Domingo, 08 Enero 2017 14:42

Pinamar, del crimen de José Luis Cabezas a la gestión de Cambiemos - Por Silvia Mercado

Escrito por 
Valora este artículo
(0 votos)

Cómo influyó el crimen del fotógrafo en la ciudad balnearia y los planes del Gobierno para relanzarla con el turismo

 

 

No es posible pensar Pinamar sin el asesinato de José Luis Cabezas, el reportero gráfico que murió calcinado en el auto que sus sicarios tiraron en el pozo de un camino de tierra que va de la ruta 11 a la Laguna Salada Grande, con dos disparos en su cabeza. Pinamar tendrá siempre la cara de ese periodista asesinado por hacer bien su trabajo.

 

El crimen no solo terminó con la vida de uno de los mejores fotógrafos periodísticos que tenía la Argentina sino, además, con el sueño de una playa sofisticada sobre este lado del Atlántico, pensada para captar la segunda cobertura periodística en las revistas de moda, después de Punta del Este.

 

El proyecto era montar sobre la tradición oligárquica de los fundadores, las familias Guerrero y Bunge, una inversión inmobiliaria a la que no se le exigía demasiada transparencia -más bien ninguna- para desplegar el glamour típico de la década de los '90, menemismo, poder, chicas lindas, champagne. Blas Altieri era la cara política de esa fiesta. Alfredo Yabrán era el jefe, verdadero "dueño" de la Pinamar de los '90, inversor en hoteles, restaurantes, edificios, countries, con bolilla negra para cualquiera que quisiera ingresar y ascendente en todas las fuerzas vivas locales, desde el concejo deliberante hasta la policía.

 

El intendente de entonces creyó que se trataba de un episodio más de la temporada veraniega 1997, algo que podía ignorarse con el bullicio de la localidad balnearia repleta y justo cuando estaba por arrancar el desfile de Roberto Giordano. Altieri estaba convencido de que bastaría con aguantar el chubasco unos días y mover los hilos de la justicia y la policía para evitar que el asunto no llegue a mayores.

 

Pero ese modelo no sobrevivió. La temporada siguiente fue un fiasco y, aunque imaginó que era posible confundir a la justicia con sus infinitos recursos, Yabrán en mayo de 1998 terminó suicidándose para huir de una orden de arresto emitida por el juez  José Luis Macchi que lo consideró autor intelectual del asesinato y realizó 18 allanamientos y un pedido a Interpol para encontrarlo. Dos años después, el 2 de febrero de 2000 fueron condenados a prisión perpetua todos los involucrados con el crimen y ya no queda nadie preso, pero todos cumplieron su condena. Algunos incluso, como el ex comisario de Pinamar Alberto Gómez, encontrado culpable de liberar la zona para que puedan actuar los asesinos, siguen viviendo aquí. También es el lugar de residencia del ex policía Aníbal Luna y fue la de su colega Sergio Camaratta, quien residió allí hasta su muerte, en abril de 2015.

 

Pinamar intenta recuperarse de esa pesadilla. En una temporada pueden pasar hasta 1.700.000 personas aunque sea por un día para participar de algún espectáculo o para descansar por un fin de semana, pero aquí viven apenas 40.000 personas que lo intentaron todo, hasta volver a votar en algún momento a Altieri, para recuperar algo del glamour perdido. El regreso del ex intendente duró poco y tampoco logró nada. Frente a las playas de Uruguay y Brasil o las compras en Chile o Estados Unidos, frente a los pasajes al exterior con tasas subsidiadas, las playas argentinas no tienen mucho para competir. Además se instaló un latiguillo: "Alquilar o comer es más barato en Brasil que en la Argentina", un sentido común que las políticas locales tampoco supieron combatir.

 

El ministro de turismo de los K consideraba a Pinamar un balneario "menemista", aunque los Kirchner hayan pasado varios veranos aquí, incluso fotografiados por el propio Cabezas. Algunos kirchneristas sí se instalaron en Cariló, la playa rica de este partido que integran también Valeria del Mar, Ostende y Mar de Ostende, como Enrique "Pepe" Albistur, Sandra Russo y Aníbal Fernández, aunque ahora ya no se los ve. En cambio, sí camina por estas calles y se hace ver Florencio Randazzo, con casa en Valeria del Mar.

 

La decadencia en la que cayó Pinamar se hace visible en un problema que arrastra años sin solucionarse, el llamado "frente marítimo",  asunto estructural para un balneario porque, si no hay playa, no hay turismo. En la sudestada de esta semana se vio claramente cómo avanza el mar, reduciendo drásticamente el espacio de recreación, ante la ausencia de dunas que puedan hacer de contención. Se discute desde los inicios del 2000, cuando ya eran inocultables las consecuencias de la desaparición de las dunas naturales, provocadas por la construcción de la Avenida del Mar, los robos sistemáticos de arena de las constructoras y los paradores de cemento. Recién en el 2009 se aprobó una ordenanza para regular el espacio costero de un modo sustentable con las playas pero, entre intereses y vueltas varias, nunca se aplicó.

 

Quien lo está llevando adelante es el intendente que ganó con la boleta de Cambiemos con el 38% de los votos en las últimas elecciones, un pinamarense que inició su carrera política al lado de Felipe Solá y de la mano de María Eugenia Vidal llegó a ser Director de Políticas de Juventud de la Ciudad de Buenos Aires. "Hoy los balnearios se ven lindos, sustentables, cool. Está muy bien que un chico de 30 años se atreva a intentar resolver el problema del frente costero que hasta ahora nadie solucionó", dijo el experto en comunicación y conocido tuitero Lisandro Varela -@buenbipolar-, criado en Pinamar y conocedor de las dificultades de llevar adelante en un pueblo chico aún los proyectos más razonables.  Y agregó: "Veo un atisbo de cambio, yo creo que Martín (Yeza) puede sacar Pinamar adelante".

 

No opina lo mismo el historietista Oskar Blotta, que dejó Buenos Aires y vive en Pinamar hace 17 años: "Un poquito mejor están las cosas, algo más de gente, algo más de orden, pero todo poquito. La ciudad aún no recuperó el brillo y no creo que lo haga en esta gestión que carece de todo profesionalismo".

 

Gabriel Michi, el periodista que trabajó con Cabezas para la revista Noticias en esa temporada en que fue asesinado, también reconoce que ese Pinamar de los '90 se perdió, quizás para siempre. "Era el lugar predilecto del menemismo, ya no hay figuras como Yabrán ni Altieri, hay algo que no existe más, pero todavía noto resistencia a que todo sea expuesto a la luz y hasta diría que aún hay negocios sucios o poco claros", aseguró a Infobae.

 

Michi presentará mañana lunes 9 en el Hotel Del Bosque de Pinamar su libro "Cabezas. Un periodista. Un crimen. Un país". Es la historia del calvario de su compañero y de la causa judicial para investigar su crimen. También de su propio tormento. Le tomó 20 años poder contar ese horror del que fue testigo, desde el momento en que esperaba que José Luis acudiera a reunirse con él para cubrir una nota el 26 de enero al mediodía y, como no aparecía, terminó en la comisaría donde supo que un auto Ford Fiesta como el que tenía Cabezas había aparecido, incendiado, en una fosa lejana. Hasta allá concurrió, acompañado por otros policías, y pudo reconocer que el cuerpo que estaba adentro era el de su compañero.

 

Veinte años después no está demasiado claro que el gobierno de Cambiemos le dé un respaldo especial a Pinamar. Se esperaba que la cumbre del PRO prevista para fines de enero se realice aquí, pero se hará en Vicente López. También se escuchan criticas al ministro de Turismo nacional, Germán Santos: "Parece estar más ocupado por promocionar Córdoba que las playas bonaerenses". Por Pinamar, por lo menos, no se lo vio. Tampoco la provincia de Buenos Aires destinó espectáculos especiales para esta ciudad y, por el contrario, parece estar privilegiando llevar espectáculos a los pueblos del interior y del conurbano, para diferenciarse de gestiones anteriores. En cambio, sí se ve gran cantidad de policías bonaerenses y locales.

 

Michi supo en el instante que vio el cuerpo calcinado de su compañero que el responsable de esa muerte era Yabrán y lo dijo abiertamente en el viaje de regreso desde la cava a la comisaría, rodeado de policías que trabajaban junto a los que -más tarde después se supo- estaban implicados en el crimen. Vivió amenazado por años. Vio cómo se dictó la condena de los asesinos y sus cómplices. También cuando salieron libres. El último, en diciembre del año que acaba de terminar.

 

El 25 de enero volverá a hacerse en Pinamar un homenaje a Cabezas, el número 20. También habrá, por primera vez, una exposición de sus mejores fotografías, en la Casa Azul. Porque si esta ciudad miró para otro lado cuando lo asesinaron, si quiere reconstruirse tiene que hacerlo sin olvidar ese momento trágico en que Argentina pudo convertirse en una democracia condicionada por las mafias, con impunidad para matar periodistas. No se olviden de Cabezas. 

 

Silvia Mercado

Visto 261 veces Modificado por última vez en Lunes, 13 Febrero 2017 21:34

Fundado el 4 de agosto de 2003

<

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…