Domingo, 30 Diciembre 2018 00:00

2019: las tres claves para la reelección del Presidente - Por Fernando Laborda

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Las probabilidades de que Mauricio Macri sea reelegido presidente de los argentinos en 2019 dependerán de tres factores: la percepción sobre la situación socioeconómica, el nivel de cohesión de la coalición oficialista Cambiemos y el grado de división del peronismo frente a las elecciones.

 

El mejor escenario para el primer mandatario residiría en una mejora de las condiciones económicas respecto de 2018, en que Cambiemos ratifique su unidad hacia las urnas y en que el kirchnerismo y el peronismo no K marchen divididos en la contienda electoral. Por el contrario, el peor escenario para Macri estaría representado por un empeoramiento de todas las variables socioeconómicas; por una ruptura de la alianza oficialista que integran el macrismo, el radicalismo y la Coalición Cívica, de Elisa Carrió, y por un acuerdo para la unión del peronismo. En el medio, podrían presentarse diferentes combinaciones capaces de aportar incertidumbre y de tornar más complejo cualquier pronóstico electoral.

La apuesta del gobierno nacional por la polarización con Cristina Kirchner es absolutamente lógica en términos electorales. Recientes encuestas indican que, frente a una hipotética segunda vuelta, Macri se impondría a la expresidenta. Pero tendría dificultades para vencer en esa misma instancia a otros dirigentes del peronismo, como Sergio Massa, que paradójicamente ocuparían hoy un cómodo tercer puesto, lejos de Macri y de Cristina, en una primera vuelta electoral.

Este fenómeno se explica por el hecho de que casi cualquier candidato que arribe a un ballottage contra Macri y que no pertenezca al kirchnerismo estaría en condiciones de sumar casi la totalidad de los 27 a 30 puntos que obtendría Cristina Kirchner en una primera vuelta. El rechazo a Macri por parte de esos votantes es visceral.

Por el contrario, la probabilidad de que la mayoría de los votantes del peronismo no K corran en una segunda vuelta hacia Cristina Kirchner, puestos a elegir entre ella y Macri, es mucho menor. Explica esta situación el elevado nivel de rechazo de la exmandataria, el hecho de que las revelaciones a partir de la causa de los cuadernos de las coimas le consolidan su techo electoral y el antecedente de que, salvo Juan Domingo Perón -y, mucho más tiempo atrás, Julio Argentino Roca-, ningún jefe de Estado argentino pudo volver al poder después de haberlo dejado.

El problema del peronismo no K es llegar al ballottage. Massa continúa siendo la figura de ese sector que mayor intención de voto tiene, pero está muy lejos de Cristina Kirchner. El gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, viene después, pero su perfil tiene muchas coincidencias con el de Macri, que lo alejan del típico votante peronista. El resto de los posibles candidatos exhiben aún elevados niveles de desconocimiento público que los colocan en inferioridad de condiciones en la carrera electoral.

La excepción tal vez sea Roberto Lavagna. El exministro de Economía de Eduardo Duhalde y de Néstor Kirchner fue tentado no hace mucho por varios dirigentes de la CGT y meses antes fue el propio Duhalde quien lo propuso como postulante presidencial. Lavagna nunca ha dicho que sí ni que no; hace 13 años aprendió de Kirchner que nunca hay que desmentir una candidatura cuando el nombre de uno comienza a sonar. Pero quienes lo conocen señalan que difícilmente esté dispuesto a exponerse como candidato si no le dejan la mesa servida y tuviera que embarrarse en una contienda interna a los 77 años, que cumplirá en marzo.

¿Podría Cristina Kirchner resignar su postulación presidencial en aras de la unidad del peronismo? Independientemente de la intransigencia de dirigentes del peronismo no kirchnerista, como Urtubey y el mandatario cordobés, Juan Schiaretti, que no son partícipes de la idea de acordar con la expresidenta, hay razones para pensar que Cristina debería ser candidata por su sector, Unidad Ciudadana.

No emergen en el peronismo por ahora otras figuras políticas que ostenten frente a una primera vuelta electoral mejor intención de voto que ella.

Ser candidata y exhibir un amplio apoyo popular -aunque no sea suficiente para volver al poder- es, en el imaginario de no pocos argentinos, el mejor antídoto frente a su difícil situación en la Justicia y una suerte de garantía para su relato, según el cual ella es "una perseguida política, mediática y judicial".

Ocupar esa candidatura presidencial le aseguraría al kirchnerismo el mantenimiento de un buen número de bancas legislativas, seguramente mayor al que arrastraría con otro postulante presidencial.

La postulación presidencial de Cristina Kirchner también potenciaría la posibilidad de reelección de intendentes K del conurbano bonaerense o el triunfo de sus delfines. Una razón para que el gobierno de María Eugenia Vidal haya planteado la posibilidad de un desdoblamiento de las elecciones, que evitaría que los jefes comunales kirchneristas se cuelguen de la boleta nacional con la foto de Cristina.

Por último, no hay sentimiento más nefasto en términos políticos y económicos que la incertidumbre, que, como el miedo, paraliza. Una eventual confirmación de la candidatura presidencial de Cristina Kirchner llevaría a los agentes económicos a un wait and see; esto es, a demorar cualquier decisión de relevancia hasta tener la certeza de que el kirchnerismo no volverá al gobierno. Pero, a su vez, esa parálisis será funcional a la profundización de la recesión económica, potenciando simultáneamente la probabilidad de una derrota del macrismo.

En las últimas semanas, la constante suba que ha experimentado el riesgo país, que cerró el año en 813 puntos, fue atribuida desde el Gobierno al "efecto Cristina", en referencia al aumento del temor a que el populismo kirchnerista pueda retornar al país. Llamativamente, el denominado "círculo rojo" no cree mayoritariamente en la alternativa de que Cristina Kirchner pueda volver al poder. Una reciente encuesta de Poliarquía realizada, como todos los fines de año, entre 240 líderes de opinión (altos funcionarios, legisladores, empresarios, comunicadores, académicos, investigadores, consultores y profesionales), le asigna un 61% de probabilidad promedio a un triunfo electoral de Macri en 2019 y un 29% a un éxito de Cristina Kirchner. En el mismo sondeo, al consultarse sobre cuál escenario electoral considera más probable para el año próximo, apenas el 4% mencionó el que señala a la líder del kirchnerismo como futura presidenta, mientras que el 74% mencionó aquel que muestra a Macri como presidente reelegido.

Este dato parece indicar que, más allá del miedo a Cristina, hay otros factores reales, como las dudas, gane quien gane las elecciones, sobre la futura capacidad de pago de la deuda soberana, que potencian la suba del riesgo argentino.

La mayor amenaza para la reelección de Macri continúa siendo la profundización del deterioro de la economía y, en términos sociológicos, la percepción de un vasto segmento de clase media baja que no se beneficia con planes sociales, que ha venido perdiendo poder adquisitivo en los últimos meses, que contribuyó al triunfo electoral de Cambiemos en 2015 y en 2017, y que hoy no oculta su decepción con las políticas del oficialismo. Con el propósito de recuperar a ese sector, el Gobierno ha puesto el foco en la cuestión de la seguridad, que puede ser útil a su estrategia de confrontación y polarización con el kirchnerismo.

El inconveniente de esta estrategia oficial es que si la principal garantía para el éxito es la inconsistencia del adversario, difícilmente podamos no admitir que estamos mal.

Fernando Laborda

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