Miércoles, 28 Agosto 2019 00:00

Ser o no ser… kirchnerista (ABC-España)

Escrito por  Carmen de Carlos
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Alberto Fernández es lo que es, el número uno de una papeleta donde la que le eligió fue la número dos, Cristina Fernández.

El primer Fernández estuvo desde el origen con el kirchnerismo y se apartó de sus filas cuando se quedó sin la butaca de jefe de Gabinete del Gobierno de “Cristina”. Entonces, fuera del juego del poder, que compartió durante años y quería seguir compartiendo, se adaptó al nuevo escenario y se volvió un crítico de los suyos cuando le resultó conveniente o productivo (Repsol lo sabe bien).

“Alberto” fue y es un “operador”, un político hábil con una suerte infinita. Sin su segunda jamás habría logrado nada y menos una avalancha de votos como los de las primarias (47 por ciento). De hecho, y basta repasar el pasado, creo que no habría sacado ni un 1 por ciento. Ella, la número dos es la que le “armó” las listas del Congreso, la que ordena en sitios estratégicos a sus soldados de La Cámpora, la que coloca para gobernador de Buenos Aires a Axel Kicillof, la que decide –de momento en la sombra- quién sale en la foto y quién se queda fuera.

La ex presidenta de hoy es la misma de ayer y de antes de ayer, es la que se rodeó, desde sus tiempos de Santa Cruz, de gente que arrojaba bolsones cuajados de millones de dólares al otro lado de los muros de un monasterio, la que abrió la “grieta” de la polarización cruel en la sociedad argentina, la que se llenó y llenó de millones a falsos empresario como Lázaro Báez para hacer autopistas que se quedaron en rutas de un puñado de metros.

Ella, es esa y no otra. Es también, la misma que calculó que con “Alberto” en la Casa Rosada tendría –y si llega no se equivoca- la impunidad garantizada para ella y su prole, porque sus hijos, los dos, el diputado Máximo Kirchner y Florencia, la huida en La Habana, se sumaron a la estructura corrupta de un saqueo del que ahora, parecen haber olvidado millones de argentinos.

Algunos quieren ver hoy en la ex presidenta y senadora, blindada por sus fueros, a una hermanita descalza ausente de ánimo de revancha, insisten que cambió, que renunció a ejercer un poder que tiene al alcance de esas manos de uñas largas y afiladas, que ella y los suyos, dejarán a su ex jefe de Gabinete, que también sigue siendo el mismo, ser el presidente que quiera ser. Lo dicen viejos peronistas, gente que votó a Mauricio Macri y hasta ciertos radicales que confían en el rostro de moderación que ofrecen, en campaña, los Fernández.

Pensar que Cristina es la otra es de ilusos, de imberbes, de resignados o de gente que, quizás, intuye un resquicio por el que colarse y sacar en el futuro algún beneficio. Otra explicación, la verdad, no la encuentro.

Carmen de Carlos

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