Domingo, 05 Marzo 2017 11:39

Desacomodos en el frente interno

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Una simple mirada a vuelo de pájaro de la escena política de estos días -en modo puntual la que involucra al Gobierno y a su, a veces, errática alianza con los socios de Cambiemos- permitiría sugerir sin demasiado margen de error que Mauricio Macri ha conseguido sus mejores logros afuera de ese colectivo.

 

 

Los problemas, que hasta podrían comprometer las chances electorales de octubre, tan vitales para la continuidad del modelo puesto en marcha hace 15 meses, están adentro. Y no pocas veces a su propio alrededor, como ya se ha probado en la mala praxis de los equipos que debieran cuidarlo para que no cometa errores que después aparecen en las encuestas: Correo, Avianca, jubilados, Calcaterra, y las soterradas batallas de protagonismo o egos exacerbados en torno al armado electoral son ejemplos palpables, no imaginarios o producto de meras chicanas de sus opositores.

 

Prueban esos datos de la escena interna algunos gestos de esta semana. Macri, si se permite la licencia, se recibió de dirigente político en campaña durante su sonoro paso por el Congreso.

 

A la vuelta de la esquina, como antes de esa incursión, lo esperaban complicaciones de variado tono que aún ahora no ha podido resolver. El "factor Carrió", como se verá más adelante, ha superado los límites de tolerancia de algunos hombres del presidente que preferirían concentrarse únicamente en hacerse de las herramientas para ganar octubre.

 

Macri hizo su papel. El presidente y su equipo de estrategas con Peña y Durán Barba a la cabeza decidieron que el discurso ante la Asamblea debía ser lo que después se vio: político al 100%. Desafiante, con alusiones al pasado y a la descripción del despilfarro y la corrupción kirchnerista, aunque nunca nombró a Cristina.

 

Un Macri en campaña, por si a alguno le quedaba dudas, recogiendo el guante de los ataques de la bancada del FpV cada vez que le arrojaron uno. Tanto que en las horas previas se decidió cambiar el eje del mensaje, que estaría basado en la economía con la mirada en el futuro.

 

Machacar con la idea de que lo peor ya pasó y ahora viene lo mejor. El cambio vino del dictamen de aquella mesa: todas las encuestas dicen que la gente que los votó y la que no es del palo pero igual los votó porque no quiere volver atrás sigue alentando la idea de hablar de la herencia. De reconocer que todavía la están pasando mal porque lo que se heredó fue mucho peor de lo imaginado. Y así lo hizo Macri.

 

Por eso de la economía apenas se mencionaron - aunque para después de octubre- decisiones que hasta ahora parecían urgentes como la reforma tributaria. A cambio, buscó parecerse al viejo político chicanero, de barricada, que se alista para una dura batalla, según el guion del ecuatoriano. Algo de eso se vio. Habrá que ver si después sirve en el camino a las urnas.

 

Los problemas siguen estando adentro. Y el presidente parece no poder solucionarlos. Para más de un macrista de paladar negro, Carrió se ha convertido en una piedra en el zapato. Nadie lo dirá públicamente, ni va a echarla del sitial de fiscal moral de la República al que el propio macrismo ayudo a subirla. Pero le está generando al Gobierno, y al presidente, un problema detrás del otro.

 

Sus ataques a Ricardo Lorenzetti ponen a Macri en un brete. Si algo no necesita ahora el Gobierno, en medio de la campaña, es que la Corte emita un fallo en favor de la libertad de Milagro Sala. El supremo podría cobrarle a Macri los agravios de Lilita, y Cristina se haría un festín, razonan en la Casa Rosada. Se pone peor: Carrió presionaría a Macri con una candidatura en la provincia que Vidal rechaza porque teme perder imagen con la irrupción de la diputada.

 

Por otra vía el presidente hace equilibrio, y hace poco, frente a las furibundas acusaciones de la diputada contra Jorge Macri. Carrió trató al primo del presidente de "corrupto y delincuente". Y ahora mismo barrunta alguna pelea con la mismísima Vidal, con la que parecía haber hecho las paces. La gobernadora avala al intendente, aunque también pilotea la candidatura de Facundo Manes. Una queja los une a todos: Lilita busca hundir a Jorge Macri pero no ha ido una sola vez a denunciarlo ante la Justicia. ¿Entonces? Macri no pone ni pondrá en caja a Carrió porque le teme, cree que sería mayor el daño de tenerla afuera que adentro de Cambiemos-

 

Los radicales siguen trinando por más cargos, mayor injerencia en la gestión y meter mano en las listas de octubre. Ernesto Sanz apenas si puede contener a los suyos. No es el caso de Ricardo Alfonsín, Juan Manuel Casella, y hasta Mario Negri, que ya no se priva de publicar sus desacuerdos.

 

Cerca de Peña hizo mal ruido además la declaración de un peronista siempre en la mira como Emilio Monzó: cree que Cambiemos puede perder en octubre porque la gente utilizaría la boleta del FpV para propinarle al gobierno "un castigo de medio término". No descubre la pólvora: ha pasado en otras elecciones donde no se vota gestión.

 

Una conclusión escuchada: esas malarias internas no los desviarán del objetivo planteado en la Asamblea Legislativa. Macri va a polarizar con Cristina, será a cara de perro, él o ella, así lo imaginan. Y con Massa pedaleando solo en la avenida del medio. En la mesa de arena se ve bien. Pero de alquimias y frustraciones está lleno el mundo. 

 

Eugenio Paillet

Visto 193 veces Modificado por última vez en Sábado, 11 Marzo 2017 16:27

Fundado el 4 de agosto de 2003

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