Domingo, 19 Mayo 2019 00:00

El Presidente está convencido de que Cristina Kirchner no se bajó del ring - Por Silvia Mercado

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Hasta el viernes, el Gobierno había llegado a la conclusión de que Cristina Fernández de Kirchner ya había encontrado su pico en materia electoral y ahora solo había que esperar su descenso.

 

Es que en el tracking diario que ausculta el oficialismo, la ex presidente venía bajando sin prisa pero sin pausa, descenso que se verificaría aún más con la confirmación de que debe comparecer el martes ante el Tribunal Oral Federal 2 rodeada de Julio De Vido y José López, entre otras figuras estelares de la década K.

Sin embargo, estaban seguros de que la ex presidente se presentaría a las elecciones y confiados de que Mauricio Macri obtendría la reelección si lograban motivar de nuevo a los miles de voluntarios que habían perdido en el último año por las corridas del dólar y la persistente inflación que no se conmueve ni ante la fenomenal recesión que tiene paralizados sectores enteros de la economía.

Para eso, habían diseñado la campaña #DefensoresdelCambio, buscando convocar a los 300.000 voluntarios de todo el país que colaboraron en las dos campañas anteriores. Lanzaron videos, mandaron WhatsApp y volvieron a abrir los locales que el PRO tiene desplegados a lo largo y a lo ancho de los distritos para realizar reuniones, pidiéndoles a los funcionarios y legisladores que asistan a cada lugar donde se los convoque para entusiasmar a los que trabajarán en forma gratuita en la campaña.

Tan importante es esta estrategia para Cambiemos que Mauricio Macri estaba en la Residencia de Olivos preparando con Marcos Peña lo que iba a decir en un evento de los #DefensoresdelCambio en el club 17 de agosto de Villa Pueyrredón, cuando lo sorprendió la noticia de que Cristina había designado a Alberto Fernández como candidato a presidente de su espacio, quedándose para ella con la candidatura a la vicepresidencia. Lo contó ayer Infobae.

Macri dio la prueba de la mayúscula sorpresa que cayó en el Gobierno evitando referirse al asunto cuando habló ante el grupo de voluntarios. Respetó el guión que tenía preparado, hablando de los enemigos del cambio y de los logros de su gestión, desde las obras públicas hasta el G20, y en lugar de la frase que viene de la liturgia peronista, "mejor que decir es hacer", aseguró que "cambiamos el relato por el hacer". Pero no pronunció ni una crítica al kirchnerismo, ni al pasado, ni a Cristina, ni a Alberto, ni a la herencia recibida.

Es que más allá de que transmitan por algunos canales que "es lo mejor que nos podía pasar", el Presidente y Peña, su estratega de campaña, todavía tienen que adaptar el discurso ante la búsqueda de la moderación que empezó a instalarse ayer mismo en el lenguaje de los K, fomentando el diálogo, la búsqueda de consenso, la versión edulcorada de un cristinismo sin grieta que también compite con el peronismo federal, tal como lo expresó Juan Schiaretti en el discurso de agradecimiento a los votantes que lo consagraron en Córdoba, hace apenas una semana.

Para el Gobierno, en principio, todo indicaría que el techo de la fórmula se mantendrá, es decir, que Alberto no logrará penetrar en el espacio abierto y moderado que ahora intentan captar. Mientras, es bastante probable que el piso de esta oferta electoral caiga. Sucede que, salvo en los espacios fanáticos, los votos del líder no se trasladan en forma automática a su muleto. Puede suceder, pero no es lo habitual en democracias más o menos consolidadas como la de Brasil y la de Argentina.

¿Pero la jugada ya está cerrada? ¿Qué pasa si Sergio Massa es candidato a gobernador, acercamiento que para algunos ya está convenido? ¿Existe la posibilidad de que Cristina tampoco sea candidata a vice, para consolidar aún más un proceso todavía mayor de unidad del peronismo, sumando -por ejemplo- a una mujer vinculada al Frente Renovador para acompañar a Alberto? ¿O podrá ser Martín Insaurralde candidato a gobernador y Marcela Durrieu, candidata a vice?

En Casa Rosada saben que Schiaretti no podrá cerrar con la fórmula Fernández-Fernández porque se le rompe la provincia de Córdoba, su base política. Por eso el gobernador se reunió con su par Miguel Lifschitz el jueves para organizar una cumbre de peronistas federales con el socialismo y el GEN. Es que como el moderado Omar Perotti, para ganar en su provincia, debió pactar con los K, al oficialismo santafesino no le queda otra que alejarse lo más posible del cristinismo. Es probable que Entre Ríos -la tercera provincia de la llamada "región centro" y con una mayoría del electorado anti-K- tampoco se sume al proceso de unidad que ahora encabeza Alberto, a pesar de las presiones que seguramente el gobernador Gustavo Bordet tendrá del ex, Sergio Uribarri.

Como sea, al equipo de campaña que lidera Peña no le gusta pensar en qué hacen los otros y suele enfocarse en su propio objetivo, lo que a veces le significa dificultades para modificar el rumbo ante el cambio de escenario. Quizás para no tener vértigo se aferran al mismo camino. Están más cómodos persistiendo que dejando ingresar lo nuevo.

A pesar de que hay en el Gobierno quienes creen que Cristina no tiene muy claro qué hacer, por eso juega a medias como lo hizo en el 2015 cuando respaldó al "dialoguista" Daniel Scioli de candidato a presidente y al "fanático" Carlos Zannini de vice ("si gana, gana ella; si pierde, pierde Alberto", dicen), el núcleo duro de la mesa chica cree que lo más seguro sigue siendo jugar a la polarización.

Por lo pronto, a la primera pregunta que se hizo Macri cuando se enteró de la noticia, ¿esto nos beneficia o nos perjudica?, la primera respuesta es que es la prueba de que seguir por el camino que ya se habían trazado está haciendo que ella se corra del protagonismo principal, protegiendo su propia imagen. Sigue en el juego, aunque debilitada.

Un análisis que no puede omitirse a esta altura las cosas es la actuación de los presidentes ante una noticia de alto impacto político. Cuando Massa anunció que iba con su propia lista en la provincia de Buenos Aires, desafiando al oficialismo, Cristina les echó la culpa a los organismos de inteligencia por no haberla alertado de una información que tendrían que haberle anticipado. En cambio, no se conoce que Macri les haya hecho alguna recriminación por haber cumplido con su obligación de no hacer inteligencia interna, como lo marca la ley. Como todo el mundo, el Presidente se enteró cuando Cristina transmitió su decisión en las redes sociales.


Silvia Mercado
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