Lunes, 25 Marzo 2019 00:00

Manzanares: “Ojalá mi testimonio sirva para que otros se sumen a la verdad” - Por Nicolás Wiñazki

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Se lo dijo a Clarín. La Justicia ya lo aceptó como “arrepentido”. Es el testigo que más preocupa a la ex presidente Cristina Kirchner.

 

El ex contador de la familia Kirchner durante dos décadas, Alejandro Víctor Manzanares, no le hizo caso a Guillermo Moreno. Habló. O, como dice él a sus amigos, “me saqué todo el veneno que tenía adentro”.

En una escucha telefónica legal, ordenada por el juez del caso de los cuadernos de las coimas, Claudio Bonadio, se pudo escuchar esta semana cuál era el plan que los K pretendían imponerle a los ex funcionarios y a los empresarios “amigos” que habían quedado detenidos en el marco de ese expediente de corrupción monumental. “Si uno va preso se la tiene que aguantar… Yo el mensaje que di es que no hablen. ¡Que no canten!”, se enojaba el ex Secretario de Comercio en un diálogo con Alessandra Minnicelli, esposa del ex ministro Julio De Vido, detenido en Marcos Paz.

Los estaba grabando la Justicia. Manzanares, como otros treinta arrepentidos más de la causa “Cuadernos”, hizo lo contrario. Ayer, en un contacto con Clarín, quiso alentar una esperanza que lo entusiasma: “Ojalá mi testimonio sirva para que otros se suban a este nuevo colectivo, que es el de la verdad”. La plegaria de Moreno, el “no canten”, no fue atendida. Quizás la de Manzanares sí la sea. El contador es, desde el jueves pasado, el imputado colaborador de la Justicia que más preocupa a los Kirchner. Y con razón.

Manzanares está preso desde 2017, en rigor, en el marco de otra causa vinculada a los negocios K, la que investiga el posible lavado de dinero en los hoteles que compró la familia ex presidencial durante su gestión gubernamental. Pero “Polo” declaró como “arrepentido” en el expediente de los “cuadernos”.

Contó cómo pasaba a buscar bolsos con millones de dólares que su amigo de la adolescencia y luego su socio, el secretario más fiel de los Kirchner, Daniel Muñoz, bajaba del avión Presidencial en Río Gallegos.

Según él, Muñoz, ya fallecido, lo tentó frente a tanto dinero y eso lo llevó a “ingresar en tierras de la oscuridad”. Ahora repite frente a su entorno que se siente liberado y en paz.

Es un arrepentido singular. No pide salir de la cárcel. Le dijo a la Justicia que no pretendió declarar como imputado colaborador para "mejorar" su situación sino para "hacerme cargo de lo que hice”.

Manzanares detalló las maniobras que los Kirchner hicieron con sus hoteles, y que les permitieron ganar millones de dólares en blanco para así justificar el incremento de su patrimonio.

Reveló cómo era la increíble trama de sociedades y empresas e inversiones que le ayudó a montar a su amigo desde 1977, Daniel Muñoz, el secretario más fiel de la familia K: calculó que llegó a acumular una fortuna de alrededor de 500 millones de dólares. No era plata solo de él. Era dinero de la corrupción.

Manzanares no usó en el contacto con este diario la figura del “colectivo” que representa “la verdad” para él porque sí. Ocurre que cuando Muñoz le pidió que lo acompañe en sus nuevas aventuras de millonario súbito, lo tentó, según “Polo” declaró, usando esta imagen: “Alejandro, mirá que el colectivo pasa una vez en la vida”.

Como había adelantado Clarín, “Polo” declaró en sede judicial que, cuando murió Muñoz, fue él quien lo comunicó la noticia a la ex presidenta Cristina. Ella largo un largo suspiro y soltó, seca pero no alegre: “Menos mal que se murió”.

El contador le describió a la Justicia que esa frase fue dicha “en un sentido de que parte de los secretos de Néstor y Muñoz están puestos a resguardo”. “Polo” detalló que esa escena dramática ocurrió en “la casa de la calle Mascariello”, propiedad de la familia Kirchner.

El final de ese relato resume el espíritu de las declaraciones del contador: “Hoy estoy poniéndole luz a esos recuerdos”, dijo.

Muñoz, o “El Gordo”, la sombra de Néstor durante décadas

Según consta en su declaración de “arrepentido”, Manzanares también contó que solía buscar a Muñoz los viernes por el aeropuerto de Río Gallegos. El secretario fiel bajaba bolsos con millones de dólares en efectivo que acomodaban en el baúl de un Volkswagen Passat. Desde allí iban a la casa de la madre de Néstor Kirchner. A ese lugar entraba solo Muñoz. Le abrían la puerta, sabiendo que había llegado. Después de media hora, el asistente K volvía a subirse al auto que conducía “Polo”. Volvía Muñoz ya sin bolsos, pero sí con alguna mochila.

Siempre de acuerdo a su declaración judicial, su amigo y “socio” le contaba que cargaba 2 millones de dólares cash. Era la parte que se llevaba y con la consiguió tener un patrimonio de un magnate.

Manzanares también relató como imputado colaborador en la causa “Cuadernos” esta vivencia: “En una ocasión acompañé a Muñoz al departamento de la calle Uruguay (propiedad de los Kirchner). Estacionamos, subimos, y me dijo que iba a dejar dinero”. Y agregó que “la noche anterior” había ido con el secretario fiel a la calle 25 de mayo y Rivadavia, “frente a un edificio de la SIDE. Daniel me dijo que estábamos esperando a Ricardo Jaime (ex secretario de Transporte, hoy preso por varias causas de corrupción). Cuando éste se acerca, Daniel se bajó del auto y va a su encuentro. El motivo de ese encuentro fue para recibir dinero. Daniel guardó el dinero en el baúl del auto”.

Manzanares dijo que desconocía por qué Muñoz le “mostró esa situación”: “Creo que pretendía resguardarse hacia el futuro teniendo un testigo ocular de lo que sucedía”.

Manzanares no niega que pudo cometer delitos en esta historia de corrupción investigada por Bonadio, Stornelli y Rivolo. Pero aclaró varias veces que su rol en el armado de las finanzas de los Kirchner, relativas sobre todo al alquiler de sus hoteles, fue la de actuar como contador. Y especificó que “toda la gestión y negociaciones relacionadas con la locación de esos hoteles fue hecha por Sanfelice (Osvaldo, socio de la familia Kirchner)”.

“Polo” comparó así la relación entre Kirchner y Sanfelice, alias “Bochi”, procesado en varias causas de corrupción, pero que aún no sufrió mayores infortunios judiciales como otros miembros de entorno íntimo de los K: “Sanfelice era para Kirchner como López Rega era para Isabelita”.

Estando preso, Manzanares renunció formalmente como contador de los Kirchner mediante un escrito que envió a la AFIP.

A pesar de su cercanía con el matrimonio ex presidencial, dijo ante la Justicia que no veía mucho a sus clientes más poderosos. Les realizaba sus declaraciones juradas como funcionarios públicos, y luego de irse del poder también. Para registrar las finanzas del resto de los negocios K, la familia había designado como su apoderado contable a otro personaje que sí estuvo preso por la causa cuadernos, pero que salió en libertad: Raúl Copetti, ex tesorero del Frente para la Victoria en Santa Cruz.

Sanfelice y Copetti son hombres clave que la Justicia, tras la declaración de arrepentido de “Polo”, tendría ahora de nuevo apuntados para pedirles explicaciones.

En sus 35 horas de declaraciones como “arrepentido”, en las que demostró tener una memoria notable, Manzanares admitió cómo ayudaba a su amigo y socio en algunos negocios, Muñoz, a invertir los millones de dólares que manejaba de la recaudación de los bolsos con dinero que llegaban desde Buenos Aires.

Primero, les advirtió a los investigadores judiciales que Muñoz y su esposa, Carolina Pochetti (también arrepentida en el caso Cuadernos), habían invertido alrededor de 75 millones de dólares en propiedades y otros bienes en Estados Unidos y otros paraísos fiscales. Pero que también habían comprado en la Argentina casas, autos y empresas de varios rubros por una cifra que él calcula que oscila entre los 130 y los 150 millones de dólares.

También dijo, con información y análisis, dónde podría encontrarse parte de ese dinero. “Polo” dijo que creía que la viuda de Muñoz, la señora Pochetti, y quien admitió ser testaferro de ese matrimonio, Carlos Temísclotes Cortez, “tienen que haber escondido un “físico aproximado de 200 millones de dólares”.

Manzanares aventuró donde se podría encontrar esa plata. Le dijo a la Justicia que, si él tuviera que investigar y pudiera “contar con recursos de Inteligencia de otros países, buscaría en todos los self storage (depósitos que se alquilan para guardar cosas de valor) a nombre de argentinos en los EE.UU.”. Dio más pistas: dijo que el botín de Muñoz-Kirchner podría estar escondido en “Florida, Colorado, New Jersey y California”.

Respecto a los hoteles K, el contador fue concreto. Describió cómo se usaron esos emprendimientos para alquilárselos a empresarios de la construcción de obra pública que le otorgaban los presidentes Kirchner, y que era por eso que pagaban precios muy altos por esa renta, que no les generaba ganancias a sus administradores, pero sí a sus locadores.

“Polo” describió cómo debió interceder ante la propia Cristina Fernández cuando el empresario y socio de la familia Kirchner, Lázaro Báez, quería renegociar el contrato por el alquiler del hotel Alto Calafate. Y lo mismo le ocurrió cuando la familia del empresario Juan Carlos Relats, ya fallecido, rescindió el contrato de alquiler del hotel Los Sauces, debido al alto precio que pagaban por él.

Manzanares describe a una Cristina primero inflexible en las negociaciones, pero que luego cedía, por razón o por la fuerza de los hechos. Según él, la ex presidenta creyó que detrás de la caída del contrato de locación de “Los Sauces” actuaba “Stiuso”, por el ex director general de operaciones de la ex SIDE, su enemigo acérrimo. No existen constancias de que ello haya ocurrido.

Un cambio de abogado clave

Manzanares contó que para decidirse a hablar como arrepentido primero hizo una introspección interior, que se apoyó en su fe católica, en su familia, pero que también lo ayudó cambiar de abogados. Era “defendido” en un principio del caso Los Sauces, por el que cayó en prisión, por el mismo abogado de Cristina, y de otros presos K, Carlos Beraldi.

Fue en la cárcel donde notó que éste letrado “no hizo lo que tenía que hacer”. El empresario del Grupo Indalo, también detenido junto a él en Marcos Paz, Fabián de Sousa, le explicó que él mismo le había pagado a Beraldi, “como defensa para todos”, la cifra de “7 millones de dólares”.

“Polo” declaró que “a Beraldi me lo saqué de encima”. Y dijo que “todos mis compañeros de pabellón me decían que no podía tener el mismo abogado que el resto que mis consortes de causa”.

Manzanares comparó esa situación, incluso, con las bandas del “narcotráfico”, que se defendían del mismo modo.

“¡No canten!”, podría resumir también esa situación.

“Polo” es una persona creyente. El jueves pasado, cuando el juez Bonadio homologó su acuerdo como “arrepentido”, el contador leyó en un libro de evangelios del día cuál era el que estaba marcado para esa jornada. “Evangelio según San Juan, 8, 31 y 42”, era.

Dice, en resumen, palabras más, palabras menos, algo que lo impactó: “La verdad de nuestra vida, de nuestros sentimientos, de nuestro pueblo, de los que nos rodean, siempre va a exigir una respuesta. Escondernos de ella nos esclaviza, la verdad libera… Puede ser doloroso. Muy doloroso. Pero el resultado es siempre una resurrección”.

Aun en la cárcel, Manzanares cree que sus plegarias fueron atendidas.

Nicolás Wiñazki

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