Lunes, 23 Octubre 2017 00:00

Quisieron que fuera como De la Rúa, pero lo hicieron parecerse a Alfonsín - Por Carlos Salvador La Rosa

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Con gran revanchismo, el peronismo que hegemonizó la oposición a Macri quiso que éste cayera Pero lo que lograron que ganara.

 

La vida tiene esas paradójicas vueltas, la populosa y sacrificada localidad bonaerense a la que Cristina Fernández denigró y humilló desde Harvard, es la que la sostuvo hasta el final, en su casi seguro ocaso, apoyándola con sus votos y su generosidad. Poco más que La Matanza le quedó a la dama del adiós.

Como en la más cruel de las pesadillas, el peronismo está pagando todas sus culpas y nada menos que todas sus culpas. Unos por tibios y timoratos que buscaron transitar por pusilánimes y angostas avenidas del medio porque tenían demasiadas culpas y miedos para inventar nuevos caminos. Y otros por destructivos, porque desde el primer día que asumió el gobierno de Mauricio Macri se dedicaron a construirle su 2001 para que en las elecciones de medio término Cambiemos cayera como cayó la Alianza en ese fatídico año.

Y así, entre los que no se quisieron o supieron renovar y los que buscaron crear tierra arrasada, construyeron, sin quererlo, un nuevo 1985, esa elección legislativa en que el entonces presidente Raúl Alfonsín arrasó con todo el peronismo obstructivo y le abrió al país una alternativa de otro signo. Y eso que Macri no tuvo su 1983, porque en 2015 ganó con mucha menos fuerza y poder de lo que ganó el radical al iniciarse la democracia renacida. Vale decir, con su necedad lo único que hicieron fue multiplicarle su legitimidad y las fortalezas necesarias para que se puedan abrir las puertas de un nuevo país, si se hacen las cosas bien.

Y así como Macri tuvo ayer su 85 debido al peronismo, el peronismo también revivió su 85 debido a sí mismo; el año en que menos votos sacó en toda su historia y que muchos imaginaron el principio del fin.

Hoy ya ni siquiera importa cuántos votos sacaron los infinitos peronismos, sino su total tribalización, donde cada parte expresa una realidad que nada tiene que ver con las otras, pero ninguna ha demostrado voluntad o capacidad para reconstruirse hacia un futuro que a este(os) peronismo(s) le(s) ha dejado enteramente de pertenecer.

Y todo eso les pasa porque al no ser capaz de enfrentarse con la que quiso un 2001, lograron un 1985.

El ejemplo mendocino es quizá el más patético de esa terrible contradicción. Al PJ local le fue bastante bien en las PASO porque se enfrentaron kirchneristas con no kirchneristas siendo los únicos que hicieron una interna democrática y competitiva, pero cuando se juntaron los K con los no K para competir contra Cornejo y sus huestes, la incoherencia les explotó como una bomba. Ver al moderado candidato local, Omar Félix, abrazándose con Axel Kicillof fue la gota que colmó el vaso. Esa supuesta unidad de los peronchos K con los peronchos que no saben qué son, definió esa actual imposibilidad llamada peronismo que, al menos en su estado actual, se ha agotado definitivamente como se agotó en 1985.

O peor, porque hoy renovarse o simplemente adecuarse a los tiempos les costará infinitamente más, porque vienen de 25 años de privatizaciones truchas o estatizaciones peores; no dejaron macana por hacer.

O peor de peores, porque también vienen de dos años en que le llevaron el apunte, por acción u omisión, a una señora acompañada por una armada Brancaleone de chiflados que se propuso gestar el apocalipsis. Una reina sin reinado y cada día con menos súbditos (porque todos van cayendo presos sin solución de continuidad), pero que aun así, frente a la cobardía del resto del peronismo, se propuso primero delarruizar a Macri a ver si caía por debilidad y luego videlizarlo a ver si caía por autoritario, armando el más cruel y miserable uso político de un pobre muchacho como Santiago Maldonado, del que se tenga memoria en la historia de las infamias. Uso político que, tal como parece, no le aportó ni un voto y hasta quizá le sacó, porque los ciudadanos ya no comen vidrio y saben diferenciar el dolor por las tragedias humanas de la elección de sus representantes.

Lo cierto es que hoy los únicos opositores que aún se mantienen en pie son caciques municipales o provinciales sin prestigio, tribus aisladas que seguramente se pondrán al servicio del mejor postor. Por lo que, de hecho, el país se ha transformado tanto en apenas un par de años que hoy solo existe una sola fuerza nacional, llamada Cambiemos, y una franquicia llamada peronismo, a la que nadie sabe usar de tanto desuso y maltrato.

Como en 1985, cuando el alfonsinismo se preparó para gobernar cien años ante la falta de oposición (ojalá el macrismo no cometa ese mismo y tonto error).

En fin, que de este lunes en adelante, y cuanto menos por dos años, el gobierno nacional tiene la suma de la autoridad, la fuerza y el poder para transformar en realidad todas sus promesas, e incluso algunas otras cosas más. Y los que quieran ofrecerse como opción deberán barajar y dar de nuevo, dejando en el pasado a todos los que en los años 80 se llamaban los mariscales de la derrota. Y que hoy, incluso más que en los 80, son multitud.

Quizá, si todos trabajan bien y escuchan mejor la voz de las urnas, en poco tiempo la Argentina tendrá al menos dos fuerzas políticas republicanas, democráticas y competitivas, en vez de movimientos hegemónicos donde unos quieren destruir a los otros, porque por dentro cada movimiento es una mezcla imposible de ambiciosos a los que no los une ni el amor ni el espanto, sino el mero hambre de poder, antesala de toda corrupción.

El pueblo ha hablado, y ha sido claro. Ahora deberán actuar los elegidos y los que quieran llegar a serlo. 

Carlos Salvador La Rosa  
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