Domingo, 16 Septiembre 2018 00:00

Macri, el peronismo y la doctrina Dady Brieva - Por Fernando González

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“Si la sociedad cree que nosotros lo empujamos al presidente, nos va a castigar como lo está haciendo ahora con Dady Brieva”, dijo un legislador del Peronismo Federal, para distanciarse de las declaraciones del humorista.

 

No queremos quedar atrapados en la doctrina Dady Brieva”. El legislador es peronista federal, porque le da un poco de vergüenza calificarse de “peronista racional”. Y, aunque tuvo su bautismo destacado en las aguas del kirchnerismo, prefiere borrar de su memoria aquellos tiempos religiosos. Y en estos días explica con tono docente la doctrina Dady. La patinada televisiva del Midachi kirchnerista que se fue de boca en la TV y dijo que quería que los argentinos la pasaran lo suficientemente mal como para darse cuenta del error mayoritario de haber votado a Mauricio Macri.

“Nosotros tenemos que ganarle a Macri y asegurarnos que llegue a las elecciones lo más debilitado posible pero si la sociedad cree que lo empujamos nosotros al abismo nos va a castigar como lo están castigando a Dady Brieva”, completa el congresista. Se refiere al fuego graneado que el artista militante está recibiendo en las redes sociales y en la polémica mediática. Y al impacto que la incursión institucional podría tener en la taquilla teatral de los Midachi. Algo parecido les sucedió en el pasado reciente a otros íconos de la cultura K como Andrea del Boca. Perder audiencia artística por culpa de la política es una experiencia poco recomendable en tiempos de recesión.

La prueba de fuego para que el peronismo no quede preso de la doctrina Brieva es el Presupuesto 2019. Y allí están haciendo malabares los gobernadores, los diputados y los senadores para que el resultado sea la aprobación de la ley madre de todas las leyes en el Congreso sometiendo al Gobierno a la mayor cantidad de esfuerzos posibles. Confían en que, cuanto más complicado quede el oficialismo, más rápido crecerán las chances electorales del segmento opositor que no acepta hacer causa común con Cristina Kirchner. En esa línea sinuosa están anotados Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Miguel Angel Pichetto y la opción siempre alternativa de Roberto Lavagna.

Los cuatro dirigentes se iban a sacar una foto junto al gobernador de Tucumán, Juan Manzur, y al de Córdoba, Juan Schiaretti, el fin de semana pasado. Una imagen que funcionara como campana de largada con destino final en las elecciones presidenciales del año próximo. Pero el salto del dólar más allá de los 40 pesos los llevó a posponer la movida hasta que la crisis cambiaria de mayores señales de estabilización. Ninguno de ellos consideró apropiado mostrarse en aprestos de campaña en medio de la incertidumbre que provoca en la Argentina cada nuevo estertor de la moneda estadounidense. La foto se concretará muy posiblemente en los próximos días.

Lo que le quedó claro al Gobierno es que de ese sector del peronismo no kirchnerista saldrán los votos para aprobar el Presupuesto en el Congreso. De allí y de los legisladores sin jefatura política clara a los que en ese universo denominan “sin tierra”. Porque de Cristina y el kirchnerismo sólo puede esperar la doctrina Brieva. Cuánto peor para la Argentina mejor para nosotros es el teorema K. Como en los viejos tiempos, a Rogelio Frigerio le toca la negociación con los gobernadores y el recuperado Emilio Monzó ya está lidiando con los diferentes bloques opositores en la Cámara de Diputados que preside.

Después del recorte de ministerios de hace dos semanas y del cambio profundo del gabinete que terminó en un maquillaje mínimo, todavía hay funcionarios que miran el futuro inmediato con una luz de optimismo. “Jamás un gobernante peronista tuvo en sus labios la palabra déficit fiscal y ahora todos están haciendo el esfuerzo; es un avance cultural impensado en la Argentina”, infla el pecho Frigerio, receptor de cada una de las quejas y reclamos que traen los gobernadores desde sus provincias. La fantasía del oficialismo es juntar algunos votos más de los necesarios para convertir el presupuesto en ley. “Queremos ganar por una diferencia clara”, se ilusionan. Pero estos son tiempos duros en los que se impone el rigor de la filosofía Brieva. Cada voto entonces costará muy caro.

Macri y Marcos Peña nunca fueron partidarios de negociar demasiado con la oposición pero, en estas circunstancias, saben que no hay otra alternativa. La negociación será tortuosa y el peronismo sólo accederá a votar una ley de presupuesto que se parezca a una derrota para el Frente Cambiemos. En esa línea van algunas de las iniciativas que se están negociando. Sobre todo la alícuota para extender el pago del impuesto a los Bienes Personales, un disparo al corazón del votante macrista. Y el traspaso de las tarifas del transporte a las provincias. Un golpe a la Ciudad y a la provincia de Buenos Aires, el territorio donde María Eugenia Vidal debe dar la batalla más decisiva de la elección presidencial. Por eso es que la gobernadora se apuró el martes pasado a pedirle a Macri que actualice por inflación el Fondo de Reparación Histórica del Conurbano Bonaerense que el Presidente le restituyó el año pasado.

No es una cuestión menor cuando se traduce a plata. Por el traspaso de las tarifas del transporte Vidal debe hacerse cargo de unos $ 24.000 millones que no tenía previstos en su presupuesto. Y la recuperación del fondo del conurbano se acordó el 27 de diciembre pasado ajustado a una inflación del 10% para este año y del 5% para el próximo. Fue un cálculo excesivamente romántico. Un día después, flanqueado por Peña y el exonerado Mario Quintana, Federico Sturzenegger anunció el cambio de metas de inflación que muchos señalan como la génesis de la crisis cambiaria y de su salida del Banco Central. Por eso es que María Eugenia pide ahora la actualización inflacionaria. Recuperaría cerca de $ 20.000 millones y volvería a mirar su destino electoral con algo que se parezca a una sonrisa.

Los estrategas parlamentarios de Cambiemos creen que tendrán los 130 votos necesarios para votar la ley de Presupuesto en general. Pero saben que se abrirá una discusión durísima para cada punto en particular. Los gobernadores tienen sus realidades provinciales y se preparan para que los diputados de sus distritos las hagan valer en el Congreso. De hecho, uno de los puntos más sensibles para el peronismo es la eliminación del fondo sojero por el que las provincias dejarán de recaudar unos $ 10.000 millones desde que rija la ley. La oposición convocó a una sesión especial para este miércoles y promete conseguir el número para darle media sanción a la derogación del decreto que lo puso en marcha. En estas horas hay negociaciones y es posible que la sesión especial se caiga y se acuerde el 1° de enero como fecha inicial del recorte. No será fácil pero ningún punto de esta discusión lo es.

Mañana estará el proyecto de la ley de Presupuesto en Diputados y también estará allí el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, quien volverá el martes para responder las preguntas que los legisladores le hagan en la Comisión. El Gobierno sueña con darle media sanción el 24 de este mes para poder enviarlo al Senado y convertirlo en ley a mediados de noviembre. Son los días en los que el país adolescente estará conmocionado por la Cumbre del G20 y las visitas de Donald Trump, Angela Merkel, Emanuel Macron y el resto de los gobernantes de los países más poderosos del planeta. “Si tenemos el Presupuesto antes del G20 sería un golazo”, sonríe un funcionario. Pero el peronismo tiene planes mucho más laxos al respecto. Aquí es donde vuelve la doctrina Brieva.

Como la Argentina es un país acostumbrado a repetir sus tragedias, sólo hay que remontarse a 1989 para recordar la irresponsabilidad del fallecido canciller menemista Guido Di Tella, quien pidió un dólar “recontra alto”, y la de Domingo Cavallo, quien le reclamó al FMI que no enviara el dinero que necesitaba el gobierno de Raúl Alfonsín en los días finales y tormentosos de su mandato. El resultado fue la disparada del dólar, el deslizamiento hacia la hiperinflación, los saqueos y el adelantamiento de la entrega del poder a Carlos Menem. Sería extraño que alguien quiera repetir una experiencia semejante de auto inmolación.

Sin embargo, esta semana aparecieron juntos en una carta y haciéndole un pedido similar al FMI Guillermo Moreno y Guillermo Nielsen. El secretario de Comercio que tuvo su cuarto de hora como celebridad del kirchnerismo y el secretario de Finanzas que acompañó a Roberto Lavagna en tiempos de Kirchner y en 2015 no alcanzó el 1,5% de los votos como precandidato a legislador porteño en las filas de Sergio Massa. El impacto fue tan negativo que Nielsen huyó rápidamente de la maniobra. Un gesto desesperado que, de todos modos, pasó bastante desapercibido en Washington.

Algo parecido le sucedió a Dady Brieva. El humorista también terminó pidiendo disculpas atento al desagrado que sus expresiones habían tenido incluso entre sus propios admiradores. Quizás las tres décadas pasadas desde el final inmerecido de Alfonsín hayan servido de algo en la Argentina. El tratamiento del Presupuesto 2019 durante las próximas semanas será un examen imprescindible para el Presidente y para sus opositores. Al menos dará una idea aproximada de cuanto hemos aprendido acerca de nuestro deporte extremo preferido. Ese de asomarnos una y otra vez al abismo del fracaso.

Fernando González

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