Martes, 22 Enero 2019 00:00

La sangre debe fluir: historia de la anticoagulación (Por Omar López Mato)

Escrito por  Omar López Mato
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En el invierno de 1921, muchas reses que pastaban en Alberta (Canadá) y Dakota del Norte (EE.UU.) sucumbieron a una nueva enfermedad.

El sangrado de los animales era excesivo si se producía una pequeña lesión u operación quirúrgica, como el descornado o la castración, llegando incluso a consecuencias fatales. Frank W. Schofield, un veterinario canadiense, determinó que la llamada "enfermedad del trébol dulce" se debía a una sustancia presente en esta planta capaz de inhibir la coagulación sanguínea en los animales que la ingerían.

En la década de 1930, Karl Paul Link, bioquímico de la Universidad de Wisconsin-Madison, emprendió la tarea de identificar la sustancia anticoagulante.

Una década más tarde, aisló su forma pura a partir del trébol y la llamó dicumarol. La warfarina, que debe su nombre a la WARF (Wisconsin Alumni Research Foundation), es un derivado sintético del dicumarol, pero de acción más potente y prolongada.

WARF financió la investigación de Link y se quedó con los derechos de las ventas del compuesto, comercializándolo como Coumadin. En 1948, la warfarina empezó a venderse como raticida y, durante muchos años, tuvo gran éxito en todo el mundo. Dada su efectividad matando animales, hubo cierta resistencia para usarla como medicamento. No obstante, este obstáculo fue superado en 1951 cuando un militar estadounidense ingirió una elevada dosis del raticida para acabar con su vida, sin lograrlo. En 1954, se aprobó su uso con fines médicos.

Cuando se toma por vía oral, la warfarina evita la formación de coágulos y la síntesis de los factores de coagulación bloqueando la vitamina K. También impide el desprendimiento de esos coágulos que, de lo contrario, podrían obstruir el flujo sanguíneo de órganos vitales.

Es un fármaco de uso común en los pacientes con válvulas cardíacas artificiales y fibrilación auricular (ritmo cardíaco irregular). En 1955, el presidente Dwight D. Eisenhower fue tratado con este medicamento tras sufrir un ataque al corazón. También en esa oportunidad se hizo pública la sospecha de los médicos, que altos niveles de colesterol se asociaban con enfermedades coronarias.

Aunque el episodio ocurrió mientras jugaba al golf, se dice que quién precipitó el ataque fue un funcionario que interrumpió al presidente ensayando su swing, para contarle sobre la crisis de Medio Oriente.

El Mecanismo

La formación de coágulos dentro de los vasos sanguíneos es peligrosa y potencialmente letal. Los riesgos pueden reducirse con la administración de ciertos fármacos: la aspirina y el clopidogrel que impiden el agrupamiento plaquetario causante de los coágulos; otros compuestos, como la warfarina, interfieren con los factores de coagulación sanguínea. Esta última bloquea la vitamina K, mientras que los nuevos fármacos, como el dabigatrán, actúan inhibiendo directamente los factores de coagulación.

Si bien es muy eficaz como anticoagulante oral (es el más popular en EE.UU. y Canadá), la warfarina cuenta con una serie de limitaciones. La principal es que interactúa con muchos alimentos y medicamentos de uso común, lo que conlleva un efecto anticoagulante excesivo y riesgo de sangrado, o, por el contrario, una inadecuada coagulación que puede derivar en la formación de trombos.

La dosis de warfarina, por lo tanto, debe ser cuidadosamente regulada durante días o semanas para ajustarse a las necesidades exclusivas del paciente, lo cual obliga a realizar análisis frecuentes y una vigilancia sanitaria constante.

En 2010, dos años después de su comercialización en Europa y Canadá, la Food and Drug Administration aprobó el dabigatrán. En los pacientes con fibrilación auricular, el fármaco reduce el riesgo de trombosis venosa profunda e ictus un 35 % más que con la warfarina. Con el dabigatrán, no es necesario realizar análisis para ajustar la dosis y la dieta, y su interacción con otros fármacos o alimentos es mínima. Sin embargo, estas ventajas tienen un precio: en numerosos casos, se han producido graves hemorragias internas e infartos.

En 2011, se reportaron más de 540 muertes asociadas al consumo de dabigatrán; hasta entonces, la warfarina había sustentado el récord de defunciones (72). Este riesgo es mayor en los mayores de 75 años y los enfermos renales. Contrariamente a la warfarina, que tiene un antídoto específico (la vitamina K), no hay antídoto disponible para contrarrestar el sangrado potencialmente letal causado por el dabigatrán.

En caso de cirugía, la warfarina debe suspenderse 72 horas antes y 24 en el caso de dabigatrán. Si hace falta, se puede usar asociada a heparina sódica, que solo tiene una vida media de nueve horas.

Omar López Mato

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