Domingo, 01 Marzo 2020 00:00

Malabarismos y excusas de Alberto Fernández - Por Ricardo Roa

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Nadie le impedía estar en la asunción del presidente Lacalle salvo evitar verse con Bolsonaro.

 

Nada le impedía a Alberto Fernández estar mañana en la asunción del presidente Luis Lacalle​ si hubiese querido estar. Su discurso para abrir acá las sesiones ordinarias del Congreso será a las 11.30 y el acto en Montevideo, a las 14. O sea, tiempo suficiente para cruzar el río, cosa que apenas lleva 40 minutos.

Desde siempre o casi siempre, las dos ceremonias se hacen el mismo día. Y desde siempre o casi siempre los presidentes argentinos no dejan de ir. A lo sumo llegan un poco tarde, como Néstor y Cristina Kirchner el primero de marzo de 2010.

Tomaron un helicóptero para no perderse el desembarco de Mujica ​en la Torre Ejecutiva, la Casa Rosada para nosotros, y aunque no llegaron a la jura, lo escucharon en plaza Independencia. Eran tiempos de locura por el conflicto con la pastera Botnia. Claro que Mujica era un aliado. Lacalle no lo es. Es el hijo del rival derrotado entonces por Mujica.

Pero esa no es la razón por la que Fernández pega el faltazo. La razón se llama Jair Bolsonaroy la decisión de Fernández de evitar un encuentro con Bolsonaro. Habla de cómo el Gobierno maneja las relaciones internacionales. Brasil es el principal socio de la Argentina y Uruguay es de nuestros vecinos el que más cerca está o debería estar de nosotros. Nos une todo.

La llegada de Lacalle pone fin a 15 años de gobiernos de izquierda del Frente Amplio. No sólo pone fin: mete cambios profundos en la política exterior uruguaya. Uno, clave: la relación con Venezuela. El “dictador Maduro” como lo llama Lacalle no fue invitado al acto.

Aunque molesto por la ausencia de Fernández, Lacalle no la vive como un desaire completo: sabe que el problema no es él sino Bolsonaro. Ha resuelto estar todo lo cerca que pueda de la Argentina. El nexo con Alberto es el ex embajador Bustillo y sólo se reservó la designación de dos embajadores políticos, uno de ellos el hombre de su confianza que pondrá en Buenos Aires.

Más sorprendido por la decisión de Fernández está Bolsonaro. Tuvo un muy buen encuentro con el canciller Solá ​hace 15 días en Brasilia. Solá le contó que lo habían defendido de las críticas europeas por la Amazonia. Y Bolsonaro le prometió una eventual ayuda con el FMI. Acordaron un encuentro con Fernández y Bolsonaro por su cuenta anunció por tevé fecha y lugar: este domingo en Montevideo. Bolsonaro se pasó de rosca, pero alguien aquí metió la cuchara.

Testigo de todo fue Scioli​, que el jueves colgó el traje de embajador y volvió a ser diputado por un rato para darle quórum al oficialismo. Sonriente y con aires de triunfador, puso los dedos en V para la foto. Para él fue una victoria. Para la política, una truchada.

En Montevideo se hablará también de la OEA y de Almagro, el ex canciller de Mujica que va por nuevo mandato respaldado por Estados Unidos. Otro dilema para la zigzagueante política de Fernández, que puso de embajador al ex dirigente radical Carlos Raimundi al que Cristina le pagó con ese cargo su lealtad a ella. Raimundi dice cosas como que el sistema chileno es peor que el régimen de Maduro. Fernández guarda silencio.


Ricardo Roa

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