Miércoles, 22 Febrero 2017 14:21

La tilinguería argentina debe advertir que juega con fuego

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La inefable tilinguería argentina ha comenzado su etapa superior de idiotez. Graciosamente, jugando con las palabras y, en muchos casos, apelando a una pose “cool” irónica y “superada” juega con fuego todos los días sin darse cuenta, aparentemente, que su estupidez pone en peligro el futuro mismo de la Argentina.

 

 

La maquinaria golpista del cristinismo y del peronismo sin poder, como de costumbre se puso en movimiento el mismísimo día en que Macri ganó las elecciones de noviembre de 2015. A partir de allí, cuando se comenzaron a ventilar en la Justicia los estropicios múltiples de lo que fue la catástrofe kirchnerista, esos ejércitos desocupados diseñaron la ejecución de un plan consistente básicamente en dos estrategias principales: 1.- trasmitir la idea de que Cristina Fernández y todos sus secuaces son víctimas de una persecución política; y 2.- que el gobierno de Macri es tan corrupto como el de ellos, en una suerte de igualación de los tantos para que, a los ojos de la sociedad, todos terminen manchados por el mismo barro.

 

Esta estrategia -como ha ocurrido muchas veces ya en la Argentina- debe contar en algún momento con la inefable y gratuita cooperación de la tilinguería argentina para propagarse porque de lo contrario corre el riesgo de quedar limitada a un circo partidario fácilmente identificable y por lo tanto parcial y desacreditado.

 

Solo la pátina de “imparcialidad” que le da la intervención de los tilingos convierte lo que sería una obvia iniciativa de los propios delincuentes para tratar de defenderse en algo que parece contar con un apoyo más amplio que el de ellos mismos.

 

Y ese protagonismo de la tilinguería ha comenzado. Lamentablemente el gobierno de Cambiemos ha cometido errores estúpidos, evitables y gratuitos lo que ha permitido que la tilinguería tenga una base de sustento para comenzar a jugar su papel.

 

Esa tilinguería es muy visible en los medios y en algunos periodistas. Como si no advirtieran lo que está en juego aquí, como si tuvieran miedo a que la gente los considere “agentes del gobierno”, como si fueran atraídos por una fuerza demagógica más potente que su propio sentido común, han comenzado a emitir comentarios completamente funcionales a la estrategia “2” del kirchnerismo golpista, esto es, a que a cada hecho corrupto de Fernández y sus cómplices se corresponde otro de igual entidad de Macri y los suyos.

 

Así, por ejemplo, se dicho que la escena de Juliana Awada subiendo un bolso al helicóptero presidencial es igual a los bolsos revoleados por José López en el convento de Gral. Rodríguez, o que los miles de millones robados al Estado por la maniobra Kirchner-Báez-Cristóbal López, es igual a los Panamá Papers, o que el caso del Correo es igual a la operación de Austral Construcciones.

 

En todos esos comentarios nunca se explica la diferencia de entidad entre unos casos y otros ni las diferentes actitudes que frente a ellos han tenido los dos gobiernos: se establece la igualación y se sigue adelante con otro tema.

 

Esta semana en algunos programas de televisión hubo comentarios que fueron desde insinuar el juicio político del presidente hasta que ahora pasaremos del “futbol para todos” al “futbol para pocos”, en una clara demagogia que ignora que 7 de cada 10 argentinos está de acuerdo con el hecho de que es un disparate que el Estado ponga dinero para trasmitir el futbol gratis.

 

Otros han dicho, sin que se les mueva un pelo, que “el tercer gobierno radical” ha entrado en su “fase terminal”, como si gastarse ironías digitales fuera gratis y la Argentina tuviera margen para coquetear con la idea de que Mauricio Macri se vaya de la presidencia antes de que termine su mandato. No hay dudas de que la sociedad, o, por lo menos, alguno de sus referentes mediáticos no tienen una noción cabal de lo que significa el concepto goebbeliano de multiplicar una mentira para que finalmente quede instalada en el subconsciente colectivo. El problema es que si esos referentes de los medios que, en principio, deberían tener una formación y una responsabilidad mayor que el promedio de la sociedad, no advierten  el peligro y, para satisfacer su tilinguería, juegan con fuego y continúan insuflando la mente del argentino (que de por sí tiene una tendencia a “acalorarse” rápido) con comentarios inflamatorios, es posible que los delincuentes del pasado regresen, incluso recargados, para iniciar un nuevo período de saqueo y de extinción de derechos y garantías individuales en la Argentina con un   horizonte   parecido al de Venezuela.

 

No estoy diciendo que el periodismo y los analistas de la actualidad deban dejar de hacer su trabajo o no señalar los errores que el gobierno de Mauricio Macri pueda cometer. Lo que digo es que esa gente formada y, teóricamente, preparada debe medir muy bien sus palabras y ser completamente justos en sus comentarios porque lo que está en juego aquí no es la mera permanencia de un gobierno hasta que se cumplan sus tiempos constitucionales sino la existencia misma de la Argentina como país libre y como un estado de derecho democrático.

 

Ser “cool” para no parecer adheridos a Macri no puede hacerse al precio de ser funcionales a uno de los dos pilares básicos de la estrategia escapista de los delincuentes. Digámoslo con todas las letras: Cambiemos no es igual al kirchnerismo. Uno puede cometer errores y caer en equivocaciones hasta estúpidas, pero no es una banda delictiva constituida al solo fin de saquear el Estado para enriquecerse personalmente. Eso le puede caer bien o mal al típico tilingo argentino, pero es la verdad. Y la verdad no debería ocultarse solo para parecer que uno queda bien con Dios y con el diablo. 

 

Carlos Mira

Visto 140 veces Modificado por última vez en Sábado, 11 Marzo 2017 16:19

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