Viernes, 15 Mayo 2020 00:00

¿Cómo sigue la película? - Por Luis Tonelli

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Hay una constante en el accionar político de Alberto Fernández. Hoy, en la cima de su popularidad, asentada en el éxito relativo de la lucha que encabeza contra el coronavirus, sigue sintiéndose cómodo como el Jefe de Gabinete que fue durante la presidencia de Néstor Kirchner y la primera presidencia de Cristina Fernández (y algunos meses más).

 

Lo ha seguido siendo en los hechos, a pesar de portar el Bastón de Mando presidencial, en sus primeros meses de gobierno respecto a la ex presidenta quien es su vicepresidenta. Y hoy, pese a toda la centralidad, autoridad y poder de gestión que le da el combate contra la pandemia, el ascendente de CFK -que se da de modo tan estridentemente silencioso- ha tratado de ser compensado por la Presidencia, introduciendo una nueva jefatura: la de los infectólogos que rodean a la Presidencia.

Como si pudiera haber previsto la infección global del COVID-19, ya el Presidente había esbozado su estrategia de presentar su gobierno como compuesto por funcionarios dotados de un saber de “lo público” que los colocaba varios peldaños arriba que el del gabinete del Presidente Macri (que a lo sumo tenían un saber sobre los asuntos privados, que, en la interpretación de Fernández, habría primado sobre las cuestiones de Estado-). Así el actual Presidente contrastó, desde su primer discurso, el Gobierno de CEO´s macrista con su Gobierno de “Científicos” -dado, se supone, el enrolamiento de algunos de sus colaboradores en el CONICET y en actividades docentes universitarias, como él mismo lo hace-.

La calificación, ampliaba generosamente lo que el sustantivo “científico” abarca, pero ahora con el “consejo de sabios” que respalda las decisiones del Presidente respecto a la pandemia (y no solo ellas), se ha recargado de sentido. “Ciencia y Técnica como Ideología” se llamó un libro de Jürgen Habermas de 1968, que, en la estela de la Escuela de Frankfurt, veía a la “racionalidad técnica” como el último grito de la deshumanización -cosa que Chaplin, de modo más grafico había representado en esa escena de Tiempos Modernos en donde él mismo quedaba engullido por el proceso fabril.

Desde hace tiempo, la “ciencia” es la legitimación más eficiente, al producir los son “verdades reveladas” para el vulgo, en reemplazo funcional de lo que antes Dios -como lo crítica tan bien en una nota reciente publicada en Clarín, Sabrina Ajmechet https://www.clarin.com/opinion/verdades-reveladas-_0_Yo-HSOmu2.html. Y cosas de la hiper-recontra-posmodernidad, en donde más que “todo disolverse en el aire”, “todo envicia y satura el aire”, y quedan invertidos los signos negativos y positivos constantemente, resulta que hasta un gobierno Nac&Pop la invoca como razón última de sus actos y procederes.

El Presidente se coloca así como el Jefe de Gabinete de ese puñado de infectólogos, cancerberos de los derechos estipulados en los artículos 14 y el 14 bis de nuestra Constitución, y algún que otro epidemiólogo -que “a ciencia cierta” es la especialidad que combinando medicina con estadística hubiera resultado la más apropiada para decidir el mix de confinamiento (para que no se sature el sistema médico) y de circulación (para ir logrando la inmunidad de rebaño) más adecuada para enfrentar el coronavirus.

Por supuesto que el consejo de infectólogos no tiene nada que ver con un Congreso Nacional que lleva semanas sin sesionar, la consiguiente proliferación de decretazos, incluso el último que permite al Jefe de Gabinete (formal) Santiago Cafiero cambiar a piaccere (con la excusa de la emergencia sanitaria) el destino final de las partidas presupuestarias. Muy “científico” el gobierno, pero la justificación que dio Cafiero no pudo superar el principio de no contradicción aristotélico, en el que “A” no puede ser “no A”: “no es un decreto de superpoderes; lo que hace es solo conferirme superpoderes” es la síntesis de sus declaraciones explicativas.

El Peronismo, ese partido de la crisis (llega al poder en 1989 y en el 2001), asume, sin embargo, en continuidad política ejemplar en el 2019, y encuentra con la pandemia, la crisis perfecta, en donde se mueve como pez en el agua. Claro esta que esta vez los desafíos y amenazas que enfrenta el gobierno de los Fernández (e infectólogos) son sencillamente colosales.

La contención de la pandemia, por medio de la cuarentena total por casi dos meses ha sido exitosa (¡bueno sería que no!). Las víctimas fatales -son proporcionalmente a la población de cada país-, la mitad de las que tiene Chile y 10 veces menos que las de Brasil (aunque más que Paraguay y Uruguay).

Pero claro, esta cuarentena total temprana (en un país que el distanciamiento social estaba asegurado por la enorme distancia geográfica entre ciudades) también tiene el correlato de un parate total inédito. El PBI en abril cayó 20 puntos respecto a Abril de 2019, y estamos recién ahora sufriendo las primeras consecuencias, que pueden ser muy complicadas en términos económicos y sociales -incluso mucho peores que la crisis del 2001-. La negociación por la deuda externa asume así un carácter todavía más dramático (y todo lleva a mirar hacia la vicepresidenta, que ya prefirió el default cuando le ordenó al entonces Ministro Kicillof no arreglar la cuestión de los hold outs). Un default puede sumar varios puntos más de caída del PBI a la que ya vamos a sufrir.

Las penurias económicas que ya se sienten y mucho, ha llevado al gobierno a comenzar una fase de relajamiento de la cuarentena (ante el relajamiento de hecho que se venía dando en los últimos días). Pese a que es mucho más limitada que en el resto del país, en el AMBA, se nota el movimiento mayor de personas, pero justo se da con las noticias que el virus ha finalmente llegado a sus barrios de emergencia. También comienzan a llegar los primeros fríos. De este modo la cuarentena se relaja cuando hay más infectados dando vueltas que cuando se impuso. Pero la cuenta que hay que pagar para seguir todos en casa ya no puede ser soportada por mucho tiempo más por el Gobierno Nacional.

La foto inicial ha sido muy favorable a Alberto Fernández (no solo frente a Suecia, sino frente a Noruega). Pero la película sigue, y si uno trata de pensar cómo puede continuar, obviamente se ilusiona con un típico final de Hollywood. Pero la trama tiene una incertidumbre digna de Hitchcock, y puede exhibir escenas de terror inimaginables ni por Stephen King.


Luis Tonelli

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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