Jueves, 30 Marzo 2017 00:00

Disensos, radicalización y conflicto social

Escrito por 
Valora este artículo
(3 votos)

Nunca antes, en el curso de los quince meses que lleva andando la gestión de Mauricio Macri al frente del gobierno, había sido tan visible el final de la luna de miel. Duró, prácticamente, de diciembre a diciembre y terminó de manera abrupta a comienzos del presente año.

 

De ahora en adelante, a nadie podrá sorprenderle el fenómeno. Es un hecho que -al margen de las explicaciones que merezca y de los análisis, más o menos exhaustivos, que puedan trazarse para entenderlo- se percibe en todas partes. La conflictividad social y la radicalización de algunas de las principales fuerzas de la política argentina, está a la vista de cualquiera que se halle en aptitud de asomarse a la realidad.

¿Por qué de pronto, como sea, se suceden las huelgas, sube el tono de las acusaciones, comienzan los contendientes a cruzarse insultos injustificables, los cortes de calles son cosa diaria y las amenazas -veladas o explícitas- vuelven a escena?

El primer motivo tiene relación directa con el calendario electoral. Es lógico que, si entre agosto y octubre habrán de dirimirse supremacías a lo largo y ancho del país en términos de legislativas, los enfrentamientos entre los partidos y candidatos cobren más intensidad. No sólo no piensan igual sino que, en ciertos casos, las diferencias son abismales. Ninguna de las banderías en pugna querrá quedarse atrás a la hora de plantear sus disidencias con el gobierno. El ejemplo más claro respecto de lo expresado antes es el cambio de perfil del PJ tradicional y del Frente Renovador. En ningún momento se han sumado a la estrategia destituyente del kirchnerismo, pero ello no quita que hayan tomado mayores distancias del oficialismo si se compara su postura actual con la del año pasado. Entonces no había nada que arriesgar. Hoy, en cambio, se encuentra en juego mucho más que la renovación de las cámaras y la elección de dos gobernadores.

Sergio Massa y Miguel Pichetto -para nombrar a las personalidades más importantes del arco opositor- no se han cruzado de vereda con el propósito de cascotear irresponsablemente al oficialismo. Han hecho lo que cualquiera en su posición: criticar -incluso con ardor- al Poder Ejecutivo, sin poner en tela de juicio la gobernabilidad. A ninguno le conviene que la administración de Cambiemos reciba un torpedo en la línea de flotación. Uno y otro están más cerca de Macri que de Cristina Fernández.

Lo que vale para el PJ y el Frente Renovador no puede extenderse al kirchnerismo que, desearía deshacerse del macrismo si acaso le fuese posible. Como resulta una tarea destinada al fracaso en razón de que carece de la fuerza necesaria para acometer semejante empresa, se limita a desenvolver un plan de desgaste sin prisa y sin pausa. El segundo motivo, pues, está vinculado directamente a la así llamada grieta ideológica que, a grupas de la política desarrollada por el kirchnerismo, se ha reabierto en la Argentina. La beligerancia de los K y de sus aliados de las organizaciones de izquierda no depende del acto eleccionario. Más allá de las urnas, la inquina de los seguidores de Néstor y Cristina no se circunscribe al gobierno. Antes, al contrario, se extiende al PJ -basta repasar los calificativos con los cuales la ex–presidente destrató, en sus conversaciones con Oscar Parrilli, a Bossio, Gioja y Pichetto-, a los grandes diarios, al massismo y a todo cuanto se le ponga enfrente.

Es conveniente entender que la capilla kirchnerista está en extinción. Salvo en territorio bonaerense -y ello sujeto a que Cristina Fernández figure en la boleta electoral-, en ningún otro lugar tiene arraigo o fuerza como para disputar con éxito un cargo electivo. Mete miedo a los sectores timoratos y bienpensantes de la sociedad argentina, pero más allá de la vocinglería y de los actos callejeros, su peso específico es escaso.

La tercera razón del clima de efervescencia y tensión social viene de la mano de la situación económica. Con elecciones a la vista siempre existirán pases de facturas, acusaciones altisonantes, chicanas, zancadillas parlamentarias y discursos vitriólicos. Lo que no se explica con base en los comicios son las huelgas, que han comenzado a sucederse sin solución de continuidad. Es claro que existen -en el caso de los gremios docentes, por ejemplo- motivaciones de carácter ideológico indisimulables. Suponer que Roberto Baradel sólo lanzó un paro en la provincia de Buenos Aires por una cuestión de carácter salarial, es una ingenuidad. La medida de fuerza que encabeza tiene una componente política explícita. ¿Lo mismo corresponde decir de todos los docentes que se han sumado al paro? -Hacerlo sería una generalización imprudente. Hay miles de personas que sufren las consecuencias de una economía en crisis y reaccionan sumándose a estrategias que, en otro contexto, no suscribirían.

Dicho de manera diferente y hasta brutal; con más plata en los bolsillos de la gente y sin la angustia de no saber cómo llegar a fin de mes, buena parte de las movilizaciones, cortes y huelgas, habituales en estos momentos, o no se producirían o tendrían una aceptación mucho menor.

Por fin hay un cuarto motivo que hace referencia al carácter entre timorato e irresoluto que caracteriza a Mauricio Macri y a buena parte de sus principales colaboradores. Parecen no darse cuenta que si las arcas públicas sirven para comprar voluntades y atemperar el conflicto social, siempre debe haber una contra prestación de quienes reciben las dádivas estatales. El gobierno les ha dado en quince meses de gestión a los sindicatos y movimientos sociales más plata que la que en su momento les hicieron llegar Carlos Menem, Eduardo Duhalde y los Kirchner. ¿A cambio de qué? -Poco y nada. Con lo cual se han acostumbrado a extorsionar a un gobierno tan generoso como temeroso.

Vicente Massot

Visto 235 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

<

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…