Jueves, 16 Marzo 2017 00:00

Debilidades, violencia y clima golpista

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El termómetro muestra un cuadro febril que hay que solucionar de manera contundente. Es el clima de violencia, de desborde, de falta de límites lo que está enfermando a la sociedad, por lo que le quita respaldo al Gobierno.

 

Pero la gente no tiene memoria o no quiere tenerla y odia la anarquía importante en la Ciudad, las huelgas que no cesan o que surgen de la noche a la mañana por capricho o decisión de las cabezas directiva, la inflación que no disminuye como debería y que además se prometió y participa atónita y por precaución, en una baja considerable del consumo en un cuadro típico de estanflación, la ocupación del espacio público por cualquier protesta, volviendo locos a los conductores.

Hay una -actitud masiva golpista- que no se frena como se debiera. El Gobierno sigue defendiéndose con Twitter. La comunicación oficial no ha cambiado y eso se decide desde el centro mismo del poder. La huelga docente se parece más a un intento de desequilibrar al Gobierno que a un pedido de aumento de salarios. O porque hay una cabeza (apenas un celador y no un docente) kirchnerista que convence a los otros y los arrastra o porque realmente no soportan más a las autoridades.

¿Qué hacen los gobernantes? Guardan silencio, se agolpan detrás de un parapeto, no desean ni ceder ni otorgar, no contestan las agresiones verbales, no denuncian como se debiera a las corrientes de opinión guiadas sólo por la mala leche. No hacen política. Creen que con gerenciar es suficiente. No ven lo que está ocurriendo.

Esta lluvia ácida que cae sobre el país no tropieza con alguien que les diga a la sociedad qué pasó en el pasado cuando las cosas se pusieron en clima de animadversión. Desde la llegada de la Democracia hubo dos gobiernos (el de Alfonsín y el de De la Rúa) que fueron sacados por la ventana. El resto fue todo peronismo. Pero no un peronismo de principios, sí un peronismo de oportunismo y robo, con crecimientos y pozos recesivos importantes... De amenazas, de discrepancias violentas, de denuncias desde el atril como dueños de la verdad.

Menem, con la Convertibilidad, los hizo vivir en un paraíso ficticio, irreal. Por supuesto que entonces los empresarios hicieron buenos negocios, que la clase media agotó los pasajes aéreos para visitar el mundo, que todo lo moderno en tecnología se hizo presente. Duhalde desde el mundo político, un grupo de periodistas y otro de economistas advirtió que en 1995, con el tequilazo, comenzaban los estertores de la Convertibilidad. La Alianza persistió en dormir con ella, agitando la bandera de la anticorrupción. Todo terminó con un desastre. De la que costó salir y a través de la cual muchos dirigentes terminaron -quemados-. Casi un desconocido Kirchner, político atrevido, hizo su aparición, acumuló poder ("que es lo que quiere la gente", confesó) y trazó el diagrama de la más extremas de las corrupciones. Que tapó con los subsidios. Argentina invirtió en los subsidios sociales increíbles millonadas que no terminaron con la pobreza. Cifras más, cifras menos en estos días tenemos la misma relación que hace 10 o más años: 1 argentino entre tres argentinos es pobre y no saldrá de ello.

Los últimos datos de la Universidad Católica son contundentes: en 9 meses de 2016 un millón y medio de argentinos ingresaron en la pobreza. Fue consecuencia de la actual estanflación, de la que no se ve la salida. El arzobispo Jorge Lozano, titular de la Pastoral Social ha asegurado que los números de la pobreza muestran que no hay (ni habrá en el corto plazo) paz social en la Argentina. No se crearon escuelas de perfeccionamiento en distintos oficios, no se orientó, nadie pensó en un New Deal que diera esperanzas, nadie se ocupó de los ni ni (ni estudian ni trabajan, con adolescentes vagando o drogados en los barrios o con chicas de 14 y 15 años embarazadas). El subsidiado quedó fuera del mercado de trabajo para siempre. Vive de la dádiva. Ya no le da la cabeza para operar las nuevas maquinarias en las fábricas.

Esto no fue dicho. Este gobierno no hizo el balance de lo recibido cuando era imprescindible hacerlo, en enero, no esperar a la apertura del Parlamento. Muchos funcionarios, en distintos rincones de la administración pública dan muestra de impericias. Este hecho motoriza la falta de confianza en el gobierno porque la gente que antes admiraba el reconocimiento del error (siguiendo la estrategia de la prueba y subsanar la metida de parte) por parte de la Casa Rosada ya no soporta la excusa.

¿Es la clásica ansiedad e irritabilidad argentina frente a lo imposible o hay algo más que perturba? Es que vivir para gran parte de la sociedad es difícil y la impotencia crece cuando el gobierno no da muestras de tener iniciativas al respecto.

Para los economistas que participaron de la Primera Jornada del Congreso Económico Argentino hay evidencias prontas de recuperación pero el proceso será lento. Dicen que es el comienzo de una reactivación. Hay otros que dicen lo contrario y advierten que el atraso cambiario impide una propuesta de desarrollo. No faltan quienes dicen que el stock de reservas internacionales creció notablemente. El 10 de diciembre de 2015 eran de u$s 24.862 millones. Hoy ya fueron duplicadas. Pero hay compromisos duros a enfrentar que requerirían u$s 15.000 millones, aproximadamente.

Como si fuera poco el presidente Macri lleva portación de apellido, de muchas macanas que concretó su padre que estaban ocultas y hoy salen a la luz. Y portación de amigos que han estado muy ligados a la obra pública en el pasado. La misma obra pública que las autoridades quieren ver crecer. El clima -golpista- hay que frenarlo con hechos. 

Daniel Muchnik

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