Jueves, 30 Noviembre 2017 00:00

Desaparición del submarino obliga a replanteo de las FFAA

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La crisis por el submarino ARA San Juan está abandonando la etapa de la emergencia nacional por la búsqueda y está entrando en su fase política, donde la prioridad será determinar responsabilidades por lo ocurrido.

 

El reciente anuncio realizado por la Armada tuvo, por detrás de la jerga técnica, la contundencia de las peores noticias: la confirmación de una explosión bajo el mar hace pensar en que la probabilidad de supervivencia de la tripulación bajó drásticamente.

La semana pasada, la reacción de los familiares de los marinos fue elocuente: reaccionaron como si ya tuvieran asumido que no volverán a ver a sus seres queridos.

Algunos tuvieron la angustia propia de quien empezó a procesar un duelo, otros solo pudieron canalizar su impotencia a través de la queja hacia las autoridades, por lo que consideraron una negligencia de enviar al mar una nave que no estaba en condiciones.

De manera que, por más que la búsqueda del submarino continúe hasta hoy y aunque la Armada se cuidó de no realizar afirmaciones contundentes, todo apunta a que se llegó a una situación de catástrofe nacional.

En situaciones de ese tipo, la primera pregunta que surge es si el evento –en este caso, la explosión dentro del submarino por un aparente problema en las baterías– se puede catalogar como accidente.

En caso de que la presunción sea negativa, se pasa a la investigación sobre si fue un error humano en la operación de la nave o si había alguna anomalía que no llegó a ser detectada en los controles previos a su inmersión.

No suelen ser investigaciones que transcurran pacíficamente ni libres de acusaciones cruzadas y ruidos políticos.

La opinión pública argentina tiene, a esta altura, la triste experiencia de tragedias humanas en las cuales la negligencia, la imprevisión y hasta la corrupción jugaron un rol decisivo, tal como se vio en Cromañón, en la estación ferroviaria de Once y en las inundaciones de La Plata.

En esas catástrofes hubo, para empeorar la situación, problemas políticos y comunicacionales posteriores.

Funcionarios que desaparecían o no daban las explicaciones adecuadas, acusaciones cruzadas sobre responsabilidades, falsificación estadística sobre la cantidad de víctimas y hasta intentos de sacar rédito político de la tragedia fueron hechos que echaron más leña al fuego.

De manera que, ante la mala noticia de la explosión del ARA San Juan, ya dio inicio el clásico proceso en este tipo de situaciones.

El puntapié inicial, como no podía ser de otra forma, vino de las redes sociales, donde comenzaron las acusaciones y asignaciones de responsabilidades.

Acorde a la lógica de la "grieta", están quienes responsabilizan al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner –que fue el que reparó y volvió a poner en operaciones al submarino en 2014– y los que acusan al macrismo.

Ambos se acusan por no haber llevado a cabo las tareas preventivas que permitieran anticipar un posible accidente.

Los tres nombres más mencionados son los de los respectivos ministros de Defensa: Nilda Garré y Agustín Rossi –que actuaron en el gobierno kirchnerista– y Oscar Aguad, actual ministro de la administración de Mauricio Macri.

Garré ya ensayó un inicio de defensa personal al afirmar que durante su gestión se invirtió y se puso el ARA San Juan "a cero".

Por lo pronto, en el ojo de la tormenta ya están Aguad y el alto mando de la Armada. La versión en el ámbito político es que el presidente Macri está disgustado con la forma en que se manejó la crisis y que está esperando que ocurra un eventual rescate del submarino para disponer cambios.

Pero, sobre todo, lo que viene es el escrutinio sobre el estado del submarino. La gran pregunta es si, efectivamente, estaba en condiciones de navegar de manera confiable y segura.

Y ya empezaron las suspicacias: por ejemplo, se supo que las baterías –presumiblemente donde se originó la explosión– en realidad no habían sido cambiadas sino reparadas.

El dato surge de la propia información de Tandanor, la planta industrial donde fue acondicionado el ARA San Juan.

El dato contradice la publicidad kirchnerista de 2011, que afirmó que habían sido cambiadas en su totalidad.

"Un ejemplo vivo de que la industria de la defensa llegó para quedarse", decía el spot televisivo de aquel entonces, a través del cual el gobierno se enorgullecía de la recuperación naval de fabricación nacional.

En aquella comunicación se explicaba cómo el submarino alemán construido en 1983 había sido literalmente cortado al medio para su completa adecuación y cómo el proceso había sido hecho con los más altos estándares de calidad.

"Pato al agua", había dicho Cristina Fernández en un acto oficial en el que anunció la puesta en operaciones del ARA San Juan y anunció que la nave había quedado en condiciones de funcionar por 30 años.

Lo que ahora queda en duda es si la nave en realidad estaba en condiciones de operar. Por ahora, los únicos que se animaron a decirlo de manera explícita son los familiares de los marinos, quienes se mostraron muy críticos con el comando de la Armada.

Pero es un tema que está llamado a ser el centro de las investigaciones en esta nueva etapa. Y, posiblemente, tendrá como efecto un cambio radical en el manejo de la defensa nacional.

Tal vez todavía no se pueda tomar conciencia de la consecuencia profunda que tendrá este evento, pero ya hay señales en el sentido de que la sociedad argentina está recobrando la valoración de las Fuerzas Armadas.

El debate político del momento empieza a poner la lupa en el presupuesto asignado al equipamiento y a cómo se deterioró progresivamente la capacidad operativa de las fuerzas, en parte por las restricciones del gasto público pero, sobre todo, por la pérdida de prioridad política que la cuestión militar ha tenido desde la recuperación democrática en adelante.

Fue a partir de este episodio con el submarino que buena parte de la opinión pública advirtió la necesidad de patrullaje en las costas para prevenir situaciones como la pesca ilegal que continuamente ocurre en la región patagónica.

En todos los medios se alude hoy a los 44 tripulantes del ARA San Juan con el calificativo de "héroes", una situación impensada hasta hace poco tiempo.

Todo indica que una posible consecuencia de este evento es que las Fuerzas Armadas tendrán cambios.

Con mayor visibilidad para la opinión pública y su función revalorizada ante la sociedad están en situación de mejorar su presupuesto.

Hasta en la propia coalición de gobierno empiezan a escucharse voces en ese sentido, como la de Elisa Carrió.

La diputada abogó por un reequipamiento y recordó con ironía cómo ante la revelación de que Uruguay había evaluado la posibilidad de un conflicto bélico durante la crisis de la pastera Botnia, ella advirtió entonces que Argentina tenía tan mala preparación militar que no hubiera podido ganar esa lucha.

Rastrillan casi 70% del área de búsqueda

El operativo internacional para hallar al submarino desaparecido con 44 tripulantes ya rastrilló el 68% del área de búsqueda en el Atlántico sur, afirmó este miércoles la Armada argentina.

El área total de rastreo se redujo de 74 km a 40 km de radio, a base de informaciones aportadas por Estados Unidos y Austria, así como a "cálculos matemáticos del rumbo y velocidad que había informado" el submarino en su último contacto, dijo Enrique Balbi durante su parte diario en Buenos Aires.

Con la ayuda de buques y aeronaves de 18 países, la búsqueda se realiza a unos 450 kilómetros de las costas de la Patagonia, en una zona cuya profundidad varía entre 200 y 1.000 metros.

Las condiciones meteorológicas para miércoles y jueves eran buenas, estimó el vocero.

La zona de búsqueda se concentra en el punto donde fue reportada una explosión el día de la desaparición, el pasado 15 de noviembre. 

Fernando Gutiérrez

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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