Domingo, 17 Junio 2018 00:00

La tasa de suicidio aumenta un 25% en EE.UU. en las últimas dos décadas

Escrito por  Beatriz Navarro
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Si las tasas de homicidio suben, se buscan responsables en el Ministerio y la policía, donde corresponda. Si aumentan los accidentes de tráfico, lo mismo.

Pero con un problema como los suicidios ¿a quién pedir cuentas? “Nadie es responsable”, reflexionaba hace unos días el doctor Thomas Insel en The New York Times. “Nadie tiene como trabajo evitar esas muertes” y “no van a despedir a nadie” si las estadísticas se disparan, como ha ocurrido en las dos últimas décadas en Estados Unidos, hasta convertirse en la décima causa de muerte en el país.

Casi 45.000 personas mayores de 10 años se quitaron la vida en Estados Unidos en el 2016. El doble drama del dato es la tendencia de fondo: la tasa de suicidio ha aumentado un 25% entre los años 1999 y 2015, de acuerdo con un informe publicado la semana pasada por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés).

En más de la mitad de los Estados, la tasa de suicidio ha crecido más del 30%

Es, además, una de las tres únicas causas de muerte de los estadounidenses que crece (las otras son el alzheimer y las sobredosis de opioides). La problemática detrás de las cifras es amplia y diversa pero el fenómeno va en alza en todos los estados (ver gráfico en la página siguiente) salvo en Nevada, donde cae un 1% aunque mantiene una tasa superior a la media nacional. En más de la mitad, el aumento de los suicidios fue de más del 30%.

Las diferencias en las cifras absolutas son enormes. La incidencia más baja se da en Washington DC, con siete casos por cada 100.000 habitantes, y la más alta en Montana, con 29. El problema “va a peor”, alerta el CDC, que detecta alzas en todos los grupos de edad, sexos y etnias.

“Vemos aumentos en estados muy rurales, donde hay menos servicios, están más aislados y pueden estar sufriendo aún la crisis económica, pero lo realmente preocupante –advierte desde Atlanta la doctora Deborah Stone, coautora del informe– es que las cifras están aumentando en casi todos los estados y de forma bastante significativa. No es sólo un tema rural. Es algo global, de lo que hay que ser conscientes y debemos afrontarlo con las estrategias de prevención adecuadas”.

Los suicidios son uno de los componentes de la llamada ‘epidemia de la desesperación’

Los suicidios son uno de los componentes de lo que se ha dado en llamar la epidemia de la desesperación que recorre Estados Unidos y que puede explicar que la esperanza de vida haya retrocedido por segundo año consecutivo, algo que no ocurría desde los años sesenta. Las muertes por abusos de sustancias como el alcohol y drogas como los opioides (legales o no) son los otros componentes de este fenómeno, que afecta sobre todo a los hombres y mujeres blancos sin estudios superiores de entre 45 y 54 años.

La tasa de suicidios en este segmento social aumentó un 30% entre 1999 y el 2013, coincidiendo en parte con los años de la crisis económica. El dato, revelado hace un par de años por los economistas Anne y Agus Deaton, causó estupor. No es la gente que en principio debería estar muriendo más, decían, pero es la que más afectada se vio por la gran recesión del 2008. Realizaban trabajos que en muchos casos se han evaporado, no se han recuperado plenamente de la crisis y sucumben a la desesperación más que en otras partes del país debido posiblemente, según los autores, a la ausencia de una red de seguridad fuerte y el fácil acceso a medicamentos adictivos contra el dolor crónico.

La publicación de las últimas estadísticas del CDC ha estremecido al país coincidiendo con el suicidio de dos celebridades, dos profesionales de éxito admirados y queridos por el gran público: la diseñadora de moda Kate Spade y, días después, el documentalista de viajes Anthony Bourdain. Ambas noticias ocuparon amplios espacios en los medios estadounidenses que, siguiendo las recomendaciones de la Asociación americana para la prevención del suicidio, acompañaban las informaciones con el número de las líneas de emergencia (en España, el teléfono de la esperanza, 717003717).

En la era de la exhibición constante de felicidad en las redes sociales, las muertes de Spade y Bourdain hacen más incomprensible un fenómeno que arrastra un estigma social y explica que muchas personas no busquen ayuda o muchos suicidios no se reporten como tales.

En el caso de los adolescentes, sin embargo, el riesgo es el contrario: el tabú puede devenir fascinación. Otro estudio del CDC alertó recientemente de que la tasa de suicidio entre jóvenes de 10 y 17 años ha aumentado un 70% en la última década. Es la segunda causa de muerte entre los menores de 24 años. La ansiedad provocada por la crisis económica en los hogares, el abuso de las drogas y el acoso en las redes sociales pueden estar contribuyendo a esta tendencia, apunta Stone.

Estudios previos del Centro de Control y Prevención de Enfermedades indican que los granjeros y los veteranos son las ocupaciones más desproporcionadamente afectadas por el fenómeno.

La tasa de suicidio entre agricultores y ganaderos estadounidenses fue de 84,5 casos por cada 100.000 habitantes en los 17 estados examinados en el 2012, cinco veces más que la tasa de la población general mayor de 16 años ese año (16,1). El aislamiento social, la incertidumbre financiera y los problemas para buscar ayuda figuran entre las posibles causas de esta estadística. No es una tendencia nueva pero se ha agravado en los últimos años, coincidiendo con el declive en los ingresos. El borrador de la Ley Agrícola incluye una partida para prevención del suicidio en este colectivo.

La segunda categoría más tocada son los veteranos de guerra. En el 2014, su tasa de suicidio fue de 35,3 casos por casa 100.000 habitantes. Aunque representan el 8,5% de la población adulta en Estados Unidos, un 18% de los suicidios son cometidos por militares retirados, según un informe del Departamento de Asuntos de Veteranos del 2016. De nuevo, el fenómeno parece estar relacionado con la epidemia de opiáceos que padece el país, una adicción que a menudo comienza en la consulta del médico de manera legal, receta en mano, y que ha sido declarada emergencia nacional.

El aumento de los suicidios en Estados Unidos confluye con otro delicado debate nacional, el fácil acceso a las armas de fuego en el país. Aunque concentradas en menos manos, nunca ha habido tantas en circulación como ahora. Son el método de suicidio más utilizado (y el más letal) entre quienes no tenían diagnosticada alguna enfermedad mental previa. El segundo es el ahogamiento y el tercero, el envenenamiento (si se usó opioides, sólo se contabilizan como suicidios las muertes en las que había pruebas o señales de la intencionalidad).

“El suicidio es más que un problema de salud mental”, advierten desde el CDC. Las estrategias de prevención que recomiendan son tan variadas como las motivaciones de quienes se suicidan e incluyen mejorar las ayudas sociales, el acceso a la vivienda, la atención las personas con tendencias suicidas y el apoyo a todos los niveles de la comunidad.

“Es importante tener un enfoque global que responda a todos los factores que vemos relacionados con el aumento del suicidio porque es un problema que se puede prevenir”, asegura Stone.

Beatriz Navarro

 

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