Argentina en el Mundo

Argentina en el Mundo (280)

 

El presidente de Brasil predice las calamidades bíblicas todos los días después de la victoria del peronismo, aunque se verá obligado a comprender si un nuevo gobierno se hace cargo de su socio del Mercosur.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha criticado al candidato Alberto Fernández desde que el resultado de las primarias argentinas lo acercó a la Casa Rosada. Este domingo repitió la dosis, comparando a Argentina con Venezuela, incluso recurriendo a citas bíblicas para seguir provocando al kirchnerista que puede suceder a Mauricio Macri. “Con el posible regreso de la clase del Foro de São Paulo en Argentina, ahora la gente está retirando masivamente su dinero de los bancos. Es Argentina, cada vez más cerca de Venezuela”, escribió en su Twitter. Luego escribió un proverbio bíblico. "El que ara su tierra tendrá comida al máximo, el que persigue fantasías estará lleno de miseria", agregó.

El sábado, Bolsonaro dijo que no dejaría que Brasil se acercara a "políticas que no han funcionado en ninguna parte del mundo", refiriéndose a Argentina. "Oremos a Dios para que nuestra querida Argentina sepa cómo proceder para no retroceder".

En una entrevista con el diario Clarín , el canciller Ernesto Araújo siguió el mismo tono, a pesar de las declaraciones de Fernández de que no volvería al Mercosur, por ejemplo. Araújo comparó al oponente de Macri con una muñeca rusa. “Lo que él dice, que no necesariamente será lo mismo que el gobierno de Kirchner, yo, para usar una imagen, lo veo como una muñeca rusa. Ahí está Alberto Fernández, lo abres y ahí está Cristina Kirchner., lo abres y ahí está Lula, y luego [Hugo] Chávez ”, bromeó. "No tenemos la ilusión de que este Kirchnerism 2.0 es diferente del Kirchnerism 1.0", agregó Araújo.

Las declaraciones de Bolsonaro y su canciller sobre Argentina refuerzan la imagen bélica que el gobierno brasileño ha construido, repitiendo la escalada retórica de Donald Trump hacia México. La diferencia es que Brasil no es Estados Unidos y Argentina no tiene una dependencia similar de Brasil. Las relaciones comerciales entre los dos países sudamericanos son convenientes en ambas direcciones y esto los obliga a entender a quien sea que esté en el gobierno.

"Estamos 'condenados' geográficamente, política y económicamente", advierte el diplomático brasileño Marcos Azambuja, embajador en Argentina en la década de 1990 y hoy asesor del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri). “Es como una tela cosida durante más de 200 años, una extensión natural de tierra e incluso ríos. Muchas generaciones de estadistas han trabajado para superar la desconfianza entre los dos países, no hay forma de equivocarse ", agrega Azambuja.

El hecho de que Argentina compre principalmente productos manufacturados de Brasil obliga al Gobierno brasileño a tratar muy bien a su tercer socio comercial.

"Tenemos que ayudar a Argentina a fortalecerlo, sea cual sea el resultado de las próximas elecciones", advierte el presidente de la Asociación Brasileña de Comercio Exterior, José Augusto Castro. “Si la situación empeora en Argentina, lo que es malo en Brasil empeorará", explica. Hoy la economía brasileña se tambalea y está lejos de una recuperación constante. El PIB proyectado para este año es del 0,8% en un país con 12 millones de desempleados.

La economía como cortafuegos

La economía es vista como un freno natural a la retórica insultante de Bolsonaro en sus asuntos exteriores. No solo Fernández fue víctima de la ametralladora verbal del presidente brasileño. En los últimos días, Bolsonaro ha atacado a Angela Merkel por recortar fondos del Fondo Amazonas, que patrocina ONG dedicadas a proteger la selva amazónica. También atacó a Noruega, que anunció que no donaría más dinero al Fondo. Si bien, por un lado, agrada a sus votantes más radicales, por otro, Bolsonaro aumenta la tensión entre los exportadores brasileños que ven la actitud del presidente como una especie de objetivo en contra. "La retórica de Bolsonaro retrasa la recuperación económica", dice el presidente de la Cámara de Representantes de Brasil, Rodrigo Maia.

El diplomático Marcos Azambuja, sin embargo, estima que estos discursos ardientes de Bolsonaro son de corta duración, al menos en relación con Argentina. “Esto es fugaz, efímero. La realidad es irresistible e imponente”, advierte Azambuja, señalando que Brasil y Argentina son interdependientes del idioma al turismo. “No podemos distraernos de esta relación ejemplar. Dejaremos la oposición y la disputa en la arena posible: el deporte”, concluye.

A pesar de sus intenciones incendiarias, las declaraciones de Bolsonaro sonaron solo como un ruido de fondo en la campaña electoral "en los vecinos del sur", como dice el presidente. La crisis política y económica ha impuesto otras urgencias en la agenda argentina, más preocupadas por la sucesión presidencial y la cotización del dólar que por los tiroteos del brasileño.

Macri no se refirió a la intromisión de Bolsonaro en el proceso electoral, ni el Ministerio de Relaciones Exteriores ni el Ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, le informaron. Quien tenía algo que decir fue el candidato mencionado, Alberto Fernández. El ganador de las primarias respondió al brasileño en dos etapas, una caliente y otra fría, la segunda para lamentar la primera.

Cuando se le preguntó sobre las críticas del martes, Fernández dijo que estaba orgulloso del repudio de alguien a quien considera "misógino y racista". El líder peronista consideraba que Bolsonaro era el resultado de una "coyuntura" y que el Mercosur, el objetivo principal de los ataques, era una realidad que superaba a cualquier gobierno. Cinco días después, Fernández nuevamente se refirió a los ataques diarios que él y su fuerza política reciben de Brasilia, pero suavizó las palabras y evitó los insultos.

"La verdad es que fue un error meterme en su bravuconería", dijo en declaraciones al periódico Página 12. “El vínculo entre Brasil y Argentina debe ser indisoluble, somos socios demasiado profundos para pensar que esto puede ser disuelto por un presidente de la coyuntura, ya sea llamado Bolsonaro o llamado Alberto Fernández. Si Bolsonaro quiere bailar este tango, no cuentes conmigo”, dijo. Este martes, los mercados argentinos abrirán después del feriado del lunes. Toda la atención se centrará en ellos, a pesar del ruido proveniente del Palacio de Planalto.

Federico Rivas Molina

 

La victoria peronista sacude la Bolsa y desata una grave crisis que ha provocado la renuncia del ministro de Hacienda.

Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias del pasado domingo resultaron un veneno para la frágil economía argentina. Como todos los partidos presentaron un solo candidato, las elecciones se convirtieron en un gran sondeo nacional que golpeó con fuerza al presidente, Mauricio Macri. Vaciado de poder, deberá remontar en las generales del 27 de octubre una derrota por más de 15 puntos ante el peronista Alberto Fernández, el nuevo hombre fuerte de Argentina.

La posibilidad cierta de un regreso del kirchnerismo sumió al país en una grave crisis económica que este sábado se ha cobrado su primera víctima directa, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. El peso perdió entre el viernes y el pasado miércoles hasta el 30% de su valor, la Bolsa se hundió y la inflación se disparó. Esta es la cronología de una semana de vértigo.

Jornada negra tras el voto. El lunes 12, los mercados castigan con dureza a Argentina. El peso se cambia a 55 unidades por dólar, 10 más que el viernes anterior, los bonos de la deuda caen 20 puntos y la Bolsa se derrumba un 38%. Macri endilga el lunes negro a los 11,6 millones de personas que votaron a Fernández. “Es una muestra de lo que vendrá” si gana el kirchnerismo, amenaza. Se niega a hablar con el vencedor.

No hay tregua para el peso el martes 13. La cotización del dólar frente a la moneda nacional sube de 55 a 58 unidades. El riesgo país, el diferencial que paga la deuda argentina con respecto a EE UU, se acerca peligrosamente a los 2.000 puntos. Políticos de todos los colores, empresarios y sindicatos piden a Macri que pacte con Fernández una salida al bloqueo político. Hay signos de desabastecimiento y los mayoristas suspenden ventas porque “no tienen precio para vender”.

Medidas de alivio. En la apertura de los mercados al día siguiente, miércoles, la cotización del dólar trepa hasta los 63 pesos. Los productores de alimentos adelantan subidas de precios de hasta el 15%. Macri lanza de urgencia un paquete de alivio económico para la clase media, que le ha dado la espalda en las urnas. El Gobierno reduce el impuesto a la renta, otorga pagas extras a los funcionarios, aplaza deudas fiscales y congela el precio de la gasolina. Por la tarde, Macri llama a Fernández. El líder opositor se compromete a defender la estabilidad: “El dólar a 60 pesos está bien”.

Supresión del IVA. El peso se estabiliza y se cambia a 59 unidades por dólar. El jueves, Macri reúne a 1.000 altos cargos de su Gobierno y les dice que sigue en la carrera. En otro gesto hacia el electorado, reduce el IVA de alimentos básicos.

El mercado se calma. El viernes, los mercados dan una tregua. El peso se aprecia hasta las 57 unidades por dólar, baja el riesgo país y sube la Bolsa. Fernández limita sus apariciones en la prensa, pero critica que la bajada del IVA golpea a los gobernadores, principales receptores del impuesto. Crecen los rumores de cambios en el Gabinete. El candidato a vicepresidente de Macri, el peronista Miguel Ángel Pichetto, desmiente que su nombre suene como nuevo jefe de ministros.

La primera víctima política. El sábado, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, presenta su renuncia "convencido de que, en virtud de las circunstancias, la gestión (de gobierno) necesita una renovación significativa en el área económica", según explica en una carta enviada a Macri. Lo sustituye Hernán Lacunza, ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires. Sin mercados, habrá que esperar hasta el martes (este domingo es fiesta en el país) para ver el alcance de la primera semana de crisis.

Federico Rivas Molina

 

El funcionario será sustituido por Hernán Lacunza, hasta ahora ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires.

Nicolás Dujovne, ministro argentino de Hacienda, aprovechó el fin de semana para presentar su dimisión. El hundimiento del peso y las bolsas del pasado lunes, y la derrota electoral del presidente Mauricio Macri a causa de una política económica de la que era corresponsable, le habían dejado en una situación muy complicada. “Hemos cometido errores”, escribió en su carta de renuncia, “que nunca dudamos en reconocer e hicimos todo lo posible por corregir”. Dujovne será sustituido por Hernán Lacunza, hasta ahora ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires.

En el texto remitido a Macri para explicar su renuncia, Dujovne subrayó sus logros “en la reducción del déficit y del gasto público, en la reducción de impuestos distorsivos en las provincias, en recuperar el federalismo”. Omitió la lista de los fracasos: la economía lleva un año en recesión, la inflación apenas baja del 50% anual y se disparará de nuevo a causa de la devaluación del lunes, la deuda pública roza el 100% del Producto Interior Bruto y un tercio de los argentinos vive en situación de pobreza.

El hasta ahora ministro de Hacienda ingresó en el gobierno de Macri en enero de 2017 y en poco tiempo asumió la coordinación de todas las carteras económicas. Al presidente no le importó que la mayor parte del patrimonio de su ministro (74 millones de pesos de un total de 92 millones) estuviera en el extranjero, ni que su casa de tres plantas en el exclusivo barrio de Belgrano estuviera declarada fiscalmente como terreno baldío con un valor de 22.000 dólares.

Era un hábil polemista, gracias a su previa experiencia como comentarista televisivo, y supo adaptarse a la estricta disciplina ideológica impuesta por Marcos Peña, mano derecha de Macri y jefe de su gabinete de ministros.

El nuevo ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, de 49 años, asumirá el cargo hasta diciembre, cuando se forme un nuevo gobierno, presidido por Macri o más probablemente por el peronista Alberto Fernández, tras las elecciones generales de octubre o, si hubiera segunda vuelta, noviembre. Lacunza es economista, fue gerente del Banco Central entre 2005 y 2010, bajo las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández Kirchner, y luego se dedicó a actividades de consultoría hasta que Mauricio Macri, como jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, le ofreció en 2013 la gerencia del Banco Ciudad. Tras el acceso de María Eugenia Vidal al gobierno de la provincia de Buenos Aires, en diciembre de 2015, se convirtió en ministro de Economía provincial.

Lacunza se enfrenta a una misión difícil. Deberá afrontar las turbulencias en los mercados financieros, gestionar un peso débil y una inflación en alza y, sobre todo, tendrá que explicar al Fondo Monetario Internacional, que en septiembre pasado prestó a Argentina 57.000 millones de dólares a cambio de un programa de austeridad, por qué el gobierno de Macri ha lanzado un programa de rasgos populistas con subsidios generalizados, supresión del IVA en alimentos básicos y congelación del precio de la gasolina, después de la derrota electoral del pasado domingo.

Enric González

 

El último derrumbe del peso activa las estrategias de una población habituada a situaciones extremas.

 

Un chiste medio macabro sobre la costumbre argentina de elegir líderes populistas dice que si regresás al país después de una semana, todo ha cambiado, pero si regresás después de 30 años, nada ha cambiado. De hecho, la victoria aplastante de la fórmula peronista encabezada por el candidato presidencial Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones primarias del domingo casi garantiza que el populismo peronista ganará las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Si la historia nos dice algo es que eso haría más difícil que la Argentina se convierta en un país económicamente viable.

 

Los primeros resultados oficiales indican que la fórmula peronista, encabezada por Alberto Fernández y la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner, se impone.

 

El presidente argentino, que quedó 15 puntos por debajo de su principal adversario, Alberto Fernández, alertó ayer del efecto que esto tendría en el ámbito financiero.

 

El peso pierde más del 30% de su valor y las acciones argentinas se hunden en Wall Street tras la contundente victoria del peronismo.

Hace frío en Buenos Aires, mucho, pero la temperatura interior de los argentinos es alta, llamativamente alta de cara a unas elecciones que formalmente son solo un ensayo general.

El kirchnerismo parece ir por delante en las preferencias del electorado pero la tendencia comenzó a revertirse hace semanas.

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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