Lunes, 13 Junio 2016 11:01

¿Qué está buscando el Papa?

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En el año que llamó de la Misericordia, parece padecer alergia por cualquier paso que dé el Gobierno. De lleno en la política argentina y para algarabía K ordenó rechazar un subsidio que él mismo pidió a Macri.        

Aníbal Fernández fue el más feliz. Celebró por twitter como un triunfo propio la decisión de Francisco de rechazar la donación del Gobierno a Scholas Occurrentes. Y tiene razón: ganó él y ganó Cristina para desconcierto de gran parte de la sociedad.

El viejo dicho de que los caminos del Señor son inescrutables puede aplicarse con más justicia a Bergoglio, obispo de Roma. Lo que ya no es inescrutable de los caminos papales es que pide para después rechazar.

En la escueta, dicho escueta por lo seca y no por lo despejada, reunión de Macri con Francisco, el Papa le había pedido ayuda económica para José María del Corral, director de Scholas y ex jefe de prensa del obispado porteño.

¿A Del Corral?, le preguntó Macri recordando los oscuros roces entre Del Corral y el padre Juan Torrella, responsable de Educación en la vicaría de la Ciudad. Entre paréntesis: Del Corral también tuvo otros roces con el obispo Sánchez Sorondo, que suspendió un contrato gestionado con la AFA y la Confederación Sudamericana de Fútbol. Fue apenas después de que estallara el escándalo por las coimas en la FIFA.

Del Corral está en las antípodas de San Francisco de Asís pero muy cerca del corazón del Papa, que le solicitó a Macri ayuda para su antiguo y polémico colaborador. Del Corral pidió y el Gobierno le donó 16 millones 666 mil pesos.

Tal vez molestara la cifra por superstición, pero las razones de Francisco para rechazar el dinero parecen explicados mejor por uno de sus voceros oficiosos, Juan Grabois, ex dirigente del Movimiento Evita y flamante consultor del Pontificio Consejo de Justicia y de la Paz.

Ayer en Página/12 Grabois declaró: “El que piensa que por darle plata, máxime fondos públicos, está haciendo un “gesto a Francisco” es realmente un pelotudo, además de un corrupto y un prevaricador”.

Asombra menos el lenguaje sin eufemismos que la mirada de este hombre de confianza y frecuente huésped de Francisco sobre qué pasa en América Latina. Dice: “La región está desarrollando un proceso, en algunos casos con golpes de Estado blandos, en otros casos con una muy fuerte presión de sectores económicos apoyados en los grandes medios de comunicación para restaurar las políticas neoliberales”. El poder destituyente de los medios, como decían los Kirchner.

La herencia kirchnerista no sólo dejó un agujero gigante por la corrupción. Transformó en estructural la pobreza de un tercio de la población y la manipuló con desfachatadas estrategias clientelares. Degradó los servicios públicos, lesionando en especial a los más desfavorecidos, y devastó la eficiencia del Estado. Pero el Vaticano sobre todo esto no ha dicho ni dice una palabra. El papa peronista ve a Macri como un liberal, y de manera superficial etiqueta de neoliberal a su gobierno. En el mundo que rodea a Francisco no hay peor condena que la de ser considerado liberal.

El manual del buen kirchnerista pos Kirchner de Grabois genera irritación de la misma forma que otros voceros marginales de Francisco generan estupor. Es el caso del diputado porteño Vera, cuyo propósito central en la política es denunciar, y hoy es denunciar a espías reales o supuestos del que fuera jefe de todos los espías del kirchnerismo, Antonio Stiuso. Curiosidades o no tanto de la política: Vera recibe información de Fernando Pocino, ex jefe kirchnerista de la SIDE.

Es cierto que el macrismo a veces se confunde y equivoca. Un nuevo episodio gris lo ha dado al designar al ex agente de la SIDE Alejandro Colombo en la embajada en Italia. Inmediatamente, Vera puso el grito en el cielo por lo que tomó como una provocación. La sensibilidad del Vaticano padece alergia por cualquier paso de la gestión de Macri. El Papa se ve afectado por un prejuicio anti Macri que es inocultable.

Bergoglio y su equipo reavivan la ilusión de Aníbal y de Cristina. Por decirlo de otro modo: el Papa para su país, para su sociedad gravemente hundida en la pobreza, afectada por la corrupción y dividida por manipulaciones ideológicas y en el año que él llamó de la Misericordia, en vez de ayudar a aliviar y curar heridas parece impulsar una cruzada contra la gestión de Mauricio Macri, a sólo seis meses de iniciada.

Francisco no está de costado en la política argentina. Está de lleno. No hay razones sino prejuicios para explicar su antipatía con el macrismo. ¿Podrá ser que esté orientado por un ánimo que mueve al cultivo de la grieta?

Sería una gran noticia que la figura papal supiera y lograra impulsar la reconciliación y dejara atrás ofensivas de antigua política que ya no van sólo contra Macri sino que hieren a mucha gente que ya no se calla, no quiere rechazarlo y que no la rechace. 

Ricardo Roa

Visto 946 veces Modificado por última vez en Martes, 07 Marzo 2017 22:49

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