Argentina en el Mundo

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El presidente graba un mensaje de 40 minutos que difunde en cadena por todas las radios y televisiones del país.

 

Mauricio Macri se despidió de la presidencia con un derroche de optimismo. A cinco días del fin de su mandato, el jefe del Estado argentino utilizó casi 40 minutos de cadena nacional (retransmisión por todas las emisoras de televisión y radio) para explicar los éxitos de su gestión y lo mucho que, según él, había avanzado Argentina durante los pasados cuatro años.

Escuchándole, se hacía casi incomprensible que hubiera perdido las elecciones sin llegar siquiera a la segunda vuelta. Solo hizo autocrítica en el ámbito económico, aunque aseguró que había “sentado las bases” para un futuro crecimiento. Su propio gobierno, como el FMI, pronostica que en 2020 seguirá la recesión iniciada hace ya dos años.

Macri perseguía varios objetivos con su mensaje. El primero, amortiguar las acusaciones formuladas por el presidente entrante, el peronista Alberto Fernández, según el cual el presidente saliente deja poco más que “tierra arrasada” con una deuda en dólares altísima, una economía en retroceso, una inflación desbocada (superior al 50% anual), un desempleo superior al 10% y una pobreza que ya rebasa el 40% y afecta a 16 millones de argentinos, de acuerdo con los datos publicados por la Universidad Católica pocas horas antes de la alocución presidencial.

El segundo objetivo consistía en perfilarse como jefe de la oposición, puesto que no tiene asegurado porque en su campo político diversos dirigentes aspiran a él. Por último, quiso lanzar críticas a la presidenta anterior, Cristina Fernández de Kirchner, nueva vicepresidenta a partir del día 10, a quien no mencionó pero de quien recordó las presuntas prácticas corruptas. Debido a sus reformas administrativas, dijo, “ahora es más difícil robar”.

Atribuyó a los anteriores gobiernos peronistas buena parte de su propio fracaso en la gestión económica. Sobre el crecimiento de la deuda externa y el préstamo recibido del FMI, cuyos plazos deberá renegociar el gobierno de Alberto Fernández porque Argentina no puede hacerles frente, Macri dijo que casi todo ese dinero se había dedicado a pagar deudas anteriores y a cubrir su propio déficit presupuestario.

Acerca del déficit, omitió señalar que se podía haber cubierto con endeudamiento en pesos, no en dólares. También definió como” saludable” el tipo de cambio actual, de casi 60 pesos por dólar, cuando solo unos meses atrás, tras su derrota en las primarias de agosto, calificó en términos casi apocalípticos la devaluación. En su mensaje señaló que la devaluación tras las primarias se debió al “miedo de millones de argentinos” al retorno del peronismo.

“No me voy satisfecho con la economía”, dijo. Sí se iba satisfecho con casi todo lo demás. Aseguró que dejaba una Argentina más integrada en el “diálogo internacional”, con un sistema político más decente, con una justicia más independiente, con una prensa más libre, con unas estadísticas oficiales más fiables, con unas instituciones más sólidas y con menos narcotráfico. También con un mejor suministro energético.

En esos terrenos se le podían plantear algunas objeciones (su gobierno, por ejemplo, utilizó en varios casos la justicia para hostigar a adversarios políticos), pero en general le asistía la razón.

“Siempre les dije la verdad”, proclamó, antes de lamentar “no haber podido ofrecer mejores resultados”. Y prometió que su coalición liberal-conservadora, en proceso de reorganización, haría una oposición constructiva: “Jamás haría nada para entorpecer la labor del gobierno entrante”.

Enric González

 

Bolsonaro promueve una reducción del arancel externo del bloque, una medida que el peronista Fernández rechaza.

La cumbre del Mercosur, programada para el miércoles y el jueves en Bento Gonçalves, en el sur de Brasil, ya tenía todo lo necesario para ser una de las más tensas de los últimos años, dada la incertidumbre sobre la dirección que los presidentes electos de Argentina, el centro izquierdista Alberto Fernández, y de Uruguay, el derechista Luis Lacalle Pou, querrán dar al bloque, a la sombra del ultraderechista Jair Bolsonaro.

El brasileño ni siquiera ha felicitado Fernández, que tomará posesión el próximo martes, en uno de los puntos más bajos de la relación Brasil-Argentina, eje tradicional del Mercosur, que también integran Uruguay y Paraguay. La sorprendente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de elevar los aranceles a la importación de acero y aluminio brasileño y argentino ha elevado aún más esta tensión.

En la práctica, sin embargo, poco se puede decidir sobre este tema en la reunión, ya que estarán presentes representantes del Gobierno de derecha de Mauricio Macri, ya de despedida, y Tabaré Vázquez, que solo estará tres meses más en la presidencia. Ningún miembro de las futuras oficinas de Fernández o Pou asistirá a la reunión, ni siquiera como oyentes. En el caso de los argentinos, no fueron invitados por la falta de afinidad ideológica entre el anfitrión Bolsonaro y el futuro ocupante de la Casa Rosada.

Que no haya cruce entre Bolsonaro y Fernández tiene mucho que ver con la fecha decidida por Brasil para el traspaso de la presidencia pro tempore del Mercosur, que por orden alfabético pasará a Paraguay. Cada país dirige el bloque durante un semestre y lo común es que el pase de manos se haga lo más cerca posible del fin del periodo. Bolsonaro, sin embargo, lo hará en el inicio de diciembre, cinco días antes de que asuma Fernández. El brasileño pensó más la cumbre como una despedida a Macri que como una bienvenida al líder peronista.

Desde el lunes, diplomáticos y técnicos de los cuatro países del bloque están reunidos en Bento Gonçalves para discutir qué acuerdos deberían anunciarse. Hasta ahora, es seguro que ocurrirá uno: la obligación de indicar el origen geográfico de ciertos productos. Estos incluyen queso Serra da Canastra, café del Cerrado brasileño, cacao del sur de Bahía, todos de Brasil, o el vino argentino de Mendoza. "Es para que se asegure el respeto a una marca de valor dentro del bloque", explicó el diplomático brasileño Pedro Miguel da Costa e Silva, secretario de Negociaciones Bilaterales y Regionales en las Américas.

Dos acuerdos más están en proceso de concretarse, ambos en áreas fronterizas. El primero facilita las operaciones policiales conjuntas, en las cuales los agentes de un país pueden ingresar al otro siempre que se encuentren en medio de una persecución de criminales.

El otro autoriza a los residentes que viven en la región fronteriza a tener acceso a servicios en ambos lados en las áreas de salud, educación y trabajo. "Estas cumbres son como el juego de Flamengo y River Plate, todo se puede decidir en el último minuto", dijo el diplomático Costa e Silva, refiriéndose a la final de la Copa Libertadores de América, en la que el equipo brasileño venció al argentino en los cuatro minutos finales del partido.

UNA PRESENCIA DEVALUADA

La cumbre del Mercosur no tendrá el brillo de citas pasadas. Según Itamaraty, está confirmada para este jueves la asistencia de solo tres presidentes: el anfitrión Jair Bolsonaro, el argentino Mauricio Macri y el paraguayo Mario Abdo Benítez. Por Uruguay irá la vicepresidenta, Lucía Topolansky, porque Tabaré Vázquez está en tratamiento médico.

A la última cumbre realizada en julio pasado en la provincia argentina de Santa Fe asistieron además los presidentes de Chile, Sebastián Piñera, y de Bolivia, Evo Morales. El chileno se quedará en Santiago atento a la crisis en su país y Morales está exiliado en México tras su renuncia anticipada al cargo. Bolsonaro había invitado a su sucesora interina, Jeanine Añez, pero la senadora declinó la invitación y estará representada por su ministra de Exteriores, Karen Longaric.

Un tema trascendental será la reducción del arancel externo común que es del 14% en promedio, según el producto comercializado entre los cuatro países del bloque. Desde principios de año, Argentina y Brasil trataron de cambiar esta cifra, pero las elecciones en dos de los cuatro países del bloque impidieron un progreso efectivo.

El objetivo brasileño era lograr la reducción a finales de este año. "Por supuesto, el objetivo brasileño hubiera sido lanzar una reforma arancelaria externa común, pero es un tema complejo que necesita mucha conversación y mucha negociación”, dijo el diplomático brasileño. El arancel pone una barrera a los socios que pretendan importar productos de fuera de la zona que sean fabricados dentro del bloque, con el objetivo de proteger las industrias locales.

Tensión entre Bolsonaro y Fernández

La relación entre Bolsonaro y Fernández será el principal lastre de la reunión. Argentina y Brasil son los países más grandes de la región y de su buena sintonía depende la salud del bloque. El trato no puede ser peor. Bolsonaro se metió sin filtro alguno en la campaña electoral argentina y no dudó en pedir el voto por Macri, al tiempo que amenazaba con estallar el Mercosur si el “populismo de izquierda” de Fernández se instalaba en la Casa Rosada. La visita que el argentino Fernández hizo al expresidente Lula da Silva en la prisión de Curitiba elevó aún más la tensión.

Fernández salió de aquella visita a la cárcel acompañado por el ex canciller Celso Amorim. Dijo entonces que en Brasil no había Estado de derecho y que Lula debería estar libre. Bolsonaro consideró las declaraciones del peronista como una intromisión y advirtió que a Argentina le iría muy mal si votaba al kirchnerismo. “Bolsonaro contaba con el apoyo de Argentina y con una buena relación con Estados Unidos. A partir de ahí generaría su estrategia internacional, pero todo esto se dio vuelta con la derrota de Macri y empezaron los temblores”, dice el exembajador en Brasil durante el kirchnerismo, Juan Pablo Lohlé.

El cruce tendrá consecuencias políticas. Por primera vez en 17 años, un presidente de Brasil no viajará a Buenos Aires para participar del traspaso de poder en la Casa Rosada, previsto para el 10 de diciembre. Fernández tampoco visitará Brasil, al menos en lo inmediato. Como presidente electo prefirió realizar una gira sin precedentes por México, país que pretende sumar a un eventual eje norte-sur que sirva de contrapeso al eje Brasil – Estados Unidos que impulsa Bolsonaro.

“La cuestión de fondo es que Brasil ha comenzado un proceso de reforma económica y de apertura de la economía que es irreversible. La reducción del arancel externo común es una parte de esa estrategia, y Argentina no tiene nada que hacer contra eso. Si Argentina no está de acuerdo se expone a la quiebra del Mercosur como unidad política”, advierte el analista Jorge Castro, presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.

Los socios, sin embargo, están obligados a entenderse. Brasil es el principal socio comercial de Argentina y Argentina es el tercero de Brasil, detrás de China y Estados Unidos, y el primer comprador de sus productos industriales. “La relación entre los dos países no se basa en consideraciones ideológicas, lo que hay son intereses nacionales que subordinan por necesidad cualquier diferencia personal” entre sus presidentes, dice Castro.

La decisión de Trump de aplicar aranceles a las exportaciones de metales de Brasil y Argentina puede tener como efecto colateral el acercamiento de los socios. Washington ha puesto a los dos países en la misma bolsa, sin importar las diferencias ideológicas de sus gobiernos.

El embajador Lohlé considera que habrá que esperar a la toma de posesión de Fernández para conocer la naturaleza de la nueva relación. “Estará más clara el día que Fernández establezca formalmente las conversaciones a nivel institucional. Lo racional sería que se mantenga el diálogo. Cualquier tensión la resuelve la política y la diplomacia, pero primero la política”, dice. Durante los últimos días, Fernández y Bolsonaro dieron alguna prueba de ello y bajaron el tono de la polémica que los enfrenta con promesas de pragmatismo.

Afonso Benites/Federico Rivas Molina

 

María Gabriela Chávez muestra su regalo a través de las redes sociales.

María Gabriela Chávez está renovando los vínculos privilegiados con sus antiguos amigos argentinos y para que no haya duda de su intención ha publicado en las redes sociales el «regalito» que ha ofrecido a la nueva vicepresidenta de Argentina, nada menos que Cristina Fernandez de Kirchner.

Se trata de unos muñecos de trapo alusivos a los fallecidos Néstor Kirchner, Evita Perón, Hugo Chávez y de ella misma, que la expresidenta argentina exhibe abrazada a los muñecos sonriente, vestida con blusa de color lila en las fotos, a pesar de enfrentar varios juicios en su contra que los tribunales le encausan por corrupción.

«Hace unos días visité a Cristina y le entregué estas bellezas de muñecos, hechos con amor por manos venezolanas. Los muñequitos de Néstor y Cristina se los obsequié yo; y los de Chávez y Evita se los envió el equipo de @puntoyv ¡TE QUEREMOS, CRIS!!! ¡Gracias infinitas!!!», publicó este 3 de diciembre María Gabriela en sus cuentas de Twitter e Instagram.

La hija predilecta del difunto expresidente venezolano, que gobernó cerca de 14 años en Venezuela (1999-2013), ha estado de bajo perfil en los actos públicos desde febrero de este año por ser sospechosa de blanquear dinero y llevar una vida suntuosa en Nueva York como embajadora alterne de Venezuela en las Naciones Unidas.

Pero antes del escándalo de la gran vida que se daba como diplomática venezolana y ser sancionada por corrupción en Estados Unidos, María Gabriela hizo sus primeros pinitos en el tráfico de influencias con el gobierno de Kirchner en Argentina, donde fue conocida con el mote de la «reina del arroz».

Hace diez años la estrecha relación entre María Gabriela y Cristina se profundizó con visitas a la residencia de los Olivos y viajes a Bariloche y hospedaje en los hoteles de los Kirchner al sur de Argentina. Y justo ahora con la vuelta al poder y la relación de privilegio que tenía con la viuda de Kirchner es lo que busca renovar la hija de Chávez, dorando la píldora con los muñecos de Néstor y Hugo.

Denuncia de irregularidades

En la Asamblea Nacional, los diputados democristianos de Copei Abelardo Díaz y Homero Ruiz denunciaron en julio de 2014 que María Gabriela estuvo involucrada en un contrato irregular con la empresa argentina Bioart S.A. en la compra de arroz y maíz por 15,5 millones de dólares en el marco del convenio agroalimentario entre Venezuela y Argentina.

El escándalo lo destapó el diario «Clarín». La firma Bioart SA, una empresa de Rosario a la que se atribuyen vínculos con el ministro de Planificación Federal Julio De Vido, exportó arroz a Venezuela con elevados sobreprecios. La compañía, propiedad de los hermanos Vignati con los que la hija de Chávez mantuvo amistad e incluso se ha dejado ver en fotografías en las redes sociales, llevaba vendidas más de 40.000 toneladas de maíz a Venezuela pactados a precios del 80% superiores a los del mercado.

Posteriormente, en octubre de 2019, el «Diario Las Américas» informó de que María Gabriela Chávez, junto a su novio Roberto Leyva, estaba siendo investigada por lavado de dólares a través de negociados que hacían con la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Según revistas especializadas, la hija de Chávez acumuló una fortuna de tal magnitud que fue catalogada como una de las mujeres más ricas de Venezuela.

Pero lo que llamó la atención de las autoridades norteamericanas fue la gran vida dispendiosa que llevaba en Nueva York, que no se correspondía con su cargo diplomático ni la crisis económica y hambruna que sufrían sus connacionales.

El «Diario Las Américas» sostiene que la pareja Leyba-Chávez, según los movimientos de la tarjeta de débito, gastó decenas de miles de dólares en tiendas de lujo exclusivas como Chanel, Louis Vuitton, Hugo Boss, Michael Kors y Kenneth Cole, todas ubicadas en Manhattan.

«Entre el 23 y el 26 de octubre de 2015, la cuenta registró pagos por unos 9.000 dólares en la tienda Chanel, en Midtown Manhattan. La tienda exclusiva, ubicada a escasos 12 minutos de la sede de las Naciones Unidas, ofrece desde perfumes, relojes y carteras, hasta calzados, anteojos y costosa joyería con diseños exclusivos», añade el diario.

María Gabriela era clienta fija de las tiendas Forever 21 (con dos compras de casi 2.300 dólares), la tienda de ropa íntima Victoria Secret (tres visitas en cinco días con más de 1.000), y la tienda de cosméticos MAC de Times Square, visitada cuatro veces con desembolsos de más de 1.600 dólares.

Ludmila Vinogradoff

 

Renuncia a su banca para asumir como vicepresidenta, cargo desde donde garantizará los votos del peronismo en la Cámara Alta.

Cristina Fernández de Kirchner ha dejado de ser senadora para ser vicepresidenta. El Senado aceptó este miércoles su renuncia, en una sesión en la que también juraron los 24 legisladores que obtuvieron una banca en las elecciones del 27 de octubre pasado.

La expresidenta, sin embargo, no dejará el Congreso. En Argentina, el vicepresidente es titular del Senado y preside las sesiones. Si bien se la considera una función casi testimonial, Kirchner le dará otra impronta, fiel al peso que su figura tendrá a partir del 10 de diciembre en el gobierno del peronista Alberto Fernández.

La Constitución argentina establece un Congreso bicameral, donde los diputados representan a los ciudadanos y los senadores a las 23 provincias y la ciudad de Buenos Aires, a razón de tres por cada una. Es en la Cámara Alta donde se juega el poder de los gobernadores, que tienen en sus representantes la llave que abre o cierra los proyectos del Poder Ejecutivo.

La primera tarea de Kirchner ha sido unificar a los senadores del peronismo, divididos durante la gestión de Mauricio Macri entre kirchneristas y peronistas federales, como se llamó a los que respondían directamente a los caudillos regionales y descreían de la expresidenta como líder político del partido.

Desde el 10 de diciembre, cuando entren en funciones los legisladores que juraron este miércoles, el peronismo responderá a una única bandera, la del Frente de Todos, la misma que llevó a Alberto Fernández a la presidencia. El nuevo frente sumará 41 senadores, cuatro más de los que necesita para tener quorum propio y avanzar sin necesidad de apoyo opositor con los proyectos de ley que presente la Casa Rosada.

La unidad del peronismo ha sido obra de Kirchner, erigida ahora como armadora del oficialismo en el Congreso, un sitio que se guardó para sí cuando decidió ungir a Fernández como candidato a presidente, por encima de su propia postulación.

El cemento del Frente de Todos será el temor a la gravedad de la crisis económica que el nuevo Gobierno heredará de Macri. Con la premisa de “acompañar” a Fernández, Kirchner puso en cargos clave a hombres fuertes del interior que no necesariamente son purasangre kirchneristas.

Ese ha sido el caso de José Mayans, el presidente del nuevo bloque oficialista. Mayans responde a Gildo Insfrán, gobernador de Formosa desde 1995. Con siete periodos consecutivos sobre sus hombros, este caudillo del interior fue el primero en abandonar el grupo de los líderes regionales “dialoguistas” con Macri. Kirchner pagó ahora ese gesto con un espacio de poder en el Senado. Lo mismo hizo con el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora: la esposa del dirigente, Claudia Ledesma, será la presidenta provisional de la Cámara y reemplazará a Kirchner durante sus ausencias.

El Senado argentino sesionó hoy por última vez con la conformación que acompañó a Macri. Emergerá ahora uno mucho más abroquelado alrededor de la Casa Rosada. Un dato da una idea de los tiempos que vienen. Por unanimidad, los legisladores aceptaron el permiso sin goce de sueldo que pidió el senador José Alperovich, acusado por una sobrina de abuso sexual agravado.

Tres veces gobernador de Tucumán, Alperovich es un hombre muy poderoso dentro del peronismo. Durante el fin de semana dijo que toda la denuncia era falsa y aseguró que la sesión de hoy lo encontraría firme en su asiento. El presidente electo, sin embargo, pidió que se investigue la denuncia y los senadores respondieron enseguida con su voto. Alperovich tiene mandato hasta 2021, pero los fueros de senador que lo protegen de la cárcel no impiden que avance la investigación en su contra.

Federico Rivas Molina

 

El presidente de Argentina deroga el protocolo sobre aborto no punible y arrincona al secretario de Salud, quien renuncia.

En la recta final de su campaña para la reelección presidencial, Mauricio Macri se expresó en público contra el aborto para atraer votos católicos y evangélicos. Ahora, a tres semanas de dejar el poder, los sectores más conservadores de la alianza gubernamental han ganado también la pelea interna.

El Ejecutivo argentino ha derogado este viernes un protocolo, aprobado 48 horas antes, que actualizaba el procedimiento para atender a mujeres gestantes que quieren interrumpir su embarazo en los casos previstos por la ley, es decir, por violación o existencia de riesgo para la madre. Horas después, el secretario de Salud, Adolfo Rubinstein, autor del texto anulado, ha presentado su dimisión.

En la resolución que derogó el protocolo, publicada en el Boletín Oficial, el Ejecutivo argentino plantea que Rubinstein lo dictó "sin consultar la opinión de sus superiores jerárquicos, máxime teniendo en particular consideración la relevancia e implicaciones de las cuestiones en ella reguladas".

Cita también que no participaron en su redacción organismos vinculados en la materia. El texto está firmado por Macri, por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y por la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley. A diferencia de Rubinstein, partidario de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo, tanto Macri como Stanley se han posicionado en contra.

El protocolo publicado el miércoles reemplazaba al de 2015, que vuelve a quedar vigente. Entre las principales diferencias estaba la reducción de 14 a 13 años en la edad de consentimiento para interrumpir su embarazo. Además, definía que entre la solicitud de la gestante y la intervención no podían pasar más de diez días, un plazo que hoy a menudo se incumple, como ocurrió con Lucía, una niña de 11 años violada a la que retuvieron durante un mes en el hospital sin acatar su voluntad de abortar.

Caso Lucía: El calvario de una niña violada que intentaba abortar en Argentina

 

El texto definía que el embarazo de niñas y adolescentes menores de 15 años representa riesgo a la salud física y mental, lo que las amparaba para abortar en caso de solicitarlo. También prohibía la objeción de conciencia institucional en centros públicos y privados y reafirmaba que en los casos de violación es suficiente el consentimiento de la víctima y una declaración jurada.

El objetivo del nuevo protocolo era adecuarlo al nuevo Código Civil y sentar las bases mínimas para la atención de abortos no punibles en las 24 provincias de Argentina. En la actualidad, sólo once provincias han adherido al protocolo nacional de 2015 y otras seis tienen protocolos propios. En el norte, la región más conservadora, la falta de un procedimiento regulado para actuar en estos casos contribuye a que gestantes con derecho a interrumpir su embarazo no puedan hacerlo.

"Lamentablemente, la derogación del protocolo en el día de la fecha me obliga a renunciar indeclinablemente a mi cargo", ha escrito Rubinstein en la carta dirigida hoy a Macri. En la misma, subraya que la guía de actuación estaba destinada "a los médicos y equipos de salud para darles certeza y protección en la realización de los procedimientos que deben realizar para garantizar los derechos que están consagrados en el código penal".

En 2018 el Congreso argentino debatió modificar la legislación actual, que contempla hasta cuatro años de cárcel por el delito de aborto salvo en los supuestos no punibles, y la coalición gubernamental se dividió entre verdes (a favor) y celestes (en contra).

El Senado rechazó el proyecto de ley que había aprobado la Cámara de Diputados y el enfrentamiento perdió fuerza hasta esa semana, cuando el nuevo protocolo ha generado críticas y aplausos dentro de las filas macristas.

"Me parece lamentable y claramente inconstitucional la resolución del secretario de Salud ampliando de manera irresponsable las causales de aborto no punible y limitando la objeción de conciencia médica", tuiteó el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo. "No hay razón alguna para derogarlo! Es un despropósito que aún haya provincias que no lo apliquen, permitiendo que mujeres violadas vuelvan a ser abusadas por el Estado al no garantizar un aborto legal!", escribió por su parte el diputado Daniel Lipovetzky.

Referentes feministas han criticado con dureza la marcha atrás del Gobierno argentino por considerar que supone un espaldarazo a los profesionales que ponen trabas a los abortos no punibles y a quienes persiguen judicialmente a las gestantes que deciden interrumpir su embarazo.

La derogación del protocolo ha vuelto a colocar al aborto en la agenda política y aumenta la presión sobre el presidente electo, Alberto Fernández. El dirigente peronista considera necesario legalizar la interrupción voluntaria del embarazo por motivos de salud pública y ha anticipado que enviará un proyecto al Congreso para su tratamiento.

Mar Centenera

 

Las diferencias entre Fernández y Macri anticipan la estrategia regional del presidente electo.

La crisis en Bolivia se ha metido como una cuña en la conflictiva transición argentina. Las diferencias entre el presidente, Mauricio Macri, y su sucesor, Alberto Fernández, sobre lo ocurrido esta semana en La Paz han envenado aún más el traspaso de mando, previsto para el 10 de diciembre.

Macri ha evitado hasta ahora hablar de “golpe de Estado” para referirse a la situación en Bolivia y rechazó cualquier posibilidad de conceder asilo político al presidente depuesto, Evo Morales. Fernández ha hecho todo lo contrario: no dudó en hablar de golpe, pidió a Macri que acoja a Morales y disparó contra el papel de la OEA en la crisis.

Falta un mes para que Macri entregue la banda presidencial al peronista Fernández, pero nada es fácil en Argentina. Aún no está resuelto cómo será el acto en el Congreso, que se supone sólo protocolar. Macri recuerda aún que Cristina Fernández de Kirchner, hoy vicepresidenta electa, se negó a participar de la ceremonia de traspaso hace cuatro años y no quiere que la que viene la tenga como protagonista.

Los equipos nombrados para la transición, surgidos de un amigable encuentro cara a cara entre Macri y Fernández horas después de las elecciones del 27 de octubre, apenas se han reunido. La transición está demorada y las diferencias sobre Bolivia no han hecho más que agravar la situación.

Fernández ha asumido la crisis boliviana como su primer desafío en política exterior. Durante el pasado fin de semana, en la reunión del Grupo de Puebla, una conjunción de referentes progresistas que lo tiene como líder, el argentino había repudiado lo que consideró una intentona golpista en Bolivia. Depuesto Morales, no lo dudó. Denunció un golpe de Estado y llamó a Macri para unificar discursos. Macri, sin embargo, prefirió la moderación. “Estamos muy preocupados por la situación”, dijo durante un breve intercambio con periodistas en la Casa Rosada.

Cuando la violencia política en Bolivia se agravó, Fernández pidió a Macri que concediese asilo político al líder depuesto. El propio presidente electo se ocupó de ventilar los detalles de aquella conversación durante una entrevista en televisión. “Le dije [a Macri] que en verdad la vida de Evo corría peligro y que había que hacer algo. Él me habló de las dificultades de traerlo a la Argentina, yo le dije que no estaba de acuerdo. Me dijo que lo veía como una dificultad porque creía que estamos en una transición y que meternos en eso era complejo. Yo le dije que no compartía”, contó Fernández.

En medio de la tensión, la embajada argentina en La Paz acogió a dos altos funcionarios de Morales en calidad de “huéspedes”, sin que la cancillería haya decidido aún si les concederá o no asilo. El gobierno argentino, además, no ha reconocido aun a la senadora Jeanine Áñez como presidente legítima de Bolivia. Fernández pidió a Macri que no lo haga.

Morales terminó finalmente en México, tras aceptar una oferta del presidente Andrés Manuel López Obrador. El canciller mexicano, Marcelo Ebrard, contó entonces que Fernández colaboró con el traslado mediando ante Paraguay para que permitiese el aterrizaje en Asunción del avión que trasladaba a Morales, impedido de recargar combustible en Lima. Fernández se involucró en la crisis boliviana, en línea con lo que se podrá esperar de la estrategia de su Gobierno en relaciones exteriores.

A un alineamiento con las causas “progresistas” de la región y la búsqueda de un eje Argentina – México, opondrá sin duda una tensa relación con el Brasil de Jair Bolsonaro y los Estados Unidos de Donald Trump. En la misma entrevista, Fernández también cargó contra la OEA, a la que acusó de “turbia”. “Supongamos que la OEA dijo la verdad, la realidad es que Evo aceptó y llamó de nuevo a elecciones. El problema no eran las elecciones, sino que querían elecciones sin Evo Morales”, disparó.

En el gobierno de Macri, lo sucedido en La Paz dejó heridas. El presidente se refirió al tema una vez más este miércoles. No habló de golpe de Estado, pero repudió “la violencia de cualquier tipo y bajo cualquier circunstancia”. Sobre las salidas a la crisis boliviana, dijo que "las elecciones son la mejor manera de transparentar la voluntad del pueblo boliviano”.

En su alianza de Gobierno, sin embargo, fueron más duros. La Unión Cívica Radical (UCR), el partido centenario que integra el frente oficialista Juntos por el Cambio, denunció un golpe de Estado. Lo mismo hizo el Pro, el partido del presidente. En una declaración de consenso presentada este miércoles en el Congreso, todos sus diputados dijeron que “nunca más la región debe volver al camino de los golpes de Estado”. Son fisuras que Macri deberá, en el futuro, administrar desde el llano.

Federico Rivas Molina

 

El presidente electo, Alberto Fernández, califica de “mentira” un informe oficial que considera que el país está “listo para crecer”.

Un pequeño informe titulado Ocho puntos sobre la economía ha enturbiado la transición de Gobierno en Argentina. El texto de siete páginas, que no lleva firma ni membrete oficial, pero fue distribuido por los equipos de prensa de Presidencia, asegura que la situación económica que Mauricio Macri legará a su sucesor, el peronista Alberto Fernández, dejará al país sudamericano “listo para crecer” en 2019. Desde México, donde se encuentra de gira, Fernández pidió al macrismo que “pare con la mentira”.

La “herencia recibida” del kirchnerismo fue la muletilla de Macri en el arranque de su mandato, en 2015. Repetida como un mantra para justificar el ajuste de la economía, perdió fuerza con el avance de la gestión y la profundización de la crisis. Fernández no ha hablado aún de “herencia recibida”, pero sí ha advertido que el 10 de diciembre no será “un día mágico” que resolverá todos los problemas.

El próximo Gobierno recibirá un Banco Central con sus reservas internacionales cerca del cero, la inflación por encima del 55%, una deuda externa cercana al 100% del PIB, más pobreza y desempleo que hace cuatro años y restricciones a la compra y venta de dólares similares al cepo cambiario que Cristina Kirchner impuso al final de su mandato.

El informe difundido por la Casa Rosada, ideado en la jefatura de Gabinete que lidera Marcos Peña, busca el lado positivo de los índices más duros. “Sobre la herencia económica que dejamos”, inicia el texto, decidido a ir directo a la cuestión. “A fin de 2019 el país está listo para crecer. Sin magia, sin mentira, sin ficción. Gracias al esfuerzo de los argentinos de todos estos años, hemos revertido la herencia de 2015 (…) El punto de partida para 2020 es mucho más sano”, continúa.

El Gobierno argentino enumera las razones de su optimismo: el déficit fiscal cayó a la mitad, se normalizaron las estadísticas oficiales, el costo de la energía se acomodó a los estándares internacionales, se mejoró la infraestructura y crecieron las exportaciones. En su último informe sobre Argentina, el Fondo Monetario Internacional estimó que la economía del país sudamericano caerá el año que viene un 1,7%, que se sumará al 3% que se espera para este año.

Sobre los problemas más evidentes, el Gobierno buscó argumentos al menos creativos. Asume que la deuda externa creció en 75.000 millones de dólares en tres años, pero asegura que no hubo alternativa por el déficit fiscal y las cuentas impagadas que dejó el kirchnerismo. Y si la inflación no bajó fue porque “lamentablemente, no se puede eliminar de un día para el otro”. “Pero en estos cuatro años hemos dado los pasos necesarios para empezar a ver una reducción sostenida y sostenible de la inflación: corregimos las tarifas y el tipo de cambio; y equilibramos las cuentas públicas”, dice el informe.

Admite, sin embargo, que las cosas se complicaron a partir de abril del año pasado, con la primera gran devaluación del peso, pero lo atribuyó al miedo que generó en los inversores el regreso del peronismo. “Al principio de nuestra gestión pudimos levantar los controles cambiarios porque la gente mira al futuro para decidir hoy. Ahora los tuvimos que reponer, contra nuestra voluntad, porque esa misma gente tiene miedo a qué pueda pasar en el futuro”.

Fernández respondió al informe desde México, en declaraciones que hizo a un canal de noticias de Argentina. “Aunque queden 10 minutos de Gobierno, les pido que paren con la mentira, porque hace dos años nadie pensaba que Argentina iba a tener la crisis que tiene y es producto de la gran inoperancia del Gobierno”, dijo el presidente electo, visiblemente molesto.

Acusó a Macri de demorar el cepo cambiario por cuestiones electorales y provocar así la salida de 22.000 millones de dólares del Banco Central desde su derrota en las primarias del 11 de agosto. Sobre el problema de la deuda externa, dijo que “hace cuatro años, no existía”. La “herencia recibida” fue muletilla de Macri. Todo indica que también lo será de Fernández.

Federico Rivas Molina

 

La organización Greenpeace irrumpe en el puerto de Montevideo, una puerta de acceso a los buques extranjeros que operan en la zona.

Una noticia se repite cada verano en el Atlántico Sur, aunque casi nadie repara en ella. Pesqueros que cruzan el límite de las 200 millas e ingresan a la zona exclusiva de pesca de Argentina se baten a duelo con los agentes de la Prefectura Naval.

Cargan en sus bodegas calamares, la estrella de cada temporada, pero también merluza y merluza negra, y desechan toneladas de ecosistema marino, desde algas hasta delfines y ballenas. A estos buques de actividad ilegal se le suman otros cientos con permiso de trabajo. Son tantas, que las tripulaciones de las aerolíneas que unen Ushuaia [sur del país] con Buenos Aires describen la escena nocturna que se ve desde el aire como “ciudades marinas”.

Muchos de los barcos que operan en el mar del sur encuentran una puerta de acceso algo enclenque: el puerto de Montevideo, que a veces hace la vista gorda cuando las embarcaciones tienen que declarar lo pescado.

Es por eso que la organización ambiental Greenpeace irrumpió el jueves de la semana pasada en aguas uruguayas para señalar a siete embarcaciones surcoreanas con una flecha de 25 metros sobre el agua con el mensaje "Saqueadores de los Océanos". Junto a esta denuncia, la organización ha presentado el informe Protejamos al Mar Argentino de la pesca destructiva, que revela los impactos de la industria pesquera en la región, y el modo en que afecta a especies icónicas como la ballena franca austral.

“El Atlántico sur está completamente desprotegido y desregulado y eso habilita a pesqueras de potencias mundiales y con equipamiento industrial a venir a pescar indiscriminadamente y muy intensamente durante todo el año”, plantea Luisina Vueso, coordinadora de la campaña de océanos de Greenpeace Andino, con quien navegó EL PAÍS para registrar la denuncia.

Según Vueso, los buques, al igual que las excavadores en los bosques, arrasan con todo lo que hay en el fondo marino con la técnica del arrastre, que consiste en rastrillar el fondo marino con un saco de red con la intención de capturar peces, crustáceos y moluscos. Muchas veces, las embarcaciones se alejan de la zona para descargar en buques frigoríficos llamados reefer y vuelven a su lugar, donde permanecen varios meses.

Pérdidas millonarias

Según cifras oficiales, unos 400 buques pesqueros entran de forma legal en el mar argentino y dejan anualmente unos 2.000 millones de dólares en exportaciones de pescado de todo tipo, pero Argentina también pierde otros 2.500 millones de dólares en mercadería no declarada.

En 2018, las autoridades decomisaron unas 327 toneladas de pescado, en su mayoría merluza no declarada, aunque la sangría es todavía más grande. Es por eso que los Ministerios de Defensa y Seguridad idearon un nuevo plan de control de pesca ilegal en el Atlántico Sur que cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas y las fuerzas de seguridad.

Pero, ¿cuenta Argentina con recursos suficientes para vigilar una zona que tiene 5.000 kilómetros de largo? La respuesta es negativa y por eso hace algunos meses se reunieron en Lima 12 países latinoamericanos, más Estados Unidos y España para enfrentar el problema de la pesca ilegal, aunque de momento sin resultados.

“La falta de control y regulación de las aguas internacionales le permite a las pesqueras saquear y vulnerar el Atlántico Sur; es por esto que desde Greenpeace exponemos esta problemática, invisible para muchos (...) Queremos generar toda la presión pública posible para que los Gobiernos del mundo acuerden en la ONU un tratado global por los océanos para proteger a la vida marina a través de la creación de una red de santuarios”, finaliza Vueso.

Ramiro Barreiro

 

Hablaron sobre la crisis del neoliberalismo, pero AMLO se negó a asumir un liderazgo de bloque regional. Que postula la histórica doctrina mexicana que sigue López Obrador.

Andrés Manuel López Obrador finalmente recibió a Alberto Fernández en el Palacio Nacional de la Ciudad de México. El mexicano es un riguroso seguidor de la Doctrina Estrada, una vieja tradición diplomática de México: por eso decidió no darle carácter de estado a la visita del argentino, el cual salió solo a la conferencia de prensa.

"Pudimos disfrutar en estas horas no sólo de este hermoso Palacio, sino también hablar mucho", fueron las primeras palabras de Fernández, que venía con una clara de intención de fortalecer lazos con México, ahora que la histórica sociedad con Brasil está en jaque.

El presidente mexicano recibió a Fernández con una recorrida por la sede del Poder Ejecutivo de México y le mostró -entre otras cosas- los murales de Diego Rivera, el artista que le dedicó 22 años para retratar en los muros del edificio cada uno de los diferentes pasajes de la historia nacional. Durante la caminata, el mexicano le regaló una artesanía de Michoacán. Alberto eligió darle un libro sobre Eva Perón.

Alberto admite que no habrá un bloque regional con AMLO: "La ideología no puede gobernar la diplomacia"

La reunión tenía una duración pactada de 40 minutos, pero se extendió casi una hora y diez minutos. Luego se fueron a comer enchiladas con un huevo fritos, acompañados de café. Una comida típica de México, de la que además es fanático López Obrador.

Pero más allá de los detalles de color de la visita, Fernández llegó a México con dos grandes objetivos. El primero, reabrir las negociaciones comerciales con uno de los mercados más robustos del continente. La idea del futuro gobierno argentino es recuperar exportaciones de carnes y granos, sobre todo del poroto negro, el tradicional frijol mexicano.

LPO adelantó lo previsible: a cambio, México exige la liberación del comercio en el rubro automotriz. Según pudo confirmar este medio, es exactamente la solicitud que hizo Enrique Acevedo, el Subsecretario de Industria y Comercio, en la cita matutina que mantuvo con Felipe Solá, Matías Kulfas y Cecilia Todesca.

"Queremos volver a poner en valor esa relación en materia automotriz, de autopartes, pero fundamentalmente de carnes y producciones locales de Argentina, como la producción de porotos negros, que México es un gran demandante", confirmó Fernández.

El otro objetivo que buscaba Alberto quedó prácticamente enterrado: la idea de empezar a conformar un bloque progresista -que se imaginaba bajo el paraguas del Grupo de Puebla- quedó descartado, después de comprender que López Obrador no es afín a esa estrategia en materia diplomática.

AMLO fue claro en su habitual conferencia de prensa de todas las mañanas: México debe cuidar su relación con Latinoamérica, pero también sus enormes vínculos políticos y comerciales con Estados Unidos. "Cada país debe enfrentar sus coyunturas", dijo el presidente mexicano, cuando le preguntaron por el "frente progresista" que propuso Nicolás Maduro.

AMLO fue claro en su habitual conferencia de prensa de todas las mañanas: México debe cuidar su relación con Latinoamérica, pero también sus enormes vínculos políticos y comerciales con Estados Unidos. "Cada país debe enfrentar sus coyunturas", dijo el presidente mexicano, cuando le preguntaron por el "frente progresista" que propuso Nicolás Maduro.

En otras palabras, la neutralidad mexicana que lleva el nombre de un célebre secretario de Relaciones Exteriores (Genaro Estrada) es irrenunciable, y responde a la posición geopolítica de México como integrante de Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), pese a su íntima relación con Centroamérica y América del Sur.

Aunque nació en la década de los 30, tuvo su esplendor durante la Guerra Fría, cuando Estados Unidos impuso un bloqueo económico a Cuba y otros países socialistas exigiendo que sus aliados se manifestaran en los mismos términos. México no lo hizo y en cambio insistió en ofrecer ayuda humanitaria a quienes lo solicitaran. Una postura similar tomó cuando brotaban las dictaduras en Sudamérica.

Posicionarse o liderar un bloque hoy contradeciría tal doctrina, una renuncia que el propio AMLO reprochó a su antecesor cuando Enrique Peña Nieto invitó al entonces candidato Donald Trump a Los Pinos y, más tarde, México se unió al Grupo de Lima para firmar una condena internacional contra el régimen chavista de Venezuela.

"El Grupo de Puebla yo mismo lo impulsé mucho antes de mi candidatura presidencial, junto con Ominami desde Chile. Nosotros vemos con mucha atención lo que pasa en el continente, pero los vínculos internacionales no pueden estar gobernados por la ideología, porque cada pueblo determina sus gobiernos", señaló Alberto, en una impactante marcha a atrás después de meses de instalar la idea de un incipiente bloque regional.

Fernández aseguró, en cambio, que AMLO le había ofrecido toda su ayuda para que Argentina supere la crisis económica. Reconoció incluso que el mexicano está "al día" sobre lo que ocurre en las entrañas de su país. Una afirmación interesante, que aún no fue confirmada públicamente por López Obrador. La prensa mexicana consultó entonces cómo podría colaborar con la difícil negociación que deberá enfrentar con el FMI.

La neutralidad mexicana que lleva el nombre de un célebre secretario de Relaciones Exteriores (Genaro Estrada) es irrenunciable, y responde a la posición geopolítica de México como integrante de Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), pese a su íntima relación con Centroamérica y América del Sur.

"México tiene representación en el directorio del Fondo. La opinión de México es muy importante. El apoyo que puedan darnos es mucho", fue la escueta respuesta del argentino, quien más adelante insistió en que los inversionistas mexicanos en Argentina entienden la importancia de tal ofrecimiento de ayuda.

Finalmente, Fernández contó que había preguntado a López Obrador por su programa "Jóvenes Construyendo Futuro", un plan de capacitación para los menores de 30 años, que no estudian ni trabajan. "Queremos estudiar si podemos llevarlo a Argentina", admitió. Una beca que ofrecería al mercado laboral una generación que de otro modo difícilmente accedería a un trabajo remunerado.

Jesús Pérez Gaona

 

Fernández se reunirá este lunes con López Obrador, a quien ve como un aliado para fortalecer en la región a las fuerzas de izquierda.

Argentina quiere impulsar de la mano de México un eje progresista para América Latina. Convencer a Andrés Manuel López Obrador de que se una activamente a esta empresa es el principal motivo del primer viaje de Alberto Fernández como presidente electo del país sudamericano.

Fernández se reunirá este lunes con el mandatario mexicano, a quien ve como un aliado para fortalecer en la región a las fuerzas de izquierda, desnortadas tras años de reveses y la deriva autoritaria de Venezuela y que, tras las protestas en diversos países y el triunfo de ambos, han logrado algo de oxígeno. Fernández confía en que López Obrador se sume también al Grupo de Puebla, un centro de reciente creación en el que participan una treintena de políticos y que el presidente electo argentino ha contribuido a dar forma.

Que el primer viaje al exterior del líder peronista sea a México y no a Brasil permite atisbar cuáles serán las prioridades del nuevo Gobierno en política exterior. La relación que Fernández mantiene con Jair Bolsonaro es pésima, al punto de que el mandatario brasileño dijo que los argentinos habían “elegido mal” y que no estaba dispuesto a saludar al nuevo presidente. Argentina y Brasil son socios en el Mercosur y su dependencia económica los obliga a entenderse.

Fernández siente que todo será más fácil con López Obrador. Por un lado, logrará un aliado ideológico para aliviar la tensión con Bolsonaro. Además, en Buenos Aires atribuyen a López Obrador una buena relación con Donald Trump y confían en que el presidente mexicano pueda ser una suerte de mediador entre Argentina y el Fondo Monetario Internacional en las negociaciones entre ambos.

De no llegar a buen puerto, México también resultaría un aliado, más aún si la economía del país norteamericano sigue cayendo. López Obrador ha dedicado buena parte de su primer año de mandato a dar por muerto el modelo neoliberal en el país y en más de una ocasión, al más puro estilo kirchnerista, ha culpado a los mercados de la deriva decreciente de la economía de su país.

La apuesta de Fernández, no obstante, se encuentra de antemano con un obstáculo: la política exterior no es una prioridad para López Obrador, que no sale del país desde hace dos años y, ya como mandatario, ha rechazado acudir a la cumbre del G-20 o a la Asamblea General de la ONU. El presidente electo de Argentina contará con el apoyo del canciller mexicano, Marcelo Ebrard, quien se ha erigido en una suerte de jefe de Estado en el exterior, pues es quien acude a todos los actos en representación de López Obrador.

El trasfondo de la visita de Fernández a México es también impulsar el Grupo de Puebla, un centro de pensamiento creado el pasado mes de julio e integrado por una treintena de personas, entre expresidentes, ex cancilleres y políticos latinoamericanos.

El artífice es el excandidato presidencial chileno Marco Enríquez-Ominami, muy cercano a Fernández, quien ha seguido muy de cerca la concepción del grupo, que lleva el nombre de la ciudad mexicana porque ahí se celebró su primera reunión. No obstante, el papel del Gobierno de López Obrador en aquella cita fue testimonial, de ahí que Fernández abogará esta semana por unirlo de forma más activa.

Fuentes del Ejecutivo mexicano señalan que, si bien no está dentro de las prioridades de su política exterior, califican de “interesante” la iniciativa, en la que ya participan los expresidentes brasileños Lula da Silva y Dilma Rousseff; el ecuatoriano Rafael Correa o el colombiano Ernesto Samper. El único participante no latinoamericano es el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.

“Pretendemos pensar y articular políticamente para lograr consensos progresistas regionales. Consensos que permitan la prosperidad social, que permitan avanzar hacia sociedades con mercado, el mercado es un instrumento, no es el fin”, asegura Enríquez-Ominami, quien no oculta la alegría por el hecho de que hayan coincidido en el tiempo dos circunstancias tan favorables para su iniciativa como el triunfo de Fernández y las protestas sociales en varios países de América Latina.

“Los Gobiernos conservadores han dejado más pobres, una inequidad social y económica, y sociedades más estresadas ante la indolencia de estos Gobiernos frente a las injusticias. Por ello, sentimos que es momento de unirnos ante estos desafíos. La paciencia se convierte en desprecio frente a la injusticia”, añade el político chileno.

Los problemas de Venezuela

La idea que circula entre los socios argentinos del Grupo de Puebla es la de crear un eje latinoamericano que una Buenos Aires con Ciudad de México, que sirva a la vez de cortafuego a los excesos de Brasilia y como alternativa “progresista” al eje del Pacífico alineado con Estados Unidos. “Una parte de la solución es la integración regional y por eso es importante el vínculo con México, que México mire a la región y no solo a sus socios del norte. Debemos buscar un mayor acercamiento. Hay predisposición y hay posibilidades de avanzar en la integración”, dice Jorge Taiana, excanciller de Cristina Fernández de Kirchner e integrante del grupo. El ruido de fondo es siempre el mismo: Venezuela.

Los argentinos del Grupo de Puebla consideran que el Grupo de Lima sigue a Estados Unidos en su política de aislamiento de Venezuela, “una política que el peronismo no considera exitosa”. “Somos muchos en la región los que creemos que no soluciona los problemas y deja abierta la puerta a una intervención. Todos los que estamos en el grupo tenemos una visión de respeto a la soberanía y pensamos que los problemas de Venezuela deben ser resueltos democráticamente por los venezolanos”, dice Taiana. “Aspiro a la unión de toda la región para que, de esa forma, se encuentre la paz. Quedó claro que un Gobierno paralelo no llegó a ningún puerto. Ayudar o asistir no es lo mismo que intervenir. Y por ello, esperamos que los diálogos de la oposición y el Gobierno, fructifiquen. Nadie puede restarse a una salida dialogada”, completa Enríquez-Ominami.

De esta forma, México entra otra vez en el mapa peronista. Fernández pretende emular la posición de López Obrador en Venezuela, es decir, defender la no injerencia externa en Venezuela —al menos en la retórica—, pero tampoco descarta convertirse en un actor decisivo en la búsqueda de una salida.

En cualquier caso, contar con un representante que ha sido elegido presidente refuerza el papel de Argentina en el grupo. El fin de semana que viene, Buenos Aires recibirá en un hotel del centro de la ciudad el segundo encuentro desde aquel fundacional de julio, que estará presidido por Alberto Fernández y el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera.

Todo parece indicar que de allí saldrá un documento con ideas generales acerca de la necesidad de contener el avance del neoliberalismo, pero toda la atención estará puesta en el debut de Fernández como articulador del espacio. “Hay una realidad que necesita una redefinición. Si el sistema no da respuestas tenemos conflictividad social y es nuestra obligación encontrar una salida política. Las elecciones en Argentina fueron un ejemplo de salida, porque la crisis encontró cierta canalización en la idea de un cambio de política”, dice Taiana.

Federico Rivas Molina

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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