Domingo, 09 Octubre 2016 11:33

Macri, culto a las encuestas y errores no forzados

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Tal vez  ahora, después de que la canciller Susana Malcorra  quedó eliminada de la competencia por la  secretaría general de la ONU, el gobierno consiga afinar la puntería en sus intervenciones internacionales.

 

 

Curiosamente, el escenario mundial es el que más gratificaciones le ha otorgado al Presidente y, en términos generales, ha sido allí donde con más claridad ha expuesto una orientación: reinserción internacional, integración económica y activismo político y comercial, reenfoque del Mercosur y apertura hacia el Acuerdo del Pacífico, recuperación de las negociaciones con el Reino Unido por los diferendos en el Atlántico Sur.

 

Sin embargo, aunque  el rumbo sea inequívoco y pertinente, el manejo muchas veces  resulta torpe, negligente o precipitado y determina rozamientos laterales. Fue el caso de la inapropiada revelación del Presidente sobre sus diálogos de pasillo con la premier británica Theresa May.  Debió soportar una rectificación de Malcorra y una (elegante) desmentida del Foreign Office. Y lo peor de todo, sin necesidad, como diría Carriego.

 

A la lista habría que incorporar sobreactuaciones a las que  Macri  ha sido inducido, sea por  inclinación al pensamiento políticamente correcto de algunos de sus consejeros, sea por el culto encuestológico consagrado en la Casa Rosada.

 

¿Era  preciso acaso que  tomara partido en la elección presidencial de los Estados Unidos? Más allá de que la administración demócrata de Barack Obama haya tenido gestos de gran cordialidad hacia el gobierno argentino, lo cierto es que el país deberá  convivir y cooperar con el  Presidente que los estadounidenses elijan dentro de un mes, trátese de la demócrata Hillary Clinton o del outsider republicano Donald Trump.

 

La gran prensa y las encuestas aseguran que Trump no puede ganar. También  aseveraban meses atrás que jamás llegaría a imponerse como candidato del Partido Republicano. Los gurúes muchas veces se equivocan.

 

El plebiscito colombiano del último domingo es otra muestra reciente de malos  vaticinios. Competían dos criterios sobre  el formato que debía adoptar la pacificación del país: uno que aprobaba  los términos del acuerdo  suscripto por  el gobierno colombiano  y una de las fracciones guerrilleras que han actuado durante medio siglo en ese país; otro, que rechazaba  muchas cláusulas de ese convenio, pero no la  idea de la pacificación. Que la propaganda hegemónica vendiera  esa puja como alternativa “Paz Sí versus Paz No” no  implica que  hubiera que comprar esa interpretación.

 

La parcialidad de esa mirada queda aún más de manifiesto cuando los que presagiaron una victoria del Sí se refugia ahora en el cálculo de la ínfima diferencia entre esa postura y la que impulsó la boleta del No: menos de un punto. Suman arbitrariamente la enorme abstención (votó menos del 40 por ciento de los inscriptos) y procuran devaluar con esa aritmética sesgada el resultado del referendo. ¿Hubieran hecho lo mismo si el resultado hubiera una leve diferencia a favor del Sí? El ejemplo sirve para medir la fuerte presión que existió y subsiste y también la  dificultad que tienen estadígrafos y pronosticadores para digerir sus cada vez más frecuentes y resonantes fracasos.

 

Macri podría haber jugado un papel fuerte y protagónico en el proceso de búsqueda de la paz sin que fuera menester tomar partido por una visión particular. Y exponerse así a una opinión como la del expresidente colombiano Álvaro Uribe: “Hemos sido fervorosos creyentes del presidente Macri y sus valores democráticos; nos causó dolor verlo apoyando este acuerdo de impunidad total al terrorismo”.

 

Es una pena que, a partir de un posicionamiento renovador y bien orientado, el Presidente tenga que pagar costos por falta de un calibramiento más delicado de sus intervenciones. Lo que le ocurrió en el terreno doméstico con errores no forzados como los referidos a las tarifas de los servicios públicos (instrumentación negligente de una política que compartía inclusive la oposición) se repite en áreas cuyos profesionales cuentan con una formación generalmente elogiada.

 

Que ahora la Canciller pueda dedicarse a su cargo a tiempo completo puede ser una clave para evitar tropezones afuera. Otra clave (también de uso doméstico): revisar las ideologías cercanas que afirman no serlo. 

 

Jorge Raventos

Visto 184 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Marzo 2017 00:08

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