Jueves, 06 Julio 2017 00:00

Las desvergonzadas propuestas del kirchnerismo

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El desmantelamiento de la Feria de la Salada ha puesto en evidencia una realidad que alentó el gobierno K con sus políticas permisivas: la proletarización de la miseria y el bandidaje.

 

A lo largo de todo el conurbano bonaerense se extendió durante los últimos años una forma de “trabajo” (¿) típico del tercer mundo, donde algunos vivos relacionados con el poder (en todos los niveles) montaron gigantescas “fábricas” de informalidad, donde crecieron mafias enquistadas en el gobierno.

Como auténticos parásitos de la economía, se liberaron de reglas y obstáculos para crecer al amparo de una virtualidad que horadó al mercado formal y fue construyendo en la conciencia popular la idea de que su propio crecimiento era una respuesta positiva al “valor social” (¿) de su existencia.

La misma Cristina Fernández aludió extasiada a este tipo de crecimiento al señalar alguna vez que la proliferación de viviendas precarias en villas y asentamientos ilegales, contribuyeron a desarrollar los negocios (“sin factura”, por supuesto), de quienes proveían materiales para construirlas.

Asombroso.

Como si esta precariedad fuese el camino alentado por su gobierno para remontar el progreso, dijo también en la tribuna de un viaje oficial a Angola (el país más corrupto del mundo, al que nadie sabe bien para qué fue) que no quería olvidarse de mencionar que “La Salada es una parte importante de los negocios de la Argentina” (sic); mientras el Secretario de Comercio Guillermo Moreno explicaba a periodistas absortos cuáles eran las características de esos “negocios”.

Sin distinción alguna entre reformas subalternas y reformas verdaderamente revolucionarias, el kirchnerismo no entendió (¿ex profeso?) que las primeras parten de la urgencia por remediar disfunciones sociales, utilizando siempre métodos degradantes de supuesto crecimiento que no tienen ningún valor duradero.

Mucho de la supuesta bonanza económica de los años 2003-2005, fue montado sobre subsidios que se crearon a través de favoritismos concedidos a ciertos amigos del poder, que montaron estructuras “de papel”, alimentadas por una máquina de crear moneda falsa que hizo creer a muchos que estábamos ante la presencia de medidas revolucionarias de “redistribución de matriz diversificada” (sic), CUANDO SOLO SE TRATABA DE REFORMAS SUBALTERNAS.

Al desechar de tal modo el imperativo de competitividad, se desarrolló un nacionalismo económico sin incentivos para el largo plazo, propiciado por miles de ladrones que desarrollaron empresas amparadas por el gobierno, logrando una falsa “socialización” del mercado interno.

“Pan para hoy, hambre para mañana”, dice el refrán popular.

La “concertación” de la economía se edificó así al calor de la connivencia discrecional con un gobierno que, además, se sumó al mundo de la informalidad que alentaba, constituyéndose en un empresario espurio entre bambalinas que rapiñó la res pública  con el mismo fervor y cinismo que los Castillo, los Báez, los López y compañía.

Este es un brevísimo resumen de la gran mentira kirchnerista; al que habría que agregar más ilícitos cometidos que saldrán a la luz pública en los tiempos que se avecinan, como el caso de las horrorosas exacciones ocurridas en Yacimientos Carboníferos de Río Turbio denunciadas por Pagni, donde quizá se le pueda poner finalmente “sal en la cola” al escurridizo De Vido.

Sus dirigentes –casi sin excepción y con un cinismo que ofende el sentido  común adornan hoy la historia de sus fracasos y sus crímenes, concluyendo que no se equivocaron nunca Y ASEGURAN ORGULLOSAMENTE QUE ACTUARÍAN COMO LO HICIERON SI RETOMARAN EL GOBIERNO NUEVAMENTE.

Si eso no es paranoia pura, nos gustaría que nos dijeran ¿en qué consiste la paranoia?

Bueno, sí. Hay algo más que agregar sobre esta psicopatía: Cristina acaba de decidir su postulación a senadora para octubre próximo, coronando así la diéresis de una indigesta “torta” de cumpleaños con gusto a rancio, acompañada por los impresentables de siempre. Para ella, lo importante radica en gambetear a la justicia obteniendo fueros de inmunidad para no ir presa frente a posibles condenas judiciales y todo su discurso “ad hoc”, no es más que un verdadero “piripipi”, como dice el vulgo.

Gracias a ella, continuamos viviendo en medio de los fragores de la tempestad desencadenada hace doce años por ella y su difunto esposo con un relato más propio  de Las Mil y Una Noches. O quizá, específicamente y pensándolo bien, Alí Babá y los  Cuarenta Ladrones.

Al mismo tiempo, se observa con sorpresa, como una contribución adicional al desorden político en el que vivimos, cómo muchos medios periodísticos –que suelen predicar mediante una supuesta “sabiduría” y “comprensión” sobre lo que ocurre-, “vigilan” al nuevo gobierno, criticándolo en sordina “por si acaso”, tratando de disimular las evidencias que indican que también ellos contribuyeron a sostener un ciclo de una enorme y despiadada inmoralidad conceptual.

“La libertad de expresión pertenece a todos”, diría de ellos Jean Revel, “pero, igual que la libertad de circular, no indica el itinerario del viaje”.

Es otra de las preguntas inquietantes que debemos formularnos frente a ciertos análisis supuestamente “académicos” si deseamos salir del pozo en el que estamos sumergidos, preguntándonos como Revel “¿a qué necesidad responde el culto retroactivo, al revés, de todas estas momias?”

Los kirchneristas saben muy bien que han monopolizado la información falsa, y siguen insistiendo en escamotear los datos de la realidad de sus tres gobiernos, para que nadie tenga la posibilidad de informarse verdaderamente sobre la situación heredada por Cambiemos.

Que a su vez, digámoslo con franqueza, cometió el error de no describirla con pelos  y señales al poco tiempo de asumir el gobierno.

A pesar de todo, y por lo que oímos “conversando con la gente”, tenemos la impresión de que una gran “mayoría silenciosa” está dejando de mascar vidrio, por lo que es muy posible que, más temprano que tarde, logremos desterrar el mito populista violento, vertical y autoritario que padecimos durante doce años.

Afortunadamente, nuestros nietos y los nietos de centenares de amigos y conocidos siguen diciendo primero “Mamá” y no “Cristina”, desmintiendo así la aseveración de la impresentable Hebe de Bonafini. Más aún, con sus deditos ni se les ocurre hacer la “V” de la victoria como señala la misma: solo piden sus chupetes.

Carlos Berro Madero 
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