Miércoles, 17 Junio 2020 00:00

La enfermedad argentina: segunda parte - Por Carlos Mira

Escrito por 
Valora este artículo
(6 votos)

 

Hace un tiempo en este mismo lugar (La enfermedad argentina, un artículo que dio la vuelta al mundo, pero cuyo origen fue atribuido increíblemente al diario “The Washington Post”) decíamos que la Argentina estaba gravemente enferma.

 

La tesis de esa nota se asentaba en la idea de que un país que se queja de lo que venera no puede estar sino enfermo.

Allí decíamos que el país, al mismo tiempo que se quejaba de la pobreza, la elevaba moralmente a un sitial sin igual.

Las peores enseñanzas católicas, aceleradas ahora por la embestida pobrista del Papa Francisco, nos llevaban a condenar la riqueza material -especialmente la generada lícitamente- para confirmar que ella es, como dice el Pontífice, “el estiércol del diablo”.

No otra cosa podía ser nuestro horizonte que la pobreza si condenábamos de tal modo a la riqueza y a aquellos que la generan.

Ahora unos nuevos estudios confirman la profundidad de la enfermedad argentina.

En efecto, se conocieron compulsas entre los argentinos que arrojan la conclusión de que la sociedad prefiere un esquema económico con más intervención del Estado aun cuando los mismos estudios dicen que una mayoría absoluta entiende que el Estado es ineficiente en todo lo que hace.

Es decir -a ver si nos entendemos-los argentinos admiten que el Estado es un desastre como operador de cualquier cosa, pero eligen al Estado como operador de todo. Si eso no es estar enfermo no sé qué es.

Uno de los informes fue confeccionado por la firma “Opina Argentina”. Se pregunta allí ¿cuál es el grado de intervención que debería tener el Estado en la economía?

Solo un 32% contestó que debería ser menor al actual. Un 52% respondió que debería ser igual o mayor al actual. Ese porcentaje se eleva al 64% entre los votantes del FDT.

Lo curioso es que incluso entre los votantes de JxC, un 40% dijo que la participación del Estado en la economía debería ser igual o mayor que ahora.

Otra consultora, “Analogías” (si bien los resultados de esta firma deben ser tomados con pinzas por su alineación clara con La Cámpora… Un día a Analía del Franco -su titular- la suma de los porcentajes le va a dar más de 100 y ella de todos modos va a defender la transferencia del trabajo) preguntó sobre cuán de acuerdo se estaba con la estatización de los servicios públicos (luz, gas, teléfonos) y el resultado fue que el 64% lo estaba.

Es decir, a los argentinos no les fue suficiente vivir 60 años bajo el reinado de Entel, Segba y Gas del Estado, durante el que tener un teléfono podía demorar, por ejemplo, 25 años, que insisten en volver a ese infierno.

Analía también dice que el 74% le respondió que está de acuerdo con que el Estado pague los salarios.

Por otro lado, una consulta hecha por la firma “Isonomía” pone la enfermedad argentina en un nivel de patetismo realmente increíble. Mientras el 73% respondió que está a favor de que el Estado se haga cargo de actividades económicas que hoy están en manos del sector privado, un porcentaje casi idéntico (el 72%) consideró que el Estado hace las cosas mal.

O sea, a ver si nos entendemos: la misma gente que quiere que el Estado se haga cargo de todo dice que el Estado hace todo mal.

Si esto no es estar rematadamente loco, se le parece bastante.

No hay otra alternativa más que caer en una conclusión feísima para la Argentina (la misma, por otro lado, a la que llegábamos en el primer artículo sobre La Enfermedad Argentina). Esa conclusión no es otra que la que afirma que en el espíritu argentino vive un resentimiento y una envidia atroz, a tal punto que la sociedad está dispuesta a entregarle todo a un ineficiente, a un corrupto e incluso a un ladrón, con tal de evitar que un par suyo del sector privado se vuelva rico por la operación eficiente de una determinada actividad.

Al argentino no le importa si su vecino le entrega un buen producto o un buen servicio a un precio conveniente: solo le importa que es su “vecino” y que por hacer eficientemente su trabajo puede acceder a una riqueza que él no tiene.

No le importan los beneficios que él obtiene por la eficiencia de su vecino; le importan los beneficios que su vecino, por ser eficiente, obtiene para sí mismo.

Es decir, con tal que un par suyo “del sector privado” no se convierta en rico por hacer las cosas bien, el argentino prefiere entregarle todo a alguien que hace todo mal, pero no es “su par” sino alguien que pertenece a una casta política a la que no tienen acceso ni él ni su vecino. Y está dispuesto a hacer eso aún a sabiendas que aquellos a quienes les entrega todo también pueden convertirse en millonarios, incluso de manera ilegal.

Pero esa riqueza la tolera porque a ella no pueden acceder ni él ni su vecino: son iguales en eso.

Hay que estar muy enfermo para caer tan bajo. Tan enfermo que la recuperación resulta muy dudosa.

El trabajo de retrospección que se precisaría para revertir esto sería titánico. En un ambiente en donde la educación ha sido tomada por el fascismo que multiplica los factores de la misma enfermedad, todo se hace muy complicado.

Solo un milagro podría sanar a la Argentina. Pero tanta mala suerte tiene el país que el vicario de los milagros en la Tierra es un agente multiplicador de los mismos gérmenes que causan la enfermedad.

Carlos Mira  

https://thepostarg.com/editoriales/la-enfermedad-argentina-segunda-parte/#.Xum_JkVKg2w

Visto 1242 veces Modificado por última vez en Miércoles, 17 Junio 2020 10:45

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…