Domingo, 08 Julio 2018 00:00

Macri decidió avanzar con o sin acuerdos - Por Ricardo Kirschbaum

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En este clima frenético, hay algo seguro: Rogelio Frigerio quiere mudarse a Washington para presidir el BID.

 

Con los crujidos de Cambiemos y los apenas apagados roces en su corazón político como telón de fondo, Macri ha decidido avanzar con el ajuste. Con acuerdo con el peronismo o sin él. Su convicción: si fracasa, los efectos alcanzarán a todos los actores. No hay espacio para los que especulan con ser plateístas de la catástrofe y esperar el rédito del derrumbe ni para el trapicheo de la negociación política, se anima ante quienes le ponen el termómetro a su determinación. Su meta es cumplir con la reducción del déficit comprometida con el FMI y sostener la confianza que todavía se sostiene en el exterior sobre el gobierno argentino.

El impacto de la corrida cambiaria y el acuerdo con el Fondo pareció cambiar la concentración del manejo del poder en el Gobierno. Volvieron Emilio Monzó y Ernesto Sanz. Se crearon otras mesas de diálogo. Fueron gestos simbólicos que se agotaron apenas reaparece la naturaleza de la conducción segmentada de Macri y de sus más fieles intérpretes.

En la Casa Rosada desconfían de la voluntad de acuerdo del peronismo no K (Pichetto, Massa, Bossio) porque viven condicionados por Cristina Kirchner, aseguran. Constantemente están mirando en el espejo retrovisor qué hará la ex Presidenta. Pichetto quiere poner un límite a esas tribulaciones. Está convencido que Cristina será candidata por la Unidad Ciudadana, no por el PJ. Massa y Pichetto trabajan para construir, junto a los gobernadores, una alternativa electoral diferente, tratando de evitar que el kirchnerismo los arrastre en su estrategia extrema de forzar un rápido colapso del gobierno.

La convocatoria al peronismo no K a un acuerdo dejó secuelas internas en el oficialismo por las exclusiones (el radicalismo se enteró por los medios) y, sobre caliente, el martillo de Carrió golpeó de nuevo devaluando el esfuerzo por pactar. De paso derramó su ácida ironía sobre los escaldados radicales. Hay desánimo en la UCR porque se enteran tarde y mal de lo que hace su gobierno y con los efectos de los recortes. A la vez se resignan porque no tienen hoy otro camino realista que Cambiemos.

El núcleo principal -Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Marcos Peña- no es ajeno a estos tironeos. La gobernadora (que arregló sus cuitas con Monzó) y el jefe de Gobierno porteño deberán asumir una buena parte del ajuste para allanar el camino para un acuerdo con las provincias. Ellos fueron los promotores de la conversación con el peronismo y con Massa, en la que también participó Peña. Pero Larreta y Vidal tienen territorios políticos que cuidar y ambiciones futuras que alimentar. Auspician un acuerdo con la oposición aunque saben que en su terreno hay muchas resistencias a que esa negociación implique ceder parte del poder. Estos forcejeos alimentan rumores de nuevos cambios, hijos de este clima enrarecido y frenético.

Algo es seguro: Rogelio Frigerio aspira a ser el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y mudarse a Washington.

Ricardo Kirschbaum

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