Carlos Mira

Carlos Mira

Da nada sirve decir “se los dije”. Cuando el agua le llega a uno al cuello, todo ese tipo de “reverberancias” ya no aportan ninguna solución. Pero lo que ocurre es que el gobierno, por sus principales figuras es el que está diciendo: “me lo dijiste”.

 

El gobierno ha cometido todo tipo de errores desde que asumió sus funciones. Empezando por el machacado aquí mismo hasta el cansancio: no decir la verdad sobre cómo estaba el país al 10 de diciembre de 2015.

 

 

Cristina Fernández en el Senado volvió a hacer lo que más le gusta: hablar para que la escuchen. Es lo único -junto con el robar dinero ajeno- que realmente ama en la vida: hablar para que la escuchen y que la crean una gran oradora.

 

La bola de nieve que comenzó a rodar desde que Oscar Centeno confirmó la fidelidad de los cuadernos de las coimas, tuvo un eslabón dorado hacia el fin de la semana cuando Carlos Wagner, el ex presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, se sentó delante del juez Bonadio y vomitó sobre su escritorio todo el mecanismo de robo kirchnerista, solo en el campo de la obra pública.

 

 

Una vez liberado el contenido de los Cuadernos de las Coimas K (el nuevo “CCK”) se va presentando un interesante debate (uno entre tantos) que hace a un distingo posible entre “coimas” y “chantaje”.

 

 

Los países pueden perfectamente decidir vivir sin Fuerzas Armadas. Si han hecho sus evaluaciones y por los motivos que fueran llegan a la conclusión de que no las necesitan, pueden, efectivamente, prescindir de ellas.

 

 

Todos recuerdan el éxito mundial de aquella película protagonizada por Anthony Hopkins y Jodie Foster -The Silence of the Lambs- que fue traducida en nuestro país como “El Silencio de los Inocentes”. Pues bien parece que la actualidad de la Argentina se las ha ingeniado –como de costumbre- para dar vuelta todo aquello y proponer “el silencio de los culpables”.

 

Con los pasajeros tomados como rehenes adentro de un avión, los lacayos del señor Pablo Miró, el capitoste camporista de APLA (la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas), están leyendo proclamas de amedrentamiento y expansión del terror diciéndoles a los pasajeros, a través de la lectura de un panfleto antes de decolar, que el gobierno nacional está poniendo en peligro la seguridad de la aeronavegación incitando a la merma en el entrenamiento y capacitación de los pilotos y en mantenimiento de las aeronaves, al flexibilizar los sistemas de controles para facilitar la llegada de compañías low cost que, de paso, vienen a extranjerizar el mercado de aeronavegación nacional.

 

 

El Código Civil, redactado por Dalmacio Vélez Sarsfield, convertido en la ley número 340 de la nación por el Congreso de septiembre de 1869 y que entró en vigencia el 1 de enero de 1871 contenía en varias de sus disposiciones un giro del lenguaje que remitía al “curso natural y ordinario de las cosas”.

 

 

El presidente ha decidido meter cambios en el equipo. En tiempos de Mundial, en donde los tiempos son cortos y un resultado insatisfactorio puede decidir al técnico a introducir modificaciones sustanciales, el presidente se parece a un cabeza de grupo que debe echar mano al banco porque lo que le ha entregado el equipo que puso en cancha hasta ahora no solo no lo ha conformado a él sino que tampoco ha despertado el enamoramiento del público.

 

El presidente cree que el peronismo no es un problema. Preguntado si el peronismo se negaba a apoyar el programa comprometido con el FMI, el presidente contestó que “no hay lugar para eso, el peronismo sabe que hizo micho daño en el gobierno anterior y no hay espacio para la demagogia, la locura y la mentira”

 

 

Resulta bastante obvio a esta altura que Cristina Fernández no considera completada su tarea de destrucción física y moral de la Argentina.

 

 

La inflación se va transformando de a poco en el monstruo que si el gobierno no logra dominar, pondrá en jaque su futuro político.

 

La cuestión de los pasajes de los legisladores nacionales no es más que una muestra en pequeño que la política ofrece sobre la cultura media de la sociedad; es una de las tantas manifestaciones que tienen las costumbres nacionales de mostrarse, esta vez, en el ámbito público.

 

En momentos en que la enjundia del gobierno -que había comenzado a mediados del año pasado y se había coronado con el triunfo electoral de octubre- parece disminuir en cuanto a la fortaleza real de su envión para completar un proceso de cambios y de salida del infierno, sería bueno recordar que esa tarea -la de salir de un infierno- la Argentina ya la hizo.

 

 

La marcha pasó y los problemas argentinos siguen siendo los mismos. A la Argentina le cuesta entender que la cultura callejera es la causa y no la solución de los problemas.

 

 

La manifestación convocada por Hugo Moyano para el miércoles 21 es una de las mentiras políticas más impresionantes de los últimos tiempos. Y también una de las burdeces de la izquierda más obvias y evidentes.

 

 

Si algo le faltaba al aquelarre peronista era el pretender juntarse con el trotskismo chavista, defensor de Maduro y aspirante al golpismo institucional contra el gobierno democráticamente electo y democráticamente ratificado.

 

 

En medio del esquizofrénico debate sobre la inseguridad -en donde al mismo tiempo la sociedad (o parte de ella) tiene al tema como su preocupación número uno pero se alarma porque Chocobar mata a un homicida (porque más allá de que Wolek se salvó, no caben dudas que el delincuente quiso matarlo de más de 10 puñaladas) y pide que la Justicia actúe contra el policía- en silencio y sin que nadie sepa mucho sobre el tema, el gobierno se dispone a nombrar al sucesor de Gils Carbó.

 

Colgado de las rejas que protegen el ministerio de desarrollo social se halla un cartel de fondo verde en donde se lee en letras enormes: “La ley de Salud Mental (y con letras más grandes aun): NO SE TOCA”

 

 

El 8 de diciembre a la mañana Joe Wolek caminaba tranquilamente por el paseo Caminito en La Boca, despuntando su vicio de fotógrafo profesional mientras disfrutaba de unos días de descanso en Buenos Aires.

 

Que Cristina Fernández no pueda entender la simpleza de que la Argentina tiene “Congreso” y no “Parlamento”, como insistentemente llama a la institución que encarna el poder legislativo de la República (dando la idea clara de que ignora olímpicamente el tipo de gobierno que la Constitución ha organizado) ya ha pasado a ser un detalle menor dentro de su interminable lista de ignorancias.

 

El espectáculo que el fascismo vernáculo nos hizo vivir la semana pasada sirvió para poner en blanco sobre negro algunas cuestiones que venían confusas o al menos camufladas en la Argentina.

 

Después de las elecciones del 22 de octubre parecía que la Argentina ingresaba en una zona de diálogo y acuerdos, propia de un año por venir sin elecciones y donde el Justicialismo se suponía que debía recomponerse y entregar a la sociedad una imagen aggiornada y más apegada al centro político que era lo que el país había votado en las elecciones de medio término.

 

El juez Bonadio ha dispuesto el procesamiento y prisión preventiva de todos los implicados en la denuncia original del fiscal Nisman sobre el Memorándum de Entendimiento con Irán, que incluye la acusación de traición a la patria.

Si alguien preguntaba tan solo dos años atrás qué era el RAM, estoy seguro que nadie hubiera podido responder con seguridad.

 

Ahora resulta que también tenemos problemas con los “pueblos originarios”. Este país es francamente un chiste. La cantidad de gente que invierte su tiempo en desarrollar una idea que les permita vivir de la succión de la sangre pública como las garrapatas viven de la sangre del perro es increíble. Cada día nos enteramos de una nueva.

 

Mientras todo está teñido de pesadumbre en relación a la desaparición del ARA San Juan con sus 44 tripulantes a bordo, empiezan a conocerse las primeras sospechas de que aquí tampoco estuvo ausente la corrupción, el curro y el robo.

 

Ayer ha sido un día de “dicharacheros”, de gente que ha decidido ponerse hablar para decir lo que sabe sobre hechos políticos o de corrupción que han caracterizado los últimos años de la Argentina.

Más allá del final que puedan tener las negociaciones comenzadas, uno tiene la sensación de que en la Argentina se están discutiendo cuestiones nodales que constituyen el corazón de muchos de los inconvenientes que, como capas geológicas, se han ido acumulando durante todos estos años.

 

Ahora que Dujovne habló empiezan los chirridos. Era lógico. Son los números reales los que determinarán de modo real y concreto lo que el presidente solo esbozó metafóricamente: “todos deberán ceder un poco”.

 

La detención de Julio de Vido y las fotos en las que aparece hoy como un presidiario más, de frente y perfil, como un malviviente que ingresa a una establecimiento penitenciario por las pruebas delictivas que se acumularon en su contra, constituyen una escenografía muy fuerte para la Argentina.

 

El tono delirante de Cristina Fernández hizo juego con la metáfora electoral que utilizó en el estadio de Racing: “Si Evita viviera votaría a Cristina, Perón a Taiana y los dos juntos a Unidad Ciudadana”.

 

Las cosas que entran dentro de la “normalidad” argentina dan un poco la pauta de cómo somos como país y de cómo hemos llegado hasta donde llegamos.

 

La inminente revelación oficial del informe pericial que determina que el fiscal Alberto Nisman fue asesinado, va a poner de manifiesto una serie de cuestiones que confirmarán por qué la Argentina es un país sin ley y sin Justicia.

 

El animus jodendi de la Argentina del pasado y de los que continúan con una telaraña revolucionaria que les anula el entendimiento y les tapa la visión sigue haciendo de las suyas en el país.

 

Si algo faltaba en la Argentina para que la sociedad tome conciencia de aquello a lo que están dispuestos los que no se resignan a perder el poder y a usar el Estado como un botín de guerra propio, eso es lo que está ocurriendo con el caso de Santiago Maldonado.

 

La movilización de ayer, que volvió a mostrar la escenografía de un pasado adornado por la liturgia peronista -incluidas sus propias riñas internas, trasmitidas sin piedad al seno de la sociedad llevándola incluso a luchas sangrientas aun no cicatrizadas- parece haber gatillado una nueva etapa del gobierno de Cambiemos y en especial del presidente Macri.

 

La suspensión y la habilitación del juicio político de Eduardo Freiler es una gran noticia en el sentido de desandar el camino minado dejado por el kirchnerismo para que la corrupción y el robo que ellos protagonizaron no pueda ser investigardo.

 

Nuestro colega, y ahora casi diputado Fernando Iglesias, ha escrito su libro “Es el peronismo, estúpido” en donde demuestra para usar sus palabras (con datos incontrastables) “cuando se jodió la Argentina”.

 

Como decíamos hace unos días en estas mismas columnas, el país vive colgado de una brocha; con la angustia de no dar por concluida aun una de las etapas más oscuras de su historia, simplemente porque una parte minoritaria de la sociedad aun respalda y procura el regreso de su torturador, la vuelta de la psicópata que la hundió en una  miseria completamente incompatible con la potencialidad argentina.

 

Cuando en el marco de la campaña política se dice que no se quiere hablar de economía y que la estrategia es centrar el mensaje oficial en la corrupción, en la ética y en las obras que se están haciendo, la cuestión no puede ser menos que graciosa.

 

El episodio del contador Manzanares resulta francamente dantesco. Si acaso existe una profesión en donde, en principio, el sujeto en cuestión podría hacer la “Gran Olmedo” (cuando disfrazado de Pai brasileño y con cara de asombrado le decía a Portales -el padre de la “nena”-  cuando éste lo acusaba de cuanta estafa había bajo las estrellas, “¿Eu?”)

 

Resulta a esta altura bastante obvio que Cristina Fernández nos toma a todos por estúpidos. Pero el gran detalle de esa ecuación no es su hipocresía ni su cinismo, sino el hecho de que, simplemente, pueda estar en posición de hacerlo.

 

Solo en un país en guerra con lo obvio puede haber ocurrido que un ex funcionario y actual diputado como Julio De Vido haya durado hasta ahora sin que un fiscal pida detenerlo.

 

Según indican las principales informaciones, el gobierno prepara un programa amplio de reformas en campos vitales de la economía y de la organización institucional de la Argentina para el caso que gane las elecciones de Octubre.

 

¿Cuándo se acabaran las elecciones a todo o nada en la Argentina? ¿Cuándo el país podrá votar con la tranquilidad de saber que cualquiera sea el resultado, el rumbo de la nación no brincará alocadamente como si estuviera montado en un toro lleno de furia?

 

Varios analistas daban anoche por terminado el ciclo político de Cristina Fernández. Después de la lamentable presentación de su “Unidad Ciudadana” -que acompañó con una proclama tuitera que raya el borde del golpismo- la jefa de la banda delictiva que saqueó al país durante 12 años entró en una especie de limbo fanático, imbuida de resentimiento y sed de venganza.

 

¿Cuál es el patrón de pensamiento de Cristina Fernández?, ¿cuál es el vector que dirige sus acciones y en función del cual toma decisiones?

 

No es para nadie un secreto que Elisa Carrió es una bomba de tiempo. Lo ha sido para cuanta asociación política ella misma construyó o ayudó a componer: al tiempo de los abrazos y los besos llegan los bombazos.

 

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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