Miércoles, 17 Mayo 2017 00:00

Cómo puede el gobierno de Macri aprovechar las oportunidades que ofrece China

Escrito por  Ricardo Romano
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La dirigencia política argentina, la dirigencia empresarial, los grandes grupos económicos y también las pymes de todas las gamas deben tomar conciencia de que China se ha colocado a la vanguardia de la globalización mientras que los Estados Unidos, con la actual conducción, se retrae de la escena mundial por sus medidas súper-proteccionistas que pueden llevarlos a un encierro dentro de sus fronteras.

 

China lidera actualmente el más ambicioso y espectacular proyecto de integración en la economía mundial de vastísimas regiones del sudeste asiático, Asia central, Medio Oriente y el vasto hinterland de la Rusia asiática, alcanzando incluso a Europa oriental y también a Europa occidental. Una fenomenal obra del pensamiento geopolítico y geoeconómico de alcance mundial.

El proyecto chino se conoce como One Belt One Road, por el cual el gigante asiático se ha comprometido a invertir 1 billón de dólares para financiar grandes obras de estructura para el desarrollo de las economías de toda la inmensa región conocida como Eurasia, haciendo que por vía terrestre se reavive en el siglo XXI la famosa ruta de la seda. Por su parte, y para lograr el mismo objetivo por vía marítima, China planea vastas inversiones que le permitan dominar el tráfico marítimo en el Mar Arábigo y el Océano Indico, de modo de poder hacer que sus barcos naveguen las costas orientales de África hasta llegar al Mar Rojo, alcanzar el Canal de Suez, entrar en el Mediterráneo y salir al Atlántico vía Gibraltar, llegando a Europa Occidental por un lado y a Sudáfrica por otro lado.

En este gigantesco proyecto de raíz profundamente geopolítica, destinado a hacer de China el centro económico del mundo, se encuentra la clave que le permite a este país abrir inmensos mercados potenciales para sus exportaciones industriales, algo necesario para poder incorporar 700 millones de habitantes a sus centros urbanos que se agregarán a lo que ya es la más numerosa clase media del mundo. Asia, África, Oceanía, están incluidas en la gran meta de hacer de China la mayor potencia económica que el mundo ha conocido, superando a los Estados Unidos, algo que ya es una realidad si se mide el PBI de ambos países no por el tipo de cambio sino por lo que se conoce como la paridad adquisitiva del dólar y el yuan respectivamente, acorde con los índices inflacionarios de ambos países.

El gobierno de Mauricio Macri, que está presente en las actuales discusiones sobre el gran proyecto chino de desarrollo en Beijing, tiene la oportunidad de ser testigo de primera mano de uno de los grandes temas de la economía y la geopolítica mundiales, por lo que se le abre al país la oportunidad de pensar cómo Argentina podría participar como un protagonista importante en el rediseño de la famosa ruta de la seda. China no excluye a ninguna nación ni a ninguna región del mundo de su idea vertebral, pero un país debe invertir para participar de ese esquema y ver cómo se ubica en él con el fin de lograr el mayor beneficio posible para el desarrollo nacional.

Todavía hay mucha gente que sigue pensando que existe un futuro en negociar un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, pero esta idea es anticuada porque el organismo regional está inserto en una profunda crisis dado que su socio principal, Brasil, seguirá sumido por un largo tiempo en un estado de convulsión que limitará su poder de recuperación, mientras que la Unión Europea atraviesa una fortísima crisis de identidad y de conmoción política, lo que limita mucho su capacidad de acción cuando se habla de tratados de libre comercio, algo considerado anatema para los movimientos proteccionistas que vienen invadiendo el continente.

Una de las grandes debilidades estructurales de Argentina, causante principal de su falta de protagonismo internacional, es que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el país no ha tenido acceso libre a alguno de los grandes espacios económicos del mundo, como los Estados Unidos y la Europa comunitaria, a lo que después se agregó China, dado que el Mercosur no puede considerarse bajo ningún concepto un gran espacio económico de envergadura mundial. El proyecto chino de recreación de la ruta de la seda en el siglo XXI, le abre al país y a los sectores dirigentes una ventana histórica para imaginar un esquema de incorporación fuera de los cánones habituales de pensamiento, haciendo factible que Argentina tenga acceso a un gigantesco espacio geoeconómico, que será el mayor del mundo en poco tiempo.

Cómo hacerlo, con qué ideas, con qué premisas, con qué estrategias, es decir, pensar en profundidad este tema, es algo que le corresponde no sólo al gobierno sino también a la dirigencia nacional en todos los terrenos. De esto dependerá en gran parte el destino argentino en las restantes ocho décadas del siglo XXI. Los acuerdos bilaterales que puedan firmarse con China o puedan revalidarse son importantes, pero muy poco en comparación con lo que implicaría el que Argentina, por ejemplo, se convirtiese en uno de los accionistas del Banco Asiático de Financiamiento de Infraestructura, creado por China con un capital de 100.000 millones de dólares. Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, ya comprendieron la importancia de ser accionistas, para poder participar de los millonarios proyectos de inversión que se están ejecutando y encarando en toda Euroasia.

A fin de disponer de la necesaria libertad de maniobra para llevar adelante un modelo de integración en la economía mundial, que se aparte de los trillados acuerdos de libre comercio como eje central -aunque no los excluya si convienen al país-, Argentina tendría que recuperar su soberanía arancelaria externa hoy entregada a la unión aduanera del Mercosur. Este organismo tendría que ser una zona de libre comercio, en el cual cada integrante se reserva la posibilidad de negociar con otros países acuerdos de desarrollo, no sólo acuerdos comerciales, sino acuerdos de infraestructura, de inversiones, de financiamiento, de protección de la propiedad intelectual, de servicios, de formación educativa, de transferencias de tecnologías, etc. Hay que superar el enfoque puramente comercialista, o puramente regionalista, o puramente de búsqueda de financiamiento.

Hay que encarar convenios bilaterales de desarrollo con la mayor cantidad posible de países, empezando por fijarse como meta máxima el lograr participar del gran proyecto del presidente de China, el único que tiene un carácter revolucionario al impulsar el desarrollo de vastas regiones del mundo, haciendo posible la expansión de una economía de dimensiones mundiales, en la que nuestro país pueda jugar un rol importante.

Argentina está fatigada intelectual y emocionalmente por las mismas ideas fracasadas de siempre, por lo que es hora de que tenga la audacia de explorar otras que puedan entusiasmar a las presentes y futuras generaciones, lo que se llama una Idea-Fuerza, que movilice la energía de la nación siempre prisionera de lo coyuntural.  

Ricardo Romano

Twitter:@RomanorRicardo

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