Viernes, 30 Septiembre 2016 13:09

“Pobreza cero”, no. ¿Cuál es ahora la meta del gobierno?

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Los datos sobre pobreza que el último miércoles hizo públicos el INDEC sólo pueden sorprender a los distraídos o a los negadores sistemáticos de la realidad.

 

 

Ahora, después de un largo vacío de información (cubierto con mentiras o silencio), hay datos oficiales. Pero, de todos modos,  información seria no faltaba: el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina viene difundiendo sus estudios desde hace años y sus cifras no muestran una realidad que se distancie mucho de la que describió el INDEC esta semana: 32,2 por ciento de pobreza (ingresos que no cubren la llamada Canasta Básica Total,  compuesta por alimentos, indumentaria y servicios básicos) y 6,3 por ciento de indigencia (ingresos que no cubren la Canasta Básica Alimentaria, esto es, los alimentos indispensables para la subsistencia). Más de diez millones de personas sumergidas en ese paisaje de miseria.

 

Algunos voceros del kirchnerismo reaccionan  con indignación (o cinismo) ante este cuadro que hasta nueve meses atrás eludían o refutaban (la señora de Kirchner certificó ante la Asamble de la FAO que la pobreza en Argentina no superaba el 5 por ciento, y la indigencia era apenas mayor de un  punto;  “Tenemos menos pobres que Alemania”, llegó a afirmar el incomparable Aníbal Fernández; “No medimos pobreza porque eso es estigmatizante”, teorizó Axel Kicillof. Todos testimonios del año último.).

 

En el Barómetro de la Deuda Social que abarca el período 2010-2015 referido a la infancia, la UCA  muestra el mínimo avance producido en esos años (la tasa de indigencia económica pasó de 11,8 por ciento en 2010 a 9,3 por ciento en 2015; la de necesidades básicas insatisfechas, de 28,3% a 24,7%; la de pobreza multidimensional, de 60,2% a 56,2 por ciento). Marca también el peso de la herencia recibida en este campo por el nuevo gobierno.

 

Es cierto que estos meses de la administración Macri no registran descenso en las cifras de pobreza, sino algún punto arriba. El Presidente, por otra parte, advirtió que el objetivo de Pobreza Cero, una de las metas que había fijado para su gobierno, “no se puede cumplir” en cuatro años.

 

Es posible que, así enunciada, la ambición fuera imposible desde el vamos. De todos modos, no se trata de pedir a este  (ni a ningún) gobierno que alcance cimas inaccesibles. Pero sí es legítimo reclamarle que fije y explicite una meta realista, a partir de la cual evaluar, al final del mandato su, cumplimiento o incumplimiento.

 

“Este punto de partida es sobre el cual acepto ser evaluado como presidente”, dijo Macri. Y es justo que así sea. Sólo que él debe decir, eliminada la “pobreza cero” como objetivo, cuál es la meta que en este tema se propone su gobierno: fijar para la etapa un punto de partida pero también uno de llegada. La palabra accountability no debería ser sólo un  anglicismo para discursos elegantes.

 

La pobreza que legó el kirchnerismo es un escándalo. Y lo es, particularmente, porque la década larga gobernada por la dupla conyugal Néstor-Cristina fue un tiempo en que el país contó con recursos extraordinarios, provistos por los buenos vientos del mundo, que evidentemente se desperdiciaron.

 

Terminar con ese escándalo no requiere, como ha sugerido el expresidente provisional Federico Pinedo, hacer “un gobierno de izquierda”. La dicotomía izquierda-derecha no sólo es vieja, sino obsoleta. De lo que se trata, más bien, es de aplicar un principio antiguo y sabio, clásico: “Mejor que regalar pescado es enseñar a pescar”.

 

Sin duda la emergencia requiere ayuda. Pero la manera consistente de terminar con la creación de pobreza pasa por restaurar un círculo virtuoso de creación sustentable de riqueza por medios que, por sí mismos, contribuyan a una mayor y mejor justicia social.

 

Se trata de ayudar en el corto plazo y trabajar para el plazo más extendido, comprendiendo que en la sociedad contemporánea, que ha sido llamada sociedad del conocimiento, la formación es no sólo un factor de crecimiento personal, sino una inversión colectiva para garantizar las posibilidades de competitividad del país, el in cremento de la productividad general y la generación de una base económica sustentable, capaz de ofrecer empleo genuino a cada vez más personas. Aprender a pescar empieza por comprender cuáles son las condiciones de la pesca y cuáles los instrumentos necesarios. 

 

Jorge Raventos

Visto 88 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Marzo 2017 00:08

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