Lunes, 29 Mayo 2017 00:00

El retorno de los monólogos cristinistas

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Para que no quedaran dudas de la naturaleza de la puesta en escena que se estaba difundiendo, el monólogo no se realizó en un estudio de televisión, sino en las oficinas del Instituto Patria

 

Después de mucho tiempo, Cristina Kirchner concedió un reportaje televisivo. Formalmente fue así; en la realidad, se trató de un extenso monólogo de la ex Presidente frente a cuatro supuestos entrevistadores, cuya tarea consistió en tirarle centros, es decir, preguntas fáciles y nada comprometedoras, y asentir admirativamente con la cabeza a medida que la entrevistada desgranaba sus interminables párrafos.

Para que no quedaran dudas de la naturaleza de la puesta en escena que se estaba difundiendo, el monólogo no se realizó en un estudio de televisión, sino en las oficinas del Instituto Patria, centro principal del kirchnerismo en la Ciudad de Buenos Aires. Los cuatro periodistas prácticamente no preguntaron, se limitaron a realizar, entre ellos, un torneo de asentimientos que lideró ampliamente el otrora excelente relator de fútbol, Víctor Hugo Morales, hoy consustanciado plenamente con su nuevo papel de vocero del kirchnerismo. Es probable que haya vuelto a su casa con tortícolis. Casi la única pregunta que formuló es un canto a la adulación: quiso saber qué haría la señora de Kirchner para abatir la tristeza que se cernía sobre el país.

Las "respuestas" mostraron a la "abogada exitosa" de siempre. Nadie busque en ella la más mínima autocrítica. El "relato", que hoy llaman en Estados Unidos "la verdad alternativa", sigue siendo el eje de su discurso. Así, por ejemplo, insiste en que dejó el gobierno con un índice de desocupación del 5,9 por ciento. Una Argentina potencia, la del 9 de diciembre de 2015, habría sido convertida por el "maligno" Mauricio Macri en un país subsahariano en pocas semanas.

Por supuesto, no se privó de criticar a los medios, su deporte favorito. Ni de corregir a los esforzados aduladores, que debieron tomar nota de sus consejos acerca de cómo se debe preguntar. Por cierto, ninguno de los interrogantes rozó siquiera las muchas causas de corrupción que involucran a ella, a su familia y a sus principales colaboradores. César Milani, Alberto Nisman, Sueños Compartidos, las groseras mentiras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), entre tantos otros temas, no fueron parte de la agenda.

Así sucede en los regímenes autoritarios. El líder, el caudillo o como se lo llame no contesta preguntas: enseña, adoctrina. Se disfraza este procedimiento con el burdo rótulo de "comunicación directa con el pueblo". Directa significa sin intermediarios, es decir, sin periodistas.

Por supuesto que a lo largo del tedioso monólogo no hubo un atisbo de autocrítica. Es que esa palabra está expulsada del vocabulario kirchnerista, porque a los militantes fanáticos de una ideología les está prohibido rectificarse. Ellos no ven en la autocrítica un progreso hacia el conocimiento, sino una traición al dogma y a los demás compañeros y, así, terminan convirtiendo un error subsanable en una obcecación.

Es útil que cada tanto se emitan estos "reportajes". Nos recuerdan de dónde venimos y adónde no queremos más volver.

Jorge Enríquez
Subsecretario de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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