Domingo, 09 Junio 2019 00:00

Las matemáticas de Macri y un dilema: hacer lo que él quiere o lo que le piden - Por Santiago Fioriti

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La imagen del Presidente tiene un monitoreo permanente. El silencio de Carrió y la danza de vices en medio de presiones del establishment.

 

La imagen de Mauricio Macri es monitoreada en este momento cada 24 horas. El equipo de campaña hace un tracking permanente y establece promedios móviles cada tres días para disminuir el margen de error. Es parte del secreto de su modo de trabajar y requiere de un fenomenal despliegue de recursos. En esta etapa de definiciones electorales también hay mucho trabajo de campo: cuentan que un asesor se camufló en recientes manifestaciones kirchneristas y en marchas a favor y en contra del aborto para hacer una “observación participativa” que permita decodificar qué piensan, cómo operan y hasta qué nivel de fanatismo tienen sus protagonistas.

Este cóctel de trabajos, sumados a los indispensables focus groups que comanda el sociólogo español Roberto Zapata le van dando al Presidente una idea de la temperatura social y acerca de qué tan profundo es el rechazo a su modelo. “Las matemáticas y el cruce de datos nos dicen que hay mucho susto en la gente por lo que puede pasar, pero que no hay derrumbe en la imagen de Mauricio”, concluye un hombre de la mesa chica de Cambiemos que habla en forma cotidiana con Jaime Durán Barba.

No hay derrumbe equivale a admitir que Macri se mantiene en una posición preocupante frente al electorado a solo trece días del cierre de listas. Lo que cambió levemente es la tendencia y en eso se ancla por estas horas la fe macrista. El candidato dejó de caer, se paró sobre un porcentaje duro de votantes (cercano al 25 por ciento: o sea, la mitad de lo que necesitaría para ganar un balotaje) y desde que se enfrió el mercado cambiario experimentó algún crecimiento. Clave para archivar el Plan Vidal.

El primer mandatario despejó así la principal duda de los últimos meses, aunque mantiene otras. ¿Quién será su compañero de fórmula? ¿Quedará alguna posibilidad para que otros candidatos a presidente lleven también a María Eugenia Vidal? ¿Contempla la posibilidad de anunciar futuras modificaciones en el Gabinete para darle mayor amplitud a su administración en un eventual segundo mandato? Macri se debate entre lo que él quiere hacer y lo que le reclaman actores cercanos, desde sus socios de la UCR hasta voces muy influyentes del círculo rojo.

Si fuera por Macri, por caso, el binomio presidencial no debería alterarse. Gabriela Michetti no le generó traumas y hasta Marcos Peña -que en algún tiempo tuvo roces con ella y con la que compitió internamente en 2015 por ser el dos de la fórmula- resalta su lealtad. A la actual vicepresidenta no le han dicho una palabra sobre su virtual desplazamiento. Macri se ha comportado con ella como si fuera a seguir. El que sí le dio pistas fue un empresario: “Los radicales lo apretaron mal antes de la Convención. Lo pusieron entre la espada y la pared: le decían que la alianza se podía romper si no llegaban a la cumbre con la promesa del vice”.

Cuando en el macrismo se piensa en un radical prevalece Ernesto Sanz. Más allá de su buen vínculo con Macri, su designación sería un mensaje al establishment, que exige a alguien que lleve cierta tranquilidad a los mercados, de que en un segundo mandato se abriría más espacio para la política. Esa exigencia saca de quicio a quienes caminan a la par del Presidente: “¿Y qué carajo estamos haciendo desde que no paramos de ganar elecciones?”, se exalta con frecuencia un funcionario.

Las alusiones a Sanz no contemplan dos obstáculos. El mendocino le aseguró a su familia en 2015 que no volvería a ocupar cargos públicos y ahora, frente a los primeros tanteos, hizo saber que “es una decisión de vida”. El otro impedimento es el manual de Durán Barba. El asesor ecuatoriano dice que sí o sí la dupla tiene que estar conformada por una mujer. Provocativo y enemigo intelectual del círculo rojo, Durán Barba siempre va por más: si la mujer es desconocida mucho mejor.

Puestos a buscar una mujer de origen radical, en el Gobierno hay tres nombres en danza, como publicó Marcelo Helfgot en Clarín: la diputada Karina Banfi, la vicegobernadora de Mendoza, Laura Montero, y la senadora Pamela Verasay. El asunto no está cerrado. Hay quienes piden no descartar a Mario Negri, de buena relación con Peña y Macri y gran amigo de Elisa Carrió.

Circulan, también, otros dos nombres fuertes: Martín Lousteau y Emilio Monzó. El economista aportaría votos propios, pero no genera confianza en la Casa Rosada desde que el 3 de abril de 2017 abandonó la embajada de Estados Unidos, 24 días antes de que Macri llegara a ese país para verse con Donald Trump. Con Monzó las diferencias son públicas, pero es un nombre que atrae a los que piden rosca política y, acaso, el único por el que el radicalismo aceptaría rever sus exigencias.

Carrió se mantiene prescindente de los movimientos por el vice. Ella goza de hablar directo con Macri. En su última conversación le dijo que se sintiera libre de elegir a quien más le gustara. Tampoco opinará Carrió sobre los movimientos de Vidal. Cerca de Sergio Massa aseguraban durante la semana que la posibilidad de ir con la gobernadora en la boleta era vetada por la jefa de la Coalición Cívica y que eso había enfriado las negociaciones. No es cierto. Aunque siente aversión por el tigrense, colaborará con su silencio. La prioridad para ella es la victoria de Cambiemos. Lo plantea en términos dramáticos: es eso o el fin de la República.

Macri valora sus posiciones por más que con frecuencia le dé dolores de cabeza. Hace unos días, en un diálogo reservado, el Presidente admitió que en algunos pasajes de su gobierno se enfrentó con Lilita por cuestiones en las que su aliada, con el tiempo, tendría razón. Un caso concreto y revelador: Ricardo Lorenzetti. El juez de la Corte pasó a la lista de enemigos del jefe de Estado.

Otros de los dilemas de Macri de cara a octubre, pasa por la presión que ejercen algunos sectores para que anuncie que su Gabinete sería más plural y que abarcaría a figuras disruptivas para un segundo mandato. Cuando se piensa en nombres peronistas se habla de Miguel Ángel Pichetto y de Juan Manuel Urtubey. Son dirigentes que Macri respeta, aunque sus principales colaboradores señalan que “una cosa es que los valore y otra que puedan adaptarse a nuestra forma de trabajar, que es poco tradicional”.

El Gobierno rechaza de plano las especulaciones de quienes piden abrir el diálogo con Roberto Lavagna. Entre ellos está Gerardo Morales, que en las próximas horas le dará la primera alegría a Cambiemos en las elecciones para gobernador. “Con Lavagna es imposible hablar”, se atajan en Balcarce 50.

El economista acaba de lanzar su candidatura a presidente. Lo hizo luego de que una versión alertó que le habrían ofrecido 8 millones de dólares para bajarse. Lavagna vio fantasmas detrás de esa denuncia, que ahora investiga el fiscal Jorge Di Lello. Pero resulta que el autor de la movida podría ser un viejo lobo del sindicalismo. El hombre habría percibido que era el propio Lavagna el que transmitía dudas sobre su postulación. Al echar a correr la versión del ofrecimiento millonario lo empujó -como él quería- a seguir adelante.

Santiago Fioriti
Editor sección País

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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