Martes, 06 Junio 2017 00:00

Los límites de la tolerancia

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El territorio que deberá cruzar el peronismo para recobrar el favor de la gente tendrá que actualizarse de acuerdo con las exigencias de la hora, tratando de exhibir una mayor y más clara vocación por un republicanismo que está ausente en casi todos sus gestos políticos, si aspira a ser una alternativa creíble para las elecciones de octubre próximo.

 

Al mismo tiempo, sería interesante que Cambiemos tomara nota de esta circunstancia, para marcar un límite a la tolerancia que ha exhibido hasta hoy respecto de un partido político asociado desde su nacimiento a líderes carismáticos que estuvieron siempre vinculados a las corruptelas del Estado.

Resulta evidente que la empatía que supo recrear durante un largo período –con mucha astucia-, el gobierno K, se ve hoy inmersa en una extrema fragilidad por ciertas propuestas lanzadas en escenarios donde se privilegia el pugilato y la agresión, generado una franca hostilidad entre aquellos que han comenzado a decir algo así como: “si quieres que te votemos una vez más, debes convertirte  en alguien diferente”.

La mayoría de los alicaídos dirigentes del consagrado “movimiento” comprueba atemorizado cómo su otrora cercanía con la gente comienza a ceder paso al nuevo “romance” que ésta ha comenzado a celebrar con otros dirigentes que viven físicamente “cómo y dónde todo el mundo”: la nueva izquierda.

Esto los pone muy nerviosos, porque ésta representa hoy el valor de las cuatro  “c” de la política que siempre presumieron estaban en su haber: continuidad, constancia, coherencia y consistencia.

Durante cuarenta años, el peronismo fue todo eso y mucho más, hasta caer finalmente en las manos “gerenciales” de dirigentes muy corruptos, que a duras penas alcanzan a detener hoy las embestidas de una masa disconforme que ya no se siente representada por ellos.

Los “compañerismos” que constituyeron en una época la quintaesencia de un movimiento popular con mucha raigambre horizontal, se ven hoy inmersos –con más fuerza y desesperación que nunca-, en relaciones saturadas por una ansiedad que los ha sumergido en trifulcas entre ellos que son rechazadas por  sus antiguos partidarios.

Habría que recordar en este punto que entre los fundamentos de la historia de la izquierda (marxista), el capítulo de expansión global de su doctrina se asienta sobre la “conciencia social”, la que se ha convertido entre nosotros, como en muchos otros países del hemisferio, en una nueva historia de las masas  populares.

El pueblo, agrupado primordialmente alrededor de trabajadores que representan diversas características de “clase”, niega hoy día el valor a las personalidades individuales de una dirigencia que pretende “convertir a los movimientos de izquierda en marionetas de su propia necesidad”, como señalaba Stammler.

Esta negación, aunque no puede influir políticamente en forma decisiva por el momento, TIENE LA POSIBILIDAD DE ACTIVAR O ENTORPECER  SEVERAMENTE EL CURSO DE CIERTOS ACONTECIMIENTOS POLÍTICOS.

Todos los integrantes de esta nueva legión, sopesan las señales que reciben de  un “barullo de superficie” que no entienden y los sitúa en el límite de su tolerancia emocional, porque para ellos hay una agenda diferente de la que “baja” del Olimpo donde moran dirigentes extraviados que solo se oyen a sí mismos y confrontan agriamente con sus adversarios.

Ha perdido vigencia el culto a la personalidad que fue el eje de una doctrina agrupada tradicionalmente, de manera rígida y centralista, alrededor de determinadas figuras carismáticas que ejercieron claras restricciones para el ejercicio de una auténtica democracia entre sus partidarios.

La diferencia que se aprecia hoy día es que el actual votante de masas busca asentarse sobre una conciencia proletaria de “clase”, dirigida a exterminar –si fuera posible-, el orden preexistente, porque siente que ha sido obligado a “vender” sus ilusiones al mejor postor.

La nueva realidad muestra su cara a través de una cultura “piquetera” organizada en forma revolucionaria, que exhibe la fuerza de una nueva conciencia colectiva que arrincona a los viejos capitostes que fueron alguna la vez la columna vertebral de un peronismo que hoy huele a naftalina y es “bajado” a empujones de los proscenios desde los cuales pretende seguir pontificando.

En los términos de este nuevo paradigma de los Pérsico, Milagro Sala y  compañía se resolverá el futuro no solo de Cambiemos, sino de toda la política  argentina, cruzada horizontalmente por esta nueva masa que ha reemplazado al antiguo peronismo que controló las bases populares por más de cuarenta o cincuenta años.

A ellos se han sumado además los terroristas del siglo XXI: los narcotraficantes; cuyas propuestas vienen acompañadas de sobornos de capacidad ilimitada.

Este es el escenario en el que se desarrollará la política del futuro. La globalización ha extendido la fortaleza de un mensaje excluyente: el valor del dinero negro proveniente de actividades ilícitas que se desarrollan en la sombra, merced a legislaciones anticuadas y/o muy complacientes.

Carlos Berro Madero 
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