Miércoles, 17 Mayo 2017 00:00

Daniel Scioli, símbolo de la mediocridad por antonomasia, busca su retorno

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 “El hombre mediocre es solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social”  
-José Ingenieros

 

Daniel Scioli, sumiso a las rutinas y prejuicios de su precariedad esencial –ex gobernador, ex sumiso vicepresidente de la República, ex motonauta improvisado y padre de criaturas no queridas-, demostró durante toda su vida política ser incapaz de tomar decisiones audaces (salvo en aquellos asuntos que podían convenirle personalmente en materia dineraria).

¿Será esa la razón de las preferencias que gozó hasta hoy en una sociedad “ni, ni” por excelencia?

Su precarísima estructura cultural (hasta se animó a proveerse de un título profesional “trucho” para lucir más importante), parece haberlo impulsado a “borrarse a sí mismo” dentro de los confines de un partido político que, como el peronismo, suele cobijar a quienes están siempre prestos a “embadurnarse de otros”, como hubiera dicho de ellos Ortega y Gasset.

Se percibe claramente que el apasionado cortejador de rubias no practica ninguna gimnasia intelectual sino que es más bien una sombra proyectada sobre la sociedad, que cuenta con el único beneficio señalado certeramente por Ingenieros: “sin ella, ignoraríamos el valor de la luz”.

El mediocre como Scioli es aquél que cuando las cosas se complican demasiado como para sentirse a gusto, percibiendo que el espacio que rodea su hábitat natural empieza a ser peligroso y difícil de manejar para él, suele mudarse a otra parte. Con mayor precisión quizá, a ningún lado en particular; porque en la búsqueda de encontrar alternativas más gratas para sus “incomodidades”, trata de engañar a todos como el tero de campo que chilla en un lugar y aparece por otro imprevistamente.

La línea que separa el ámbito abstracto en el que vive “situado en algún lugar de ninguna parte” -como decía Bauman con mucha gracia-, siguiendo una línea trazada como provisional y temporaria puede ser rediseñada o eliminada según le convenga en orden a la situación que se presente.

El mediocre trata de vivir su compleja “naturalidad” y pregona a los cuatro vientos el valor de sus indefiniciones, mientras anda a ciegas tratando de averiguar qué es lo que le conviene sin mucho apuro, mientras vive en la realidad del jardinero descripto magistralmente por Jerzy Koszinsky en su obra “Desde el Jardín”, interpretado en el cine con fidelidad conmovedora por el fallecido actor inglés Peter Sellers.

Un ignorante que amaba las plantas, que al morir su patrón es entrevistado por  los albaceas de su fortuna cautivándolos con un lenguaje esotérico referido a las mismas y es tomado como un sabio cuyas supuestas metáforas “pseudo filosóficas” –en realidad simples descripciones de la botánica-, llenan de admiración a quienes le oyen y le tratan como si fuese un gurú…hasta que el encanto desaparece.

¿Será Scioli una pieza esencial de rompecabezas de una sociedad política de características semejantes?

Como algún sector de la clase media aprecia un valor sólo mediante la comparación con la situación o cualidad de otras personas, tendríamos el dilema de respondernos si la pregunta precedente no puede llevarnos a descubrir que quienes lo apoyaron carecen de algún “valor apreciado”, eligiendo metas imposibles de satisfacer, pero suficientemente conservadoras y timoratas como para tranquilizar el espíritu.

El monocorde lacayo de los Kirchner parece olvidar que ir hacia delante “con fe y esperanza” puede resultar seductor para algunos en un momento de euforia política, pero con el tiempo, la mayoría de la gente rechaza que esta situación dure para siempre y no desea que el objeto del deseo (en nuestro caso, una figura ambivalente y desalineada como la de Scioli), pretenda “instalarse” en sus indefiniciones.

Más aún, a la luz de comprobaciones que evidencian que también él se sirvió del  plato de comida ajena que tuvo a la mano mientras desempeñó sus funciones.

Por lo expuesto, no puede decirse de él que sea “valioso porque sea durable” ni “vano puesto que es transitorio”, según las preferencias o los antagonismos habidos respecto de su persona. Solo cabría asegurar que se trata de una de  esas visiones breves, fugaces y errantes que suelen vagar en este mundo en busca de su destino. Y como tales, totalmente desechables.

No hay que olvidar que el principio rector del mediocre –que siempre roza la omnipotencia-, se vuelve invencible “cuando replegado sobre sí, está satisfecho de NO HACER LO QUE NO QUIERE” (Marco Aurelio).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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