Argentina en el Mundo

Argentina en el Mundo (84)

Domingo, 30 Abril 2017 00:00

El caso del cura pedófilo que desafía al Papa

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Julio Grassi fue el sacerdote más mediático de Argentina. Está condenado a 15 años de cárcel. Bergoglio no lo ha expulsado ni contesta las cartas de las víctimas

La gobernadora, hermana del expresidente Néstor Kirchner, no puede pagar los salarios de los funcionarios públicos

 

Miércoles, 05 Abril 2017 00:00

Cristina K procesada, con cierre de frontera y embargo

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Sus hijos Máximo y Florencia también inculpados por el caso Los Sauces.

 

El llamado «blanqueo» logró una cifra récord de 116.000 millones de dólares (cerca de 109.000 millones de euros), más del 20 por ciento del PIB

 

El gobierno de Mauricio Macri considera que el éxito del blanqueo se dio por la confianza en su gestión pero otros creen que lo ayudó el contexto internacional de mayor transparencia tributaria.

 

Tanto la expresidenta Fernández de Kirchner como su ministro de Economía, Axel Kicillof, y 13 funcionarios más del kirchnerismo, irán a juicio.

 

Los maestros argentinos se lanzaron esta semana a la calle y, con la ayuda del kirchnerismo, de otros movimientos políticos y hasta de Hebe de Bonafini y Estela Carlotto, le demostraron al Gobierno que le pueden leer la cartilla dónde y cuándo quieran.

 

La gobernadora de Buenos Aires abre una guerra a muerte con los sindicatos de maestros que marcará todas las demás

Prácticamente un año entero, entre el 6 de marzo de 1984 y el 3 de marzo de 1985, aguantaron los mineros británicos un pulso en forma de huelga contra Margaret Thatcher. Pero perdieron, y esa derrota convirtió a la primera ministra en la heroína del liberalismo. Desde entonces en cada pulso sindical en todo el planeta se recurre a ese ejemplo. Argentina vive estos días uno muy intenso y la protagonista, del lado del poder político, también es una mujer: María Eugenia Vidal, la gobernadora de Buenos Aires, la provincia más poblada, más rica, más corrupta, más compleja. El corazón del peronismo. Y enfrente tiene a los poderosos sindicatos de maestros públicos, peronistas y cercanos a Cristina Fernández de Kirchner, la expresidenta. A los macristas no les gustan los debates ideológicos y menos que se les asocie con la derecha. Thatcher, además, no tiene buena prensa en Argentina desde la guerra por el control de las Islas Malvinas, en 1982. Pero esta batalla podría convertir a Vidal en la Thatcher del macrismo, la única que consiguió vencer un pulso a los sindicatos peronistas.

Vidal es la política mejor valorada de Argentina, por encima de su propio jefe, Mauricio Macri. Logró arrebatar Buenos Aires al peronismo, una hazaña impensable. Y ahora se enfrenta con toda la dureza posible a una huelga de maestros que parece el momento clave del Gobierno de Macri después de 15 meses en el poder. Cuatro millones de niños que acuden a la escuela pública llevan casi dos semanas sin clase, mientras las privadas arrancan sin problemas. Los padres están cada día más desesperados y la presión crece. A esas escuelas acude no solo la clase media, sino sobre todo los niños más pobres, con lo que no solo están perdiendo clase, también el comedor donde se alimentan a diario. Por eso la presión hacia el Gobierno para que negocie un mejor aumento de sueldo con los maestros es cada día mayor. Pero también los sindicatos reciben críticas y tienen sus debates internos. Ambos parecen dispuestos a aguantar hasta el final y la batalla se recrudece. De momento el Gobierno lo ha intentado sin éxito con medidas legales. Ahora parece dispuesto a sacar la artillería en modo de información interna de las finanzas de los sindicatos.

La sensación de que esta guerra es a todo o nada se ha instalado en la política argentina. El Gobierno ve detrás a Kirchner y sostiene que utilizan esta huelga para intentar derribarlo, como hicieron los sindicatos peronistas con los radicales Raúl Alfonsín en 1989 y Fernando De la Rúa en 2001. “Macri no es De La Rúa, no lo conocen. Es muy duro. Y María Eugenia está decidida a llevar adelante esta cruzada. Esto es una batalla política, Baradel [jefe del sindicato de maestros de Buenos Aires] está muy vinculado a Cristina Kirchner. Vamos a aguantar”, explica un miembro del Gobierno que está al corriente de las negociaciones. La batalla, lejos de suavizarse, se recrudece.

La situación económica, que está tardando en recuperarse mucho más de lo que preveía el Gobierno, hace que los sindicatos vean débil a Macri. Y él necesita una demostración de fuerza. La guerra con los maestros parece el escenario elegido para una batalla tal vez inevitable en un año electoral –hay comicios en octubre para renovar buena parte del Parlamento- y con el peronismo en plena pelea para ver quién se hace con el liderazgo.

En Argentina hay otro componente inesperado: el trotskismo tiene más fuerza que en otros países, y presiona dentro de los sindicatos. El propio Baradel tiene una batalla interna con los trotskistas que le empujan para que sea aún más duro.

La decisión final la tiene Macri. Vidal, con una provincia prácticamente quebrada que está endeudándose para sobrevivir, insiste en que no puede ofrecer más que el 18% de aumento (los maestros piden un 35%, en un país que tuvo el año pasado un 40% de inflación y este se espera que supere el 20%). Si al final del año la inflación es superior a ese 18% -todo parece indicar que será así- promete compensarles. Para pagar más ahora, tendría que ayudarle el Gobierno nacional, en manos de su jefe. Pero Macri también parece dispuesto a dar esta pelea hasta el final para mostrarle a los sindicatos quién controla el país.

Toda la política argentina está concentrada en esta batalla. El lunes Rogelio Frigerio, ministro de Interior y hombre clave del macrismo, recibía a un grupo de corresponsales. Llegó tarde porque estaba con Macri hablando de los maestros. Terminó y se volvió otra vez al despacho presidencial, justo encima del suyo, para seguir con el único tema del momento en Argentina. Los macristas buscan fórmulas políticas para debilitar a su rival y forzarle a ceder. Hasta ahora, Macri había buscado pactos con todos, había evitado huelgas en su primer año de mandato, decidió no hacer reformas duras. Se llamó “gradualismo”. “El gradualismo no es una opción, es una necesidad en un país con estos problemas de inflación, de déficit, de pobreza”, aseguraba Frigerio a los corresponsales.

Las cosas están cambiando. Tanto el presidente como Vidal parecen dispuestos a aguantar un pulso clave. Los maestros también. El resultado marcará un momento en el que por primera vez el Gobierno tiene que salir a decir que aguantarán hasta el final de la legislatura. Porque ya hay quien lo duda. 

Carlos E. Cué

Es 2017 cuando se espera controlar la inflación, dejar atrás la recesión y fortalecer la producción. El enojo social y un mal resultado en las elecciones de octubre podrían minar el futuro del gobernante.

Para Mauricio Macri no hay un futuro político sin un buen resultado en las elecciones legislativas del próximo 22 de octubre. Con una derrota, el tercer y cuarto año de su gobierno será de resistencia, y la eventual reelección en 2019 quedará completamente hipotecada.

Por eso, según publicó ayer el diario argentino La Nación, el gobernante -con la vista puesta en los comicios- ordenó moderar y postergar los ajustes al gasto público, el recorte de los subsidios y el aumento de las tarifas de gas, agua y transporte público. Así, se postergaría el cronograma “gradualista” de su gobierno hasta después de las elecciones con tal de reducir el costo político que esas medidas le pueden generar.

Lo cierto es que el primer año de Macri era el de las medidas dolorosas, complejas y polémicas (el fin del cepo cambiario y la consecuente devaluación, el aumento de las tarifas de los servicios básicos, la reducción de puestos en el aparato estatal, entre otros), pero que permitirían en esos primeros 12 meses volver al enrielar la economía argentina y ponerla en la senda del crecimiento y la estabilidad. Pasó 2016 y buena parte del cronograma establecido en frío y sobre el papel en cuanto al repunte quedó en deuda, por lo que ahora es 2017 donde se espera controlar la inflación, dejar atrás la recesión, ordenar los gastos fiscales y fortalecer la producción.

El Ejecutivo macrista necesita y ansía esos buenos resultados, ya que el malestar social podría ir en un peligroso aumento (cuando no está muy lejos en el recuerdo el estallido de la crisis de 2001, que algunos políticos empiezan a agitar) y se acerca rápidamente la prueba electoral de octubre.

Por eso los miembros del gobierno han salido a reforzar el mensaje optimista de que 2017 es el año de la recuperación y la normalización. “El desafío no es ya crecer este año, que lo haremos.

Es crecer los próximos 20 años. Hay talento e innovación, porque este despelote no ha hecho más creativos todavía”, dijo Macri en su reciente viaje a España. Una señal con la que insistió en un discurso ante el Congreso esta semana: “Argentina se está poniendo de pie”.

El nuevo ministro de Economía Nicolás Dujovne pareció ir más allá y afirmó que “en Argentina la recesión ha terminado. Ya terminó”. Una frase que levantó una polvareda entre los economistas y que muchos calificaron como una declaración de deseo más que un dato tomado de la realidad.

“Cuando se sale de la recesión no es tan fácil que la gente lo sienta. Recién a partir de un crecimiento más alto, del 6% o 7%, se nota”, dijo el ex secretario de Finanzas Guillermo Nielsen. Mientras que el economista Fausto Spotorno, citado por La Nación, aseguró que “la economía comenzó a recuperarse, pero sobre el terreno perdido durante gran parte de 2016”, por lo que afirmar que la recesión se acabó “es un tanto apresurado”.

Como sea el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) está dando señales positivas. En diciembre registró un crecimiento de 1,6%, el primer mes con cifras positivas, en comparación con noviembre. Pero la variación fue de -0,1% en relación al mismo mes de 2015. De igual forma, el gobierno estima que la economía argentina habrá crecido 3,5% cuando acabe el año.

El Ejecutivo argentino sostiene que la inflación ya está controlada y que se frenará en el segundo semestre. Pero parece estar volviendo a subir en los primeros meses de 2017, a consecuencia del alza en las cuentas de la luz y de otras tarifas. En enero fue de 1,3%, pero el gobierno confía en que se cumplirá la meta de 17% del Banco Central, bastante más baja que el 40% registrado en 2016.

Además, la administración Macri quiere bajar el déficit fiscal a 4,2% del PIB, disminuir la deuda y posibilitar un aumento del precio del dólar que ahora oscila en torno a los 16 pesos argentinos y que podría llegar hasta los 24 como estímulo a la producción. Y junto con alcanzar estas metas se propone reducir los despidos: la tasa de desempleo del tercer trimestre de 2016 (la última publicada) fue de 8,5%. Macri admitió que su administración enfrenta una “fuerte tensión” para sostener los niveles de ocupación.

Una serie de variables con las que el gobierno intenta mantener los equilibrios y lograr cifras positivas para cosechar respaldo político y ciudadano, que le permitan ganar tiempo y margen. Aun cuando se conozcan cifras que atenten contra ese objetivo, como las que dio a conocer el jueves la Universidad Católica Argentina (UCA) que sostuvo que la pobreza subió del 29% al 32,9% (13 millones de personas) en el primer año de Macri. 

Pedro Schwarze

Un movimiento piquetero de Buenos Aires crea un grupo de paramédicos y bomberos que llegan hasta el corazón de los barrios más carenciados de Buenos Aires

 

Octavio no puede moverse. Una enfermedad degenerativa lo mantiene postrado en una silla de ruedas en el corazón de la villa 1-11-14, en el Bajo Flores de Buenos Aires, uno de los asentamientos más grandes de la capital argentina. Cerca de allí nació el Papa Francisco, quién alimento buena parte de su conciencia pastoral en esas calles angostas, rodeadas de casas precarias de dos plantas de ladrillo a la vista. Para Octavio, el barrio es su peor enemigo. No porque sea inseguro, sino porque las ambulancias que deben trasladarlo al tratamiento que realiza se niegan a entrar en sus callejuelas. No entran para ayudar a Octavio ni a ningún otro vecino. Dicen que los asaltan, se sienten inseguros. Por eso desde hace dos años funciona la Central de Emergencias Villeras. Con los rostros del Che Guevara y el cura Carlos Mugica, asesinado en 1974 por su militancia a favor de los pobres, estampados en la carrocería, cinco móviles recorren 20 asentamientos de la capital para llegar allí donde el Estado no llega.

 

En un galpón lindante con la villa hay un centro de la Corriente Villera Independiente, un movimiento piquetero de izquierda que realiza acciones de calle para hacer oír sus reclamos. La Corriente creó hace dos años la Central de Emergencias con vecinos y vecinas que se cansaron de esperar y estudiaron para enfermería y conducción de ambulancias. Hoy atienden los llamados que le llegan desde la 1-11-14. La mayor parte de los viajes de las ambulancias son “programados”, como el de Octavio, pero también atienden emergencias. Ha sido una cuestión de supervivencia. Los chóferes y las enfermeras viven en la villa y conocen cada metro del laberinto de calles donde trabajan.

 

“El problema era que para llamar a una ambulancia había que contactar con la policía. Eso demoraba mucho tiempo y los vecinos se morían de cosas evitables, como un simple ataque de epilepsia”, dice Marina Joski, coordinadora de la Central. “Otro problema es que nuestras casas tienen dos o tres pisos unidos por escaleras caracol. Un obeso mórbido, por ejemplo, que tiene que ir al hospital a cambiarse una sonda debía quedarse en su casa porque ninguna ambulancia quiere bajarlo”, explica. Ahí es donde entra la segunda pata de la atención primaria de la Central: los bomberos.

 

Formado por jóvenes del barrio, el cuerpo de bomberos de la Central asiste a las ambulancias en el traslado de casos “complicados”. Y también apaga incendios. “Al principio corríamos por los pasillos con un matafuego en cada mano, mientras repartíamos volantes con nuestro teléfono para que nos conocieran”, explica Humberto Quispe. Hace 7 meses lograron comprar una pequeña autobomba usada, bien equipada e ideal para las calles angostas de los barrios. “Llegamos antes porque conocemos las calles. Damos la primera asistencia y luego dejamos que trabajen los bomberos de la policía”, explica Augusto, de 19 años. A su lado, Harold dice que el principal problema son los cortocircuitos, porque en la villa el cableado informal es un peligro que se acrecienta sobre todo en invierno, cuando las casas encienden los calefactores eléctricos. La Central tiene un gimnasio para mantener en forma al personal y los equipos necesarios para el trabajo, todo financiado a pulmón, sin ayuda estatal ni de empresas. Y los empleados forman parte de una cooperativa donde todos cobran el mismo salario.

  

Joski aclara que el trabajo de la Central va mucho más allá de las ambulancias y bomberos, gracias a una red que incluye también centros de salud primaria y hasta unidades de asistencia toxicológica. El sistema se sostiene gracias a 500 personas, que trabajan cada día con una lógica que busca cambiar la política del reclamo por la de la acción. Como cuando decidieron resolver el problema de la trata de menores. “Nos dimos cuentas que nuestras chicas eran cooptadas a la salida de la escuela secundaria, afuera del barrio”, dice Joski. “Entonces compramos dos buses y las llevamos al colegio. Las esperamos cuando salen de la escuela y las dejamos en el ingreso de la villa”, dice. Los buses están guardados en el galpón de la central, junto a un enorme camión atmosférico, utilizado para vaciar las cámaras sépticas de miles de casas que no tienen cloacas. El rebalse de esos pozos es uno de los principales problemas de salubridad del barrio.

 

El móvil de Joski no deja de sonar para recibir pedidos de ambulancias y al final de mes la Central habrá realizado unos 700 viajes de asistencia en toda la capital, evidencia de la demanda que han satisfecho. Poco a poco los hospitales públicos han tomado en serio su trabajo e incluso les piden traslados en zonas que consideran conflictivas. Hasta allí llegan las ambulancias villeras. 

 

Federico Rivas Molina

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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