Domingo, 10 Diciembre 2017 00:00

Alerta por las bacterias que más resisten a antibióticos

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Hay cuatro gérmenes superresistentes que afectan a Sudamérica. La Klebsiella pneumoniae, que produce graves neumopatías, pulula en Argentina

 

Investigadores de la Universidad del Bosque de Colombia lograron identificar, tras más de 15 años de trabajo, las cuatro bacterias “superresistentes” a los antibióticos que más afectan a los latinoamericanos, en especial en hospitales.

Según el trabajo de los expertos, gérmenes como la Escherichia coli, la Klebsiella pneumoniae, la Pseudomona aeruginosa y el Staphylococcus aureus han adquirido capacidades para vencer a los antibióticos y su número aumenta en los nosocomios de América Latina.

“Estas son las cuatro ‘superbacterias’ con una gran capacidad de volverse resistentes y además causar múltiples infecciones en los pacientes hospitalizados”, explicó la investigadora senior de la casa de estudios y máster en microbiología Virginia Villegas.

En el caso de la peligrosa Escherichia coli, la experta señaló que es una bacteria causante de infecciones urinarias e intraabdominales, mientras que la Klebsiella pneumoniae, se ha vuelto “superresistente ya que posee un material genético muy complicado”, denominado carbapenemasas (kpc), produce neumonías y septicemias.

Enemigos poderosos

En tanto, el Staphylococcus aureus produce lesiones en la piel, además de colonizar y generar daños en catéteres y prótesis. Y la Pseudomona aeruginosa causa neumonías violentas e infecciones severas que los pacientes contraen en el área de cuidados intensivos, ya que vive en zonas y aparatos húmedos.

Villegas añadió que los primeros tres microorganismos pueden vivir en el tracto gastrointestinal de los pacientes y desde allí infectarlos cuando estén hospitalizados, merced a una baja de defensas o a la “situación de estrés que enfrentan”, pasando a la sangre, los pulmones o a la orina.

En tanto, la Pseudomona aeruginosa está en la piel de las personas y de allí ingresa al cuerpo a través de catéteres.

Sobre este tema, cifras facilitadas por la experta afirman que un 30% de las infecciones en hospitales son producidas por bacterias que el mismo paciente porta en su interior, mientras que otro 30% provienen de malos hábitos de higiene en los centros hospitalarios, que carecen de políticas fuertes de lavado de manos o aseo general.

“Toda esta resistencia se ha diseminado en el mundo. Hay una tendencia universal, pero preocupa en América Latina”, alertó la investigadora del Grupo de Resistencia Bacteriana y de la Unidad de Genómica de la Universidad del Bosque, que trabaja en contacto con otros centros en la región y en países como España o Francia.


La amenaza en Argentina

Por zonas geográficas, la investigación ha arrojado que en Colombia la más peligrosa es la K. pneumoniae, por ser resistente a casi todos los antibióticos disponibles en ese país, a la vez que hace presencia en Ecuador, Brasil y Argentina.

En Perú y Chile, predomina la E.coli, que cuenta con una potente enzima para contrarrestar antibióticos conocida como BLEE.

Son precisamente esas enzimas, llamadas por lo general betalactamasas y producidas por las bacterias como mecanismo de defensa ante medios hostiles, las que les permiten a los microorganismos vencer la batalla contra los antibióticos. Según Villegas, esto forma parte de “la evolución natural de las bacterias”, ya que como “se replican espontáneamente, en ese ADN que ellas tienen ocurren mutaciones”.

A eso hay que sumarle que los gérmenes están expuestos al medioambiente, en donde, “por ejemplo, hay sustancias tóxicas” a las que tienen que resistirse. “Un ejemplo es la presencia de hongos que producen penicilina, conocida porque puede dañar a la bacteria. Ellas evolutivamente producen en su ADN enzimas que son capaces de protegerla”, añadió.

La indagación científica también reconoce que el “lento y trabajoso” proceso de identificación de un antibiótico, así como su alto costo de desarrollo, está favoreciendo a los microorganismos.

Como recomendación a los gobiernos, el equipo de expertos ha pedido que se creen mecanismos de contención nacional para este tipo de bacterias y fomentar políticas de higiene hospitalaria y de aislamiento de pacientes afectados.

“Aquí estamos trabajando, y en general en toda América Latina como islas. Los hospitales tienen que hacer lo mejor que pueden, pero hay centros que no reciben este tipo de pacientes porque no los quieren tener, y esa no es la idea”, concluyó.

Alerta continental

Este grupo de investigación al que pertenece Villegas ofrece servicios de asesoría a una decena de hospitales en toda América Latina y emite alertas cuando se identifica la presencia de microorganismos altamente peligrosos.

También ha sido reconocido por ser el primero en identificar una bacteria capaz de dañar todos los antibióticos cefalosporinas.

Los datos revelados por el grupo de investigación coincidieron con la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antibióticos de 2017, que se celebró del 13 al 19 de noviembre y que tuvo por lema “pida asesoramiento a un profesional sanitario cualificado antes de tomar antibióticos”.

Toneladas de antibióticos vuelven al ambiente a través de los excrementos. Y las bacterias desarrollan resistencia allí.

“Una simple infección podría ser imposible de curar”

“Podríamos entrar en lo que la gente llama era posantibióticos, o regresaremos a los años de antes de 1940, cuando una simple infección será muy difícil, o imposible” de curar, explicó Will Gaze, de la universidad de Exeter, en Inglaterra.

Las bacterias son capaces de transferir entre ellas genes que garantizan una resistencia a los medicamentos, de pasarlos a las futuras generaciones, de recuperarlos directamente del medio ambiente o de modificar su propio ADN.

Actualmente, entre el 70% y el 80% de todos los antibióticos consumidos por los humanos o los animales agrícolas vuelve al medio ambiente a través de los excrementos.

“La mayoría de estos cientos de miles de toneladas de antibióticos que se producen cada año termina así en el medio ambiente”, en parte debido al derroche de agua y de la agricultura, según Gaze.

Los humanos y los animales excretan igualmente gérmenes, resistentes o no, en el medio ambiente, donde se mezclan con los antibióticos y las bacterias creadas naturalmente.

Si a esta mezcla se le añaden productos antibacterianos, como los desinfectantes y los metales pesados que son tóxicos para los gérmenes, aparecen las condiciones ideales para desarrollar bacterias resistentes a los medicamentos, en lugares donde los humanos estarán en contacto con ellas.

“Si observamos el sistema fluvial, se ve un fuerte aumento de la resistencia en los centros de tratamiento de las aguas residuales, asociada a un cierto tipo de utilización de la tierra, como los pastos por ejemplo”, indicó Gaze.

“Analizando las aguas costeras, donde se puede estar altamente expuesto al medio ambiente, sabemos que podemos contabilizar aquí un número muy elevado de bacterias resistentes”, añadió. Y concluyó con una advertencia preocupante: “Nos estamos quedando sin antibióticos eficaces para algunas enfermedades”.

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