Domingo, 31 Diciembre 2017 00:00

Un gabinete con muchos ministros y un poder vertical - Por Silvia Mercado

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Hay tres grupos de ministros: los que hablan a diario con el Presidente, lo que prácticamente no lo ven y los que se vinculan esporádicamente. Un caso aparte, el Ministerio del Interior

 

El Gabinete del gobierno de Cambiemos es atípico por varias razones. No solo por su tamaño, sino por su diseño. Tiene 21 ministerios más otro funcionario con rango ministerial (o sea, 22), el número más grande desde que arrancó la democracia en 1983, que lo asemeja a un gabinete venezolano, aunque sin tantos nombres exóticos. Por cierto, el mapa original espeja la mentalidad de ingeniero de Mauricio Macri cuando dio el salto de la Ciudad a la Nación. Estaba convencido de que se necesitaba un equipo mucho más grande para manejar el nuevo desafío, y creyó que lo resolvería con más ministros.

Desde el minuto uno se supo que el corazón del poder en el megagabinete macrista estaría instalado en la Jefatura de Gabinete. En la Casa Rosada, un salón y otro era invadido por los funcionarios que acompañarían a su titular, Marcos Peña, y los vicejefes, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, con 10 secretarías o programas con rango de secretarías y otras tantas subsecretarías y tantas direcciones nacionales y direcciones simples que es difícil contarlas, ya que superan las 80.

¿Qué hace tanta gente?, preguntó Infobae en distintas oportunidades, queriendo saber exactamente en qué invierten su tiempo. Las respuestas nunca son demasiado precisas, pero lo que se evidencia es que son funcionarios dedicados a hacer infinitos informes para Peña, Quintana y Lopetegui, que son los que hacen los seguimientos de las áreas y evalúan los resultados, un sistema complejo que todavía debe probar su eficiencia.

Ellos son los funcionarios que tienen trato directo con el Presidente, o "mis ojos, mi inteligencia, son yo", como dijo él mismo en una reunión de gabinete ampliado realizada en el CCK antes de cumplir un año de gestión y casi como anticipo de los cambios que se venían -justamente- por la negativa de Alfonso Prat Gay a aceptar que era uno más, y no un "primus interpares", como él se sentía.

En efecto, fuera del tridente del poder del Gobierno, son pocos los ministros que merecen la atención del Presidente. De hecho, hay tres grupos bien diferenciados en ese sentido.

• Los Ministros que hablan todos los días con el Presidente, o casi, se cuentan con los dedos de la mano. Uno,  es Guillermo ("Guillo", le dice Macri) Dietrich, el titular de Transporte. Puede mantener largas conversaciones con él sobre las obras de infraestructura que encara, desde aeropuertos hasta rutas, pasando por puertos, puentes, viaductos. Le apasiona involucrarse en la resolución de cada detalle y conocer exactamente la evolución de cada proyecto. Con Andrés Ibarra, ministro de Modernización, y con Francisco Cabrera, de Producción, también habla seguido, porque sus obsesiones también pasan por desanudar la máquina de impedir en que se transformó el Estado con un sinnúmero de absurdas regulaciones, que desalientan a los que quieren producir y exportar.

•Hay otro grupo de ministros con los que no habla nunca. Era el caso del ex ministro de Salud, Héctor Lemus, que en dos años no pudo mantener con el Presidente una conversación fuera de las reuniones de coordinación. Con el nuevo ministro, Adolfo Rubinstein, tampoco habló demasiado, pero el funcionario no pierde las esperanzas de mejorar el vínculo con el paso del tiempo. Sabe, de todos modos, que la agenda de salud no está en las prioridades presidenciales.

Lo mismo sucede con Pablo Avelluto, el ministro de Cultura, y con el titular del Sistema Público de Medios, Hernán Lombardi. Les tiene aprecio personal pero, si fuera por él, cerraría canales y radios que le salen al Estado 670 millones de presupuesto anual con un índice de pobreza que no cede. Tampoco logra interesarse por museos, muestras e institutos. Cuando se sienta con el responsable de Cultura, le pregunta por tal o cual obra de infraestructura pendiente dentro del área. Lo demás, se nota, lo aburre.

Incluso hay quienes recuerdan que cuando llegó al Gobierno de la Ciudad, estaba cerrado el Teatro Colón por una la gran obra de refacción, y muchos creían que estaba decidido a cerrarlo. Cuentan, incluso, que a poco de asumir viajó a Milán, y todos le preguntaban por la reinauguración del Colón, y ahí se dio cuenta de la importancia internacional de ese teatro. Solo así puso especial interés en terminarlo para el 2010, para las fiestas del Bicentenario.

Por cierto, el Ministerio de Defensa estuvo en los más bajos niveles del interés presidencial. Hasta se evaluó la posibilidad de reducirlo a una Secretaría, pero la desaparición del ARA San Juan modificó esos planes. Un plan que, todavía, está previsto para los ministerios de Ambiente y de Agricultura, aunque no en forma inmediata. El ministro de Turismo, Gustavo Santos, atrajo el interés presidencial ya que es un área destinada a recibir inversiones pero, según se comenta, no habría cumplido con las expectativas. Tampoco tiene demasiada relación con Luis Barañao, el ministro de Ciencia y Tecnología, el único alto funcionario que viene de la gestión K.

• En el medio, están todos los demás ministerios, incluido el de Hacienda, que conduce Nicolás Dujovne, y el de Finanzas, que lo tiene a Luis Caputo al frente. Son funcionarios que son auditados en forma permanente por Lopetegui o Quintana y, de vez en cuando, hablan con el Presidente. Algo similar sucede con Desarrollo Social (Carolina Stanley), Educación (Alejandro Finocchiaro), Energía y Minería (Juan José Aranguren), Justicia (Germán Garavano), Relaciones Exteriores (Jorge Faurie) y Trabajo (Jorge Triaca).

Un caso aparte es el del ministerio del Interior. Si se sigue la ley de protocolo, los principales ministerios son el de Interior y de Exterior. Se lo puede notar simplemente con ver cómo sienta ceremonial a esos ministros cuando hay un acto oficial con el Presidente. Sin embargo, si se observa el mapa del estado que preparó diseñó Jefatura de Gabinete y está en la página web del Gobierno, Interior es el que figura al final.

Está por encima de todos JGM (Peña), luego todos los ministerios por estricto orden alfabético y, último, Interior. Difícil interpretar el criterio por el cual el único ministerio que tiene despacho en la Casa Rosada (además de la Jefatura de Gabinete) está ubicado en ese casillero en el organigrama.

Solo puede haber una razón. El dispositivo con el que Macri ejerce el poder evidencia un diseño vertical, donde solo él o "mis ojos, mi inteligencia" deciden. Nadie venía con juego propio. Las única excepción que queda a la vista es la de Rogelio Frigerio, ministro del Interior que combina talento político con  formación técnica (es economista). Además habla un perfecto inglés y es heredero de una tradición política democrática. Todas esas capacidades juntas no son demasiado digeribles en la cabeza del Gobierno. A veces, Cambiemos. Otras veces, ¿envidiemos? 

Silvia Mercado   
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