Domingo, 30 Junio 2019 00:00

Larreta y Vidal tienen estrategias muy distintas para ganar sus elecciones - Por Silvia Mercado

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Uno fue totalmente abierto en la conformación de las listas, la otra muy cerrada. Los dos piensan en el 2023, aunque falta una eternidad.

 

Como sucede en las familias que cuidan las formas y están formateadas en la "nueva política", donde está prohibido hablar de ambiciones personales, nadie lo va a reconocer en público. Pero alcanza con mirar la conformación de las listas de Juntos por el Cambio en la Ciudad y en la provincia de Buenos Aires para evidenciar las estrategias claramente diferenciadas que llevaron adelante Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal.

El Jefe de Gobierno porteño acordó la propuesta -impulsada por el Presidente- de llevar al economista Martín Lousteau, que no solo no es de su partido sino que casi le gana la elección en el 2015. Y de número uno en la lista de diputados nacional impulsó a Maximiliano Ferraro, de la CC, actual legislador en la Ciudad y con quien tiene una excelente relación. También de número uno en la lista de legisladores lleva a alguien que no es propio, porque va Diego García Vilas, del partido Confianza Pública que preside Graciela Ocaña.

Además, acordó con el titular del Partido Socialista de la Ciudad, Roy Cortina, actualmente vicepresidente tercero de la Legislatura, quien vuelve a ingresar como número tres en la lista local. Y con los radicales que controlan la UCR porteña, empezando por el que más resistió el acuerdo con Rodríguez Larreta, el duro Emiliano Yacobbitti, que va tercero como candidato a diputado nacional.

En concreto, en los seguros ocho primeros puestos hay del PRO tres, Victoria Morales Gorleri (2º), Álvaro González (5º) y Pablo Tonelli (7º), aunque lo que se dice propio, solo va González, por el que tuvo que pelear duro con la Casa Rosada, quien quería ese punto para Tonelli, estratégico para el Gobierno nacional en el Consejo de la Magistratura. En cuanto a legisladores, la mayoría son de CP, CC, UCR, Evolución y, los del PRO (minoría) son de todas las familias, incluido Cristian Ritondo, que hoy revista en PBA y viene como primer candidato a diputado nacional a presidir la Cámara de Diputados, en caso de que Macri reelija.

Rodríguez Larreta tiene un objetivo preciso para estas elecciones: pretende ser el primer Jefe de Gobierno que saque la mitad más uno de los votos, es decir, que gane en primera vuelta. No la tiene fácil, por eso cerró con todos los que pudo, desde el PS hasta la UCeDé, desde el Partido Demócrata Nacional hasta el Renovador Federal, pasando -obviamente- con todos los partidos que forman parte de la alianza oficialista, que ahora integra en Capital, por primera vez, la UCR.

Pretende diferenciarse de cualquier otro posible heredero de Macri reeligiendo en el 2019 y, a un mismo tiempo, generando condiciones distintivas hacia el 2023. Y, al darle una base de sustentación en CABA para que compita por ser Jefe de Gobierno en el próximo turno, pretende sacarse un competir a la Presidencia dentro de cuatro años. Claro que todo puede desarmarse como un castillo de naipes en pocos meses, incluso en pocas semanas. Pero no puede dejar de llamar la atención de qué modo construye pensando en el presente y hacia el futuro.

Lo de María Eugenia Vidal es, por cierto, mucho más difícil. No solo porque no tuvo un gobierno de Macri durante ocho años que le diera las bases administrativas y digitales a la gestión, sino que tiene un PBI per cápita inferior a la media nacional, cuando en CABA es sensiblemente superior, casi lo duplica. La dimensión de los problemas es más grande y, solo en los últimos cuatro años hubo coordinación tripartita para la solución de problemas estructurales que llevarán varias gestiones.

Así y todo, la Gobernadora es la dirigente mejor valorada a escala nacional, también la Provincia. Pero al no poder desdoblar no pudo aprovechar sus ventajas competitivas y, ahora, lleva una pesada mochila en el conurbano bonaerense, con el agobio de su propia militancia y los altos niveles de rechazo a la imagen de Macri, que llegan al 70% en algunos distritos.

Alguien podría decir que esa es la razón por la que le hubiera convenido abrir las listas a nuevos aliados, pero no es lo que hizo. Siguiendo la tradición de los caudillos bonaerenses como fue, por ejemplo, Eduardo Duhalde o Manuel Frescó, Vidal alambró la provincia de Buenos Aires. Nadie puede pasar la General Paz sin pedirle permiso y, aún pidiendo autorización, esta será analizada con lupa y tiempo y hasta con interconsultas. La respuesta, casi siempre, es la misma: no.

María Eugenia no dejó que el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, siendo nacido y criado en la Provincia, hiciera política en el distrito. Buscó excusas de todo tipo para frenar al intendente de Vicente López, Jorge Macri, primo hermano del presidente. Tampoco lo dejó al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, amigo de Monzó y enemigo de Jorge Macri. Y puso un stopper magnífico a la última incorporación a la coalición, el candidato a vicepresidente Miguel Ángel Pichetto.

Cerca de Vidal niegan que se hayan cerrado. Explican que en las listas secciónales llevan 8 candidatos de la UCR, 3 de la CC y 7 del PJ. "Quedó esa imagen porque Emilio no quedó adentro, aunque me parece que él no quiso ser parte de esto, y él no es todo el peronismo dentro de la Provincia tampoco", dijeron.

Es verdad que el ministro de Gobierno, Joaquín de la Torre, fue premiado con algunos lugares, y también el primo del Presidente (y a Pichetto algún hueso se le tiró al final), pero no alcanzó para evitar la imagen de estrategia cerrada en los muy leales, sin aporte de fuerzas un poco más lejanas para que sumen en una elección que es muy difícil, con rasgos de epopeya, donde pareciera que no queda mucho más que rezar para que no pase ninguna desgracia antes del 27 de octubre que le impida ganar en la única vuelta. Porque no hay segunda oportunidad en la Provincia de Buenos Aires, gana el que saca un voto más que el otro.

En el mundo PRO de la Ciudad, dicen que María Eugenia no está segura de ganar e, incluso, tal vez no tenga ganas de hacerlo, cansada de la gestión y con deseos de retomar una vida normal. En el mundo PRO de la Provincia aseguran que esto es falso, que la Gobernadora está segura de poder ganar con su estrategia, que combina con acuerdos con intendentes peronistas cercanos y candidaturas propias en distritos gobernados por los K donde ven que tienen chances de ganar o, por lo menos, de hacer una gran elección.

Un dirigente que viene del duhaldismo que no entró en la repartija, ante una consulta de Infobae, coincidió con que puede ser una buena estrategia. "Los códigos del conurbano son distintos a los de la Ciudad, si te ven muy abierto te pasan por encima en un minuto, necesitás ser la única vía de ingreso a la Provincia para que te respeten", aseguró.

Como sea, nadie niega que las estrategias son distintas y que, dadas las circunstancias, ninguna lleva tiene las garantías de éxito. Aunque las encuestas están mejorando, y también el clima económico y la capacidad de consumo, Macri es todavía una pesada mochila para ambos.

Lo que es interesante, mientras tanto, es observar que los herederos del Presidente ya se están marcando la cancha para posicionarse mejor hacia el 2023. Claro que falta una eternidad, pero es interesarte analizar este juego -aunque se pretenda ocultarlo- forma parte de la personalidad del PRO. Incluso, lo más probable es que el propio Macri lo haya querido así.


Silvia Mercado
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