Viernes, 03 Abril 2020 00:00

Hay que enfrentar al coronavirus dentro de la constitución - Por Jorge Enríquez

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El gobierno nacional comenzó subestimando la gravedad de la pandemia. Con absoluta irresponsabilidad, el ministro de Salud, Ginés González García, sostenía en febrero que el coronavirus no llegaría a la Argentina. Cuando era evidente que el pronóstico del principal responsable de las políticas sanitarias de nuestro país estaba sepultado por la realidad, el presidente Alberto Fernández, sensatamente, advirtió que debía hacer algo.

 

Lo primero que hizo fue convocar a un comité de expertos médicos, quienes le aconsejaron la necesidad de promover el aislamiento social, primero gradual y días más tarde casi total. Era la política que venían adoptando otros países. Nuestra ventaja residió en que pudimos encarar la cuarentena todavía con pocos casos. El objetivo, como se ha dicho tantas veces, es aplanar la curva de incremento de los contagios, para que estos no se concentren en pocas semanas, lo que llevaría a la saturación de nuestro sistema sanitario.

Fue una decisión correcta, como también fue y es sumamente acertada la coordinación de políticas con el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

Hasta ahora, el gobierno neokirchnerista de Fernández exaltaba el diálogo solo como un recurso retórico, porque sus decisiones eran fuertemente centralistas. Es de esperar que, superada la crisis, ese espíritu de un diálogo sincero y fecundo se mantenga. Los antecedentes no alientan el optimismo, pero, como escribió Almafuerte, todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de la muerte.

Quien parece no tener cura es, paradójicamente, el ministro de Salud. Luego de varios días de ausencia de la comunicación oficial, emergió de su letargo para anunciarnos que el mundo admira al "modelo argentino". Esa pretensión chauvinista de darles lecciones a los demás países está extendida en algún sector de nuestra dirigencia. No hace mucho el ministro de Economía, Martín Guzmán, aseguraba que el objetivo de su política de negociación de la deuda era sentar un precedente internacional. Lo cierto es que cuesta comprender qué tiene de argentino el modelo del aislamiento social. A González García le bastaría con encender el televisor para darse cuenta de que es lo que hacen en casi todos los países que se hallan afectados por la pandemia y han conseguido morigerar sus efectos.

La gran mayoría de los argentinos tomó rápida conciencia de la gravedad de la situación. Hay, como siempre, personas que actúan como si nada sucediera, pero son las menos. La cuarentena se respeta más por la convicción de su necesidad que por las amenazas de sanciones. Eso es positivo y habla de una sociedad madura.

De todas formas, hay una tensión dramática entre la exigencia del aislamiento y las necesidades de la economía. ¿Cuántos días más podrá estar todo parado sin que se produzcan graves consecuencias, como la ruptura de la cadena de pagos? Por lo demás, es imperioso atender la situación de quienes no dependen de un salario fijo sino de lo que generan cotidianamente con su actividad. El gobierno ha dado algunos pasos en este sentido, pero se requiere una actitud mucho más activa y enérgica, sobre todo en relación a los sectores más vulnerables de la sociedad.

Una gran preocupación surge también por las zonas más carenciadas del conurbano. En ellas, el aislamiento -en casas precarias, sin agua potable, con hacinamiento- pude tener consecuencias todavía peores que la vida "normal". Lo que ocurre en el norte de Italia, en España o en Nueva York es muy grave, pero son regiones en las que no existe una pobreza tan profunda y extendida como en la Argentina. Si tuviéramos ese grado de afectación en nuestro país, los efectos serían mucho más devastadores. Por eso es imprescindible enfatizar a cada minuto los mecanismos de prevención.

Desde la oposición venimos actuando con un criterio responsable y constructivo. Nos hemos puesto a disposición del presidente de la Nación, que es quien debe liderar las acciones. Pero es también necesario evitar caer en cualquier "malvinización" de la pandemia. La primacía que en estas horas le corresponde al Poder Ejecutivo no debería desembocar en pretensiones unanimistas ni en silenciar las críticas que corresponda hacer.

El aislamiento ha impedido en estas semanas que se reúna el Congreso. No sabemos hoy cuánto tiempo durarán las medidas restrictivas, pero aún en medio de una crisis no puede admitirse que el Poder Legislativo se halle paralizado. Por tal razón, creo que debe realizarse con urgencia una modificación a los reglamentos de las Cámaras que permita en situaciones excepcionales que impidan la reunión física de los legisladores el desarrollo de sesiones virtuales, mediante sistemas tecnológicos que garanticen la transparencia en cuanto a la verificación del quórum, las mayorías y los votos.

En el sentido indicado, existen varios proyectos de diputados de Juntos por el Cambio, para viabilizar tanto las reuniones de las distintas comisiones de la Cámara como del pleno para el tratamiento del más del centenar de proyectos que, vinculado con el Conavid-19 ha presentado nuestra bancada, que, por cierto, viene realizando una intensa labor parlamentaria.

En las emergencias es usual que se restrinjan derechos. En estos momentos, la libertad de circulación está prácticamente abolida. Empero, hay que tener mucho cuidado en no extender esas restricciones más allá de lo que exija imperiosamente la prevención de los contagios. En tal sentido, la prohibición de volver al país de ciudadanos argentinos que se hallan circunstancialmente en el exterior no se justifica y tiene un tinte autoritario innegable, acaso vinculado a esa absurda pretensión de muchos dirigentes kirchneristas de atribuir la difusión del coronavirus a los "chetos", vaga categoría que incluye a cualquier persona de la clase media pero aparentemente excluye a los millonarios kirchneristas.

En consecuencia, debemos extremar las medidas de precaución, pero también debemos extremar nuestras alertas: la solución de la crisis sanitaria se debe llevar adelante en el marco de la Constitución. Sería lamentable que el coronavirus, además de los devastadores efectos que tiene de por sí, arrasara con nuestros derechos y libertades.

Jorge Enríquez

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