Argentina en el Mundo

Argentina en el Mundo (297)

 

El gobierno de Mauricio Macri pide al FMI y a los acreedores privados la renegociación de los plazos.

El Gobierno de Argentina patea el balón de la deuda hacia adelante. Están en juego más de 100.000 millones de dólares (unos 90.470 millones de euros) de obligaciones a corto, mediano y largo plazo que Argentina asume que no podrá cancelar en los plazos convenidos.

Está en sus manos posponer hasta seis meses los vencimientos por un total de 13.000 millones de dólares que debe abonar hasta diciembre en Letras del Tesoro. El presidente Mauricio Macri decidió el miércoles por decreto el “reperfilamiento”, como llama la Casa Rosada a la reprogramación de pagos, de esos bonos y el nuevo calendario ya está vigente. El resto de la deuda necesitará de negociaciones políticas y de la buena voluntad de los acreedores públicos y privados.

La reprogramación forzada de los pagos de bonos a corto plazo no afectará a las personas físicas, que cobrarán según les corresponda. El peso del decreto cae sobre los Fondos Comunes de Inversión y aseguradoras, según un calendario que limita el paso en la fecha prevista en sus títulos de deuda al 15%. Según la norma, Argentina pagará otro 25% dentro de tres meses y el 60% restante, dentro de medio año. Ambos pagos corresponderán al próximo Gobierno, que debe asumir el poder el 10 de diciembre. Resolver el corto plazo era el problema más urgente de Macri, pero no el más complejo.

La carga de la deuda argentina suma otros 20.000 millones de dólares en títulos emitidos bajo la ley argentina y 30.000 millones más bajo legislación extranjera, con vencimientos en plazos menores a 10 años. El pago de los primeros bonos será reprogramado a través de una ley que debe ratificar el Congreso, una estrategia que obligará a la oposición a tomar partido. La idea del Gobierno es aplicar la cláusula de acción colectiva, que obliga a los acreedores a aceptar cambios en el calendario de pagos si una mayoría del 75% lo acepta.

Para los bonos bajo jurisdicción internacional, el Gobierno iniciará los contactos con los bancos extranjeros para que presenten sus propuestas de reprogramación. Ese será el capítulo más duro del canje ideado por Macri. Esos bonos se intercambian hoy hasta 40 centavos por dólar emitido, muy cerca de un valor considerado una suspensión de pagos.

El grueso de los vencimientos, sin embargo, están en manos del Fondo Monetario, que espera el pago de 44.500 millones de dólares antes de 2022. Es parte de los 57.000 millones que el organismo acordó prestar a Argentina el año pasado como blindaje financiero. El Gobierno anunció el miércoles que iniciará negociaciones con el Fondo para modificar el calendario, una tarea que deberá terminar el próximo Gobierno.

Federico Rivas Molina

Miércoles, 28 Agosto 2019 00:00

Ser o no ser… kirchnerista (ABC-España)

Escrito por

 

Alberto Fernández es lo que es, el número uno de una papeleta donde la que le eligió fue la número dos, Cristina Fernández.

El primer Fernández estuvo desde el origen con el kirchnerismo y se apartó de sus filas cuando se quedó sin la butaca de jefe de Gabinete del Gobierno de “Cristina”. Entonces, fuera del juego del poder, que compartió durante años y quería seguir compartiendo, se adaptó al nuevo escenario y se volvió un crítico de los suyos cuando le resultó conveniente o productivo (Repsol lo sabe bien).

“Alberto” fue y es un “operador”, un político hábil con una suerte infinita. Sin su segunda jamás habría logrado nada y menos una avalancha de votos como los de las primarias (47 por ciento). De hecho, y basta repasar el pasado, creo que no habría sacado ni un 1 por ciento. Ella, la número dos es la que le “armó” las listas del Congreso, la que ordena en sitios estratégicos a sus soldados de La Cámpora, la que coloca para gobernador de Buenos Aires a Axel Kicillof, la que decide –de momento en la sombra- quién sale en la foto y quién se queda fuera.

La ex presidenta de hoy es la misma de ayer y de antes de ayer, es la que se rodeó, desde sus tiempos de Santa Cruz, de gente que arrojaba bolsones cuajados de millones de dólares al otro lado de los muros de un monasterio, la que abrió la “grieta” de la polarización cruel en la sociedad argentina, la que se llenó y llenó de millones a falsos empresario como Lázaro Báez para hacer autopistas que se quedaron en rutas de un puñado de metros.

Ella, es esa y no otra. Es también, la misma que calculó que con “Alberto” en la Casa Rosada tendría –y si llega no se equivoca- la impunidad garantizada para ella y su prole, porque sus hijos, los dos, el diputado Máximo Kirchner y Florencia, la huida en La Habana, se sumaron a la estructura corrupta de un saqueo del que ahora, parecen haber olvidado millones de argentinos.

Algunos quieren ver hoy en la ex presidenta y senadora, blindada por sus fueros, a una hermanita descalza ausente de ánimo de revancha, insisten que cambió, que renunció a ejercer un poder que tiene al alcance de esas manos de uñas largas y afiladas, que ella y los suyos, dejarán a su ex jefe de Gabinete, que también sigue siendo el mismo, ser el presidente que quiera ser. Lo dicen viejos peronistas, gente que votó a Mauricio Macri y hasta ciertos radicales que confían en el rostro de moderación que ofrecen, en campaña, los Fernández.

Pensar que Cristina es la otra es de ilusos, de imberbes, de resignados o de gente que, quizás, intuye un resquicio por el que colarse y sacar en el futuro algún beneficio. Otra explicación, la verdad, no la encuentro.

Carmen de Carlos

 

Una delegación del FMI analiza en Buenos Aires el empeoramiento de la economía.

El presidente Mauricio Macri cree que, a pesar de la enorme ventaja de que dispone el peronista Alberto Fernández, aún puede ganar la reelección. También lo creen muchos miles de argentinos, que el sábado salieron masivamente a la calle para gritar “sí se puede”. En un momento crítico, con una delegación del FMI en Buenos Aires para evaluar las consecuencias de la nueva caída del peso y con la campaña electoral a punto de relanzarse, Macri se dispone a dar batalla hasta el último día.

En general, son las fuerzas políticas las que movilizan a la gente. Pero esta vez no ocurrió así. Fue al revés. Con Macri y los dirigentes de su coalición aún postrados por la terrible derrota sufrida en las primarias del 11 de agosto, una parte de la ciudadanía sintió la necesidad de hacer algo para evitar el retorno al poder de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, aunque esta vez ejerza como sombra vicepresidencial del candidato Alberto Fernández.

Quien prendió la hoguera fue el popular actor Luis Brandoni, afiliado al radicalismo y firme partidario de Macri. Brandoni es uno de los protagonistas de La odisea de los giles, la película que arrasa estos días en los cines argentinos con una historia sobre el colapso y el “corralito” de 2001. Desde Madrid, el actor colgó en las redes un vídeo en el que llamaba a la movilización. “Estamos preocupados pero no derrotados; al contrario, hay mucho por hacer”, decía, “el sábado 24 salgamos a las calles y plazas de todo el país”. El mensaje circuló rápida y masivamente.

Llegó la tarde del sábado y alrededor del Obelisco de Buenos Aires se congregaron varios miles de personas. Eran gente de edad en su mayoría, ni tan pocos como para hablar de fracaso ni tantos como para hablar de éxito. Desde allí tenían previsto marchar hacia la cercana Plaza de Mayo. Y entonces empezó a desarrollarse un fenómeno que parecía propio de un guión cinematográfico: más y más gente confluyó a última hora hacia la plaza, hasta llenarla. Al mismo tiempo se realizaban manifestaciones en otras ciudades del país.

El presidente Macri estaba en su quinta de Los Abrojos. El director Juan José Campanella (en Madrid con Brandoni porque ambos trabajan en la obra teatral Parque Lezama) publicó un mensaje en el que aconsejaba a Macri que acudiera a la Casa Rosada, y éste le hizo caso. Ordenó que las rejas de la Plaza de Mayo que impiden aproximarse al palacio presidencial fueran retiradas y se trasladó en automóvil a la Casa Rosada, en compañía de su esposa.

Desde el balcón, Macri saludó a la multitud y se emocionó. No había altavoces y tuvo que grabar con un móvil un mensaje eufórico que se difundió de inmediato. “Tres años y medio son poco para cambiar todo lo que hay que cambiar, sigamos juntos, podemos ser mejores”, dijo, con lágrimas en los ojos.

El FMI en Buenos Aires

En el recuerdo estaba el 1 de abril de 2017. El peronismo había organizado tres grandes marchas de protesta contra el Gobierno, pero ese día el macrismo se movilizó en las calles y generó un impulso que los llevó a ganar unas elecciones legislativas que según los sondeos iban a perder.

Lo del sábado fue, como lo del 1 de abril de 2017, un enorme aliento para la moral de la coalición en el poder. Pero, ya puestos en casualidades casi inverosímiles, también supuso una exhibición de fuerza ante la delegación del Fondo Monetario recién llegada a Buenos Aires. Mientras la multitud vitoreaba a Macri y denostaba a Cristina Fernández de Kirchner (“Cristina presa”, “No vuelven más”) frente a la Casa Rosada, los técnicos del Fondo se reunían en el contiguo Ministerio de Hacienda con el nuevo responsable económico del Gobierno, Hernán Lacunza. Vieron la manifestación desde las ventanas desde su despacho. “La gente del FMI se sorprendió”, comentó después el ministro.

 

La tarea de Lacunza, nombrado en sustitución de Nicolás Dujovne tras el hundimiento del peso y las Bolsas que siguió a las elecciones primarias, es complicada. Tiene que asegurarse de que el FMI entregue en las próximas semanas una nueva porción (5.400 millones de dólares) del préstamo de 57.000 millones concedido en septiembre, a pesar de que las reglas bajo las que se efectuó la concesión han cambiado de forma sustancial: el peso vale un 30% menos respecto al dólar y eso disparará la inflación hasta casi el 5% mensual, las “medidas de alivio” aprobadas tras la derrota alejan el objetivo del equilibrio presupuestario y tanto el candidato favorito para ganar las elecciones de octubre, Alberto Fernández, como (preferentemente en privado) varios responsables económicos de Macri, señalan la necesidad de renegociar los términos del acuerdo con el Fondo. El equipo del FMI reconoce el nuevo equilibrio de fuerzas creado tras las primarias y mantiene también contactos con el equipo económico de Fernández.

El recrudecimiento de las hostilidades, ahora que Macri ha decidido pelear hasta el fin, no ayudará a que la maltrecha economía argentina recupere la confianza exterior. El FMI, que hasta ahora respaldaba de forma explícita cualquier medida del Gobierno, ha dejado de hacerlo. Y Donald Trump, que fue aliado incondicional de Macri, no ha dicho nada sobre Argentina desde el resultado de las primarias. Solo el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, mantiene una cruzada personal a favor del presidente argentino y en contra del retorno al poder del kirchnerismo, al que identifica con el régimen venezolano.

La sospecha de un viraje judicial

La justicia argentina se ha ganado, con los años, la fama de orientarse a favor del poder. Quizá por casualidad, esta semana han reverdecido en los tribunales bonaerenses varios sumarios que complican al fragilizado presidente Mauricio Macri. Al mismo tiempo, se han anulado procesamientos que afectaban a diversos altos funcionarios del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Una de las causas que pueden perjudicar al actual Ejecutivo es la del Correo Argentino. En 2016, el gobierno de Mauricio Macri condonó la deuda del Correo Argentino (del grupo empresarial Macri), lo que según la fiscal Gabriela Boquín podría hacer perder hasta 70.000 millones de pesos a las arcas públicas. Este sumario llevaba muchos meses en letargo y ahora ha reaparecido.

También se ha vuelto a trabajar en el sumario de los sobornos de la corporación brasileña Odebrecht, que supuestamente pagó 36 millones a altos funcionarios. En el apartado del soterramiento de una línea ferroviaria aparece como favorecida por los sobornos la empresa IECSA, que en 2015 dirigía Ángelo Calcaterra, máximo gestor del Grupo Macri, primo del presidente Mauricio Macri y cercanísimo a él.

Enric González

 

El presidente de Brasil predice las calamidades bíblicas todos los días después de la victoria del peronismo, aunque se verá obligado a comprender si un nuevo gobierno se hace cargo de su socio del Mercosur.

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha criticado al candidato Alberto Fernández desde que el resultado de las primarias argentinas lo acercó a la Casa Rosada. Este domingo repitió la dosis, comparando a Argentina con Venezuela, incluso recurriendo a citas bíblicas para seguir provocando al kirchnerista que puede suceder a Mauricio Macri. “Con el posible regreso de la clase del Foro de São Paulo en Argentina, ahora la gente está retirando masivamente su dinero de los bancos. Es Argentina, cada vez más cerca de Venezuela”, escribió en su Twitter. Luego escribió un proverbio bíblico. "El que ara su tierra tendrá comida al máximo, el que persigue fantasías estará lleno de miseria", agregó.

El sábado, Bolsonaro dijo que no dejaría que Brasil se acercara a "políticas que no han funcionado en ninguna parte del mundo", refiriéndose a Argentina. "Oremos a Dios para que nuestra querida Argentina sepa cómo proceder para no retroceder".

En una entrevista con el diario Clarín , el canciller Ernesto Araújo siguió el mismo tono, a pesar de las declaraciones de Fernández de que no volvería al Mercosur, por ejemplo. Araújo comparó al oponente de Macri con una muñeca rusa. “Lo que él dice, que no necesariamente será lo mismo que el gobierno de Kirchner, yo, para usar una imagen, lo veo como una muñeca rusa. Ahí está Alberto Fernández, lo abres y ahí está Cristina Kirchner., lo abres y ahí está Lula, y luego [Hugo] Chávez ”, bromeó. "No tenemos la ilusión de que este Kirchnerism 2.0 es diferente del Kirchnerism 1.0", agregó Araújo.

Las declaraciones de Bolsonaro y su canciller sobre Argentina refuerzan la imagen bélica que el gobierno brasileño ha construido, repitiendo la escalada retórica de Donald Trump hacia México. La diferencia es que Brasil no es Estados Unidos y Argentina no tiene una dependencia similar de Brasil. Las relaciones comerciales entre los dos países sudamericanos son convenientes en ambas direcciones y esto los obliga a entender a quien sea que esté en el gobierno.

"Estamos 'condenados' geográficamente, política y económicamente", advierte el diplomático brasileño Marcos Azambuja, embajador en Argentina en la década de 1990 y hoy asesor del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (Cebri). “Es como una tela cosida durante más de 200 años, una extensión natural de tierra e incluso ríos. Muchas generaciones de estadistas han trabajado para superar la desconfianza entre los dos países, no hay forma de equivocarse ", agrega Azambuja.

El hecho de que Argentina compre principalmente productos manufacturados de Brasil obliga al Gobierno brasileño a tratar muy bien a su tercer socio comercial.

"Tenemos que ayudar a Argentina a fortalecerlo, sea cual sea el resultado de las próximas elecciones", advierte el presidente de la Asociación Brasileña de Comercio Exterior, José Augusto Castro. “Si la situación empeora en Argentina, lo que es malo en Brasil empeorará", explica. Hoy la economía brasileña se tambalea y está lejos de una recuperación constante. El PIB proyectado para este año es del 0,8% en un país con 12 millones de desempleados.

La economía como cortafuegos

La economía es vista como un freno natural a la retórica insultante de Bolsonaro en sus asuntos exteriores. No solo Fernández fue víctima de la ametralladora verbal del presidente brasileño. En los últimos días, Bolsonaro ha atacado a Angela Merkel por recortar fondos del Fondo Amazonas, que patrocina ONG dedicadas a proteger la selva amazónica. También atacó a Noruega, que anunció que no donaría más dinero al Fondo. Si bien, por un lado, agrada a sus votantes más radicales, por otro, Bolsonaro aumenta la tensión entre los exportadores brasileños que ven la actitud del presidente como una especie de objetivo en contra. "La retórica de Bolsonaro retrasa la recuperación económica", dice el presidente de la Cámara de Representantes de Brasil, Rodrigo Maia.

El diplomático Marcos Azambuja, sin embargo, estima que estos discursos ardientes de Bolsonaro son de corta duración, al menos en relación con Argentina. “Esto es fugaz, efímero. La realidad es irresistible e imponente”, advierte Azambuja, señalando que Brasil y Argentina son interdependientes del idioma al turismo. “No podemos distraernos de esta relación ejemplar. Dejaremos la oposición y la disputa en la arena posible: el deporte”, concluye.

A pesar de sus intenciones incendiarias, las declaraciones de Bolsonaro sonaron solo como un ruido de fondo en la campaña electoral "en los vecinos del sur", como dice el presidente. La crisis política y económica ha impuesto otras urgencias en la agenda argentina, más preocupadas por la sucesión presidencial y la cotización del dólar que por los tiroteos del brasileño.

Macri no se refirió a la intromisión de Bolsonaro en el proceso electoral, ni el Ministerio de Relaciones Exteriores ni el Ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, le informaron. Quien tenía algo que decir fue el candidato mencionado, Alberto Fernández. El ganador de las primarias respondió al brasileño en dos etapas, una caliente y otra fría, la segunda para lamentar la primera.

Cuando se le preguntó sobre las críticas del martes, Fernández dijo que estaba orgulloso del repudio de alguien a quien considera "misógino y racista". El líder peronista consideraba que Bolsonaro era el resultado de una "coyuntura" y que el Mercosur, el objetivo principal de los ataques, era una realidad que superaba a cualquier gobierno. Cinco días después, Fernández nuevamente se refirió a los ataques diarios que él y su fuerza política reciben de Brasilia, pero suavizó las palabras y evitó los insultos.

"La verdad es que fue un error meterme en su bravuconería", dijo en declaraciones al periódico Página 12. “El vínculo entre Brasil y Argentina debe ser indisoluble, somos socios demasiado profundos para pensar que esto puede ser disuelto por un presidente de la coyuntura, ya sea llamado Bolsonaro o llamado Alberto Fernández. Si Bolsonaro quiere bailar este tango, no cuentes conmigo”, dijo. Este martes, los mercados argentinos abrirán después del feriado del lunes. Toda la atención se centrará en ellos, a pesar del ruido proveniente del Palacio de Planalto.

Federico Rivas Molina

 

La victoria peronista sacude la Bolsa y desata una grave crisis que ha provocado la renuncia del ministro de Hacienda.

Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias del pasado domingo resultaron un veneno para la frágil economía argentina. Como todos los partidos presentaron un solo candidato, las elecciones se convirtieron en un gran sondeo nacional que golpeó con fuerza al presidente, Mauricio Macri. Vaciado de poder, deberá remontar en las generales del 27 de octubre una derrota por más de 15 puntos ante el peronista Alberto Fernández, el nuevo hombre fuerte de Argentina.

La posibilidad cierta de un regreso del kirchnerismo sumió al país en una grave crisis económica que este sábado se ha cobrado su primera víctima directa, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. El peso perdió entre el viernes y el pasado miércoles hasta el 30% de su valor, la Bolsa se hundió y la inflación se disparó. Esta es la cronología de una semana de vértigo.

Jornada negra tras el voto. El lunes 12, los mercados castigan con dureza a Argentina. El peso se cambia a 55 unidades por dólar, 10 más que el viernes anterior, los bonos de la deuda caen 20 puntos y la Bolsa se derrumba un 38%. Macri endilga el lunes negro a los 11,6 millones de personas que votaron a Fernández. “Es una muestra de lo que vendrá” si gana el kirchnerismo, amenaza. Se niega a hablar con el vencedor.

No hay tregua para el peso el martes 13. La cotización del dólar frente a la moneda nacional sube de 55 a 58 unidades. El riesgo país, el diferencial que paga la deuda argentina con respecto a EE UU, se acerca peligrosamente a los 2.000 puntos. Políticos de todos los colores, empresarios y sindicatos piden a Macri que pacte con Fernández una salida al bloqueo político. Hay signos de desabastecimiento y los mayoristas suspenden ventas porque “no tienen precio para vender”.

Medidas de alivio. En la apertura de los mercados al día siguiente, miércoles, la cotización del dólar trepa hasta los 63 pesos. Los productores de alimentos adelantan subidas de precios de hasta el 15%. Macri lanza de urgencia un paquete de alivio económico para la clase media, que le ha dado la espalda en las urnas. El Gobierno reduce el impuesto a la renta, otorga pagas extras a los funcionarios, aplaza deudas fiscales y congela el precio de la gasolina. Por la tarde, Macri llama a Fernández. El líder opositor se compromete a defender la estabilidad: “El dólar a 60 pesos está bien”.

Supresión del IVA. El peso se estabiliza y se cambia a 59 unidades por dólar. El jueves, Macri reúne a 1.000 altos cargos de su Gobierno y les dice que sigue en la carrera. En otro gesto hacia el electorado, reduce el IVA de alimentos básicos.

El mercado se calma. El viernes, los mercados dan una tregua. El peso se aprecia hasta las 57 unidades por dólar, baja el riesgo país y sube la Bolsa. Fernández limita sus apariciones en la prensa, pero critica que la bajada del IVA golpea a los gobernadores, principales receptores del impuesto. Crecen los rumores de cambios en el Gabinete. El candidato a vicepresidente de Macri, el peronista Miguel Ángel Pichetto, desmiente que su nombre suene como nuevo jefe de ministros.

La primera víctima política. El sábado, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, presenta su renuncia "convencido de que, en virtud de las circunstancias, la gestión (de gobierno) necesita una renovación significativa en el área económica", según explica en una carta enviada a Macri. Lo sustituye Hernán Lacunza, ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires. Sin mercados, habrá que esperar hasta el martes (este domingo es fiesta en el país) para ver el alcance de la primera semana de crisis.

Federico Rivas Molina

 

El funcionario será sustituido por Hernán Lacunza, hasta ahora ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires.

Nicolás Dujovne, ministro argentino de Hacienda, aprovechó el fin de semana para presentar su dimisión. El hundimiento del peso y las bolsas del pasado lunes, y la derrota electoral del presidente Mauricio Macri a causa de una política económica de la que era corresponsable, le habían dejado en una situación muy complicada. “Hemos cometido errores”, escribió en su carta de renuncia, “que nunca dudamos en reconocer e hicimos todo lo posible por corregir”. Dujovne será sustituido por Hernán Lacunza, hasta ahora ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires.

En el texto remitido a Macri para explicar su renuncia, Dujovne subrayó sus logros “en la reducción del déficit y del gasto público, en la reducción de impuestos distorsivos en las provincias, en recuperar el federalismo”. Omitió la lista de los fracasos: la economía lleva un año en recesión, la inflación apenas baja del 50% anual y se disparará de nuevo a causa de la devaluación del lunes, la deuda pública roza el 100% del Producto Interior Bruto y un tercio de los argentinos vive en situación de pobreza.

El hasta ahora ministro de Hacienda ingresó en el gobierno de Macri en enero de 2017 y en poco tiempo asumió la coordinación de todas las carteras económicas. Al presidente no le importó que la mayor parte del patrimonio de su ministro (74 millones de pesos de un total de 92 millones) estuviera en el extranjero, ni que su casa de tres plantas en el exclusivo barrio de Belgrano estuviera declarada fiscalmente como terreno baldío con un valor de 22.000 dólares.

Era un hábil polemista, gracias a su previa experiencia como comentarista televisivo, y supo adaptarse a la estricta disciplina ideológica impuesta por Marcos Peña, mano derecha de Macri y jefe de su gabinete de ministros.

El nuevo ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, de 49 años, asumirá el cargo hasta diciembre, cuando se forme un nuevo gobierno, presidido por Macri o más probablemente por el peronista Alberto Fernández, tras las elecciones generales de octubre o, si hubiera segunda vuelta, noviembre. Lacunza es economista, fue gerente del Banco Central entre 2005 y 2010, bajo las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández Kirchner, y luego se dedicó a actividades de consultoría hasta que Mauricio Macri, como jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, le ofreció en 2013 la gerencia del Banco Ciudad. Tras el acceso de María Eugenia Vidal al gobierno de la provincia de Buenos Aires, en diciembre de 2015, se convirtió en ministro de Economía provincial.

Lacunza se enfrenta a una misión difícil. Deberá afrontar las turbulencias en los mercados financieros, gestionar un peso débil y una inflación en alza y, sobre todo, tendrá que explicar al Fondo Monetario Internacional, que en septiembre pasado prestó a Argentina 57.000 millones de dólares a cambio de un programa de austeridad, por qué el gobierno de Macri ha lanzado un programa de rasgos populistas con subsidios generalizados, supresión del IVA en alimentos básicos y congelación del precio de la gasolina, después de la derrota electoral del pasado domingo.

Enric González

 

El último derrumbe del peso activa las estrategias de una población habituada a situaciones extremas.

 

Un chiste medio macabro sobre la costumbre argentina de elegir líderes populistas dice que si regresás al país después de una semana, todo ha cambiado, pero si regresás después de 30 años, nada ha cambiado. De hecho, la victoria aplastante de la fórmula peronista encabezada por el candidato presidencial Alberto Fernández y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones primarias del domingo casi garantiza que el populismo peronista ganará las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Si la historia nos dice algo es que eso haría más difícil que la Argentina se convierta en un país económicamente viable.

 

Los primeros resultados oficiales indican que la fórmula peronista, encabezada por Alberto Fernández y la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner, se impone.

 

El presidente argentino, que quedó 15 puntos por debajo de su principal adversario, Alberto Fernández, alertó ayer del efecto que esto tendría en el ámbito financiero.

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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