Martes, 17 Abril 2018 00:00

Cómo proteger la privacidad de los menores en internet

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Son los que más riesgos pueden sufrir en estos servicios digitales, con lo que será necesario involucrarse en su educación.

Queda un mes para que entre en vigor el nuevo Reglamento General de Protección de Datos europeo (RGPD) y, sin embargo, la percepción social es que las empresas no van a llegar a tiempo para cumplirlo. Tampoco se es muy consciente de los cambios que se avecinan ante una normativa más restrictiva que afectará, sin lugar a dudas, tanto a los usuarios como a los diferentes sectores. Desde una mayor transparencia, a la designación de un delegado especializado en estas lides y demás garantías en materia de protección de los datos personales serán algunas de las cláusulas de obligado cumplimiento porque, en caso contrario, se expondrán a sanciones económicas.

Pero sobre todo el esfuerzo capital estará en la protección de la privacidad en edades infantiles. Los usuarios menores son los que más riesgos pueden sufrir en estos servicios digitales, con lo que será necesario, primero, involucrarse en su educación y, segundo, tener en cuenta las necesidades de articular una serie de funciones adaptadas a este grupo poblacional.

El usuario también es responsable

Parte de los conflictos y ciberataques que se registran diariamente se debe, en parte, a la excesiva confianza de los usuarios, al menos, en sus conductas en los servicios de internet.

Por esta razón, es importante aprender una serie de nociones básicas. «En un mundo en el que los niños empiezan a utilizar dispositivos con acceso a internet desde muy pequeños, son precisamente ellos lo que tienen que ser conscientes de que han de ser muy cautelosos con los contenidos que visitan y con los posibles datos que puedan ceder sin consentimiento», sostienen los expertos de la escuela de negocios The Valley. En su opinión, es importante que los usuarios más jóvenes vean a los dispositivos móviles como herramientas y no como juguetes en os que dedicarse más tiempo del debido. «Conviene enseñarles a usarlos con moderación, potenciando su vertiente más funcional y pedagógica», sugieren.

Nunca darle información a gente desconocida

A veces invita a confusión, pero nada más lejos de la realidad. Aunque a priori parezca que el mundo virtual y el mundo real no se tocan, es importante tener en cuenta que en ambos lugares existen normas de comportamiento y se pueden aplicar los mismos consejos. El primero, desconfiar de los extraños. Al igual que nuestras madres siempre nos dijeron que nunca abriéramos la puerta a una persona que no sabemos quién es, ¿por qué aceptar a desconocidos en nuestros perfiles?

Así que facilitar información a extraños supone el principal peligro en las redes sociales. Los expertos lo tienen claro: «No solo hay que mostrarles cómo hacer un uso debido de las funcionalidades de internet, también, como en la vida real, se debe inculcar que nunca deben contactar o facilitar datos a extraños. Las redes sociales y las aplicaciones son un peligro potencial». La razón es que puede derivar en casos de «sexting», ciberacoso y demás prácticas deleznables.

Vigilar las conductas de los hijos

Cada maestrillo tiene su librillo. Los padres, es cierto, educan como buenamente saben o como han aprendido. Nadie nace aprendido. Pero los expertos apuntan a que debe existir una comunicación entre los hijos y sus padres, también a la hora de comportarse en redes sociales. Dejándoles, claro, una cierta independencia, es importante tener en cuenta tres aspectos: información, límites y vigilancia.

«Los menores de 14 años no pueden acceder a las redes sociales si no cuentan con consentimiento paterno. Sin embargo, las utilizan, con o sin éste», sostienen los expertos, quienes insisten en la idea que la solución «no será prohibirles» su acceso a internet, sino «comenzar a informarles» y «advertirles lo antes posible» sobre la importancia de usarlas con sentido común, protegiendo su identidad y con la condición de una supervisión periódica para «asegurar de que la configuración de la privacidad es la adecuada y de que no están expuestos a otros peligros».

La privacidad más allá de las redes sociales

¿Solo hay que preocuparse del tratamiento de datos en redes sociales y webs? En caso de que llegue el momento de dar un consentimiento, tanto con la entrada de la nueva normativa como con la actualmente vigente, «es preciso conocer al dedillo cuál será el uso los datos y las condiciones de este tratamiento, así como si son de uso exclusivo del sitio o si está incluida la cesión a terceros», recomiendan los expertos. Y, por supuesto, tanto en las páginas webs, en las redes sociales, en las aplicaciones, navegadores o sistemas operativos móviles.

Cuidado con las aplicaciones y sus permisos

Hoy en día los internautas, sobre todo los más jóvenes, se comunican a través de redes sociales y aplicaciones. Quien más quien menos se descarga de vez en cuando alguna que otra aplicación. En su mayoría, por fortuna, se pueden controlar los permisos y los accesos a la información que uno tiene en su dispositivo. Por ejemplo, bajo la aparente inocencia de aplicaciones como una linterna hay aplicaciones (no todas) que piden tener acceso a la lista de contactos o tu geolocalización. Lo más recomendable es que, si no es imprescindible, cancelar esta opción.

«Las apps son, dentro de las posibilidades que ofrece internet, lo que más utilizan los niños: juegos, vídeos e, incluso si se trata de los más pequeños, redes sociales. Por este motivo, conviene comprobar su fiabilidad. Algunas de ellas, descargadas desde una página web peligrosa, pueden abrir la puerta a ciberdelincuentes, suponer la suscripción a un servicio premium o devenir en un control de ubicación, documentos o información personal. Es recomendable, en este sentido, instalar los antivirus correspondiente», apuntan los expertos.

Consentimiento para ciertos accesos

La pregunta es clara: ¿hasta qué edad es necesario mi consentimiento directo? Aunque la norma europea habla de que el consentimiento personal solo será válido a partir de los 16 años, otorga total libertad a los estados miembros para establecer una edad inferior que supere, eso sí, los 13 años. «Actualmente, nuestro sistema normativo fija los 14 años, aunque el anteproyecto de la nueva ley nacional, impulsada para adaptarse al reglamento comunitario, recoge los 13 años», añaden las mismas fuentes.

 



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