Argentina en el Mundo

Argentina en el Mundo (234)

 

La Cámara Federal de Argentina dice que el juez a cargo de la investigación debe determinar con "celeridad y seriedad" quién terminó con la vida del funcionario.

La justicia argentina no tiene dudas: Alberto Nisman no se suicidó. La Cámara Federal de Buenos Aires, un tribunal de segunda instancia, dio por probado que durante la noche del 18 de enero de 2015, el fiscal que investigaba el atentado terrorista contra la mutual judía AMIA fue asesinado de un disparo en la cabeza en su piso de Puerto Madero.

El motivo del crimen, según los jueces, fue "consecuencia directa de la denuncia" por presunto encubrimiento del atentado que formulara contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. El fallo ni siquiera nombra a Kirchner, pero ordena al juez del caso Nisman a que se concentre en la hipótesis del homicidio "con la celeridad y seriedad que tan grave hecho impone". La Cámara Federal dio así pleno respaldo a la posición que desde el primer día adoptó la familia del exfiscal.

La noche de su asesinato, Nisman tenía listo sobre su escritorio un informe en el que acusaba a Kirchner y altos funcionaros de su Gobierno de encubrir a los iraníes acusados del atentado con coche bomba que en 1994 destruyó el edificio de la AMIA y dejó 85 muertos. Esos papeles debían llegar al Congreso, pero Nisman murió en la víspera de su presentación. "No puede dejar de soslayarse que el homicidio del Dr. Nisman se produjo cuatro días después de haber efectivizado la denuncia señalada y horas antes de ir a exponerla ante el Congreso de la Nación", escribieron los jueces de la Cámara.

Kirchner negó siempre cualquier relación con la muerte de Nisman, al punto que se consideró víctima de una conspiración orquestada desde los servicios de inteligencia para desestabilizar su Gobierno. En medio de la gran conmoción política que siguió a la muerte del exfiscal, el juez Daniel Rafecas desestimó la denuncia contra Kirchner y la archivó.

Pero con la llegada de Mauricio Macri al poder en diciembre de 2015 otro juez tomó la decisión contraria. La expresidenta defendió en un primer momento la hipótesis del asesinato, pero pronto viró su opinión hacia un presunto suicidio. Para la Cámara Federal, este nuevo "posicionamiento inclinó la pesquisa casi con exclusividad en un solo sentido, demorándose la adopción de las medidas que resultaban necesarias para, eventualmente, descartar la intervención de otra persona en el hecho fatal".

Todo cambió en septiembre del año pasado, cuando 24 expertos coordinados por la Gendarmería, un organismo que depende del Gobierno, presentaron un informe que aseguraba que Nisman no se suicidó. El resultado contradijo a los peritos que habían estudiado el caso dos años atrás y supuso un giro en la investigación. El informe fue suficiente para que el juez Julián Ercolini se concentre en la posibilidad de un asesinato. Según los expertos, la posición del cuerpo de Nisman y una droga encontrada en la autopsia son prueba de que al menos dos personas participaron del crimen en aquella noche de enero de 2015.

El fallo de la Cámara ratifica la validez del informe de Gendarmería, pero apenas avanza sobre los posibles culpables. El caso Nisman tiene hasta ahora un solo sospechoso, Diego Lagomarsino, un perito informático que trabajaba para Nisman y aportó el arma homicida.

Hace tres años, Lagomarsino contó que la tarde del 18 de enero de 2015, Nisman lo llamó para pedirle un arma. El exfiscal le dijo que la necesitaba para defender a sus hijas. El perito fue entonces fue a su casa, tomó una Bersa calibre 22 y se la llevó al fiscal. Por la noche se enteró que Nisman había muerto de un disparo en la cabeza. El juez procesó a Lagomarsino como partícipe necesario el crimen, una decisión que la Cámara ratificó.

Según el juez Ercolini, Lagomarsino fue mucho más que un "facilitador" del arma homicida, porque cuando la entregó a su jefe tuvo "pleno conocimiento de lo que ocurriría" horas después. La investigación, sin embargo, no pudo probar la presencia del perito en la escena del crimen y admitió que los responsables materiales del asesinato son aún "autores desconocidos”.

Federico Rivas Molina

 

Viernes, 01 Junio 2018 00:00

La pasión de los argentinos

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Y, a partir de la misma, la mayor parte de los seguidores de este popular deporte siente alegría o tristeza, según gane o pierda su equipo favorito. Dicha pasión, en algunos, es innata; en otros, transmitida.

De la segunda, nace la expresión mi padre me hizo hincha del rojo por ejemplo- y me dio la felicidad para siempre. Por lo que aquél que no es demasiado apasionado o no le interesa el fútbol, considero que está liberado de esa pasión incomprensible, como algunos la llaman.

Y, he aquí, dos ejemplos que tengo en mi familia. Mi hijo (24) es tan apasionado por el fútbol, que cuando su equipo favorito pierde, llora. Cuando tenía cuatro años, lo llevé a la cancha a ver un partido de fútbol local y al regresar comentó en casa que el mejor jugador de la cancha, para él, había sido el ensho, refiriéndose a Enzo Francescoli.

O sea, es esclavo pasional desde la cuna. En cambio, un primo suyo dos años menor que él, cuando jugó San Martín contra Boca Juniors, la última vez que San Martín estuvo en la primera división, se despachó con una pregunta genial: si Riquelme era jugador de Boca o de San Martín. Evidentemente, se trata de un joven libre de la atrapante pasión futbolística. En síntesis, son dos realidades muy opuestas.

¿Pero, a qué viene todo esto? Viene a compartir la idea de que las pasiones excesivas no son buenas, porque se convierten en fanatismo. Y el fanatismo es una de las mayores irracionalidades de la gente, porque produce más daño que beneficio; por lo que, en vistas al futuro de nuestros hijos, hay que ayudarlos desde niños a encauzar sus pasiones.

Creo que poner un poco de pasión en todas nuestras acciones diarias, es bueno, siempre que se haga con moderación. Como ser en el trabajo, en el estudio, en la colaboración, en la lectura, en el diálogo, en la información, en la recreación y, obviamente, también en el fútbol. Ya que todo esto, en conjunto, sí asegura importantes beneficios personales, familiares y sociales.              

Daniel E. Chávez

 

www.eldiarioexterior.com 

 

La oposición lleva al Presidente argentino a vetar una ley que anula las subidas de las tarifas de los servicios públicos.

El peronismo ha vuelto. Es cierto que nunca se había ido del todo, pero la división entre kirchneristas y no kirchneristas le había quitado poder de fuego. Hoy puso fin a la tregua parlamentaria con Mauricio Macri y votó de madrugada en el Senado, por 37 votos contra 30, una ley que retrotrae a noviembre pasado el valor de las tarifas de los servicios públicos.

La ley duró apenas unas horas. Macri la vetó tras considerarla "demagógica" y un atentado contra las finanzas públicas. "La ley ya está vetada. Es irresponsable, porque no fundamenta de dónde se paga aquello que se votó", dijo el jefe de Ministros, Marcos Peña, desde la Casa Rosada. El costo político del veto fue un triunfo sin matices para un peronismo que, poco a poco, se une tras un mismo objetivo: el poder.

La oposición presentó la ley como un alivio para las familias, que enfrentan tarifas que se han multiplicado hasta por cinco desde 2016. Pero el Gobierno advirtió que el agujero fiscal de anular las subidas sería de 4.600 millones de dólares. Por eso intentó por todos los medios posibles bloquear la norma. Hasta Macri se puso al frente de reuniones de última hora con algunos legisladores. Pero el peronismo olió sangre cuando falta poco más de un año para las elecciones presidenciales. La crisis cambiaria del último mes y el pedido de rescate al FMI dio alas a un peronismo que se había resignado a una nueva derrota electoral.

Macri se encuentra en un callejón con pocas salidas. Para financiar el déficit fiscal que heredó del kirchnerismo, cercano a 5 puntos del PIB, pidió prestamos en el exterior por más de 50.000 millones de dólares. El dinero le permitió aplicar lo que llamó “gradualismo”, una política de ajuste de largo aliento que, según explicó, se pensó para acomodar las cuentas con el mínimo costo social posible. Como parte de esa política de recortes, el Gobierno decidió eliminar los subsidios estatales que durante la gestión anterior mantuvieron por los suelos el costo de la electricidad, el gas, el agua y el transporte público, sobre todo en Buenos Aires, donde se concentra el 40% de la población.

EL TRANSPORTE, MÁS CARO DESDE EL VIERNES

Confirmado el veto presidencial a la ley, el Gobierno mantiene las subidas programadas para 2018. El ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, hizo público el miércoles el tercer aumento del año en el transporte público.

Desde el viernes, el billete mínimo de autobús pasará a costar 10 pesos (40 céntimos de dólar), un 66% más de lo que costaba al empezar el año. El billete de tren mínimo será de 3,25 pesos (0,12 céntimos de dólar) y el máximo de 10, un 62% de aumento desde enero de 2018. El aumento del metro se mantiene suspendido por orden judicial.

El costo fiscal de los subsidios en 2016 representó 3,6% del PIB y este año, según previsiones de JP Morgan, habrá bajado a menos de 2%. El peso del ajuste cayó sobre el argentino de a pie: entre 2016 y 2017 la electricidad aumentó 562%, el agua 338% y el gas 223%, contra una subida promedio de salarios del 72% y una inflación que este año puede llegar al 25%. El peronismo apuntó a ese nicho de descontento y asestó la mayor derrota política sufrida por Macri desde que llegó al poder.

En la víspera de la votación en el Senado, Macri intentó una jugada de última hora que no tuvo los resultados esperados. En un mensaje grabado de nueve minutos, pidió a los senadores del “peronismo racional”, como llama a aquellos que hasta ahora consensuaron con la Casa Rosada leyes diversas, que no se sumaran “a las locuras de Cristina Kirchner”. Dio a entender que la ley que anula las subidas de tarifas fue obra del kirchnerismo, sin atender que salió del grupo que responde al peronista disidente Sergio Massa. La estrategia de resucitar el miedo político a Kirchner no hizo más que abroquelar al peronismo, incluso al más dialoguista, como el que representa el jefe del bloque de Senadores no kirchneristas, Miguel Ángel Pichetto.

“Podríamos haber buscado caminos alternativos pero el Gobierno nunca tuvo voluntad. Solo se movió después del dictamen” en Diputados, se quejó Pichetto, cuando ya estaba claro que los votos para aprobar la ley estaban asegurados. "El veto es el fracaso de la política", advirtió en su discurso, el penúltimo de la sesión. El senador peronista recordó que "el Gobierno ya vetó la ley antidespidos", que duplicaba las indemnizaciones, y pidió un cambio de rumbo: "Deben repensar, ver cómo gradúan las tarifas, cómo la hacen más razonable, la gente no va a poder pagarla y van a perder toda conexión con su electorado con la gente que los votó".

El Gobierno no tiene dudas. La norma fue sólo un desafío del peronismo para posicionarse ante las presidenciales de 2019. Como el veto presidencial estaba asegurado, el costo económico era nulo para las provincias que representan los senadores. El ministro de Interior, Rogelio Frigerio, quiso dejarlo claro antes de la votación en el Congreso. “Ellos nos querían dar un mensaje político y se olvidaron de la gente”, dijo. Para el jefe de los senadores oficialistas, Federico Pinedo, el peronismo buscó “más el veto que la baja de tarifas”.

Durante el debate, la sombra del kirchnerismo sobrevoló los discursos de los senadores que responden a Macri y son minoría en la Cámara. El ex ministro de Educación, Esteban Bullrich, insistió desde su banca que la subida de las tarifas es una secuela de los subsidios a la energía heredados. “Estamos acá por una mirada equivocada, por decisiones que llevaron a una situación energética realmente crítica. Esto es consecuencia de la mala política. Pasamos de ser exportadores a ser importadores de energía", aseguró.

"Me parece que ya es hora de que no se le mienta más a la gente", respondió Cristina Fernández de Kirchner cuando llegó su turno, casi al cierre de la sesión, pasada la medianoche. La expresidenta criticó que el Gobierno culpe a la "pesada herencia" de todos los problemas económicos del país: "A esta altura somos el país que más deuda ha contraído en los últimos dos años y medio. ¿Alguien cree que si el país hubiera estado fundido y en crisis los mercados nos hubieran prestado?", se cuestionó.

Lo cierto es que el peronismo llevó a Macri a poner su firma en el veto de una ley aprobada por una mayoría opositora en Diputados y con amplio respaldo en el Senado. No le será fácil al Presidente absorber el costo político, sobre todo porque en septiembre deberá discutir, en ese mismo Congreso, la ley de presupuesto del año que viene.

En situaciones normales el presupuesto no suele ser un problema, pero esta vez incluirá los recortes necesarios para cumplir con la promesa de ajuste que Macri hizo al FMI. Puede que el peronismo no garantice entonces todo el apoyo que necesitará el Presidente.

Federico Rivas Molina

 

Enrique Avogadro se disculpa tras el enojo de fieles católicos por haber degustado un pastel con forma de Jesucristo en una feria de arte.

La última exhibición del dúo de provocadores artistas argentinos Pool y Marianela en Buenos Aires se ha convertido en una pesadilla para el ministro de Cultura de la ciudad, Enrique Avogadro. Durante la Feria de Arte Contemporáneo de Argentina (FACA), celebrada la semana pasada, la pareja montó un stand con crucifijos colgados en las paredes y colocó en el centro un pastel gigante con forma de Jesucristo. Cuchillo en mano, invitaron a los presentes a comulgar.

El ministro aceptó un trozo de brazo y se lo comió sin imaginar que las imágenes de la performance se viralizarían en las redes sociales y provocarían la furia de numerosos fieles católicos. En menos de 24 horas han reunido 7.000 firmas para exigir su dimisión y Avogadro ha tenido que salir a disculparse.

 

"Nuestra #Jesúscake, segundos antes de comulgar", se lee junto a una de las imágenes subidas por Pool y Marianela a su Instagram, donde aparece un sonriente Avogadro junto al pastel. Al igual que hicieron en Los Ángeles el pasado febrero, los artistas emularon el cuerpo de Jesucristo crucificado a tamaño natural y cubrieron la red velvet cake con pasta de almendras para simular la piel.

En otra de las imágenes del día de la inauguración de FACA se ve el cuerpo desmembrado y a una de las invitadas a punto de agarrar un pedazo de pierna. "Irrespetuosos", "basuras", "dan asco", "qué falta de respeto", son algunos de los comentarios con los que han atacado a Pool, a Marianela y al ministro las personas que se han sentido ofendidas por el espectáculo. Otros internautas, en cambio, defienden el trabajo artístico y la libertad de expresión.

Ante la catarata de críticas, Avogadro pidió perdón anoche a través de un post en Facebook. "Como persona tengo una opinión muy clara a favor de la libertad de expresión, particularmente cuando está vinculada con temas que nos interpelan, nos hacen reflexionar o son opuestos a las propias convicciones. Creo además que el lugar del arte es muchas veces precisamente el de incomodarnos y sacudirnos. Entiendo, por otro lado, que los funcionarios tenemos un rol que trasciende lo personal y, por lo tanto, somos responsables de nuestras intervenciones. Es por eso mismo que quiero disculparme", escribió el ministro.

Una "operación política"

Emiliano Pool Paolini considera que el ataque a Avogadro forma parte de "una operación política" de la que quieren mantenerse ajenos. "Es canalla que le peguen. Era su trabajo, iba de stand en stand viendo las obras. ¿Qué tendría que haber hecho? Saltear nuestro stand hubiera sido peor, hubiera sido discriminación", dice por teléfono el artista desde Rosario.

Paolini se declara creyente y subraya que la obra debe ser entendida en su contexto. "Kidstianismo es un elsewhere, imaginar qué pasaría si los líderes mundiales tendrían entre 9 y 11 años. Entre otras cosas imaginamos cómo sería una eucaristía con la visión de unos niños", aclara.

El origen de la polémica torta tiene que ver con una visión compartida por él y por una sobrina de Marianela Perelli en vísperas de la primera comunión: el miedo a comerse el cuerpo de Cristo. "No hemos ofendido a ninguna religión", asegura Paolini, aunque se muestra convencido de que pasadas las primeras "reacciones exageradas" llegará el momento del olvido o la reflexión.

Rita Marianela Perelli (1979, San Nicolas de los Arroyos) y Emiliano Pool Paolini (1983, Arroyo Seco, Argentina) comenzaron a darse a conocer en circuitos artísticos under en Buenos Aires hace más de una década. En 2014 saltaron a la fama por el escándalo que anticipó a su muestra Barbie, the Plastic Religion, una colección de 33 muñecas Barbie y Ken modificadas para representar a un panteón politeista con santos cristianos, dioses hindúes e íconos religiosos populares de Argentina como el Gauchito Gil, Gilda y la Difunta Correa.

Los artistas se vieron obligados a suspender la exposición en 2014 debido a las críticas, una decisión que trajo a la memoria los ataques contra León Ferrari una década antes. Finalmente, Pool y Marianela expusieron un año más tarde en la galería porteña POPA y viajarán en noviembre con las muñecas a Madrid.

 

 

 

 

 

La expresidenta argentina defiende su legado el mismo día del aniversario de investidura en el 2003 de Néstor Kirchner.

 

La oposición y la iglesia aprovecharon la jornada para manifestarse por el aborto y el FMI

 

El caso obliga a la provincia de Salta a eliminar un decreto prohibía las intervenciones pasadas las 12 semanas de gestación.

 

Miedo y no pánico, ese fue el sentimiento que se instaló en Argentina durante un par de semanas. Miedo en el Gobierno (no reconocido) de que todo se fuera al traste, miedo en la gente de repetir la historia de los corralitos y miedo en el mundo de que Argentina, la mejor promesa de Sudamérica, se fuera por el desagüe de la desconfianza.

 

En búsqueda de una nueva etapa tras la crisis, el presidente argentino reconoció que nunca hicieron un "diagnóstico duro" sobre la herencia recibida

 

Superado con nota el «supermartes», como se bautizó el día de vencimiento del equivalente a unos 21.000 millones de euros en Lebac (Letras del Banco Central), la calle se animó a recuperar, sin grandes multitudes, el pulso desafiante al Gobierno

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