Jueves, 11 Junio 2020 00:00

Las “puertitas” de escape de Martín Guzmán - Por Carlos Berro Madero

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Leyendo la larga entrevista que le hizo Jorge Fontevecchia al Ministro de Economía de “los Fernández”, publicada en el diario Perfil, puede advertirse la habilidad del entrevistado para escapar de los planteos concretos que le formuló con sagacidad el periodista.

 

Debemos confesar que el joven ministro no pudo despejar las dudas que mantenemos quienes no terminamos de entender su posición respecto de las negociaciones de la deuda; exhibiendo en todo lo demás una obsesión por refugiarse en cuestiones académicas supuestamente “estratégicas”.

Fontevecchia, agudo e inteligente, quizá haya quedado conforme por haber llegado hasta donde se lo propuso, pero quienes tuvimos la paciencia de arribar al final del diálogo, quedamos con la sensación de que Guzmán parece mantener un interés bastante relativo por privilegiar las teorías “ciertas” y se inclina decididamente por las placenteras, como señalaba para casos semejantes el economista francés Jacques Rueff.

El apelativo “placentero” significa el intento del ministro por adecuar la realidad a sus propias ideas, sumergiéndose en una jerga semi matemática bastante críptica para el hombre del común.

No se trata de un vicio que sea habitual en todos los economistas, como sostienen algunos críticos, sino de quienes, como el discípulo de Stieglitz, parecerían ignorar algunas contribuciones del monumental tratado de lógica económica del austríaco Ludwig von Mises, respecto de los principios liminares de la economía: “Teoría del dinero y el crédito”, obra publicada por primera vez en 1934.

Este tratado es un largo recorrido por la economía en general y la psicología del ser humano en particular, recordándonos que existen “preferencias temporales” de todos los individuos que viven en una sociedad, que están ligadas a la confianza que generan en ellos las características emergentes de la “cuestión económica”, por decirlo de algún modo.

Muchos académicos señalan al respecto el papel disruptivo de gobernantes y funcionarios de todo el mundo que persiguen aumentar su influencia y poder político, ignorando que dicha “cuestión económica” puede ser, en muchos casos, un pasaporte inexorable al infierno, ya que son los ciudadanos de a pie quienes al momento de tomar sus decisiones personales lo hacen en base a dichas “preferencias temporales”, relacionadas siempre con el grado de mayor o menor confianza que les

generan las políticas públicas.

En este sentido -por dar un ejemplo al azar-, el dinero en circulación está vinculado siempre con su utilización para las necesidades personales de cada quien.

Algunos economistas como Guzmán apelan a descripciones bastante abstractos sobre la tan meneada “macroeconomía”, un concepto que abarca conocimientos algo lejanos para quienes no son profesionales en una materia que debería debatirse en claustros académicos, a fin de no despertar desconfianzas instintivas relacionadas con la “cuestión psicológica”.

Quizá porque muchos individuos intuyen que no existe una economía “en el vacío”, sino más bien asuntos vinculados con distintas costumbres y necesidades que conectan entre sí aspectos relacionados con sus aspiraciones personales en la lucha por la subsistencia.

Mises destacó en este sentido, que todo manejo de las disposiciones dinerarias y crediticias basado en artificios matemáticos –a los que tan afecto parece Guzmán-, termina provocando que el mercado “natural” no pueda encausar el funcionamiento adecuado de dichas transacciones.

A nosotros nos causó la sensación de ser un hábil “escapista” con inocultables ambiciones políticas, y bastante ideologizado en su materia específica; pero valió la pena armarse de paciencia y seguir sus extensas parrafadas académicas para no forjarse falsas ilusiones de cara al futuro inmediato.

En todo momento, tuvimos la sensación de estar frente a “más de lo mismo”, merced a un lenguaje algo rebuscado, a tono con el discurso de quienes promueven en el kirchnerismo, sin matices, una admonición bíblica: “el amor al dinero es la raíz de todo mal”; consigna que muchos de sus fanáticos tienen como bandera.

Néstor Kirchner solía decir: “mire Ud. lo que hago, y no lo que digo” (sic), y en el caso del joven ministro esto aparece con claridad cada vez que alterna ciertas posiciones intransigentes y cuasi pendencieras, con su genuflexión frente a acreedores que lo tienen agarrado del fundillo de los pantalones.

A modo de ejemplo sobre lo que señalamos, señalamos algunas “perlitas” retóricas de la charla a la que aludimos:

  • a) “El programa que tengamos con el FMI va a ser nuestro programa”, (¿incluyendo o sacando fuera de la cancha la eventual “soberanía alimentaria” (?) con la que el gobierno promueve la expropiación amañada de la empresa Visentín?)
  • b) “El tema de la deuda es circunstancial” (¿no será más bien “recurrente”?)
  • c) “Este shock de coronavirus es muy grande, pero hacia allí vamos (?) y hay que dar un mensaje de calma y tranquilidad, porque cuenta lo que (¿el programa?) tiene que tener para establecer las condiciones para transitar un sendero de desarrollo QUE LE HAGA BIEN A LA GENTE” (típico palabrerío kirchnerista, que permite entender claramente las razones por las que se lo designó y de qué manera debe haber influido Cristina para que así ocurriera).
  • d) “El rol del Estado en las políticas productivas, requiere unas finanzas saneadas, para un CAPITALISMO PRODUCTIVO (?), una economía social de mercado que esté al servicio de la gente y el rol (¡0tra vez!) de la macroeconomía” (¿finanzas que se sanearán mediante la expropiación de empresas que el Estado no puede ni debe sostener?).

Hay muchísimo más para analizar sobre las constancias de la entrevista, pero estamos convencidos que para muestra basta un botón, y cuando todo esto se “arregle” (si se arregla), el gobierno construirá su propio “relato” al respecto y Guzmán seguramente aparecerá flanqueando al Presidente en la conferencia de prensa avalando conceptos que ya nos ha “regalado” de antemano, que evidencian su notable capacidad “escapista” para amoldarse al discurso oficial.

Aunque éste contradiga algunos de los principios académicos que asegura profesar.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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