Domingo, 19 Marzo 2017 00:00

Tanto el Gobierno como la CGT quieren que el paro pase rápido - Por Edgardo Alfano

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Algunos popes sindicales consideran que la central obrera es un "dique de contención" ante el avance del kirchnerismo. Las urgencias por negociar.

 

El jueves 6 de abril, la fecha elegida por la CGT para su primer paro nacional contra Mauricio Macri, parece todavía lejana en el tiempo. La razón es que el clima social está sacudido por el complejo y extenso paro de los docentes, cuyo epicentro sigue siendo la provincia de Buenos Aires, y las constantes protestas callejeras y cortes de piqueteros complican la escena.

El kirchnerismo y la izquierda, cada sector con distinto objetivo, aparecen como protagonistas de una puja por ganar la calle y hacérselo sentir al gobierno. Pero esa presión no solo está dirigida a la Casa Rosada sino a la propia CGT. La central obrera, unificada como pudo y con un Triunvirato al frente de la conducción, intenta recobrar el protagonismo que tuvo en un pasado todavía lejano, en base a la fuerza de sus organizaciones sindicales.

Los gremialistas no quieren que el kirchnerismo, y menos la izquierda, los desplacen de un lugar que consideran que les pertenece: la representación de los trabajadores y el derecho a ser los interlocutores válidos del gobierno.

Macri y su círculo más íntimo consideran que si ceden a las exigencias de la CGT, perderán un respaldo importante de la sociedad.

Pero no todo es como en las viejas épocas. El kirchnerismo echó base en organizaciones sociales y piqueteras, producto de los años en el poder y del millonario presupuesto que manejó para esos sectores, y quiere usar esa estructura para evitar un triunfo electoral de Cambiemos este año. Ese logro podría abrirle la puerta para la vuelta de Cristina, si la Justicia y la interna peronista no se la cierran antes.

Algo de eso debe cruzarse en el pensamiento del Gobierno porque tanto el jefe de Gabinete, Marcos Peña, como el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, acusan al kirchnerismo, con su jefa a la cabeza, de intentar desestabilizar al Gobierno nacional. Para colmo, la CGT encuentra en Macri a una persona poco permeable a sus reclamos y dispuesta a enfrentar las protestas sin cambiar el rumbo económico.

“Macri es un caprichoso”. Esta frase se escucha muy seguido por los pasillos del viejo edificio cegetista de Azopardo 802. Es más, alguna de sus espadas más conocidas, se lo dijo en la cara al Presidente.

A Moyano, Barrionuevo y Caló, los separaban las CGT que representaban, pero hoy están unidos en un mismo pensamiento. Consideran que la Central Obrera es el principal dique de contención que puede encontrar el Gobierno para detener el avance del kirchnerismo y la izquierda. Y quieren que Macri negocie.

Sin embargo, otra es la óptica de la Casa Rosada. Macri y su círculo más íntimo consideran que si ceden a las exigencias de la CGT, perderán un respaldo importante de la sociedad que los llevó al gobierno reclamando cambios frente a un peronismo que gobernó al país, en sus más variados matices, durante 25 años desde el retorno de la democracia.

De cualquier manera, tanto la CGT como el Gobierno quieren que el paro del 6 pase lo más rápido posible para volver a sentarse alrededor de una misma mesa de diálogo. Después de todo, los acuerdos sectoriales que tanto impulsa Macri, como el de los petroleros y mecánicos, tienen como protagonistas a los gremios, junto a los empresarios.

También los sindicalistas desean que el 6 pase rápido. Las dos CTA (la cristinista de Yasky y la histórica de Micheli) decidieron sumarse también al paro de la CGT, además de cumplir con su huelga del 30 de marzo. Aunque con una particularidad: quieren mojarle la oreja a la central obrera y movilizar a sus militantes, como lo hará la izquierda, con el objetivo de escribir un nuevo capítulo de su puja con los tradicionales caciques cegetistas.

Mientras tanto, sigue el conflicto docente donde los kirchneristas y la izquierda se disputan el liderazgo de la dureza en la provincia de Buenos Aires.

Macri está convencido de que lo hacen para debilitar a la principal figura del PRO, la gobernadora María Eugenia Vidal, y asestar una derrota el 22 de octubre que signifique el inicio del final de Cambiemos.

Vidal decidió enfrentar a los gremios docentes, sobre todo a la SUTEBA de Roberto Baradel, que tendrá que enfrentar el avance de la izquierda, en las elecciones internas en mayo.

Su gobernación ya le pidió al Ministerio de Trabajo de la Nación un detallado informe para poder avanzar en sanciones contra los gremios que desoyeron la conciliación obligatoria y siguieron con los paros. Si bien se formaron mesas técnicas en la provincia, para discutir con los gremios distintos ejes de la problemática docente, la cuestión de fondo, la salarial, sigue sin definirse, y el futuro de las clases es incierto.

Así está la Argentina hoy, con conflictos sindicales y con nuevos paros. Como en los viejos tiempos y a pesar de los intentos de cambiar.

Edgardo Alfano

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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