Domingo, 12 Junio 2016 13:20

Una bendición cae sobre María Eugenia - Por Eduardo van der Kooy

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La gobernadora está en alerta por el cuadro social bonaerense. Recorre los barrios y consensúa con la oposición. Una actitud que fue citada por el Papa. También su inquietud por los narcos.   

María Eugenia Vidal llamó urgente por teléfono a Mario Ishii, el intendente de José. C. Paz, que supo ser kirchnerista. Se había reunido con él una semana antes para monitorear la entrega de comida en los comedores escolares. También la venta callejera de bolsones con alimentos a bajos precios. Pero necesitaba corroborar si algún sofocón amenazaba su distrito. Federico Salvai, el ministro de Gobierno, dialogó con Sergio Massa, recién regresado de París donde participó de un seminario. Ambas acciones no fueron coordinadas aunque persiguieron idéntico fin: radiografiar el cuadro social en el Conurbano dañado por el ajuste económico. Detrás de esa precariedad objetiva siempre se agazapa el rumoreo alarmista.

El último eslabón de tal paneo corrió por cuenta de Santiago López Medrano con las organizaciones sociales de la Provincia. El ministro de Desarrollo Social estuvo con todas, incluido el Movimiento Evita. También con Barrios de Pie, que hace dos semanas realizó piquetes en los accesos a la Capital en demanda de alimentos para los comedores barriales. Vidal los cruzó afirmando que se habían entregado 45 toneladas. El jefe de la agrupación retrucó que resulta insuficiente.

Vidal vive este tiempo en ascuas porque, a juicio suyo, se trata del tránsito más difícil. Los tarifazos lastiman, su gobierno recién ha concluido el balance del desastre dejado por Daniel Scioli y el dinero para mover las obras públicas escasea. La gobernadora, de alguna forma, no abandona la campaña: tres veces a la semana recorre zonas postergadas del Conurbano. Sin fotógrafos ni periodistas. Conoce lo que está sucediendo. Incluso ha soportado reproches de vecinos. Pero no advierte clima de alguna posible insurrección social.

Tendría detectado que la usina de esos malos presagios estaría en La Matanza. También, aunque en menor escala, partirían desde Avellaneda, comandada por el intendente kirchnerista Jorge Ferraresi. O en Berazategui, de Patricio Mussi. No mucho más. En el distrito bonaerense más denso parecen soplar ráfagas de vientos encontrados. La intendenta, Verónica Magario, frecuenta a la gobernadora. Vidal llevó hasta allí en una ocasión a todo su gabinete. Pero el jefe de asesores del municipio es Fernando Espinoza. Acompañó a Julián Domínguez en la interna del FpV perdida contra Aníbal Fernández. Respalda a Scioli como una de las cabezas del PJ. Pero reivindica a Cristina Fernández y a los K. Una ensalada política propicia para provocar atoramientos.

Espinoza se balancea entre durísimas críticas a Mauricio Macri y augurios de convulsiones, con condescendencias hacia Vidal. La ciclotimia de sus conductas, tal vez, responda a ciertos entuertos de pago chico. Hace rato que el PRO y el massismo le demandan a Magario una rendición final de la gestión de Espinoza. Esos números no aparecen. Unos y otros amenazan con recurrir a la Justicia y al Tribunal de Cuentas.

Vidal ha optado para gobernar hasta ahora por una estrategia distinta a la de Macri. Tomó como sostén parlamentario al Frente Renovador. En forma de sistema permanente. El Presidente prefiere no casarse definitivamente con nadie. Ante cada dilema intenta usufructuar la disgregación que evidencia el peronismo. Tuvo éxitos (el acuerdo con los fondos buitre) y fracasos (la ley antidespidos). Puede volver a cantar victoria con el blanqueo de capitales y la reparación a los jubilados. El camino trazado por la gobernadora no estaría exento de críticas que brotan desde el interior de Cambiemos. Una de ellas: con esta posición de privilegio Massa estaría financiando su Frente Renovador. El diputado, aunque todavía reste una eternidad, podría convertirse en gran rival del macrismo en Buenos Aires en las legislativas del año próximo.

Aquella modalidad de Vidal trascendió las fronteras. Fuentes judiciales aseguran que su nombre fue el único de un político que se escuchó en boca de Francisco. El Papa congregó días atrás a un lote de jueces y fiscales de la Argentina y de otras naciones en un seminario sobre criminalidad, narcotráfico y trata de personas. Tres argentinos tuvieron la exclusividad de conversar a solas con Su Santidad: Ricardo Lorenzetti, el titular de la Corte Suprema, Sebastián Casanello, el juez de la ruta del dinero K, y María Servini de Cubría, por cuyas manos pasa el escándalo del fútbol. A su regreso al país dispondrá el procesamiento de tres ex jefes de Gabinete: Aníbal Fernández, Jorge Capitanich y Juan Manuel Abal Medina. Los que manejaron los fondos del Estado con los clubes.

Al Papa le agradaría de Vidal algo que le desagrada de Macri. Su inclinación a colaborar con propios y ajenos en conflictos que se profundizan en la Argentina. Hace tiempo que sectores de la Iglesia y de la oposición intentan reeditar la Mesa del Diálogo Argentino que cobró fuerza con la crisis del 2001. Un mecanismo para abordar la compleja realidad social y diluir tensiones. El bastonero paraeclesial es el legislador porteño Gustavo Vera. Le hacen pata dirigentes peronistas. Entre varios, Felipe Solá. Pero el macrismo no responde.

Francisco habría citado dos conductas de la gobernadora. Su iniciativa para recuperar el Fondo del Conurbano que juntó la cabeza a todos los diputados bonaerenses, incluidos los K. No ha sido un desafío contra Macri. Entre el Presidente y Vidal hay acuerdo para tal reparación cuando la asfixia económica decline. La otra cuestión apunta a la lucha contra el narcotráfico. Lorenzetti habría oído elogios del Papa por el encuentro que encabezó a fines de mayo con intendentes bonaerenses para examinar la cuestión. También asistieron Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad, y Cristian Ritondo, su colega bonaerense.

En esa apreciación papal podría descifrarse otro mensaje halagador para la gobernadora. El haber comprendido las perentoriedades de Buenos Aires y obrado en consecuencia. Además, el esfuerzo por desmenuzar el contenido de su batacazo electoral. La diferencia que terminó arrancando a Aníbal estuvo antes espoleada por una demanda popular de decencia antes que de estrechez económica insoportable para vivir. La obligación de las declaraciones juradas a los comisarios de la Policía bonaerense se inscribirían en ese contexto amplio.

Algunos, quizá con exageración, atinan a vincular esa empatía con un gesto anterior del Papa. La decisión de que el primer partido de fútbol por la Paz que auspicia el Vaticano se juegue en el estadio de La Plata. La recaudación estará destinada a la Fundación Scholas. Cuando Francisco realizó el anuncio estuvo en representación del Gobierno bonaerense Salvai, el ministro de gobierno. Fue solo fue una presencia testimonial.

Aquellas mismas fuentes judiciales aseveran que Francisco ni siquiera orilló los nombres de Cristina, de Lázaro Báez, de Julio De Vido o de Ricardo Echegaray cuando dialogó con los magistrados. Tampoco en la charla solitaria que mantuvo con Casanello. Sólo instó a no cejar en la lucha contra la corrupción ni vacilar frente a las presiones de poderes políticos o fácticos. El juez entendió muy bien.

Casanello prefirió no entrar en detalles delante del Papa. Pero estima que las versiones que lo ligan a reuniones secretas con Cristina o el presunto cobro de coimas formarían parte de una desprolija operación de viejos espías jubilados y algunos nuevos improvisados de la AFI en connivencia con el entorno duro de la familia Báez. Hay un nombre que lo desvela: el de Jaime Stiuso. Siempre recuerda que tuvo en origen la causa por enriquecimiento ilícito del topo. Pero le fue arrancada. Después de hacer escala en otros tres juzgados terminó recalando en Marcelo Martínez de Giorgi. El juez, en su primera medida, separó a la ONG La Alameda –cercana al Papa– como parte querellante. Había sido una de las impulsoras de la denuncia.

Casanello brindaría una explicación sobre las supuestas llamadas detectadas desde su celular en la zona de la residencia de Olivos. Su familia vive en ese barrio del Norte bonaerense. Se interroga, además, por qué razón legal su celular debiera estar intervenido. No habría causa judicial que lo explique. De allí la recurrente sospecha sobre aquellos espías.

Esas cavilaciones de Casanello serían tal vez comprensibles. Mucho más que el desapego con que durante años encaró la investigación sobre la ruta del dinero K. Entre 2013 y marzo de 2016 no hizo casi nada. Tiempo suficiente para que demasiadas pruebas del nexo entre Lázaro y la familia Kirchner pudieran esfumarse. Hay quienes suponen que ese tiempo perdido podría recuperarse. El fiscal Guillermo Marijuan insiste para que Báez acepte acogerse a la figura del arrepentido. Podría lograr su libertad y dar un giro drástico a la causa. Infausta noticia, si sucede, para Cristina y De Vido.

Casanello tiene también en la mira a Ricardo Echegaray. Debe decidir su procesamiento por encubrir a Báez en la confección de facturas truchas. Sería un simple golpe de gracia. El ex titular de la AFIP ya tiene un procesamiento que le dictó Claudio Bonadio por violación del secreto fiscal. Esa medida quebró su espinazo como auditor general de la Nación. Todavía no se fue pero ya estaría abandonado. José Luis Gioja y Scioli, la conducción formal del PJ, convinieron con diputados y senadores la búsqueda de un sustituto. Suena el ex diputado Oscar Lamberto, que ofició como auditor hasta fines del 2015. Y validó algunos informes contrarios a la gestión de Cristina.

Ese cambio y la soledad de Echegaray acentuarían la impresión de la distancia irreversible del peronismo con la ex presidenta. 

Eduardo van der Kooy

Visto 715 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:49

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