Miércoles, 14 Junio 2017 00:00

La única verdad es la realidad de las cosas

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 “Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza o con profundidad aparente, si el pensamiento no marcha conforme con la realidad? Un sencillo labrador y un modesto artesano, que conocen bien los objetos de su profesión, hablan mejor sobre ella que un presuntuoso filósofo encumbrado en sus conceptos altisonantes” -Jaime Balmes

 

De eso se trata hoy día el análisis político más que nunca: abandonar la infatuación de quienes por apego a supuestos conocimientos específicos se olvidan que ellos  DEBEN SER ADAPTADOS A LO QUE SUCEDE REALMENTE. Es decir, aceptar lo que ocurre como es debido, sin creer ingenua (¿o intencionalmente?), que hay verdades de muchas clases y esto permite “montar” suposiciones.

La razón es fría, sigue diciendo Balmes, pero ayuda a ver con claridad, sin sometimiento a intereses que tratan de sacar provecho empleando mal ese instrumento natural del que goza el hombre –el razonamiento-, para no volcarlo a rechazar la armonía espontánea de la realidad, de modo de no caer en vaticinios meramente voluntaristas.

¿A qué viene todo esto?

Pues a que nunca, como en tiempos preelectorales, quienes no quieren reconocer el valor de la verdad en sí misma, tratan de señalar con algunos datos aislados más de lo que hay en ella, en su afán de convertirse en profetas que terminan viendo TODO LO QUE NO HAY Y NADA DE LO QUE HAY.

Las encuestas dirigidas por algunos analistas políticos que se encierran en sus alquimias matemáticas “de taller”, han dejado de ser así confiables en casi todo el mundo.

En nuestro país, están acechando todavía en las sombras quienes permitieron que el kirchnerismo sobreviviera por doce largos años, en los que colaboraron –POR DEFENDER SUS INTERESES PERSONALÍSIMOS-, para que nos fuéramos  sumergiendo en la intrascendencia política y, al final, en una debacle económica. A pesar de esto, sus errores de apreciación no han variado un ápice y continúan aferrando con sus manos una vieja fotografía sepia.

Por otra parte, los “cheques” que financiaron una época de trapisondas sin fin, siguen circulando en el mercado de opinión para “alimentar” la máquina de confundir y desinformar que no se ha detenido aún, porque hay quienes piensan que “quizá” pueda haber un regreso con gloria y tienen temor a “quedar afuera” si esto resultara así (creemos que no ocurrirá de ningún modo).

Balmes recuerda que las aves rastreras se fatigan revoloteando y recorriendo mucho terreno sin salir de la angostura y las sinuosidades del mismo, mientras que otros ejemplares ornitológicos, como las águilas, remontan en un vuelo majestuoso que les permite contemplar valles, montañas y la corriente de los ríos simultáneamente. Una buena metáfora para distinguir quiénes son unos y otros  entre nosotros hoy día.

La clave de un análisis radica en el poder de observación de quien domina con su mirada TODOS LOS PUNTOS DE VISTA PRINCIPALES DE LA REALIDAD QUE SE PRESENTA ANTE SUS OJOS, que le permiten intuir con claridad, gracias a una ojeada rápida y segura, sobre lo que “ve” luego de una dilatada contemplación.

A esta altura de nuestras presentes reflexiones habrá quienes se pregunten por qué intentamos recordar estos sencillos principios que conducen al orden del pensamiento. Les respondemos: nada más peligroso que el fervor y los ruidos de las campañas políticas, donde los “informadores” suelen sembrar confusión con discursos ambivalentes, donde el “si”, el “no” y el “y si” faltan a un deber sagrado: no desechar la voz de la naturaleza de las cosas EN CUANTO ÉSTAS SON EN SÍ MISMAS.

¿Qué están diciendo hoy? Lo que se palpa en la calle a través de lo que “conversa la gente entre sí”, como decía Manuel Mora y Araujo. Porque cuando se trata de llegar a la realidad “es preciso fijarse no solo en las ideas, sino pensar en los objetos; y esos hombres (los que pretenden confundir a la opinión pública) se olvidan casi siempre de los objetos Y SOLO SE OCUPAN DE SUS IDEAS. En la práctica es necesario pensar, no en lo que las cosas debieran o pudieran ser, sino en lo que son” (Balmes).

A tenor de lo expresado, puede palparse que la idea dominante del ciudadano que deberá elegir pronto sus preferencias, abriga el temor a un retorno de todo aquello que dejó a la vista un ciclo de podredumbre sin igual y, simultáneamente, siente una cierta desconfianza aún acerca de si efectivamente el nuevo gobierno acertará a cambiar el rumbo del barco extraviado.

A pesar de ello, creemos que el valor del cambio se percibe en la actitud de todos los que, aún en medio de necesidades que no han sido aún satisfechas, manifiestan la esperanza de que éste ocurra en los tiempos por venir.

Sea que Cristina resulte o no candidata finalmente, o que el peronismo vaya unido o compitiendo entre distintos postulantes a las elecciones PASO o las finales, se trata de variantes que no afectarán sustancialmente a las razones profundas que subyacen en el espíritu de gente que dice: “no queremos más inseguridad; deseamos que nuestros hijos aprendan en escuelas abiertas durante todo el año; queremos comer todos los días y poder pagar la comida con nuestro trabajo; anhelamos que la justicia se ponga los pantalones largos y castigue a los ladrones de guante blanco y a los narcotraficantes, y no a quienes roban gallinas”.

En este escenario, Cristina se asemeja a un mascarón de proa sostenido por náufragos que tienen el agua al cuello, lo que recrea un escenario de gran similitud con el del ocaso final sufrido por Carlos Menem.

Todo lo demás, son cortinas de humo y bombas de estruendo. El kirchnerismo cruzó un límite muy difícil de digerir, aferrado a su marcado desapego por las instituciones y una corrupción generalizada sin precedentes.

ESO ES LO QUE SE VE Y SE OYE; por más que las aves rastreras de la metáfora  de Balmes pongan todo su empeño en decir lo contrario. Tenemos la impresión clara que “el temor es una prisión y la verdadera libertad es sentirse libre de temor” como dice Aun San Suu Kyi. En eso está basada nuestra convicción de que octubre constituirá el final de un ciclo nefasto.

Aunque Cambiemos no resulte más que un instrumento para la apertura, estamos convencidos que ha llegado la hora de la alternancia y el debate de ideas que se celebrarán entre los labradores y artesanos de la metáfora ya señalada, que evitarán hacernos caer nuevamente en ciclos “fundacionales” dirigidos autoritariamente por líderes mesiánicos.

Carlos Berro Madero 
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Fundado el 4 de agosto de 2003

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