados, Rusia es ya el quinto país del mundo en número de positivos confirmados. Y aunque su tasa de mortalidad está, con 1.800 muertos, entre las más bajas, según las cuestionadas cifras oficiales, el país euroasiático presenta uno de los escenarios de más rápido crecimiento en contagios del mundo: 10.000 nuevos infectados diarios.

Con un sistema sanitario debilitado por años de falta de reformas e infrafinanciación crónica, la crisis de salud pública está poniendo contra las cuerdas a la Administración rusa y revelando profundas grietas de gestión.

Además, la receta de Putin de decretar “días no laborables pagados” para enviar a la gente a casa y no tener que declarar un estado de emergencia —que habría supuesto legalmente que empresas y ciudadanos pudieran reclamar a la Administración por las pérdidas derivadas de la pandemia—, se ha traducido en realidad en que los ingresos del 39% de los trabajadores han disminuido “significativamente”, según la agencia de análisis Romir.

La economía rusa lleva en hibernación casi siete semanas debido al confinamiento. Y el parón, así como la caída de los precios del petróleo como consecuencia del desacuerdo con Arabia Saudí y la OPEP y la baja demanda por la pandemia, tendrá también un gran impacto en la economía rusa, en la que los hidrocarburos representan un tercio del presupuesto nacional.

El Fondo Monetario Internacional pronostica que el producto interior bruto de Rusia se contraerá un 5,5% este año, la mayor caída desde 2009. La tasa de desempleo podría duplicarse al 10%, según datos citados por el periódico gubernamental Rossiiskaya Gazeta.

El rublo ha perdido más de una quinta parte de su valor frente al dólar este año. Todo ello con una situación ya deteriorada: hoy, los ingresos reales de los rusos son un 7,5% más bajo que hace seis años —antes de las sanciones—; y volverán a caer un 5% en 2020, según las previsiones de Alfa-Bank.

Una retahíla de malas perspectivas que, unidas al cansancio de la ciudadanía, han hecho mella. En un país como Rusia, en el que Putin no tiene oposición, su presidencia no está bajo riesgo, señalan los analistas, pero sí se está viendo sometido a una prueba de resistencia poderosa.

Ausente en los primeros compases de la crisis sanitaria, cuando el Kremlin insistía en que la situación estaba bajo control y en la que dejó las decisiones impopulares sobre los confinamientos a sus gobernadores regionales, Putin parece interesado ahora en mostrar que lleva el timón en las paulatinas medidas económicas de apoyo y las llamadas a la responsabilidad.

Vladímir Putin (con traje protector amarillo) visita un hospital de Moscú que trata a pacientes afectados por la covid-19, el pasado abril.

En las últimas semanas, la televisión estatal le ha mostrado en reuniones por videoconferencia con su Gabinete —en el que hay al menos tres miembros con coronavirus, entre ellos su primer ministro, Mijaíl Mishustin— o con los gobernadores regionales. Pero se le ha visto aburrido. “Desconectado”, opina la analista Tatiana Stanovaya, colaboradora del Centro Carnegie de Moscú.

“Está fuera de lugar, no entiende qué hacer. Esta no es como otras crisis, pero al mismo tiempo no se puede quedar de brazos cruzados porque se vería raro”, comenta Yulia Galiámina diputada municipal de Moscú (independiente).

El apoyo a Putin ha caído hasta el 59% en abril desde el 63% del mes anterior, según la última encuesta del independiente Centro Levada. El dato más bajo desde que llegó al poder en el año 2000, aunque un cambio en la metodología de la estadística hace difícil determinar si es efectivamente la peor cifra histórica.

Putin está acumulando una serie de fracasos políticos”, dice el politólogo Alexánder Morózov, del centro académico Borís Nemtsov en Universidad Carolina de Praga. Esta es su crisis más grave tras la de 2014, derivada de las consecuencias de la anexión de Crimea y la participación del Kremlin en la guerra del este de Ucrania, opina.

La impopular reforma de las pensiones, la escasa percepción de los rusos de sus derivas en la política exterior, la inacción para lanzar los proyectos de inversión prometidos. Todo ha creado el caldo de cultivo actual. “El régimen de poder de Putin está envejeciendo junto con él. Ya no es un exitoso jugador de póquer con cartas débiles, su popularidad cae”, dice Morózov.

Sus niveles, no obstante, siguen siendo envidiables y casi impensables para los políticos occidentales, pero le muestran tocado. A la pregunta de la encuestadora estatal VTsIOM de en qué políticos confiaban, solo el 28% nombró a Putin. “El desplome tiene que ver fundamentalmente con la incertidumbre económica. El rating no caerá mucho más, se mantiene debido a la sensación de falta de alternativas; pero tampoco tiene visos de subir porque la economía no va a mejorar”, apunta el sociólogo y vicedirector del Centro Levada Denís Vólkov.

Además, no contará con la baza que le otorgaba el desfile y los grandes fastos conmemorativos previstos para este sábado. Un duro golpe para Putin, que ha hecho de los gestos, la escenografía y el simbolismo una parte fundamental de su presidencia. La mayoría de homenajes en un día de importancia simbólica inmensa para los rusos serán online, como lo fueron las creativas protestas virtuales.

En Moscú hay programada apenas una exhibición aérea y fuegos artificiales que el alcalde, Serguéi Sobianin, ha animado a seguir desde las ventanas y los balcones; sin salir a la calle.

Mientras, en lugar de la emotiva marcha del Regimiento Inmortal y sus miles de personas desfilando con las fotografías y medallas de sus allegados, caídos en la Gran Guerra Patria, o las marchas militares, los coches de la policía recorren las calles de la capital rusa, emitiendo a todo volumen un mensaje: “Respetados ciudadanos, les pedimos que no salgan de casa innecesariamente. Cuiden de su salud y no permitan que otros se infecten”.

 

 

El ex presidente de los Estados Unidos Barack Obama fustigó al actual mandatario de ese país, Donald Trump, por su respuesta a la pandemia del coronavirus al considerar que se trata de "un desastre caótico absoluto".

Obama dijo, en una conferencia privada con ex integrantes de su equipo del gobierno, que la respuesta de la administración ante la crisis global fue "anémica".

"Ha sido un caótico y absoluto desastre, cuando esa actitud de qué hay para mí y de fastidiar a todos los demás, cuando esa mentalidad se impone en el gobierno", expresó quien gobernó la primera potencia mundial entre 2009 y 2017 en declaraciones que trascendieron este sábado en la prensa internacional.

Para Obama, el problema de Estados Unidos es el enfoque que toma Trump respecto al problema y consideró que "es malo incluso con el mejor gobierno".

En ese plano, quien fue el único presidente afroamericano en la historia estadounidense, conminó a su equipo a apoyar al demócrata Joe Biden en su carrera a la Casa Blanca.

"Las próximas elecciones, en todos los niveles, son muy importantes porque no solo nos enfrentaremos a un individuo o un partido político", afirmó y enseguida agregó que el verdadero adversario son las "tendencias a largo plazo" como "ser tribal, estar divididos, ver a los demás como enemigos", que amenazan con instalarse en la "vida estadounidense".

Obama sostuvo que la política del mandatario republicano ante la emergencia por la pandemia provoca que dedique todos sus "esfuerzos" en apoyar a Biden para que llegue a presidente.

El presidente Trump, que en primer lugar minimizó la importancia del brote y luego recomendó la aplicación de inyecciones de desinfectante, mientras contradecía a sus propios expertos en salud, fue cuestionado por Obama respecto a su andar vacilante.

En ese contexto, Estados Unidos se fue convirtiendo en el centro de la pandemia, con más de 1,3 millones confirmados y 77 mil fallecidos, además de una difícil situación económica.


 

La celebración del final de la contienda ha tenido que adaptarse a las limitaciones impuestas para frenar la expansión del coronavirus.

El Covid-19 ha impedido la celebración de los previstos grandes actos conmemorativos en este 8 de mayo en que se cumplen 75 años de la capitulación del III Reich y el final del nacionalsocialismo. Los miles de jóvenes procedentes de todo el mundo que habían sido invitados por el Gobierno alemán para participar en los actos centrales de Berlín no han podido viajar a la capital alemana.

La conmemoración hubo de ser modificada y ha consistido en un solemne acto de recuerdo en el que, respetando la distancia de seguridad, han participado solamente la canciller Merkel, el presidente del Bundestag, Schäuble, y el presidente del Tribunal constitucional, Vosskuhle, que han escuchado en silencio un toque de trompeta y un discurso del presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, en el que ha celebrado la «liberación» y ha contextualizado su sentido en la actualidad de la crisis sanitaria y del resurgimiento de movimientos nacionalistas y xenófobos. «Alemania», ha dicho, «es un país al que solo es posible amar con el corazón roto».

Ante el impresionante telón de fondo de la Neue Wache, edificio diseñado por el arquitecto alemán Friedrich Schinkel y presidido por un sobrio portal dórico, en cuyo interior la obra de Käthe Kollwitz titulada «Madre con hijo muerto» recuerda «a las víctimas de la guerra y la dictadura», Steinmeier ha tomado la nomenclatura que ya en 1985 estableció el entonces presidente de Alemania, Richard von Weizsäcker, y se ha referido al 8 de mayo como el «aniversario de la liberación».

Una liberación «que tuvo que venir desde fuera porque este país estaba sumido en su culpa. Un nuevo comienzo democrático fue posible gracias al perdón. Pero también nosotros tuvimos parte en esa liberación, anunque por nuestra parte fue un proceso mucho más doloroso y largo que ha durado tres generaciones, un proceso de aclaración, de preguntas en el seno de las familias, de lucha contra el olvido». Steinmeier ha insistido en que ese proceso de libración no ha terminado.

«No hay final para el recuerdo. No hay redención de nuestra historia», ha afirmado, «la liberación no se ha completado y debemos trabajar en ella todos los días».

«Hoy los alemanes tendrían que liberarse de las tentaciones de los nuevos nacionalismos, de la fascinación del autoritarismo, de la desconfianza el aislamiento y la hostilidad entre las naciones, así como del odio y la agitación de la xenofobia y el desprecio por la democracia, porque son viejos espíritus malignos cubiertos solamente de una nueva apariencia», ha dicho, en clara referencia aunque sin citarlo al auge del partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD), que ha coqueteado en ocasiones con la nostalgia del nazismo y que figura hoy como primer partido de la oposición en el Bundestag.

Denuncia al terrorismo

Steinmeier ha tenido palabras expresas de recuerdo para las víctimas de los atentados de extrema derecha de Hanau, Halle y Kassel, que han marcado los últimos tiempos de la política alemana y en los que aparece e nuevo aquella violencia nacionalista que permitió el ascenso del nazismo y derivó después en la II Guerra Mundial, que dejó atrás entre 60 y 70 millones de muertes. También ha recordado a los seis millones de judíos víctimas de la locura racial nacionalsocialista. Pero seguramente la palabra que más ha repetido en su discurso ha sido «agradecimiento».

El presidente de Alemania ha agradecido su esfuerzo a aquella generación que el 8 de mayo de 1945, desde las cenizas de Alemania y desde una actitud de responsabilidad histórica, levantó un país en ruinas a base de esfuerzo y sufrimiento, la misma generación que es hoy la más atacada por el coronavirus.

«Si miramos a aquel 8 de mayo de 1945, los alemanes estábamos solos. Militarmente vencidos, políticamente desahuciados y solos porque nos habíamos hecho enemigos de todo el mundo. Hoy, sin embargo, no estamos solos, ese es el mensaje feliz de este acto. Vivimos en una democracia fuerte, en el corazón de una Europa unida, y vemos el fruto de nuestro trabajo conjunto con países del mundo entero».

«No sabemos cómo saldremos de esta crisis sanitaria, pero sí con qué actitud», se ha referido al reto del Covid 19, «una actitud de gran confianza en nuestro país, en nuestra democracia y en lo que podemos conseguir juntos». «El coronavirus nos ha impedido celebrar hoy grandes actos de recuerdo, pero aprovechemos este silencio», ha pedido el presidente alemán en una Avenida Unter den Linden desierta hasta donde alcanzaban a ver sus ojos.

«Pido a todos los alemanes que piensen hoy en silencio en las víctimas de la guerra y el nacionalsocialismo, que fomenten ese recuerdo común en las familias y que reflexionen sobre lo que ha significado en sus propias vidas aquella liberación del 8 de mayo de 1945».

«Los alemanes sentimos gratitud por la derrota que puso fin a la II Guerra Mundial», según las palabras de Steinmeier. «Hoy nosotros, los alemanes, podemos decir: ¡El día de la liberación es un día de gratitud!», ha proclamado, instando a la comunidad internacional a proteger «el orden internacional y la paz establecido desde 1945 y aumentar la cooperación, también en la lucha contra la pandemia».


 

El semanario Der Spiegel cita un informe de la agencia de espionaje BND que apunta a esa posibilidad.

El Gobierno alemán no da credibilidad a la versión del presidente estadounidense Donald Trump sobre el origen del coronavirus y considera que las acusaciones al Instituto Virológico de Wuhan, donde Washington establece que se desencadenó la pandemia, forman parte de una campaña de desinformación pública en la que China haría el papel de cabeza de turco.

Esta es al menos la información que publica el semanario progresista alemán Der Spiegel, según el cual un informe de la inteligencia alemana arroja serias dudas sobre el discurso estadounidense y apunta que es un intento de desviar la atención sobre el fracaso de la administración norteamericana para contener la enfermedad.

El secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, afirmó el domingo que hay «una cantidad significativa de pruebas» de que el coronavirus surgió de un laboratorio chino, si bien no rebatió las conclusiones de los servicios de inteligencia de EE.UU., que apuntaron a que el virus no fue fabricado por el hombre.

La agencia de espionaje alemana BND, según ha podido saber Der Spiegel, pidió a los miembros de la alianza de inteligencia «Five Eyes», liderada por EE.UU. y en la que participan también Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, pruebas que sustentaran esta acusación. Pero ninguno de los miembros de la alianza pudo apoyar la afirmación de Pompeo con evidencias.

En el consiguiente informe de inteligencia elaborado para la ministra de Defensa alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, se llegó a la conclusión de que las acusaciones de Estados Unidos constituyen un intento deliberado de desviar la atención pública de los «propios fracasos» del presidente Donald Trump. Las muertes en EE.UU. por la enfermedad COVID-19 superaron las 76.500 el jueves, con una cifra diaria media de nuevas muertes de 2.000 desde mediados de abril.

Sin comentarios desde Defensa

Fuentes del citado Ministerio de Defensa declinan por el momento confirmar o desmentir esta información, además de negarse a comentar las declaraciones de Trump, que ha dicho que tiene pruebas de que el virus pudo haberse originado en un laboratorio chino, pero se ha negado a dar más detalles.

Pero el hecho es que Alemania se ha unido esta semana a otros países europeos y a EE.UU. en una exigencia de aclaraciones a China sobre el origen del virus, basando sus reclamaciones también en un informe de inteligencia elaborado por Five Eyes según el cual el gobierno de Beijing ocultó información.

El documento de investigación de 15 páginas afirmaba que ante el «peligro de otros países» el Gobierno chino encubrió la noticia del virus silenciando o «haciendo desaparecer» a los médicos que hablaron, destruyendo las pruebas del virus en los laboratorios y negándose a proporcionar muestras vivas a los científicos internacionales que estaban trabajando en una vacuna.

El informe denunciaba también «la negación mortal de la transmisión entre seres humanos» y el «blanqueo de los puestos del mercado de la fauna silvestre». De hecho, revela que China tenía «pruebas de transmisión entre humanos desde principios de diciembre», pero siguió negando que pudiera propagarse de esta manera hasta el 20 de enero.

Denuncia además que la información sobre los portadores asintomáticos de la de la enfermedad fue «mantenida en silencio» por el Estado chino y el 3 de enero la Comisión Nacional de Salud de China ordenó que se destruyeran las muestras de virus y emitió una «orden de no publicación» sobre todo lo relacionado con la enfermedad.

Rosalía Sánchez

 

El índice pasó del 4,4% en marzo al 14,7% en abril, el mayor salto mensual de toda la historia.

Tal como anticipaba la ola de pedidos de ayuda social, en abril se destruyeron 20,5 millones de puestos de trabajo en los Estados Unidos y la tasa de desocupación alcanzó el nivel más alto desde 1933 cuando se llegó al pico de la crisis de la Gran Depresión en materia laboral.

En un solo mes, el índice pasó del 4,4% al 14,7%, el mayor salto mensual de toda la historia. Al compararlo con el dato de febrero el impacto es aún mayor ya que en estos 60 días el país norteamericano marcó dos récords: el menor desempleo en 50 años (3,5%) y el mayor en 87 años.

Trump ahora dice que el coronavirus es peor que el 11-S y Pearl Harbor

De hecho, en los últimos 80 años la tasa sólo había perforado la barrera de los dos dígitos en dos ocasiones: en 1982 con un 10,8% y en la crisis financiera internacional del 2009 con un 10%.

Según los datos oficiales, en esta oportunidad los sectores más damnificados fueron los adolescentes (31,9%), seguidos por los hispanos (18,9%), los afroamericanos (16,7%) y las mujeres (15,5%).

En cuanto a los sectores económicos, las mayores pérdidas se dieron en hotelería y ocio (7,7 millones de puestos laborales), servicios de educación y salud (2,5 millones), servicios profesionales y empresariales (2,1 millones), comercio (2,1 millones) e industria manufacturera (1,3 millones).

Como explicó LPO, la economía ya había reportado una baja del 4,8% en el último trimestre -luego de 23 períodos consecutivos al alza- y se espera que la recesión supere el 30% en los siguientes tres meses del año.

En tanto, más de 33 millones de trabajadores solicitaron el seguro de desempleo en apenas seis semanas, una cifra inédita en la historia que anticipa un alza todavía mayor en la tasa de desocupación.


 

El cónsul general francés en Wuhan «alertó inmediatamente» de las noticias oficiales que comenzaba a difundir «a su ritmo» el Gobierno chino.

Según el semanario «Le Canard enchaîné» (El Pato encadenado), tradicionalmente bien informado, el embajador de Francia en Pekín, Laurent Lili, habría advertido el Gobierno francés desde finales del mes de diciembre pasado de los riesgos de un «virus extraño que podría propagarse haciendo estragos entre la población».

El ministerio de Asuntos Exteriores ha confirmado que, efectivamente, hacia el 31 de diciembre pasado, sus servicios fueron informados de la aparición del Covid-19. El ministerio desmiente, por el contrario, que el embajador de Francia en Pekín informase «directamente» a Emmanuel Macron.

Según los portavoces oficiales del Gobierno francés, el cónsul general de Francia en Wuhan «alertó inmediatamente» de las noticias oficiales que comenzaba a difundir «a su ritmo» el Gobierno chino.

Las primeras «fichas» de los servicios consulares y diplomáticos franceses, en Pekín, de finales de diciembre, continuaron «actualizándose» a primeros de enero. En un tono que «Le Canard enchaîné» considera «alarmante», haciéndose eco de filtraciones al más alto nivel.

Las revelaciones del semanario satírico coinciden con el tardío descubrimiento de los primeros casos de franceses de origen magrebí infectados por el coronavirus, a finales de diciembre, en Bondy, en el departamento de la Seine-Saint-Denis, una ciudad con muchos problemas de carácter «multicultural».

Con cuatro meses de retraso, el lunes pasado se descubrió que los dos primeros casos de víctimas del Covid-19 pudieron ser señalados, y no lo fueron, el 26/27 de diciembre pasado, en uno de los hospitales más «multiculturales» de Francia, el Hospital Avicena de Bondy.

Juan Pedro Quiñonero

 

La aviación israelí mata a 14 milicianos proiraníes y bombardea un arsenal en Alepo.

La tregua no declarada que Israel ha mantenido en Oriente Próximo tras el estallido de la pandemia de coronavirus ya es historia. Los ataques de la aviación israelí contra posiciones de Irán y sus aliados chiíes en Siria se han redoblado desde hace dos semanas.

En las últimas horas, la escalada bélica en los cielos del país árabe ha golpeado un estratégico centro de investigación militar en Alepo (norte) y bases de las fuerzas iraníes y de milicias afiliadas libanesas e iraquíes en Deir Ezzor (este), donde perdieron la vida 14 combatientes.

El Ejército sirio confirmó a última hora de la noche del lunes a través de la agencia oficial de noticias SANA que aviones israelíes habían atacado con misiles instalaciones militares en Safira, al este de Alepo. Estas informaciones, que no daban cuenta de los daños causados, aseguraban que los sistemas de defensa antiaéreos habían interceptado los proyectiles.

La televisión estatal precisó que el bombardeo iba dirigido contra el Centro de Estudios Científicos y de Investigación de las Fuerzas Armadas, un organismo que en el pasado estuvo asociado a la producción de armas químicas. Ahora estaría participando en la modernización del arsenal de cohetes de Hezbolá, la guerrilla libanesa proiraní aliada del régimen del presidente Bachar el Asad, según la inteligencia militar de Israel.

Damasco ha guardado silencio, sin embargo, sobre la incursión en la provincia de Deir Ezzor, también a última hora de la noche del lunes. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos dio cuenta de bombardeos atribuidos a la aviación israelí en los alrededores de Al Mayadin, en una región próxima a la frontera con Irak. Esta ONG, que dispone de una red de informadores sobre el terreno, elevó hasta 14 la cifra de combatientes iraníes y sirios muertos en el ataque.

Mientras la atención internacional se concentra en la crisis sanitaria y económica desencadenada por la propagación de la covid-19, Israel ha reanudado una guerra soterrada para impedir que las fuerzas de Teherán se afiancen en territorio sirio junto con sus milicias afines. La entidad de las últimas operaciones y la relativa lejanía de sus fronteras de los objetivos golpeados reflejan la intensidad de la escalada.

“Israel prefiere adoptar ahora un bajo perfil mediático y no hacerse eco de los ataques, al contrario que en ocasiones anteriores”, subraya Amos Harel, analista de defensa de Haaretz. Los cazabombarderos han lanzado centenares de incursiones en Siria casi desde el inicio de la guerra. Tanto los sucesivos jefes del Estado Mayor como el primer ministro, Benjamín Netanyahu, han aireado a veces las operaciones dirigidas a bloquear el rearme de Hezbolá, en un primer momento, así como la posterior consolidación de la Fuerza Quds, el cuerpo expedicionario de la Guardia Revolucionaria iraní, junto a sus fronteras.

El pasado viernes, helicópteros de combate dispararon cohetes desde los Altos del Golán (meseta siria ocupada por Israel desde 1967) contra bases de Hezbolá. Ese mismo día, el Observatorio Sirio informó de la destrucción de un depósito de municiones cerca de la ciudad de Homs, en una acción de la aviación israelí. La ONG desveló que en otra operación en la misma región central de Siria perdieron la vida nueve combatientes, seis de los cuales eran iraníes o libaneses.

Rusia mira para otro lado

“La serie de recientes ataques atribuidos a Israel empieza a parecer más un plan ordenado que una mera reacción a las acciones [militares] iraníes en el escenario sirio”, argumenta Alex Fishman, experto en asuntos de seguridad del diario Yediot Ahronoth.

Este analista considera que Rusia prefiere mirar hacia otro lado en lugar de vetar las operaciones contra su aliado en apoyo del régimen de Damasco, como ha ocurrido en el pasado. Ahora los misiles israelíes aire-tierra golpean al archienemigo iraní desde la misma frontera del Golán hasta el profundo desierto de la frontera iraquí.

El lanzamiento con éxito de un satélite iraní de observación militar a finales de abril es visto como principal desencadenante de la escalada de ataques de la aviación israelí en Siria. Netanyahu no vaciló en calificar la puesta en órbita del satélite espía como “una seria amenaza a la seguridad internacional”, pero sin dejar traducir la preocupación por la amenaza que representan los cohetes de largo alcance de los que se ha dotado Teherán.

La guerra secreta reemerge ahora con fuerza con sucesivas incursiones, como muestra de que Israel deja atrás el confinamiento aceleradamente para intentar reflotar su maltrecha economía después de las severas restricciones impuestas por la pandemia.

Juan Carlos Sanz

 

Las autoridades han confirmado más de 8.500 muertos y más de 125.000 contagiados hasta ahora con una tasa muy baja de test. Tres estados decretan el confinamiento total en algunas ciudades.

Brasil registró este miércoles por segundo día consecutivo más de 600 nuevos fallecidos, con lo que las muertes se elevan a 8.536 y los contagios a más de 125.000, según el Ministerio de Salud. El 42% de los diagnosticados se consideran curados.

El secretario de Vigilancia Sanitaria del Ministerio, Wanderson de Oliveira, reconoció al presentar el boletín diario que persisten los problemas crónicos desde el comienzo de la crisis del coronavirus: no realizan test suficientes, hay un cuello de botella para procesar los análisis y tampoco logran centralizar los resultados de los test rápidos para incluir los realizados por los Estados y la red sanitaria privada.

“Aún no se puede decir cuándo llegará el pico de la crisis. Será entre mayo, junio y julio, no tengo dudas. El aislamiento social reduce la curva de casos”, dijo el secretario, que subrayó la diferencia del impacto entre los Estados.

Dos estudios recién publicados —uno de investigadores brasileños con la Universidad Johns Hopkins, y otro de investigadores también brasileños con la de Oxford— indican que Brasil será el nuevo epicentro global de la pandemia.

En un estudio aún no revisado por otros científicos, varios investigadores brasileños y británicos compararon las curvas epidémicas de Brasil y de Estados Unidos (actual epicentro) y vieron que las tasas de mortalidad siguen un aumento exponencial similar al de EE UU. Por eso estiman que las muertes puedan alcanzar las 64.310 hasta el 9 de junio en el escenario más pesimista, y las 31.384, en el más optimista.

Las proyecciones en colaboración con Johns Hopkins señalan que los casos en Brasil pueden alcanzar los 1,6 millones, más que los 1,1 millones de casos estadounidenses detectados. El estudio destaca la demora en la notificación de casos en el país como la razón por la que las cifras oficiales aún no son tan altas: Brasil realizó cerca de 1.600 test por cada millón de habitantes, mientras que EE UU administra 20.200, y algunos países europeos rondan los 30.000.

El secretario también admitió que hay más de 90.000 test para covid-19 en cola esperando Der procesados. Además, los resultados de cerca de los 100.000 realizados en laboratorios privados no se están compartiendo con el Gobierno, ni tampoco los datos de test rápidos estatales.

Confinamiento total

Ante el avance de la epidemia, algunos Estados y ayuntamientos están endureciendo las cuarentenas. Desde este martes, São Luís, capital de Maranhão, fue la primera ciudad en cerrar todo salvo los servicios esenciales. El Gobierno de Ceará y el ayuntamiento de la capital, Fortaleza, aplicarán más restricciones a partir del viernes próximo y será obligatorio el uso de mascarillas. “El momento que vivimos es grave”, alertó el alcalde Roberto Cláudio. Fortaleza concentra casi el 75% de los casos del Estado. “A pesar del gran esfuerzo de facilitar nuevas camas de hospital todos los días, la velocidad de propagación de la enfermedad es mucho más alta que la capacidad de los poderes públicos en este momento”, apostilló el alcalde.

La circulación de personas y automóviles en áreas públicas (como playas, paseos marítimos y parques) será “permitida solo con la debida justificación, como para realizar un servicio esencial. También se controlarán las entradas y salidas de la ciudad", explicó el gobernador, Camilo Santana, que prorrogó el decreto estatal de aislamiento social 15 días más. Según él, el Estado venía presentando uno de los índices más bajos de cumplimiento de las medidas de aislamiento y un incremento de casos y fallecidos.

El gobernador añadió que se han creado 1.500 nuevas camas de hospital en Ceará (un aumento del 63% en el sistema hospitalario). “Incluso con todo este esfuerzo, nuestro sistema sanitario ha llegado al límite. Por eso tendremos medidas más rígidas. Quiero hacer un llamamiento a la población para que cumpla el aislamiento social. Es la principal medida para reducir los efectos de esta pandemia, que mata a la gente”, afirmó.

En el Estado de Pará, el gobernador, Helder Barbalho, también anunció medidas de bloqueo total en 10 municipios, donde la circulación de personas se limitará, y solo operarán los servicios esenciales. Un repunte de casos por encima de la media nacional ha provocado que en Belém, la capital, y en otras ciudades se hayan desbordado los sistemas sanitario y funerario.

“Quienes vayan a comprar algo cerca de casa o a trabajar tendrán que llevar un carnet con foto o un documento acreditativo de trabajo, ya que cortaremos carreteras y haremos controles en las calles. Y a quienes no lleven máscara también se les prohibirá circular”, dijo.

Mientras tanto, el presidente Jair Bolsonaro y los sectores ligados a él siguen haciendo campaña contra el aislamiento, afirmando, sin ningún sustento, que no sirven para desacelerar los contagios.

Joana Oliveira/Beatriz Jucá

 

El Gobierno pretendía hacer coincidir el inicio de la desescalada en la capital y Cataluña.

Madrid quiere iniciar la desescalada este lunes. Así se lo transmitió el gobierno regional a Sanidad en la tarde de este miércoles, casi en el límite del tiempo dado por el Ministerio para presentar la documentación con la solicitud, y después de la primera gran crisis interna en la coalición entre PP y Ciudadanos liderada por Isabel Díaz Ayuso.

Las posturas enfrentadas entre ambos partidos provocaron un retraso del Consejo de Gobierno, que al final aprobó la petición para pasar a la fase 1 de desconfinamiento. Una decisión que provocó todo un incendio en Sanidad... y también en Moncloa.

Todo ello porque desde el gabinete de Pedro Sánchez se reconocía, en privado, que "lo deseable" es que Madrid y Cataluña comenzaran la desescalada a la vez. Entre otras cosas, porque son las regiones donde el coronavirus está teniendo mayor incidencia y porque, tal y como reconocieron altos cargos del Gobierno a LPO, "si Madrid sale antes podemos tener problemas".

Ahora, una vez confirmado que el Govern únicamente pidió la aplicación de la fase 1 en zonas sanitarias de la provincia de Tarragona, la decisión de Isabel Díaz Ayuso pone en un aprieto al Ejecutivo central.

Más allá de las consecuencias políticas que puede tener para el Gobierno que Madrid inicie la desescalada antes que Cataluña, en Sanidad reconocen tener "serias dudas" sobre la conveniencia de que la Comunidad inicie la fase 1 el próximo lunes, día 11. Todo ello porque "hay una serie de especificaciones y de condiciones en la orden ministerial del domingo que hay que analizar muy bien si se cumplen por parte de Madrid".

Los técnicos del Ministerio contactados por LPO explican, en primer lugar, que Madrid, a día de hoy, no cumple con el requisito de disponer de 1,5 a 2 camas UCI por cada 10.000 habitantes:

"En estos momentos, hay ocupadas 650 camas UCI en la región, 100 de ellas en hospitales privados, lo que supone casi un 100% de la capacidad".

Es cierto que en el documento enviado por Sanidad el domingo a las comunidades autónomas se habla de "tener acceso o capacidad de instalar en un plazo máximo de cinco días" esa cantidad de camas, y la Comunidad ya demostró, con el hospital de campaña de Ifema, que puede aumentar el número de camas disponibles: "Entonces, se llegaron a usar 1.520 camas, que serían suficientes con los requisitos aprobados".

En estos momentos, hay ocupadas 650 camas UCI en la región, 100 de ellas en hospitales privados, lo que supone casi un 100% de la capacidad

No obstante, en Sanidad explican que existen otros criterios que Madrid podría no cumplir, como la exigencia de tener capacidad para hacer un seguimiento correcto a los casos y su entorno a través de la atención primaria. En ese sentido, afirman que "el Ministerio ya advirtió que falta plantilla", lo que obligado a Díaz Ayuso a prorrogar los contratos del personal sanitario de refuerzo en este área hasta el próximo mes de diciembre.

Además, "el número de nuevos contagios diarios, el registro de fallecidos, la densidad de población y el trasporte en hora punta" pueden ser factores que jueguen en contra de la solicitud de Madrid, así como "el déficit de inversión en servicios hospitalarios" del que también advirtió el Ministerio a través de un informe difundido después de la aplicación del estado de alarma.

En ese documento, de hecho, "ya se advertía que Madrid y Cataluña estaban por debajo de la media española", y "ha estado muy presente", entre los técnicos de Sanidad, en las últimas semanas.

Las fuentes consultadas, por tanto, no tienen nada claro que Madrid pueda comenzar la fase 1 el próximo lunes: "Habrá que analizarlo con calma y justificar muy bien cualquier decisión que se tome, pero quizá lo sensato hubiese sido esperar antes de presentar la solicitud. Quizá se esté buscando una confrontación política y es posible que eso sea lo que finalmente se consiga".


 

La Unión Europea celebra por videoconferencia una cumbre con los seis Estados de la región que orbitan en la esfera de influencia de Bruselas.

En modo virtual, como mandan los cánones de la covid-19, pero con clara voluntad política de marcar el terreno en los Balcanes frente a la expansión geoestratégica de Rusia, China o Turquía. La Unión Europea (UE) celebra este miércoles una cumbre por videoconferencia que, por primera vez en su historia, reúne a todos los socios comunitarios con los seis Estados balcánicos, incluido Kosovo, que orbitan inestablemente desde hace años en la esfera de influencia de Bruselas.

La cita ya estaba prevista antes de la pandemia y debía haberse celebrado en Zagreb, capital de Croacia, el país que ocupa la presidencia semestral de la UE. La pandemia puso en peligro la convocatoria. Pero tanto el Gobierno croata como el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, consideraron imprescindible mantenerla.

El encuentro, señalan fuentes europeas, “incluso ha ganado más relevancia geoestratégica” tras la propagación de una enfermedad que ha permitido a potencias rivales, China en particular, alardear de una ayuda a la región que, en un principio, parecía superar a la europea. Los tentáculos del presidente ruso, Vladímir Putin, y del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, también operan en una zona cuya volatilidad ha tenido históricamente consecuencias trágicas para el continente.

La Unión ha contraatacado con un programa de 3.300 millones de euros en asistencia financiera y suministros sanitarios. Y con una cumbre que reafirmará “el inequívoco apoyo a una perspectiva europea para la región”, según anticipan fuentes diplomáticas.

El encuentro supone una primicia, dado que incluso participará España, con presencia (virtual) del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El Gobierno español no asistió a citas anteriores por discrepar con la presencia de representantes de Kosovo, la antigua provincia de Serbia cuya independencia unilateral no ha sido reconocida por cinco de los 27 socios de la Unión (España, Rumania, Grecia, Eslovaquia y Chipre).

En esta ocasión, el empeño de Croacia en asegurar la presencia de España y la delicada situación geoestratégica en la zona de los Balcanes y proximidades ha llevado a que Michel pueda presidir la primera reunión de todo el bloque europeo con los líderes de Serbia, Montenegro, Albania, Macedonia del Norte, Bosnia-Herzegovina y Kosovo.

Bruselas intenta garantizar que esos seis países se mantienen alistados en el bando europeo de una escena internacional cada vez más volátil. “Debemos profundizar nuestra cooperación estratégica en asuntos como cambio climático, multilateralismo y política exterior”, les pidió Michel a los seis países en la reunión preparatoria de la cumbre que mantuvo con ellos en febrero. Poco después de aquel encuentro, la covid-19 enturbió las relaciones cuando la Unión Europea prohibió exportar sin permiso previo material sanitario a países extracomunitarios. El presidente serbio, Alexander Vucic, reaccionó virulentamente. “La solidaridad europea no existe”. Y se decantó por pedir ayuda a “nuestros hermanos chinos”, en un gesto que fue aprovechado rápidamente por los aparatos de propaganda de Pekín.

Fuentes comunitarias admiten que fue un error dar la impresión de que el veto a la venta de material sanitario afectaba a países que negocian el ingreso en la UE, como Serbia y Montenegro, o que aspiran a la integración, como los otros cuatro Estados balcánicos. “Pero se corrigió enseguida y el paquete ayuda incluye suministros sanitarios esenciales, una asistencia macrofinanciera de 750 millones de euros y un programa a través del Banco Europeo de Inversiones de 1.700 millones”, recuerdan esas fuentes.

Fuentes diplomáticas relativizan también la incursión rusa o china en la zona. Y aunque reconocen la influencia comercial de Pekín y la energética y estratégica de Moscú, aseguran que todos los países, incluido Serbia, aceptan que su futuro pasa por el encaje con el club europeo. “Las relaciones comerciales y diplomáticas de esa zona con la UE son mucho más importantes que las que mantienen con Rusia o China”, subrayan. Los datos avalan esa tesis: más del 70% del comercio de los seis países se realiza con la UE, mientras que no llega al 5% con Rusia o China, según cifras de 2017.

Pero en tiempos de desinformación y en medio de una pandemia que, en palabras del jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, ha desatado “una batalla por el relato”, Bruselas reconoce que no basta con los lazos comerciales tradicionales. “Parece mentira que Rusia y China, con unas inversiones muy pequeñas en la zona, logren aparentar mucha más presencia que la UE”, lamenta una fuente diplomática. “Quizá deberíamos hacer un mayor esfuerzo para explicar lo que hace la Unión y que la población de esos países sea consciente de los fuertes vínculos con el club comunitario”, añade esa misma fuente.

Pero Rusia y China no recurren solo al soft power. Los dos países disponen de derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, un arma fundamental para presionar a Belgrado, siempre pendiente de que el reconocimiento internacional de Kosovo no avance. Y la dependencia energética del gas ruso en la zona también refuerza el peso de Moscú.

Aun así, nadie parece poner en duda que el camino de toda la zona apunta hacia la Unión. A pesar de los recelos de Francia y Países Bajos, entre otros países, la Unión aceptó en marzo abrir negociaciones de adhesión con Macedonia del Norte y Albania, dos candidatos que se unen a Serbia y Montenegro. Bosnia-Herzegovina, por su inestabilidad interna, y Kosovo, por su conflicto con Belgrado, se encuentran aún muy lejos de esa negociación pero tarde o temprano podrían incorporarse a la sala de espera del club. “No veo posible que Rusia y China puedan tener una presencia más fuerte que la UE en esta zona”, rematan en Bruselas.

Bernardo De Miguel

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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