Domingo, 28 Julio 2019 00:00

La polémica irrupción de Aníbal complicó más la campaña de los Fernández - Por Nicolás Wiñazki

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El ex funcionario comparó a Vidal con el femicida Barreda y las espadas K no reaccionaron. Pero la andanada de repudios acentuó el malestar que ya existía por la estrategia electoral.

 

En catorce días los argentinos votarán en las primarias. El 11 de agosto se empezará a definir de un modo determinante, pero no definitivo, el escenario que llevará a octubre, cuando se realice la primera vuelta de la elección a Presidente de la Nación. Se pelea por el poder. A todo o nada. La campaña proselitista entra en momentos de apogeo. Cada partido se maneja con sus particularidades. Pero el Frente de Todos, el espacio que lideran los Kirchner, está sumido en un caos interno. Ese desorden acaba de explicitarse ante la opinión pública con declaraciones de uno de los referentes emblemáticos del kirchnerismo, el ex candidato a gobernador de Buenos Aires que perdió en el 2015, Aníbal Fernández.

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En una entrevista radial, el hábil declarante atacó a la mandataria bonaerense, María Eugenia Vidal, poniéndola en un plano similar o aún inferior al de uno de los asesinos más célebres de la Argentina del último siglo. Es Ricardo Barreda, condenado a cadena perpetua en 1995 por haber asesinado a toda su familia: dos hijas, su esposa y su suegra. La comparación de Fernández fue rápidamente criticada por dirigentes de la mayoría de los frentes electorales. Y, por supuesto, por la propia Vidal y su entorno. Con especial énfasis fue desacreditado por legisladores que trabajan sobre el drama de los femicidios. En Twitter, Fernández ratificó sus dichos y desmintió con supuestos datos que él fuera “misógino”.

En el Frente de Todos intentan ahora despegarse del escándalo. Pocos candidatos del espacio K hicieron declaraciones, uniéndose al resto de los críticos. Ni el precandidato a presidente de esa lista, Alberto Fernández, ni la jefa del movimiento, la senadora y candidata a vicepresidenta, Cristina Fernández, dijeron algo al respecto. La joven candidata K en la Ciudad, Ofelia Fernández fue la más enfática en conceptualizar los dichos del otro Fernández, Aníbal. Lo hizo utilizando una palabra que bien podría haber salido de la lengua vívida del ex jefe de Gabinete, un vocero hiriente que siempre defendió a los Kirchner con modos y métodos que se destacaban por su inventiva: lo incluyó en un grupo de “salames” que “invisibilizan la problemática de los femicidios”.

Varias fuentes del Frente de Todos consultadas ayer por Clarín, entre los que se incluyen intendentes que buscan la reelección, candidatos a legisladores y otros referentes destacados, se lamentaban por el “daño” que genera la verba nunca inocente de Fernández (Aníbal). Entre los intendentes del Conurbano, corazón del electorado de los Kirchner, el repudio en privado sobre las declaraciones de Aníbal es absoluto. Pero hasta anoche ninguno salió a rechazar la comparación de Vidal con un homicida.

Tampoco dijo nada quien ocupa hoy el lugar que tenía Aníbal Fernández en las elecciones nacionales del 2015, Axel Kicillof.

En el mismo silencio hace campaña el primer candidato a diputado nacional, Sergio Massa. Recién a última hora salió su esposa y candidata a diputada bonaerense, Malena Galmarini, a ponerse del lado de las mujeres para repudiar la agresión de Aníbal. La dirigencia del Instituto Patria, sede central del Frente de Todos, no descartaba que sea Massa el que despegue al kirchnerismo de Aníbal si el “conflicto” continúa escalando.

La campaña electoral K se complica así aún más de lo que ya estaba. Los cuatro precandidatos más destacados de ese espacio, los dos Fernández, Massa y Kicillof, hacen proselitismo por separado, sin una estrategia común. Según admitieron varias fuentes del Frente de Todos a Clarín, la estrategia K avanza sin jefe de campaña. Una innovación absoluta, con resultados impredecibles.

Y, si bien en los papeles del Frente para Todos, el recaudador es el peronista porteño Juan Manuel Olmos, en los comandos de campaña separados de los candidatos más importantes de los K se lamentan por la falta de fondos que los ahoga.

Las plegarias sobre este tema fundamental para los candidatos se escuchan también de parte de varios de los más poderosos jefes comunales del PJ bonaerense. Salvo en el 2017, los Kirchner siempre hicieron campaña desde el poder. La descentralización de las acciones proselitistas de Cristina, Alberto, Massa y Kicillof tiene su relato en el modo con el que se habla internamente de cada uno de ellos. En lugar de sus apellidos, se alude a sus campañas usando como referencia las calles en las que quedan las oficinas en las que trabajan los equipos por separado.

Cuando en el Frente de Todos se habla “del Patria” (por el Instituto Patria) se está haciendo referencia a Cristina. “México” es el otro Fernández (Alberto). En esa calle tiene su comando central. Ese “código” funciona del mismo modo cuando se menciona a “Libertador”, por la avenida donde se ubica la sede de Massa. Y a “Piedras”, otra calle porteña en la que se delinea la campaña de Kicillof.

El disenso interno es tan grande en el Frente de Todos que incluso existe un debate no zanjado entre el candidato a diputado por Buenos Aires, Máximo Kirchner, el hijo de Fernández (Cristina), que no comparte con su madre el criterio del rol que ella está cumpliendo en la campaña.

Las fuentes del Frente para Todos aseguran que el primogénito de los K insiste para que ella tenga mayor visibilidad. No hay un jefe de campaña que unifique los caminos del Patria, Libertador, México y Piedras. Ni tampoco la plata: “Che, del Patria me dijeron que vaya a verte a Libertador, después de que pasé por orden de ellos por México”, dijo un precandidato del interior cuando intentó conseguir fondos para su campaña.

Apenas existe una “mesa de coordinación”, donde cada uno de los cuatro precandidatos fuertes del Frente para Todos impuso un integrante que funciona, en los hechos, como una organizadora de la campaña para que los postulantes a diferentes cargos no se “pisen” en caminatas por los mismos lugares.

No hay tampoco un creativo publicitario que trabaje a modo colectivo para los postulantes K. Anoche, en el Frente para Todos se lamentaban por los datos de la propaganda que el oficialismo de Juntos para el Cambio estaba diseminando en la Web.

Los datos que manejaban los K eran éstos: Juntos por el Cambio exponía sus ideas en 320 “avisos” pagos que se replicaban en las redes sociales; el Frente para Todos peleaba ayer el voto Web con un solo spot en Internet; mientras que el equipo de Massa había generado trece propagandas en ese espacio virtual donde se juega el voto de parte del electorado, sobre todo de los más jóvenes.

Como se dijo, tras el estrépito que generaron sus declaraciones, y después de las críticas ajenas a su espacio y las poquísimos de sus propios aliados, Fernández ratificó sus dichos sobre Vidal y Barreda. Uno de los dirigentes del Frente de Todos que más conoce a Aníbal Fernández, le aseguró pidiendo anonimato a Clarín que la frase sobre Vidal no fue dicha al azar por el ex funcionario.

Fernández, el ex jefe de Gabinete, fue uno de los dirigentes K que más se enojó el día que cerraron las listas de candidatos de su espacio, el mismo que alguna vez lideró en la derrota bonaerense. La noche en la que se definían los lugares, Fernández aguardó junto a Felipe Solá en una oficina del Instituto Patria hasta pasadas las dos de la mañana para ser atendidos por los dueños de “la lapicera”. Eran Máximo Kirchner y otro diputado de La Cámpora, Eduardo “Wado” De Pedro.

“No hay nada para ustedes”, les habrían contestado los jóvenes a los históricos militantes peronistas. Aníbal es hoy candidato a concejal en Pinamar, la localidad en la que viviría la mayor parte de su tiempo.

En 1995, durante el juicio oral, el odontólogo Ricardo Barreda narró cómo vivió el domingo 15 de noviembre de 1992, día en que mató a balazos a su esposa, Gladys McDonald, a sus dos hijas, Cecilia y Adriana, y a su suegra, Elena Arreche. Él le habría anunciado a McDonald una serie de tareas domésticas que tenía pensado hacer. Ella lo habría destratado: “Andá a limpiar que los trabajos de conchita son los que mejor te quedan, es para lo que más servís”. El poder de las palabras lo sublevó. Barreda contó que fue a buscar un casco para cortar el árbol de uvas y que en el lugar estaba su escopeta. Agarró el arma y empezó a disparar.

Barreda no es sólo un femicida. Es un filicida: mató a sus hijas.

Nicolás Wiñazki

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