Domingo, 10 Marzo 2019 00:00

El Gobierno apuesta todo su futuro al plan "semestre ideal" - Por Jorge Liotti

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Envuelto en dificultades económicas, busca concentrar una serie de mejoras parciales en el período mayo-octubre

 

De los múltiples sondeos electorales que circularon en los últimos días, y que reflejaron una geografía mucho más escarpada que la que esperaba el Gobierno, hubo un trabajo que generó real preocupación. Una de las consultoras más reconocidas detectó una fisura en la principal obra pública de Cambiemos: el techo de Cristina. Según el trabajo, la proporción de personas que dice que nunca la votaría descendió a 40%.

El dato es una señal clara de que enero y febrero no fueron lo que había imaginado el presidente Mauricio Macri y su equipo. Y la razón es exclusivamente económica. El armado discursivo del oficialismo planteó que 2018 fue un annus horribilis, producto de los tres shocks (crisis financiera, sequía y cuadernos), pero que con el nuevo programa acordado con el FMI el país podía arrancar 2019 otra vez en la senda de la recuperación.

Sin embargo, la actividad económica exhibió indicadores claros de estrés, tanto en el segmento minorista (las ventas cayeron 11,9% en febrero, según CAME) como en la industria y en la construcción (10,8% y 15,7% menos, respectivamente, de acuerdo con la comparación interanual del Indec).

A eso se sumó el hecho de que la inflación terminó el primer bimestre por encima del 6%. Hay consenso en todos los actores económicos en que el número fue sorpresivamente elevado y superó los cálculos de los privados, pero también los del Gobierno. "Es cierto, fue un poquito más alto que lo que esperábamos", conceden en el Ministerio de Hacienda. "Nadie esperaba tanto, es una gran incógnita para todos, incluso para el FMI", admitió un exfuncionario macrista.

No hay, en cambio, coincidencia sobre las razones y los efectos. Mientras el ministro Nicolás Dujovne lo atribuye al aumento de la carne y al efecto de las tarifas, entre los privados lo vinculan más con un tardío reacomodamiento de los valores a la devaluación del 100% y al -para algunos inoportuno- anuncio de la suba generalizada de servicios de fin de año.

Orlando Ferreres incluso agrega otro factor que explica la psicología comercial argentina: en vez de frenar los precios, la caída del consumo lleva a los empresarios a remarcar para maximizar ganancias con menos ventas. En Hacienda aseguran que los valores se van a acomodar a partir de abril-mayo, cuando se terminen de aplicar los ajustes de servicios y transporte, pero los privados son más escépticos. Los pronósticos ya arrancan de un piso anual de 30%. "Va a ser más que el 23% que está en el presupuesto, puede ser 29, puede ser 31. El presupuesto se elaboró en agosto, con proyecciones de ese momento", se defienden en el Gobierno.

Sin decirlo públicamente, al abandonar las famosas metas de inflación de Federico Sturtzenegger, Macri dejó de obsesionarse con la suba de precios y derivó el foco de su atención al valor del dólar. Enseñanzas de la crisis del año pasado: 1) No se pueden lograr todos los objetivos al mismo tiempo. 2) Nada sensibiliza más a la sociedad que las devaluaciones bruscas. Por eso bajó una indicación central para la administración económica durante la campaña: puede admitir alguna laxitud inflacionaria o aceptar una salida lenta de la recesión, pero no hay margen para oscilaciones imprevistas en el tipo de cambio. Y fue justamente lo que ocurrió esta semana.

Para el mundo político y económico no fue tan preocupante la suba de más del 6% del dólar (que en parte cedió el viernes), si se considera que está en línea con la inflación. Lo gravitante fue revivir esa percepción de vulnerabilidad ante la inestabilidad de los mercados globales. Quizá hubo un exceso de ansiedad al anticipar la baja de las tasas de interés.

"Estamos tranquilos estructuralmente. Queremos evitar la volatilidad, pero nuestro programa no está basado en el atraso cambiario", desdramatizó al final de la semana un importante funcionario, en línea con lo que había argumentado el jueves Dante Sica en público. Es el punto en el que la economía se vuelve imperfecta al cruzarse con la psicología social. Al pequeño ahorrista que se altera con la pizarra de cotización de monedas le cuesta entender el corrimiento de los mercados emergentes a China. Solo busca refugio.

El Gobierno siempre sostuvo que la economía no lo haría ganar la elección, pero que tampoco debía provocarle la derrota. Ese umbral fue desafiado otra vez en estos días porque reapareció el fantasma de una pregunta crucial: ¿está Macri en un control total de la economía, sabe hacia dónde va? El votante blando de Cambiemos, el que seguirá evaluando hasta último momento si le renueva el crédito, necesita señales claras de que los padecimientos de hoy tienen un sentido. Al Gobierno ya no le alcanzan las palabras cuando se le empieza a filtrar el malhumor social.

Ante este escenario, el laboratorio oficialista se apresta a encarar un experimento inédito: hacer campaña sin ceder en el ajuste. "Por más de que tengamos elecciones, no podemos frenar el programa que acordamos en septiembre", le marcó Dujovne a su entorno para enfrentar los pedidos de replanteo que, por ejemplo, repitieron el lunes sus amigos radicales.

Déficit cero y expansión monetaria cero como telón de fondo de la campaña serán un verdadero desafío para Jaime Durán Barba. Solo habrá margen para pequeñas concesiones, como el aumento anticipado de la AUH o un refuerzo para los créditos. Microkirchnerismo.

El ojo del FMI se mantiene atento. Todavía hay en el directorio del organismo cierta inquietud con el nivel de exposición que tiene en la Argentina: 57.000 millones de dólares de un préstamo histórico que solo fue posible por la directiva de Donald Trump. De allí la aclaración que hizo esta semana de que independientemente de quién gane la elección, el Fondo mantendrá su programa en la Argentina.

Para neutralizar los efectos del apretón fiscal y monetario, Hacienda prepara el plan "semestre ideal", que iría de mayo a octubre. Para eso busca hacer coincidir una serie de variables económicas que generarían una sensación de bienestar con efecto anestésico sobre el votante.

Según sus estimaciones, se frenaría la inflación porque los últimos aumentos de tarifas impactarán en abril; habría una recuperación del poder adquisitivo por efecto de las paritarias y las actualizaciones jubilatorias; no se generaría volatilidad cambiaria por el exceso de dólares de los desembolsos del FMI y la liquidación de una cosecha récord (esperan entre 9 y 10 mil millones de dólares, un 45% más que el año pasado) y se percibiría una ligera recuperación de la actividad de la mano no solo del campo sino también de la inversión energética, el transporte, las economías regionales e incluso la construcción (el dato del incremento de los despachos de cemento en febrero fue muy festejado en Olivos).

Se asemeja bastante a un plan de contención electoral. Para el Gobierno, en cambio, se trata de los pilares del despegue definitivo. Sin embargo, en los ministerios claves para el funcionamiento de la economía argentina admiten que, en el caso de que Macri gane las elecciones, su segundo mandato requerirá reformas profundas porque el actual modelo no es sustentable en el largo plazo. Aparecen en el horizonte cambios estructurales en materia laboral, previsional e impositiva. Se verá entonces si, como dijo Macri en el Congreso, el país está mejor parado para crecer que en 2015.

Jorge Liotti

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