Eduardo van der Kooy

Eduardo van der Kooy

Es una advertencia de la ministra Bullrich y de la Casa Militar. Por qué.

 

La división opositora asoma como una oportunidad para el proyecto reeleccionista.

 

El ministerio del Interior aprovechó los primeros diez días de enero para correr el árbol que en el último mes del 2017 no permitió calibrar adecuadamente –modismo incorporado al lenguaje de Cambiemos—la abundancia del conflicto social y los latigazos de violencia en la Argentina.

 

Vidal representa un animal político complejo de identificar y enfrentar, incluso para el kirchnerismo.

 

Macri resigna metas de inflación en favor del crecimiento. La economía es clave para su sueño reeleccionista.

 

La estrategia del Gobierno de Macri tras los coletazos de la reforma previsional

 

Hubo una cumbre K  en Oliveros (Santa Fe) y un instructivo de la izquierda para la marcha a Congreso.

 

El Gobierno acaba de lanzar un ambicioso plan en la materia que pareció no alcanzar el vuelo que debió tener.

El Gobierno empuja un proyecto en el Senado para darle un marco objetivo al dictado de prisiones preventivas.

 

El hallazgo del submarino será el único modo de evitar que la tragedia quede sellada por sospechas.

Le toca a Mauricio Macri navegar sobre una de las enormes y repetidas paradojas que marcan a la Argentina. El Presidente está desde la semana pasada a cargo del timón del Grupo de los 20. Un teatro de otra dimensión: convergen allí, entre varias, las siete naciones más industrializadas (Alemania, Canadá, EE.UU., Francia, Italia, Japón y Gran Bretaña), Rusia y la Unión Europea. Nuestro país desembarcó en ese Grupo en tiempos de Carlos Menem, por las buenas relaciones –carnales-- con Washington. Permaneció durante la década kirchnerista, pese al desencuentro de Néstor Kirchner con George Bush, en la cita Iberoamericana de Mar del Plata, y la distancia manifiesta de Cristina Fernández con Barack Obama. Por un año la Argentina será epicentro de encuentros multilaterales. El broche ocurrirá a fines del 2018 con la gran cumbre de los mandatarios.

Nadie podrá arrebatarle a Macri la vanidad de haber llegado a esa cresta. Argumentó que el país está infundiendo confianza en el mundo a raíz del rumbo que adoptó su Gobierno. Aunque en no pocas ocasiones aflora una contradicción entre muchos de esos gestos elocuentes y la corroboración en la realidad. El regreso de la Argentina al mundo parece todavía en estado germinal. Porque el cambio de reglas de juego que demanda se topa con las limitaciones internas. Algunas inconsistencias oficiales para ejecutar las políticas. La condición del Gobierno fortalecido luego de la elección de octubre que no disimula la ausencia de dominio en ambas Cámaras del Congreso. Una oposición mayoritaria peronista segmentada, donde la figura de mayor musculatura sigue siendo Cristina. Una corporación sindical que se comporta con la misma inarmonía peronista. Un Estado incapaz e impotente que no atina a garantizar cuestiones básicas. Por caso, la integridad territorial, la defensa, la seguridad y, repetidas veces, hasta el orden.

En esos tópicos se incluyen dos cuestiones trágicas. De diferente magnitud, aunque trágicas al fin. La primera, la desaparición del submarino ARA San Juan. La Armada terminó por blanquear que los 44 tripulantes están muertos. El operativo continuará sólo para tratar de encontrar en algún momento a la embarcación. Un asunto indispensable si se pretende conocer qué fue lo que pasó. Macri atendió las razones de los mandos navales que explicaron con detalle por qué no habría vida ya en la nave. Aunque le costó aceptarlas. El oxígeno interior, aún en caso de haber emergido el día del último contacto, está definitivamente agotado. Si como se presume, el submarino se hundió más allá de los 700 metros su estructura habría sufrido daños irreversibles. Con la consecuente inundación. El Presidente escuchó desolado tal descripción.

Ordenó, de todas maneras, continuar la búsqueda del submarino. Ese fue el compromiso que había asumido con los familiares de las víctimas. Pero el objetivo asoma esquivo. Las tareas recaerán especialmente en la Armada. Con sus precariedades objetivas. Se rastrea además una nave diseñada justamente para no ser hallada. Cabe el recuerdo del ARA San Luis en la guerra de Malvinas. Estuvo 39 días sumergido sin poder ser detectado por las modernas fragatas británicas. Las potencias que vinieron para colaborar irán emigrando progresivamente por dos motivos. El espectacular despliegue tecnológico respondió a la posibilidad de encontrar sobrevivientes. No sucedió. El despliegue insume costos elevados que se justifican sólo cuando alguna vida está en juego.

La ubicación del submarino, para el pensamiento de Macri, sería un asunto vital. En parte para atenuar el dolor de los familiares de las víctimas. También para zamarrear el manto de sospecha que siempre termina cubriendo cada tragedia. Hay culpas que caen sobre la Armada. Otras que se diseminan sobre la presunta impericia del Gobierno. Sobrevuela el fantasma de la corrupción del pasado kirchnerista e incluso del presente. El ámbito público se intoxica con facilidad de rumores. Por ejemplo, que el ARA San Juan podría haber sido objeto de algún ataque naval. Voluntario o por accidente. Que para cubrir esa presunta agresión los principales países integrantes de la OTAN decidieron colaborar. No habría explicación, en esa línea de razonamiento, para la presencia de Rusia en el Atlántico Sur. El vacío constituye siempre tierra fértil para los ensayos conspirativos. La conspiración suele ser un anabólico de la idiosincrasia argentina.

Hay en marcha una causa judicial que lleva adelante la jueza de Caleta Olivia, Marta Yáñez. El Gobierno decidió relevar al episodio del secreto militar. Casi una formalidad en un esquema donde el Comandante de las FF.AA. es Macri. El ministro de Defensa, Oscar Aguad, inició un sumario para desmenuzar la conducta de la Armada. Varias familias de las víctimas se presentaron en condición de querellantes. Está bien, pese a todo, no dejarse ganar por la resignación y la esterilidad.

La otra tragedia refiere a la muerte del joven Rafael Nahuel. Ocurrió en un operativo de rastreo de Prefectura, luego de un desalojo anterior, en una zona de Villa Mascardi, Bariloche. Nahuel estaba con un grupo de Resistencia Ancestral Mapuche (RAM). Cayó por el impacto de una bala 9mm, similar a las que utiliza el Grupo Albatros, de aquella fuerza de seguridad.

El incidente desnuda al menos dos facetas. Las dudas que suelen envolver cada acción profesional de las fuerzas. En el caso de Santiago Maldonado, el artesano que murió ahogado en el río Chubut dentro de “territorio sagrado” mapuche, intervinieron la Gendarmería y la Policía Federal después de cumplir una orden de desalojo de la ruta 40 dictada por el juez Guido Otranto. En el caso de Nahuel se habilitó la participación de Prefectura, tras una disposición de Gustavo Villanueva. Al margen de todas las explicaciones, ambos casos tuvieron desenlaces fatales.

La otra cuestión radica en la desatención que las autoridades nacionales y provinciales dispensan a fenómenos que se vienen incubando en la Patagonia desde hace tiempo. Por lo menos veinte años. Sólo Neuquén acumula ahora 18 conflictos irresueltos con comunidades mapuches. En casos, por ocupación de tierras destinadas a urbanizaciones turísticas. En otros, por la cercanía con explotaciones petroleras en la provincia. En ninguno se ha detectado aún la presencia de la RAM. Pero subsiste la tensión con las autoridades a raíz de los reclamos.

La situación en Río Negro resulta más compleja. Existe la constatación de 14 pleitos, de los cuales cinco pertenecen a la comunidad mapuche. Una de ellas de sólidas conexiones con la RAM. Hay permanentes fricciones con las autoridades políticas y judiciales. Porque varios asentamientos están en zonas de explotación minera. Incluso se constatan enfrentamientos con comunidades de otro origen, como sucede en Cuesta del Ternero.

En Chubut los problemas registrados con ocupaciones de tierra ascienden a 16. Se repiten conflictos de intereses con empresas que pretenden desarrollar allí la industria maderera. También la construcción de cabañas para turismo o centros de esquí. El más importante, por densidad y ocupación, es el Lof de Cushamen donde se produjo el enfrentamiento con Gendarmería. Donde apareció ahogado Maldonado.

Algunos de todos esos conflictos corren peligro de escalar su virulencia. Alberto Weretilneck, el gobernador de Río Negro, denunció la semana pasada que existiría un reclutamiento de jóvenes para participar en la causa de la RAM. La familia de Nahuel, el joven muerto en Villa Mascardi, presume que algo así pudo ocurrir con él. La casa de Gobierno en Viedma apareció pintarrajeada con la leyenda “Argentina asesina”. Y el sello anarquista de la RAM.

El Gobierno prepara una salida de emergencia. Al menos para no quedar inerme, como sucede, ante cada estallido. Tiene desde el arranque un obstáculo: la toma de tierras no constituye un delito federal. Pero maquina la elaboración de un protocolo para el seguimiento de los pleitos en forma coordinada. Participarán Weretilneck, de Rio Negro, Omar Gutiérrez de Neuquén y Mariano Arcioni, de Chubut, que reemplazó al fallecido Mario Das Neves. Macri pretende rodear ese acuerdo con la mayor garantía política. De allí que se han involucrado Marcos Peña, el jefe de Gabinete, Rogelio Frigerio, Patricia Bullrich y Germán Garavano, el titular de Justicia.

El sostenimiento de la seguridad y el orden parecen cuestiones cruciales cuando han empezado a desenvolverse los trabajos del Grupo de los 20. Habrá 50 reuniones hasta la cumbre de todos los mandatarios a fines del 2018. Simultáneamente, el clima también se encrespa del otro lado de la Cordillera. El Papa Francisco visitará Chile en enero. Estará en la zona de la Araucanía, foco del conflicto mapuche. Allí fue incendiado en los últimos días un micro en el cual se dejó un mensaje intimidatorio: “Fuego a las iglesias, no eres bienvenido Papa Francisco”. El año pasado fueron quemados 19 templos.

El desafío posee para Macri además ramificaciones locales. La corporación sindical está alterada por su proyecto de reforma laboral empantanada ahora en el Senado. Los gremios kirchneristas y la izquierda protestaron delante del Congreso. Pero no estuvieron solos. Irrumpió Pablo Moyano, miembro de la CGT. Detrás del revoltoso dirigente parece dibujarse la sombra de su padre, Hugo, líder de los camioneros. Más atrás, incluso, el perfil de la senadora Cristina.

Serían los nuevos garabatos de la pauperizada política argentina. 

Eduardo van der Kooy

Una posible extradición anticipa la multiplicación de provocaciones.

 

Otra tragedia ha vuelto a dejar al desnudo a la Argentina. Con su raquitismo estructural que arrastra desde hace décadas.

 

El kirchnerismo está ingresando en la tercera etapa del proceso histórico que puede conducir a su desaparición.

 

La causa por la muerte de Alberto Nisman se encamina a unificarse con la del Memorándum de Entendimiento con Irán por el atentado en la AMIA. La convergencia suena inevitable después que el juez Julián Ercolini concluyó que el fiscal fue víctima de un homicidio.

 

El Presidente debe negociar sus reformas y el panorama opositor no está claro aún.

 

Los fuegos han empezado a cruzarse. Mauricio Macri tomó nota ni bien comunicó su amplio plan de reformas. Algunos sectores productivos y empresarios enfilaron contra aspectos de la reforma tributaria.

 

Las compras del Estado sin licitación fueron un sello de De Vido, incluso apelando a decretos de la dictadura.

 

La elección legislativa de ayer dejó dos registros históricos. Mauricio Macri alcanzó la marca de Raúl Alfonsín de 1985. No sólo ganó el primer examen de medio término siendo el jefe de un gobierno de signo no peronista. Lo hizo además apoderándose del pentágono político argentino. Los cinco distritos principales: la Ciudad, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza.

 

El Gobierno llegaba a las elecciones legislativas de hoy con la presunción de que la desaparición de Santiago Maldonado iba a permanecer como un enigma durante mucho tiempo.

 

La Sala II de la Cámara Federal arrojó una sobredosis de pimienta en la campaña electoral insípida para las legislativas del domingo.

 

Cristina Fernández, con bastante antelación, comenzó a diseñar la escena sobre la cual piensa moverse la noche del domingo 22. El día de las elecciones legislativas. A juzgar por los bocetos en su rueda de prensa de ayer, en el Instituto Patria, la ex presidenta se estaría adiestrando ya para una derrota en Buenos Aires.

 

Siempre hay dos maneras de observar a la Argentina. Una es desde su cotidianeidad turbante. Donde cada episodio, de los tantos y boscosos que suceden, parecen convertirse en la historia misma.

 

Cristina Fernández tuvo en apenas un par de semanas las fotos de campaña menos deseadas. Fueron las del comienzo del Juicio Oral y Público a Julio De Vido, el miércoles pasado, por la tragedia ferroviaria de Once que costó 51 muertos, y de Amado Boudou, ayer mismo, a raíz del intento de apropiación de la imprenta Ciccone, una de las fábricas de los billetes moneda nacional.

 

El Gobierno sospecha que Alejandra Gils Carbó ayudó a embarrar la investigación sobre el paradero de Santiago Maldonado.

 

Cambiemos otorga a Bullrich 6 puntos de ventaja. El cristinismo acepta que está abajo, pero por menos.

 

Está dispuesta a arroparse con el sistema peronista que ha permanecido leal.

 

El Gobierno calcula que Cristina Fernández quedará entre 0.5% y 1% por encima de Esteban Bullrich cuando concluya el escrutinio definitivo en Buenos Aires. Esa desventaja podría convertirse en ventaja, según el análisis paradojal que se realiza en Cambiemos.

 

La Confederación General del Trabajo (CGT) volvió a dar otro paso político en falso.

 

Cristina Fernández aguarda el escrutinio definitivo en Buenos Aires como posible tabla salvadora.

 

La foto de la votación de ayer en la Argentina resultó, al final, tan nítida como inesperada. El gobierno de Mauricio Macri recibió un espaldarazo. De una magnitud muy extendida.

 

La Argentina se enfrenta a otro de sus absurdos políticos. La sociedad es convocada a votar no se sabe muy bien para qué. Las PASO de hoy casi no definirán cosas importantes. Salvo en las internas que se celebrarán en Santa Fe. O en la disputa dentro del peronismo y kirchnerismo porteño. O en la simbólica Santa Cruz.

 

 “Al final, hubo que jugarla con todo a la nena”. El comentario lo hizo un funcionario macrista muy activo en la campaña electoral. Apuntó al protagonismo casi omnipresente que alcanzó en los últimos días la figura de María Eugenia Vidal en Buenos Aires. En este caso, la nena. Hasta ahora Mariú y a veces Heidi, según fuera oficialista u opositor el portavoz de turno.

 

La campaña electoral remite en este tramo a una escena frecuente en el boxeo. Uno de los protagonistas –en este caso más de uno-- pierde muchos de sus golpes en el aire. No impactan en el blanco.

 

Será cuestión de horas o de días pero la dirigente piquetera de Jujuy, Milagro Sala, terminará cambiando las condiciones de su prisión. De la cárcel del Alto Comedero, salvo un imprevisto, pasará a su domicilio particular. El gobierno de Gerardo Morales habrá cumplido de esa manera con la cautelar que, en dicha dirección, emitió días pasados la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA.

 

El kirchnerismo mostró que en situaciones límites se abroquela. Y posee aún capacidad de resistencia y daño.

 

El debate sobre la corrupción le va ganado por ahora el centro de la campaña electoral a las penurias económicas. Tal corroboración podría significar un alivio para el gobierno de Mauricio Macri.

 

La sociedad viene perdiendo confianza en el Gobierno. Un estudio de la consultora Isonomía establece los tiempos y proporciones: en mayo y junio aquella percepción declinó 10%. Es difícil establecer una razón exacta del descenso. Se combinan cantidad de factores. Se trata de un rompecabezas difícil de compaginar para Cambiemos. Se trata, además, de una dificultad en el momento en que despega la campaña electoral.

 

Las elecciones legislativas posibilitarán varias lecturas. Aunque la elección en Buenos Aires, por supuesto, inclinará aquella interpretación hacia un lado o hacia el otro. Las diferentes lecturas podrán provocar una fuerte revulsión en la oposición mayoritaria. Cambiemos, la coalición oficialista, también tendrá, en mucha menor escala, lo suyo. El PRO versus la UCR y la Coalición.

 

La centralidad de Julio De Vido en la campaña es un incordio para Cristina. Un alivio para Macri y un bocado para Massa.

 

El pedido de desafuero de Julio De Vido repone la corrupción como eje en el teatro de campaña.

 

Quizás Cambiemos, la coalición oficialista, esté arriesgando de nuevo pronósticos demasiado optimistas. No se curó con los errores cometidos sobre la economía.

 

Nada de lo que sucede resulta ya imposible observarlo soslayando el cristal de la campaña electoral.

 

Cristina y Macri apuestan a un cara a cara. Massa y Randazzo, a romper esa lógica. Recién en octubre estaría claro el panorama.

 

La ex presidenta puede ayudar al Gobierno a aglutinar el voto anti K.  Pero liderará una oposición más dividida y convulsionada.

Hace poco menos de dos años el Frente Para la Victoria (FPV) compitió con sus siglas en los 24 distritos para las elecciones presidenciales. En agosto y octubre lo hará apenas en cuatro: Santa Cruz, Chubut, Rio Negro y Formosa. El peronismo, con su nomenclatura PJ, peleó por gobernaciones en el mismo tiempo en casi la mitad del país. Ahora asoma en estado puro también sólo en cuatro territorios: Tucumán, Entre Rios, La Rioja y San Luis. En la mayoría de los casos se presentará camuflado: en Somos Mendoza, el Frente Cívico de Santiago del Estero o en Junto Somos Catamarca, por citar ejemplos.

Esa declinación en ambos casos tiene sus explicaciones. El PJ fue subsumido por el FPV durante el apogeo kirchnerista. En especial, a partir que en el 2005 Néstor Kirchner rompió con Eduardo Duhalde. La desaparición del FPV pudo haber obedecido a tres motivos: la derrota en las presidenciales; su descrédito público por la gestión corrupta; la radicalización en que lo sumió Cristina Fernández en su condición de líder principal de la oposición. Tal tendencia terminó provocando el divorcio de la ex presidenta con el PJ.

Esta realidad estaría indicando que al peronismo, tal vez, le cueste mucho mayor esfuerzo y tiempo que en otras oportunidades el proceso de reconstrucción. Lo solucionó en un par de años, entre 1987-89, cuando empezó la declinación alfonsinista. Surgió del contrapunto entre Carlos Menem y Antonio Cafiero. Afloró de la crisis del 2001 gracias al aparato bonaerense y el empinamiento de un gobernador desconocido (Kirchner), pensado únicamente como un obstáculo para impedir el posible retorno de Menem. Todavía no se avizora a nadie en condiciones de hacerle sombra a Cristina. Está la voluntad de Florencio Randazzo, que con el sello del PJ pretende discutirle la autoridad en Buenos Aires. Figura Juan Schiaretti en Córdoba como un gobernador con densidad política. Más atrás, Juan Manuel Urtubey en Salta. Luego existe una camada de mandatarios provinciales peronistas con obligación de madurar para entreverarse en la disputa de poder con la ex presidenta.

Cristina ha sabido incluso diezmar al peronismo bonaerense. Aunque no ha sido sólo un mérito de ella. El proceso lo comandó Kirchner cuando estableció un nexo económico y político directo entre la administración central y los intendentes (sobre todo del conurbano) por encima de los gobernadores de turno. Los alcaldes fueron quedando limitados en sus ambiciones políticas.

De hecho, tuvieron casi nula intervención en la confección de las listas para senadores y diputados de las PASO. Ni siquiera estuvieron cerca de la información que, increíblemente, llegaron a buscar en comarcas ajenas. Randazzo atendió a tres de aquellos que lo llamaron para preguntarle si sabía algo. El ex ministro de Interior y Transporte apenas conocía sus cosas. La historia misma refleja aquella decadencia. El último intendente que se convirtió en gobernador fue Duhalde. En 1983 existió el ensayo fracasado de Herminio Iglesias. Alberto Balestrini llegó a vicegobernador por el gusto de Daniel Scioli. Y nada más. Los alcaldes han sido condenados a preocuparse sólo por su territorio y por la caja. De tanto en tanto filtran en alguna oficina ministerial.

Salvando la dimensión de la calidad política y humana, Cristina podría convertirse en un factor de fuerte condicionamiento –un tapón-- para cualquier intento de remozamiento peronista. Similar, a lo mejor, al que le tocó vivir al radicalismo con el liderazgo absorbente de Raúl Alfonsín. El ex presidente fue el indiscutido padre de la recuperación democrática y sus valores esenciales. Pero cuando regresó al llano nunca supo potenciar a su partido. Por el contrario, lo perjudicó al pactar con Menem la reforma de la Constitución que le posibilitó la reelección. Tampoco resultó una viga inquebrantable durante el par de años aciagos de Fernando de la Rúa. El radicalismo de ciento veinte años es ahora sólo un socio de la coalición oficialista, Cambiemos, que encabeza el PRO, una fuerza que redondea apenas trece años de existencia.

Cristina apunta también en una dirección reduccionista. No sólo porque resolvió prescindir del PJ. Ha decidido además cambiar aquel 54% de votos del 2011 en el orden nacional por una módica trinchera en Buenos Aires. En el conurbano. El interior de la provincia la observa con mucho recelo. La Provincia le permitiría un regreso al Congreso donde conducirá una tropa propia ultra K incluso aumentada (al menos en Diputados) si los vaticinios de las encuestas tienen corroboración en la realidad.

Otro capítulo es la adquisición de los fueros. Cristina no los tuvo desde que dejó la Casa Rosada. Posee seis causas abiertas, cinco por corrupción, y tres procesamientos. Amén de la denuncia por encubrimiento terrorista y muerte misteriosa del fiscal Alberto Nisman. Pero supo defenderse con el sistema urdido antes de irse. La Procuración General, a cargo de Alejandra Gils Carbó, un lote de sus fiscales militantes y jueces ubicados en estamentos clave.

Mauricio Macri posee un plan que el kirchnerismo conoce si las urnas le otorgan en octubre el espaldarazo que busca. Avanzar en el juicio a Gils Carbó, desplazar del Consejo de la Magistratura al representante K, Ruperto Godoy, e insistir con el apartamiento del juez Eduardo Freiler, acusado por enriquecimiento ilícito, de la Cámara Federal. Claro que ni aun así los caminos serán sencillos. La Cámara de Casación Penal confirmó la semana pasada la condena de 7 años de prisión para Menem por el contrabando de armas a Croacia y Ecuador. Se trata de una causa iniciada en 1995. Es decir hace 22 años. El ex presidente intenta ahora renovar su banca por La Rioja. La ex presidenta podría estar tranquila.

La permanencia de Cristina constituye un dilema para el Gobierno. Podría ayudarlo en la contienda electoral con el aglutinamiento del voto anti K. Pero corre riesgo de transformarse en un incordio cuando deba ocuparse de nuevo de la gestión y abordar el par de años que le quedan. Aquel incordio se alimenta con estos fundamentos: el macrismo se topará con una oposición mayoritaria más fragmentada y, en una porción, también más enconada. En estado de constante revulsión. ¿Con que herramientas repetirá los consensos del 2016? Ese paisaje tampoco ayudaría a transmitir certezas en el campo económico, donde el Gobierno no sale de su grisura. De hecho disputará la elección con un puñado de monedas.

El macrismo le ha errado sistemáticamente a sus pronósticos. Creyó desde el comienzo en un flujo de inversiones para la reactivación que no se produjo. Mensuró mal el origen débil del Gobierno, la historia de falta de fiabilidad de la Argentina, la persistencia kirchnerista en la escena y la existencia de un sistema electoral que obliga a exámenes año por medio y frena la posibilidad de adopción de medidas a largo plazo. En esa misma realidad el Gobierno podría explicar su gradualismo económico.

El macrismo volvió a equivocarse cuando supuso que nuestro país recuperaría la categoría de mercado emergente que facilitaría el flujo de capitales. El MSCI (Morgan Stanley Capital Investment) mantuvo la calificación de mercado de frontera, al que lo había degradado en el 2009, amparado en el enigma electoral de octubre y en los desajustes macroeconómicos que el Gobierno no atina a corregir.

La derrota se disimuló otra vez por el escándalo. En cualquier escándalo aflora siempre la sombra del kirchnerismo. El allanamiento al popular mercado de La Salada y la detención de uno de sus dueños, Jorge Castillo, remitió de nuevo a la política al peor de los submundos.

El detenido, que resistió a los balazos, siempre se confesó radical y declaró que estaba dispuesto a participar en una interna inexistente de Cambiemos en Buenos Aires. Pero las huellas de sus tropelías quedaron marcadas durante el ciclo kirchnerista. Su participación en la comitiva que encabezó Cristina en Angola no fue la única constatación.

Guillermo Moreno jamás ocultó su relación con Castillo. Ni siquiera ahora. El ex secretario de Comercio lo ayudó con los negocios ilegales. Hubo uno pequeño que sirve como símbolo. El propietario de un restaurante armenio en la Ciudad importaba ajo para sazonar las comidas. Un monto de U$S2500 mensuales. Moreno frenó esa importación cuando empezaron a escasear los dólares.

Aquel propietario logró la mediación de la entonces ministra de Industria, Débora Giorgi. Moreno propuso entonces una transa: habilitaba la importación de ajo siempre y cuando el dueño del restaurante comprara igual valor en ropa deportiva a Castillo en La Salada. El hombre le preguntó que podría hacer con esa indumentaria. El ex secretario de Comercio le garantizó que se la comprarían en Uruguay. Así se manejaban los resortes públicos en la década ganada.

Moreno aspira a competir en las elecciones de agosto. Está en una lista del espacio pero-kirchnerista de la Ciudad junto a Gustavo Vera. El legislador es un hombre cercano a Francisco, el Papa. Es también representante de la organización La Alameda que denunció con recurrencia las mafias de La Salada y al propio Castillo. Lo mismo hizo Elisa Carrió. Un rompecabezas muy difícil de ser compaginado.

El escándalo de La Salada fue seguido de los allanamientos en el Hipódromo de Palermo y el Casino de Puerto Madero. Evasión impositiva atribuida al empresario Cristóbal López. Todos sinónimos de corrupción de la época pasada. El mejor activo que puede exhibir el macrismo ante la ostensible carencia de otros. 

Eduardo van der Kooy

Cristina Fernández ha llegado en su carrera de principal líder de la oposición a un punto sin retorno. En pocas semanas resolvió apartarse del peronismo. Lo ha reemplazado con un grupo de agrupaciones conocidas, pequeñas y radicalizadas.

 

La centralidad política de Cristina Fernández se transformó los últimos días en la constatación más auspiciosa que tuvo el gobierno de Mauricio Macri. La mujer se devoró el espectáculo del cierre de alianzas y tiene una semana por delante para permanecer en aquel foco público.

 

Cristina Fernández se debate en estas horas en un problema que no tiene ya para ella una buena solución. ¿Por qué razón? Por varias.

 

 “No soporto más su soberbia”. La frase pudo haber sido pronunciada, con lógica, por Florencio Randazzo. Cristina Fernández está decidida a impedirle competir contra ella en las próximas primarias del Frente Para la Victoria (FPV).

 

Las tensiones constituyen un dato permanente de Cambiemos, la coalición oficialista.

 

En el trayecto hacia las elecciones de octubre Mauricio Macri y Cristina Fernández están librando ahora un duelo de bastante paridad. El Gobierno ha dado en estos diecisiete meses casi todo lo que pudo dar. La sociedad dictaminará si ha sido suficiente, escaso o nulo.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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