Viernes, 12 Junio 2020 00:00

Un avance sin precedente sobre la propiedad privada - Por Sergio Berensztein

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Las tortuosas vicisitudes que expone el intento de expropiar Vicentin permiten extraer un conjunto de lecciones respecto del perenne (dis)funcionamiento de la política en el país.

 

Una decisión inconsulta, improvisada, que no evaluó los costos económicos y menospreció la capacidad de amplios segmentos de la sociedad de reaccionar, oponerse y eventualmente bloquear u obstaculizar semejante desatino. Un salto al vacío desde el punto de vista de las consecuencias electorales, un terreno donde se suponía que el kirchnerismo duro ya había aprendido que la radicalización ideológica y el intervencionismo extremo desalientan la inversión y ahuyentan tanto a los ahorristas como al electorado independiente y moderado.

¿Cómo fue el proceso que precedió a este avance sin precedente sobre la propiedad privada que, además, viola la independencia de la Justicia, que sustanciaba el concurso de acreedores? ¿Hubo una ronda de consultas con expertos en el sector agroindustrial, abogados especializados en concursos, actores políticos y sociales de las principales zonas de influencia de los negocios de Vicentin? Todo lo contrario. Para justificar su crucial papel en este entuerto, la senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti podría señalar que este diversificado grupo también abarcaba al sector vitivinícola, aunque el enclenque argumento de la "soberanía alimentaria" carecería aún más de sentido. Derrotada en las elecciones provinciales en las que compitió como candidata a la gobernación, este importante cuadro político de La Cámpora siempre gozó de la simpatía y el apoyo de Cristina Kirchner, tal vez por su formación como abogada y martillera. La expresidenta sabe bancar a sus protegidas a pesar de los traspiés electorales: Fernanda Ravenas fue premiada con la titularidad de la ANSeS luego de fracasar en su intento de ser intendenta de Mar del Plata, y Fernández Sagasti es galardonada ahora con el liderazgo de este caso testigo de la dinámica de radicalización con la que los talibanes del kirchnerismo pretenden capitalizar el miedo y la confusión social producida por la pandemia, que por algo se encargan de estimular.

Los mendocinos no deben estar satisfechos: el crucial proyecto Portezuelo del Viento parece naufragar mientras la senadora provincial "defiende" los intereses de los chacareros de la Pampa Gringa, muchos de los cuales protagonizaron la pueblada en Reconquista en contra de la confiscación que ella pergeñó.

Además de inconsulta, la iniciativa fue improvisada. En el Frente de Todos existe pluralidad de fuerzas con un claro predominio del peronismo, reconvertido hace tiempo en una confederación de liderazgos con base territorial. Cristina es la accionista mayoritaria y su caudal electoral es imprescindible para competir por el poder, pero insuficiente para ganar la presidencia. Luego de tres durísimas derrotas (2013, 2015 y 2017), parecía haber comprendido que debía propiciar una conformación más diversa, aglutinando segmentos que la habían abandonado como consecuencia de su estilo personalista e ideológicamente extremo. Este zarpazo del kirchnerismo duro sobre el grupo Vicentin apunta en dirección contraria: la táctica electoral de la moderación debe ser rápidamente reemplazada, como indica la Doctrina Mariotto, por la estrategia jacobina de la radicalización.

La reacción de los segmentos más moderados del Frente de Todos no se hizo esperar. El episodio es incómodo y potencialmente peligroso para muchos gobernadores, en especial Perotti (que enfrenta una rebelión en su propio gabinete y arriesga el apoyo del electorado del norte provincial, tradicionalmente afín al peronismo) y Schiaretti (cultor de un enigmático silencio, aunque preocupado por el contexto y por su sucesión). Muchos intendentes del GBA y líderes sindicales se consideran víctimas de una potencial avanzada del maximalismo K. El "albertista" Juanchi Zavaleta, que pudo disipar los efectos tóxicos de su antigua cercanía con Amado Boudou, fue víctima de las duras diatribas que puede prodigar el jefe de la bancada del Frente de Todos: como dijo Sergio Massa, el diputado Kirchner, que le comunicó que debía despedirse de la intendencia de Hurlingham, se parece mucho más a su padre que a Cristina. De este modo, el éxito del proyecto de expropiación de Vicentin expone la debilidad del liderazgo de Alberto Fernández y es visto como una amenaza para muchos de los integrantes de su coalición electoral. Un juego de suma cero entre el avance de La Cámpora y sus propios intereses. Si el ala más radicalizada obtuviera un triunfo tan significativo en apenas siete meses de gestión. ¿cómo evitar una avanzada más profunda que aniquile su influencia?

Para peor, se trata de un ataque al sector agropecuario más directo y artero que la resolución 125, una experiencia traumática que Cristina y los suyos no logran superar. La combinación del campo movilizado con apoyo urbano (aún retumban las cacerolas del miércoles a la noche) y una dura recesión remite a la derrota de 2009. La pandemia había logrado que muchos productores, que al final del verano se entusiasmaron con una nueva escalada en contra de las retenciones, abandonaran las rutas y regresaran a sus chacras. Engreídos o inconscientes, los no tan jóvenes de La Cámpora les ofrecen un motivo ideal para retomar la lucha. Además de la amenaza creíble de nuevas violaciones a los derechos de propiedad, el sector está atosigado por el atraso cambiario y las dificultades para la importación de insumos por las restricciones al acceso de divisas impuestas por el Banco Central. ¿Un nuevo aumento de las retenciones luego de la inminente devaluación? ¿La confiscación del histórico predio de la Sociedad Rural en Palermo? Tal vez lo bueno de lo malo consiste en que, si La Cámpora se sale con la suya, disminuyan los ataques a los silobolsas.

Como ocurrió con otras expropiaciones ideadas por el kirchnerismo (YPF, Aerolíneas, el Correo), poco parecen importar los costos y otras consecuencias en términos económicos o reputacionales. El miedo de los ahorristas augura nuevos retiros de depósitos del sistema, agrandando uno de los problemas que la intervención y posterior expropiación de Vicentin debería supuestamente reparar: la falta de dólares. Lamentable consecuencia de mirar las partes y no el todo: la enfermiza obsesión de los estrategas de La Cámpora con el sector agroindustrial y el control de divisas hace que prioricen la oferta de dólares por parte de los exportadores y no la demanda. Los ahorristas e inversores son expertos en sopesar los riesgos, por eso cuando pueden los retiran: quieren evitar eventuales expropiaciones. Se alimentan de este modo el descrédito y la desconfianza ya que se confirman con contundencia las peores presunciones que la enrevesada experiencia argentina se había encargado de instalar.

Este grosero e infantil yerro en el que acaba de incurrir la administración Fernández refuerza una hipótesis que sintetiza los desatinos a los que nos tienen habituados los gobiernos: sus iniciativas disparatadas, inconsultas, costosísimas y de enormes consecuencias reputacionales y electorales abonan las chances de las oposiciones de turno para que puedan forzar una alternancia. El drama es que las terribles consecuencias en términos económicos y sociales están a la vista. ¿Seremos capaces de romper este siniestro círculo vicioso?

Sergio Berensztein

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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