Miércoles, 08 Agosto 2018 00:00

Las contradicciones de Cristina Kirchner a la hora de votar la ley del aborto: su pasado, la relación con el Papa y la presión de Florencia - Por Analía Argento

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Cristina Kirchner está en una posición incómoda. En medio del escándalo por los cuadernos K –para los que tiene respuesta política y defensa judicial–, deberá definir su voto respecto a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

 

Nunca dijo que votaría a favor. Ni en campaña, cuando por primera vez admitió que su hija le hizo repensar algunas cosas y que cambiaron los tiempos respecto a cuando fue Presidenta. No había "contexto" para impulsar el debate sobre el aborto, respondió ante la consulta puntual cuando aún Mauricio Macri no había ni siquiera planeado habilitar la discusión parlamentaria.

En la voz de Cristina nunca se oyó decir que votaría a favor. Tampoco en contra. Sin embargo hubo una gacetilla de prensa, el mismo día de la media sanción en Diputados que contó con el impulso, entre otros y otras, de militantes mujeres de La Cámpora, agrupación que creó Néstor con Máximo Kirchner. En su casa perdía tres a uno la votación: Néstor Kirchner apoyaba la legalización; también Florencia, su hija que fue mamá soltera hace casi cuatro años; y Máximo que recién hizo pública su postura luego de que Macri habilitara el debate en el Congreso nacional. Desde entonces él se muestra con un pañuelo verde atado en la muñeca.

La gacetilla de prensa en cuestión, del bloque que comanda Marcelo Fuentes, fue difundida por sus más estrechos colaboradores apenas salió la media sanción el 14 de junio. Se anunció el voto unánime de Unidad Ciudadana a favor del aborto con un texto y una foto de todo el bloque, incluidas Cristina Kirchner y Silvina García Larraburu, senadora rionegrina que este domingo anunció su voto en contra.

¿Larraburu cambió de opinión o dudaba y se definió? ¿Cristina otra vez cambió de opinión? Las dos han dicho en la intimidad que la foto que las incluye, sonrientes, no fue tomada ese día. Sin embargo ambas guardaron silencio entonces y, en el caso de Cristina, hasta hoy.

A algunos senadores justicialistas no les sorprendió el anuncio de Larraburu. Sabían de cierto malestar y dudas respecto al proyecto. En cambio es imposible imaginar la difusión de la foto sin el consentimiento de Cristina. Por el contrario es fácil suponer que le cueste explicar el cambio de una postura que mantuvo toda su vida.

Cristina tiene varios dilemas y en ese contexto hay otro rumor: ¿Va a la sesión? En su entorno más estrecho se ríen ante la consulta.

El primer laberinto del que debe salir es personal, razón por la que ha sido fuertemente criticada por las militantes feministas que le reprochan no haber impulsado nunca, entre tantas ampliaciones de derecho que impulsó, la legalización del aborto. Ensayó una explicación en la campaña para senadora nacional, casi obligada por las circunstancias, en la que dio varios reportajes. Primero dijo que no había contexto, como muchos años antes no lo había para el divorcio. Las encuestas sobre el aborto avalan su opinión. También se apañó en la pérdida de un embarazo y su sufrimiento íntimo. Y finalmente se paró en el medio al decirle a Chiche Gelblung "sé que es un tema de salud", por lo que se mostró dispuesta al menos al debate al mismo tiempo que advertía: "Mi hija se va a volver a enojar"…

Precisamente en los últimos meses CFK alentó a jóvenes kirchneristas a debatir. En su defensa Juliana Di Tullio, ex jefa del bloque de diputados K, asegura que la ex Presidenta nunca frenó un proyecto. Tampoco lo alentó. Y cuenta Daniel Filmus que en el 2013 cuando fue candidato a senador por la Capital y Martín Insaurralde a diputado nacional, pidió una reunión con su jefa política porque él estaba a favor de legalizar el aborto mientras que el bonaerense no. Jura Filmus que la entonces Presidenta les dio vía libre y que por eso él planteó abiertamente su posición a favor de la interrupción del embarazo y hasta presentó en forma temprana un proyecto de ley.

Cristina está frente al dilema de votar junto a Esteban Bullrich (y Gabriela Michetti en caso de que tuviera que desempatar, lo que hoy parece no ser necesario). O votar junto a Miguel Ángel Pichetto, su adversario acérrimo que espera ya casi sin esperanza un triunfo subido a la ola verde para presentarse mañana como precandidato presidencial. García Larraburu también tiene su interna en Río Negro con su colega y coprovinciano senador. Más diferencias tiene hoy Cristina, ya que lo acusa en privado de ser un aliado del juez Claudio Bonadio, quien acaba de volver a pedir su desafuero y autorización para allanar sus oficinas y domicilio particular.

Cristina tiene también el dilema entre votar por lo que siempre creyó y en contra de sus hijos (su hija fundamentalmente) y de cientos de miles de jóvenes como los de La Cámpora que le cantan "acá tenés los pibes para la liberación". Ellos son su escudo frente a la andanada judicial, los que se quedan mientras se alejan ex aliados, son el núcleo más duro de resistencia K. Es más, en privado confiesan diputados camporistas que no querían apoyar el proyecto de ley pero que Andrés Larroque les ordenó votar alineados con Mayra Mendoza, la mujer de mayor peso en la agrupación y quien habla del tema con Cristina a la par de Florencia K.

La más grande contradicción de Cristina es cómo volver al Vaticano. Recuperó el diálogo con la Iglesia cuando Bergoglio fue entronado como papa Francisco. Esa pulseada se la gana a Macri que no le saca una sola sonrisa al Santo Padre, a diferencia de María Eugenia Vidal, la buena alumna que se fotografió con un pañuelo celeste después de su audiencia en la Santa Sede.

Fuentes eclesiásticas que conocen las comunicaciones entre Cristina y la Iglesia aseguran que hace un mes o mes y medio ella conversó con monseñor Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal, de buen diálogo con el peronismo. También Ojea charló con Pichetto. La charla la habría hecho dudar.

Si se cumple lo anunciado vía gacetilla, hoy Cristina Kirchner votaría lo que nunca quiso votar. Está anotada entre los últimos oradores para justificar el voto en el recinto. Hoy mismo resolvió hablar y diría que en lo personal, ella que sufrió un aborto natural, no se siente cómoda con la interrupción de un embarazo pero que entiende que es un tema de salud pública. Dicen que dirá que no quiere que otra mujer muera por someterse a un aborto clandestino. Le llegan decenas de mensajes de grupos católicos y hay intentos de comunicación desde el Opus Dei. Pero ella hoy no está en condiciones políticas de soportar el fuerte reclamo de sus propios votantes, que son parte de la marea verde.

Analía Argento

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