Martes, 10 Mayo 2016 13:54

Diálogo social y desarrollo versus rigidez y turbulencias

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Pese a haber experimentado las críticas de una amplísima movilización sindical el 29 de abril, el gobierno sigue verbalizando su empecinado rechazo a una legislación antidespidos que ya tiene media sanción del Senado y podría ocasionarle el revés de una aprobación definitiva en la Cámara Baja.

El oficialismo hace tiempo y demora el trámite legislativo mientras reflexiona sobre su debilidad en el Congreso, donde una intransigencia constante le resultaría insostenible.


Acuerdo o trapicheo perpetuo


Entretanto, debate discretamente si tiene que adoptar una estrategia de negociar apoyos paso a paso, ley por ley (con el modelo que empleó con la legislación sobre holdouts), o si, en cambio, debe armar una plataforma estable de acuerdo con la “oposición constructiva” (un eufemismo que se refiere al peronismo no K: la mayoría de los gobernadores peronistas, el sector renovador de Sergio Massa y también los agrupamientos legislativos “ortodoxos”, el núcleo de senadores orientados por Miguel Pichetto y el de diputados que orienta Diego Bossio.).


Esta última vía implicaría, sin duda, compromisos mutuos, una mayor participación del peronismo en lugares de la administración (como ya ha ocurrido en la provincia de Buenos Aires tras el acuerdo de gobernabilidad entre los renovadores y María Eugenia Vidal) y garantías firmes sobre los recursos y obras a recibir por las provincias (el ministerio de Interior ya está conversando sobre este tema, al menos para motivar a los gobernadores a que den en una mano en el tema de la ley antidespidos).


La Casa Rosada sabe que los acuerdos permanentes le otorgarían mayor gobernabilidad y previsibilidad, pero tendrían el costo de recortar algunas aspiraciones, decepcionar a una parte de su electorado y desatar fuertes turbulencias en su coalición.

En la coalición gobernante conviven quienes tejen pacientemente el diálogo con la oposición (Rogelio Frigerio, Emilio Monzó, Federico Pinedo, por dar algunos nombres) y otros que son muy reticentes a los tratos con cualquier sector que les evoque al peronismo vital y que, cuando pueden, interfieren verbal o prácticamente para obstruirlos. La señora Elisa Carrió (pero no sólo ella) chucea al peronismo como un todo usando al kirchnerismo como si este fuera su quintaesencia.


El peronismo y la sombra K


Del otro lado del mostrador la composición no es menos compleja. Basta observar el elenco de actores peronistas: Allí están Massa y sus renovadores; el sector que podría sintetizarse en el trío Juan Manuel Urtubey- – Miguel Pichetto- – Diego Bossio, el Partido Justicialista recién restaurado, encabezado por José Luis Gioja y Daniel Scioli. Desde el viernes 29 de abril hay que tomar en cuenta al sindicalismo, que ese día dio prueba de su protagonismo y su “poder de calle”. Aquí tampoco falta colorido interno: las tres CGT (las que conducen Hugo Moyano, Luis Barrionuevo y Antonio Caló) proyectan unificarse en agosto y, aunque cuidan el lenguaje para no embestir contra la autoridad presidencial, prometen luchar si el gobierno no atiende reclamos sociales y no toma medidas contra la ola de despidos que ellos avizoran y quieren detener con la ley que discute el Congreso.


Desde el borde de ese conjunto, ejerce su influencia Cristina Kirchner. Puede parecer arbitrario hilvanar, como si se tratara de la formación de un equipo, nombres que suenan tan heterogéneos como los de Massa y la expresidente (uno cerró a la otra el ilusorio camino a la re-reelección), o los de Barrionuevo y Scioli (el gastronómico abandonó el acto del viernes 29 cuando vio aparecer al exgobernador).


Sin embargo, hay vasos comunicantes entre todos ellos. Tanto Massa como la ex presidente, por caso, con distintos matices, quieren contar con la sombra del pabellón peronista y ambos se ven a sí mismos como competidores y rivales de Mauricio Macri.


Difieren en la definición de los tiempos para el cruce, en la modalidad del enfrentamiento que prefieren y en su objetivo. La señora, urgida por los procedimientos judiciales, quiere derrotar a Macri cuanto antes, catastróficamente, sacándolo del ring. Massa se mueve en función de los tiempos electorales (antes que nada, el comicio bonaerense de 2017) y lo que pretende es modificar la relación de fuerzas de modo de desplazar a Cambiemos, dentro de un sistema político renovado, a la situación de oposición constructiva que hoy en día está ocupando él.

E
ntre Massa y la Señora de Kirchner se ubica otro continuo también heterogéneo, con Urtubey, -más próximo a la actitud Massa, el PJ restaurado de Gioja y Scioli e incluso Pichetto. Todos estos aspiran a “integrar” a las bases kirchneristas (Pichetto, por ejemplo, porque no quiere desintegrar el bloque mayoritario de senadores que suma peronistas y kirchneristas y que es el pedestal del rol prominente que él ha adquirido).


Por esa vía son vulnerables a la influencia de la Señora aunque sean conscientes del rechazo que suscita en el electorado independiente y ellos mismos se resistan a depender de ella. La victoria electoral de Macri cambió el escenario y los liberó del mando cristinista, al que no quieren retornar en modo alguno. Las dificultades y traspiés del gobierno de Macri en esta etapa (alta inflación, parate productivo y de consumo) hacen el campo orégano a la oposición rabiosa de la expresidente y favorecen su influjo sobre el peronismo que desconfía de ella pero no abandona la ambigüedad.


Desde otro costado, el movimiento sindical minimizó, con su acto del 29 de abril, las movilizaciones de los fans de Cristina Kirchner y planteó una variante de la “crítica constructiva” que intentan practicar líderes como Massa y Urtubey: los sindicatos invitan al gobierno a matizar su agenda propia y a propiciar un ámbito de acuerdo económico-social tripartito (empresarios, sector laboral, Estado).


En las semanas y meses próximos se verá si prevalece la intransigencia de los bordes, ensanchando grietas y promoviendo la centrifugación, o si el sistema político es capaz de construir un centro fuerte, diferenciado y articulado, capaz de neutralizar y aislar a los intolerantes en los rincones extremos.


Todo esto, con el telón de fondo de una Justicia que intenta recuperar el tiempo perdido. 


Jorge Raventos   
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Twitter: @jorgeraventos

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